La Jornada Semanal, 7 de abril del 2002                           370
(h)ojeadas
La mirada virgen

Guillermo Vega Zaragoza

Odysseas Elytis,
Prosa. Seis ensayos
UNAM,
México, 2001.
Empecemos con una obviedad: la literatura de una nación se enriquece cada vez que los libros de un escritor de otro país se difunden y se discuten, con lo que pasan a formar parte del acervo literario de esa nación. Pero aún más: si se trata de países con idiomas diferentes, cada vez que se traduce a un nuevo autor a una lengua que no es la suya se enriquece la literatura en general, de ésta y de todas las épocas. 

Sin embargo, por obra y gracia del mandato y los intereses de las grandes multinacionales del mundo editorial, parece que estamos condenados a que la literatura, sobre todo de los países de habla hispana, se vuelva totalmente endogámica. Los genios de la mercadotecnia (que a veces ni leen los libros que promueven) deciden, por ejemplo, que los autores mexicanos no tienen "mercado" en Argentina, Ecuador o Panamá, y simple y llanamente no los publican ni importan sus obras a esos países. Y en sentido opuesto sucede lo mismo. Por pura ociosidad, me puse a contar cuántos libros de autores mexicanos se reseñaban o mencionaban en una edición reciente de la revista española Qué leer. De entre los cientos de libros que se incluyen en cada número, solamente encontré dos: Carlos Fuentes y Jorge Volpi. Y otro par de argentinos, pero salvadoreños, guatemaltecos u hondureños, ni uno solo. Sólo un nicaragüense: Sergio Ramírez, y eso porque ganó un premio con anterioridad, que si no… Salvo los best-sellers y los "big shots" de siempre, es muy difícil conocer lo que escriben en la actualidad los autores de otras latitudes en nuestro idioma. Si esto sucede con los escritores de habla española, la dificultad se eleva exponencialmente con los autores de otras lenguas "periféricas", fuera del inglés, el francés, el alemán o el italiano. 

En el caso de México, además de los investigadores universitarios que desde la academia analizan y traducen literaturas diferentes a la nuestra, han sido los escritores que por alguna u otra razón han tenido que viajar a otras latitudes, frecuentemente por encomiendas diplomáticas, quienes han introducido a autores de otras lenguas a nuestro torrente literario, ya sea haciendo circular sus obras, recomendándolas con editoriales, comentándolas en publicaciones e incluso traduciéndolas. Ha sido el caso de Alfonso Reyes, Octavio Paz y Hugo Gutiérrez Vega, por citar el trío más conspicuo. Pero hay quienes, sin ser diplomáticos ni académicos, asumen la difusión de la obra de autores de otro idioma como una cruzada, que al fin de cuentas es también un acto de amor. Francisco Torres Córdova desde hace años se ha dedicado a la traducción de poetas griegos contemporáneos (tales como Nikos Engonópoulos, Miltos Sachturis, Tasos Livaditis, Manolis Anagnostakis y Nikos Karusos, de cuyos poemas podemos encontrar traducciones en la antología Once poetas griegos, publicado por Ediciones El Tucán de Virginia, en 1994), y que ahora nos ofrece una espléndida versión de seis ensayos del gran Odysseas Elytis (Creta 1911-Atenas 1996), Premio Nobel de Literatura 1979. 

Fue el propio Gutiérrez Vega, cuando éste ocupaba el cargo de embajador de México en esas tierras, quien lo animó a traducir del griego al español, y con él ha compartido el oficio, como consta en la mencionada antología. Desde entonces Torres Córdova emprendió la tarea de traducir la obra prosística de Elytis, que se encuentra reunida en dos grandes tomos titulados Papeles abiertos y En blanco, respectivamente; del primero se incluyen en el libro que nos ocupa dos ensayos y los restantes provienen del segundo. 

En el prólogo que Gutiérrez Vega titula sugestivamente "Para buscar el paraíso", el autor de Una estación en Amorgós hace hincapié en que Elytis "escribe ensayos desde su perspectiva y aliento de poeta, pero sabe muy bien cuáles son los límites entre la prosa crítica y el poema en prosa", lo que da como resultado "la unión estrecha entre la vida y la literatura, la indecisión entre la realidad y el sueño, una mirada al misterio del mundo y de los hombres". De esta forma, Torres Córdova seleccionó ensayos que nos muestran diversas facetas del quehacer ensayístico de Elytis, el cual sin duda se encuentra a la altura de su creación poética. El autor de Sol el primero no es un crítico ni un prosista, ni le interesa el análisis psicológico ni la mera descripción, sino que busca ofrecer, como bien señala Gutiérrez Vega, "fragmentos de vida y de literatura ocultos en los rincones más oscuros".

