Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 16 de mayo de 2002
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Política

Sami David

Acuerdo, más que complicidad

En la política el debate y la conciliación son importantes porque abren espacios de encuentro e impulsan la reciprocidad institucional. También permiten la distensión y buscan destrabar los nudos de la agenda nacional. Es precisamente en estos terrenos que cobra relevancia el encuentro entre la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional y el representante del Poder Ejecutivo. Desafortunadamente, todo encuentro con el poder genera suspicacias, sobre todo cuando ha habido una serie de desencuentros y actuaciones que no han contribuido a la buena marcha del desarrollo nacional.

Por supuesto que los tiempos actuales son distintos. Por lo que debe aplaudirse la buena disposición entre Roberto Madrazo y Vicente Fox para alcanzar acuerdos con el propósito de robustecer la democracia, puesto que la responsabilidad es mutua, compartida. El espacio de gobernabilidad que se desea implica reciprocidad. Y, como expresó el Presidente, no existen monopolios para el cambio. En este orden de ideas, las palabras de Madrazo expresadas en Los Pinos fueron en el sentido de concebir la democracia como un tejido vivo que surge de la participación ciudadana, se incuba en la vigencia de la ley y se nutre con acuerdos explícitos entre contendientes políticos, pero siempre de cara a la ciudadanía.

Sin estridencias, con sensatez y madura inteligencia, el presidente del PRI nacional permitió este acercamiento con base en el espíritu republicano que debe prevalecer en todo líder. Por lo mismo, lo que el dirigente priísta señaló como "arquitectura política", basada en reconocer y afirmar nuestra diversidad social e ideológica, también se fundamenta en la conciliación de acuerdos como el eje democrático y de los condicionantes para la toma de decisiones en asuntos públicos. El priísta abordó aspectos temáticos importantes como son el manejo de la política exterior y el despropósito en la utilización de elementos administrativos y recursos judiciales aún sin resolver para efectos electorales.

Ciertamente, la voluntad democrática constituye una energía creadora. Por eso mismo el presidente Fox hizo un llamado a evitar las confrontaciones, porque no rinde frutos y porque en este choque el país pierde. También es evidente que la expectativa democrática aún no se consolida y amenaza con rebasar los límites del sufragio, puesto que el mismo poder público no ha sabido mostrar que los partidos y sus representantes son capaces de construir los consensos que requiere la edificación del nuevo régimen político y que la ciudadanía con su voto ordenó construir.

El poder, ahora, es compartido: hay un sabio ordenamiento de un sistema de pesos y contrapesos, donde un partido es gobierno a la vez que oposición. Por eso urge construir un proyecto de nación incluyente, acorde con los tiempos, y que devuelva a los mexicanos la certidumbre, ahora perdida, de vivir en un país seguro, con justicia social y oportunidades de prosperidad para todos. "Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental -advirtió Madrazo-, el pueblo nos lo demandará y todos los actores políticos habremos perdido la oportunidad histórica de servir a México".

La misma gobernabilidad, agregaríamos, entrará en riesgos.

Quienes insisten en la confrontación por la confrontación misma apuestan al quiebre institucional. Olvidan que el interés primordial es el país. Y como tal, México está urgido de respuestas. Es decir, todos los aspectos de la vida nacional son motivo permanente de reflexión y deliberación. Esperemos, en aras de esa misma gobernabilidad invocada por el priísmo y el presidente Fox, que este primer escarceo de distensión no vaya a tener simples resultados mercadológicos. Aunque algunas voces pretenden advertir guiños y complicidades, soslayando la demanda del priísmo nacional: la verdadera modernización de la administración pública se basa no sólo en la transparencia del uso de los recursos públicos y la rendición de cuentas en términos de elemental honradez, sino también en la eficacia social y en la eficiencia económica de los mismos.

Pero los resultados aún son magros y además se pretende politizar la justicia misma. Tiene razón Madrazo cuando señala que la vida democrática de México y, sobre todo, el respeto a nuestro estado de derecho exigen no vincular justicia con política y mucho menos con política electoral. Por ende, el saldo es positivo: más que complicidad, acuerdo; más que gobierno dividido, gobernabilidad. El encuentro fue un acto de realismo político, de sensatez y prudencia. Este primer paso es fundamental para garantizar la civilidad y la búsqueda de gobernabilidad, que en última instancia es lo que debe importarnos a todos.

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