Miércoles 24 de abril de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
Hasta Adentro

Bicentenario

n Marko Castillo

Cuando uno cumple 200 años seguramente el panorama debe de ser aterrador (el cuerpo flácido, la nalga caída, sin control de esfínteres, trastornos gástricos, tiroidales, intestinales y mentales, estar más parecido a una momia que a un ser humano. ¡Qué espanto!).
Pero cuando se festeja el 200 aniversario de haber nacido, como es el caso de Víctor Hugo (no Víctor Hugo Rascón Banda), nacido en febrero de 1802 y muerto en mayo de 1885, además del gobierno de Francia, todos los escritores, poetas, dramaturgos y pensadores debemos estar de plácemes.
Víctor Hugo es el mayor exponente de la escuela romántica, maestro indiscutible del melodrama. Sus novelas más famosas, Los miserables y El jorobado de Nuestra Señora de París, son por todos conocidas. Las innumerables versiones que de tales obras se han hecho, por sí solas bastan para asegurarle a su autor un reconocimiento universal. Los niños, con la última versión de dibujos animados de Walt Disney, tienen acceso a este escritor y su obra.
El teatro retoma sin dudar sus más grandes obras hechas para la escena: Hernani y El rey se divierte son material de primer básico para actores y directores que se dedican al teatro, además de Cromwell, Las orientales, El último día de un condenado a muerte, Marion Delorme, Lucrecia Borgia y Angelo (hay que leer algo más que a Emilio Carballido).
Verdi retoma El rey se divierte, y bajo el título de Rigoletto nos entrega una obra maestra del bel canto.
Los poblanos le agradecemos la carta que nos envió apoyando al pueblo mexicano contra la invasión del Ejército francés durante la intervención de la década de los sesenta en el siglo antepasado (vaya a leerla al patio de la Casa de la Cultura de Puebla o al parque Víctor Hugo si no me cree).
Y la herencia definitiva que nos lega es ese género que se utilizó durante el romanticismo, el melodrama, y que retoman los medios actuales dedicados al espectáculo (como lo son el cine y la televisión).
Somos hijos de la telenovela, y nuestra diversión es irnos a meter al cine a ver todos los estrenos disponibles para ser conocedores de este arte multitudinario que ha desplazado casi de manera total a las otras manifestaciones escénicas. Entonces, mínimo debemos saber, cuando nos instalamos ante una pantalla gigante (bueno, en estas épocas, medio grande) en el cine, o en la comodidad de nuestro hogar (a admirar las burreces espetadas por los actores en nuestras telenovelas favoritas), que estamos ante la herencia de uno de los más grandes escritores que ha dado el mundo civilizado.
En todo el mundo se prepara grandes celebraciones para festejar el natalicio de este hombre universal; esperemos que nuestro país también se sume a estos homenajes en recuerdo de la gran influencia que la literatura francesa ha tenido en nosotros, ciudadanos de cultura media.
Ojalá que nuestras autoridades culturales se sumen a estos homenajes.