Así, en "Antes que nada la Poesía" (que tenía la intención original de presentar los textos que forman el primer tomo de su obra en prosa) y "Las muchachas", Elytis expone lo que en sentido estricto podría ser su "arte poética": la mirada virgen, la restitución de lo virginal, el esplendor de la juventud y del error, en la poesía y también en la vida, a través de la imaginación, lo que no necesariamente implica desentenderse de la realidad. En tanto, recurre a Homero, para luego evocar a Lautréamont, a García Lorca, a Baudelaire, a William Blake y a otros grandes poetas; el autor de Axion esti afirma: "Nunca me ocurrió encontrar tristeza en la carne y, por lo visto, aún no he leído todos los libros, soy un inmaduro. El cielo que iría a buscar lejos, lo tengo sobre la cabeza; a los marineros los conozco a cada uno por su nombre; sólo quedan las Sirenas. En algún lugar aquí cerca se encuentran también ellas, las escucho provocarme: Porque ningún barco pasó cerca de nosotras/ sin escuchar nuestra melosa voz/ y continuar después con alegría y conocimiento abundante." Cabe mencionar que ambos ensayos aparecieron previamente en una coedición de El Tucán de Virginia y el Conaculta en 1998.

"Las pequeñas épsilon" son en realidad veinticinco de los treinta y cinco fragmentos del original griego, formado por textos misceláneos, que deambulan entre el ensayo breve y la viñeta, la reflexión y el aforismo, el artículo y el retrato, la conferencia y el discurso, sobre los temas más variados: desde luego, la poesía y la literatura, pintores y músicos, hombres y paisajes. Por ejemplo, en sus "Señuelos para nadie", exhorta: "Muchas mentiras esperan en fila para ocupar el lugar de la verdad. Al menos mintamos correctamente." En tanto, los tres ensayos breves que cierran el volumen ("Lo público y lo privado", "Camino privado" y "Avante despacio"; estos dos últimos, por cierto, aparecieron antes, en 1996, en una edición de la casa granadina Comares) giran en torno a la lengua, la vida poética y el paisaje como "ejes de la proyección del alma de un pueblo sobre la materia", en la que cada letra y cada acento han establecido su propia ortografía en el horizonte del Egeo, donde cada barco y cada roca manifiestan la gramática rigurosa de la lengua helénica.

En la sucinta pero bien documentada introducción, Torres Córdova nos ofrece datos fundamentales para ubicar la trascendencia de la vida y la obra de Elytis, una de las grandes voces de las letras de la Grecia moderna. Junto con poetas de la talla de Yorgos Seferis, Andreas Embirikos, Nikos Engonópoulos y Iannis Ritsos, formó parte de la llamada Generación de 1930 y defendió con denuedo la lengua del pueblo, el demótico, considerado como impuro y contaminado, pero también cargado de identidad e historia social. Fue hijo de una adinerada familia cretense, pero no por ello dudó en sumarse a las filas de la resistencia cuando los nazis invadieron su patria en 1941. Luchó contra el fascismo italiano en Albania y allí escribió el Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania (recientemente traducido por otra destacada helenista mexicana, Natalia Moreleón, y editado por El Tucán de Virginia en 1999), vigoroso himno a la libertad que aprendían de memoria y recitaban los miembros de la resistencia griega. Luego de un silencio literario que se alargó quince años, en 1959 publicó Axion esti o Dignum est, un largo poema de aliento whitmaniano, que es considerado como su mejor libro. No obstante, la llamada Dictadura de los Coroneles lo llevaría al exilio en París en 1967 y doce años después recibiría el Nobel.

