Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 16 de mayo de 2002
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Espectáculos

Leonardo García Tsao

Cannes se inicia con un final hollywoodense

Cannes. La función de apertura con Hollywood Ending fue un triunfo para Cannes, por lo que significa tener a un otrora reticente Woody Allen en el festival. En cuanto a calidad cinematográfica, digamos que siempre será preferible un Allen flojo al mejor Luc Besson o al mejor Baz Luhrmann.

En sus últimas tres películas, el autor neoyorquino se ha conformado con elaborar unos cuantos chistes sobre una versión genérica de su cine. En este caso Allen interpreta a Val Waxman, cineasta pretencioso venido a menos que es contratado, a instancias de su ex mujer (Tea Leoni), para dirigir una película por la compañía dirigida por su rival en amores (Treat Williams). El problema surge el primer día de rodaje, cuando Waxman sufre de ceguera sicosomática y trata de ocultar el hecho, ayudado por su agente (Mark Rydell).

Allen aprovecha el elemento cinematográfico para lanzar algunas pullas contra la producción hollywoodense actual, pero estira demasiado su premisa elaborando gags poco ingeniosos sobre el dilema del protagonista. Tratando de sostener él solo la comicidad de la cinta con su personaje eterno de neurótico apocado, Allen exagera sus manierismos -la voz gimoteante, las manos siempre agitadas frente a su rostro- al grado de parecer una imitación de un cómico de vodevil. Aunque en el fondo Hollywood ending insinúa que el cine de hoy podría estar hecho por ciegos, la resolución irónica según la cual el chambón resultado fracasa en Estados Unidos pero es elogiado por los franceses se antoja como una bofetada con guante blanco al país anfitrión.

Esa interpretación fue negada por el propio Woody Allen en la posterior conferencia de prensa, evento tan inusual que se necesitó de la amplia sala Debussy para albergar a toda la prensa interesada. Siempre cortés, el director agradeció el papel que ha tenido la sociedad francesa en revalorar muchos elementos de la cultura pop estadunidense.

Rodeado por los intérpretes Debra Messing, Treat Williams y Tiffani Thiessen, el cineasta daba la impresión de seguir haciéndola de ciego. Con los ojos casi siempre clavados en el mantel, Allen nunca volteaba a ver a los miembros de la prensa que hacían preguntas o a sus compañeros de mesa. Sólo en una ocasión mostró su sentido del humor característico, cuando una periodista alemana preguntó su opinión sobre la costumbre francesa de comer caracoles y ancas de rana. "Al igual que en la diferencia de edades en las relaciones amorosas, todo es cuestión de gusto", fue la respuesta. "Aunque debo decir que no me gusta comer alimañas ni carne de perro, como ocurre en algunas culturas."

Era evidente que la estrella de la conferencia era Allen, a pesar de los esfuerzos de Messing por robar cámara y hacer recordar su desempeño televisivo en la serie Will y Grace. Por cierto, quien esto escribe tuvo oportunidad de comprobar la magia de la fotogenia y el maquillaje cuando vio a la señorita Messing en el aeropuerto de Niza, tras siete horas de vuelo trasatlántico. Desgarbada, flaca y sin nada encima que la pudiera hacer atractiva, la actriz parecía cualquier turista gringa dispuesta a asolearse en la Costa Azul.

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