De acuerdo con Ritsos, en la obra de cada poeta griego del siglo xx se advierten residuos, en mayor o menor cantidad, introducidos consciente o inconscientemente, de la dilatadísima herencia literaria de su pueblo. Y no podía ser de otra manera. ¿Cómo cargar sobre los hombros el peso del arte y el conocimiento que conforman uno de los principales afluentes de la llamada civilización occidental, sin dejarse arrollar por la influencia de esa tradición en la propia obra? "Me fue dada la lengua helénica/ es mi humilde casa en las arenosas costas de Homero", escribe Elytis en Axion esti

De alguna forma, los escritores griegos han sufrido en carne propia la realización del mito de Cronos, que devoraba a sus propios hijos. El Zeus que vendría a vengar a sus hermanos y a provocar su regurgitación, para que revivieran desde las entrañas del monstruo, no sería uno solo; se trataría de toda una generación que se encargó de saldar las cuentas con el Padre o la Madre, como se quiera: la lengua griega. Un Zeus de muchas cabezas que respondía a muchos nombres. Los miembros de la Generación de 1930, todos juntos, pelearían y discutirían acerca de los valores culturales y literarios que se requería defender para recuperar el verdadero rostro de su país y de lo griego, de una literatura escindida desde el siglo xviii por la diglosia: la añeja querella entre la katherévusa (lengua culta, clásica, "pura", arcaizante) y el demótico, la lengua popular que hoy conforma el griego moderno y que sería declarada lengua oficial de Grecia hasta 1976. 

Como ha señalado Carmen Chuaqui, en su antología Poesía griega moderna (uam, 1986), gracias a esta lucha, la poesía griega florecería como nunca antes, pues los escritores tenían ya en las manos una lengua rica y flexible, con una libertad creadora como quizá no se había dado desde los poetas trágicos de la época clásica. Los poetas de la Generación de 1930 sentaron las bases para aprovechar las nuevas circunstancias: Seferis introdujo el simbolismo y el verso libre: su libro de poemas Strofí (Estrofa o Viraje) señalaría un giro radical en la poesía griega, en tanto Embirikos y Elytis difundirían e integrarían los hallazgos de las vanguardias europeas, sobre todo del surrealismo, especialmente después de que este último viajó a París en 1948 y conoció a Picasso, Léger, Matisse, Chagall, Giacometti y Char, pero, sobre todo, luego de conocer la poesía de Paul Eluard. El esfuerzo del grupo sería reconocido, aunque algo tardíamente, con el otorgamiento del Premio Nobel, primero a Seferis en 1963 y luego a Elytis en 1979. Esto trajo como resultado una gran difusión de la poesía griega moderna en Occidente, más allá del conocimiento de la obra del gran solitario de Alejandría: Constantino Kavafis.

Elytis es considerado como el poeta más complicado de su generación, ya que utiliza tanto palabras provenientes del griego clásico como del demótico, utilizando vocablos que no se encuentran en los diccionarios y que sólo podrían traducirse recurriendo a fuentes vivas o a filólogos especializados. Todas estas dificultades el traductor las documenta en las útiles notas al final de cada ensayo, pues no se trata de los típicos pies de página apantallantes de las ediciones críticas de cierta editorial española, llamada Cátedra, donde los traductores o preparadores de edición están más preocupados en exhibir su sapiencia que en ilustrar al lector.

Otro gran poeta, Juan Gelman, se preguntaba hace poco sobre si la obra de Elytis era dispareja o no. "¿Qué obra no lo es, aun la más cargada de excelencia? Dispareja es la obra de Pablo Neruda. O la de Ezra Pound. O la de Iannis Ritsos, más prolífica y más desigual que la de Elytis." Lo cierto, dice Gelman, es que el crítico más severo de Elytis fue Elytis, a veces con exceso. Y apunta Gelman: "Esa distancia crítica con los comienzos evoca la no menos severa de Borges, que en algún momento llegó incluso al repudio de sus libros iniciales. ¿Qué alimenta esos rechazos? ¿Únicamente la conciencia de inmadureces expresivas de la juventud? ¿La nostalgia de la juventud perdida?" La respuesta, quizá, es posible encontrarla en estos ensayos de Elytis, en reflexiones como esta: "Desde que ya no son frescas todas las mejillas, el deseo de acariciar hace que inventes una nueva piel, más tersa", pues "uno no se renueva en el amor aboliendo a las mujeres –simplemente se vuelve un Onán." Igual con la propia poesía •


C U E N T O


De minas y tormentas

Gabriela Valenzuela Navarrete

Carlos Montemayor,
La tormenta y otras historias,
UNAM, 1999 

México, 1999. Alguna vez, Horacio Quiroga escribió un Decálogo del perfecto cuentista, cuyo décimo precepto establece: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.” Así, las historias de Carlos Montemayor, reunidas en este volumen, parecen haber sido escritas siguiendo al pie de la letra tal consejo, en tanto que las atmósferas que crea o recrea el escritor llegan a hacerse tan vívidas que el lector puede sentirse parte de esos poblados mineros de Chihuahua o de las aldeas medievales europeas, tanto como agobiarse con el calor reseco de la sierra de Guerrero o sentir la lluvia pertinaz que le cala los huesos.

Literato de una obra en extremo variada (es poeta, novelista, cuentista, articulista político, crítico y traductor), Carlos Montemayor sabe proyectar en sus relatos la enorme erudición que posee, sin que esto ocasione que sus textos se llenen de tinieblas y se hagan incomprensibles para el lector común. Más bien, Montemayor logra conservar un tono coloquial y accesible, aun en aquellas historias que exigen un conocimiento previo de la situación o de la época. Vemos, por ejemplo, en "Consagración", un monasterio francés que está a punto de bendecir su iglesia; los fieles acuden al llamado de las campanas para luego enfrascarse en una lucha contra la reforma religiosa de la orden de Cluny, a la que pertenece el monasterio. La destreza del escritor radica en su capacidad para esconder datos precisos (la fecha o la orden, por ejemplo), para no entorpecer la lectura de alguien no muy experto en historia de Francia, pero al mismo tiempo dejándolos a la vista de quien pueda comprender tal guiño. Finalmente, la anécdota se mantiene intacta, y eso es lo que cuenta.

Ya en el prólogo, Helen Anderson, catedrática de la Universidad de Nueva York, advierte de la enorme dificultad para hacer una selección arbitraria de una obra tan extensa. Algo tienen en común los cuentos y los fragmentos de novelas elegidos por la prologuista: más que importar la acción o la velocidad con la que se suceden las cosas en el relato, lo que determina que estas historias atrapen a los lectores es la atmósfera en la que Montemayor sitúa a sus personajes, además de, en algunos casos, la acción psicológica a la que se ven sometidos. Sin embargo, si se quisiera establecer una uniformidad de temas, sería una labor interminable, cuando no imposible: bien puede tratar la vida de los mineros en México a finales del siglo xix y principios del xx, bien puede recrear episodios del mítico guerrillero Lucio Cabañas. No quisiera con esto afirmar que en Carlos Montemayor no hay temas recurrentes: me desmentirían "La tormenta" y "Mal de piedra", donde Refugio, de pequeño o más crecido, recuerda y revive la muerte de su abuelo. Con él, otros personajes vuelven a aparecer en escena, como el hermano mayor o el padre, más crecidos... o más acabados. 

En contraste con estas historias realistas, los relatos de Cuentos gnósticos presentan otro de los intereses de Montemayor: una literatura fantástica, esotérica, pero en la que la fantasía no la determinan hadas y elfos, sino la recreación, en una época muy remota, de las vidas de personajes totalmente cotidianos. Carlos Montemayor atribuye estos relatos a un supuesto autor francés, M.O. Mortenay; no obstante, la imposibilidad de encontrar datos precisos sobre tal escritor ha llevado a más de un investigador a creer que en realidad se trata de un heterónimo del mismo Montemayor, similar a lo que hacía Fernando Pessoa.

Aun si esto es cierto, habrá que mencionar que el también autor de Las llaves de Urgell mantiene un estilo totalmente diferente al de los textos firmados con su nombre: oraciones de páginas completas de extensión (en ocasiones, el cuento completo es un solo enunciado) se oponen a frases más cortas, de menor regodeo, sin que esto incluya menor riqueza léxica o limitación en el uso de distintas voces discursivas. La narrativa de Montemayor es, pues, un espectáculo de la vida, reproducido ante los ojos de su lector con escrupulosa exactitud•


E N S A Y O

Considerables 
desconsideraciones

María Gabriela Zamudio Demerutis

Juan García Ponce,
Desconsideraciones,
Aldus,
México, 2001.

Si alguna vez nos hubieran dicho que a través de la lectura podríamos conocer el mundo mental de una persona, habría tantos lectores como curiosos existen. Desconsideraciones nos ofrece la oportunidad de vivir profundamente la forma de pensar de Juan García Ponce, no sólo por lo visible en el texto, sino también porque podemos apreciar, de alguna manera, la forma en que sus procesos mentales lógicos se llevan a cabo.

Un conjunto de ensayos de muy diversa índole que refleja lo infinito de la mente y lo finito de nuestra comprensión de las cosas. El autor ha decidido abarcar muchos temas desde una perspectiva profundamente analítica y personal. Su tono, aparentemente objetivo, como en el mismo ejercicio del pensamiento, parece ser la constante; sin embargo, nos sorprende cuando dentro de toda esa seriedad surgen flashazos de ironía que concretan las ideas y las redondean con buen humor y tino.

Tememos pensar y quedar inmersos en nuestros pensamientos; sin embargo, García Ponce se propone un reto difícil al sumergirse en su corriente de ideas sin quedar atrapado en ellas, y nos muestra el camino interminable del análisis de los opuestos donde, en un círculo sin fin, una palabra nos lleva a su contrario y viceversa: la ausencia y la presencia, lo viejo y lo nuevo, lo bueno y lo malo.

En la presentación del libro, José Emilio Pacheco sugiere que por la variedad temática, esta obra debería haberse llamado Que Nada se sabe o Libro de Todas la Cosas y Muchas más, y plantea también, que se trata al mismo tiempo de otro juego de opuestos: "Divagaciones y Precisiones", pero al final de cuentas lo que debe interesar al lector es la posibilidad de adentrarse en el mundo del escritor y captar la esencia de sus razonamientos. García Ponce, cuya larga trayectoria se traduce en la publicación de más de cincuenta libros de diverso género literario –novelas, ensayos, cuentos y drama–, ha realizado también guiones y ha publicado en periódicos y revistas. Su carrera ha sido coronada por varios galardones: el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo; Premio Ciudad de México; Premio Xavier Villaurrutia; Premio Elías Sourasky; la Cruz de Honor conferida por la República de Austria; el Premio Anagrama de Ensayo; Premio Nacional de Literatura; Premio de Narrativa Colima y La Medalla Eligio Ancona, entre otros. ¿Quién no quisiera, aunque sólo fuera por un momento, leer el pensamiento de un autor así?

Desconsideraciones es una invitación a la reflexión. Es analizar, como diría Ortega y Gasset, "al hombre y su circunstancia" y al fin poder deslindar lo trascendente de lo intrascendente, lo útil de lo inútil, lo absurdo de lo razonable.

"De la Ausencia", "Lo Viejo y lo Nuevo", "En defensa del chauvinismo", "El tamaño de los libros", El silencio como forma de cultura", " El valor de la apariencia", "El valor del futuro", "En defensa del oportunismo", Sobre la estupidez: variación ye", "El cine como imposibilidad y subversión", "De la provincia como refugio", "Amaos los unos a los otros", "Los medios de fin", "La moda de la moda", "Transfiguración y muerte de la imagen", "Lo bueno y lo malo", "La mentira de lo fugaz", "La contradicción de la contradicción", son los temas que ha desarrollado, sin otro hilo conductor que el de llamarlos Desconsideraciones, ya sea por que al tratar los tópicos ha preferido tomarlos con humildad o bien por un mero deseo de descalificarlos. En ello debe residir la audacia del lector, quien deberá descubrir la intención subterránea del escritor.

La visión del observador, del detallista, del analítico, del filósofo interior es la que nos presenta García Ponce, con su habitual lenguaje claro y redacción precisa. Su interés infinito en el Todo, le obliga a abarcar muchos horizontes, pero siempre desde su mundo interno. Su criterio y experiencia fortalecen sus conceptos, nutridos de contundente realidad. La lectura fluye como las ideas en la mente. Su ritmo, constante y apasionante, nos guía por este laberinto de desconsideraciones muy considerables•


FICHERO
LOS LIBROS QUE LLEGAN A NUESTRA REDACCION
NARRATIVA
• Como si yo no estuviera, Slaunka Drakulic, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 220 pp.
• Cuando fuimos huérfanos, Kazuo Ishiguro, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 401 pp.
• El ladrón de orquídeas, Susan Orlean, Col. Panorama de narrativas, Barcelona, España, 2001, 309 pp.
• El oeste más lejano, Berta Serra Manzanares, Col. Narrativa hispánica, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 391 pp.
• Espera a la primavera, Bandini, John Fante, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 216 pp.
• La chica danesa, David Ebershoff, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2000, 341 pp.
• La vida sexual de Catherine M., Catherine Millet, Col. Panorama de narrativas., Anagrama, Barcelona, España, 2001, 254 pp.
• Las ideas puras, Pablo D’Ors, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2000, 341 pp.
• No mires debajo de la cama, Juan José Millás, Alfaguara, México, 2000, 207 pp.
• Paisajes del limbo, una antología de la narrativa mexicana del siglo xx, selección y notas de Mario González Suárez, Tusquets Editores, Col. Andanzas, México, 2001, 301 pp.
• Respirando bajo el agua, Marie Darrieussecq, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 141 pp.
• Siempre es medianoche, Hanif Kureishi, Col. Panorama de narrativas, Anagrama, Barcelona, España, 2001, 218 pp.

POESÍA
• Antología mínima, Carlos Pellicer, selección, prólogo y nota de Gabriel Zaid, Col. Letras mexicanas, Fondo de Cultura Económica, México, 2001, 110 pp.
• Detrás del espejo, Blanca Guerrero, serie poesía, Revista La Pluma del Ganso/Editorial Chañaral Alto, México, 2001, 40 pp.
• La tierra Santa, Alda Merini, traducción y nota introductoria de Jeannette L. Clariond, nota de María Corti, Pre-textos, Madrid, España, 2002, 119 pp.
• Poesías de la pluma, César Luna Solar, Ma. Elena Solórzano, Alfredo Bravo Avellaneda, et al., vol. 2, serie poesía, Revista La Pluma del Ganso/Editorial Chañaral Alto, México, 2001, 84 pp.
• Poesías de la pluma, Guillermo Guido, Rosendo Enrique Romero G., María Eugenia Rodríguez, et al., vol. 3, serie poesía, Revista La Pluma del Ganso/Editorial Chañaral Alto, México, 2001, 84 pp.

REVISTAS
• Casa del Tiempo, núm. 38, marzo de 2002, vol. iv, época  III, textos de Lauro Zavala, Dulce María Delgadillo, Erasmo Sáenz Carrete, entre otros, UAM, México, 76 pp.
• La Colmena, núm. 33, enero-marzo de 2002, textos de Augusto Isla, Hernán Bravo Varela, Sidarta Villegas, entre otros, Universidad Autónoma del Estado de México, México, 120 pp.
• La Pluma del Ganso, núm. 26, noviembre de 2001-enero de 2002, año 7, textos de Minerva Alicia Gil, Lourdes Salmerón, César Luna Solar, entre otros, La Pluma del Ganso, México, 40 pp.
• Metapolítica, núm. 22, marzo-abril de 2002, vol. vi, textos de Soledad Loaeza, Jean Meyer, Juan Donoso Cortés, entre otros, Centro de Estudios de Política Comparada, México, 123 pp.
• Origina, núm. 109, marzo de 2002, año 9, textos de Bernardo Hernández, Alejandra Gómez Coloado, Natalia Núñez, entre otros, Gilardi Editores,
México, 80 pp.
• Paradigmas y Utopías, no. 4, marzo-abril de 2002, número dedicado al marxismo francés, textos de Américo Saldívar, Charles Bettelheim, Nicos Poulantzas, entre otros, Partido del Trabajo/Sistema Nacional de Escuelas de Cuadros, México, 212 pp.
• Sólo Historia, núm. 12, abril-junio de 2001, año 2, textos de Fernando Serrano Magallón, Adolfo Sánchez Vázquez, Magaly León, entre otros, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México, 96 pp.
• Tierra Adentro, núm. 114, febrero-marzo de 2002, textos de José Luis Zárate Herrera, José Emilio Pacheco, Ricardo Venegas, entre otros, Conaculta, México, 95 pp.
• Tinta Seca, núm. 53, marzo-abril de 2002, textos de Elvio Romero, Jorge Canee, Roberto García Bonilla, entre otros, Publicación Independiente del Estado de Morelos, México, 32 pp.