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La
tragedia
ALBERTO NÁJAR Histórica o muy reciente, la migración es una realidad para muchas zonas del país. Cada año, miles van y muchas veces no regresan si no es para la fiesta o alguna ceremonia importante. El fenómeno provoca un cambio profundo en los rostros de regiones enteras. Con esta entrega, iniciamos un recorrido por las llamadas zonas expulsoras de migrantes, donde se expresa claramente lo que dice un cura veracruzano: A lo mejor para otros pueblos la migración es una tragedia, pero para nosotros es una bendición
Para lograrlo se fue durante tres años a Estados Unidos, donde trabajó en una fábrica de rines. En ese tiempo consiguió ahorrar lo suficiente para comprar un solar en el pueblo, y a su regreso fue que decidió utilizarlo para construir el bar. Pero se quedó con las ganas: primero, la comunidad de base de la iglesia de Santa María de Guadalupe se opuso a que una mancha moral se instalara en el pueblo, como confiesa la catequista María Esther Vega; luego, el Ayuntamiento de Jilotepec le negó la licencia para vender vinos y licores porque el predio estaba frente a un kínder, y después quizá la razón más importante don Cutberto se dio cuenta que su negocio no tendría clientes.Porque desde hace cinco años, prácticamente la mitad de los hombres de Vista Hermosa han emigrado a Estados Unidos. Y casi todos los adolescentes, apenas cumplen 18 años, buscan la forma de emprender camino al norte. Sin embargo, a diferencia de otras comunidades veracruzanas, para Vista Hermosa la salida de sus habitantes es lo mejor que le pudo haber pasado. Hubiera visto hace seis años, todo estaba muerto, recuerda Tirso Hernández, padre de quien fue el primer migrante de la comunidad. No había trabajo para nadie, el café estaba por los suelos y la caña dejó de valer. Ni en Jalapa había trabajo. Y para colmo a mi chamaco lo rechazaron en la escuela de medicina del Ejército. Por eso se fue con su amigo Marcos García. A su hijo también se llama Tirso le siguieron otros tres. Y luego una docena agarró camino. Después se fue el primer cuarentón, un cañero que perdió todo en la crisis del azúcar. Y al siguiente año, en 1998, partió la primera mujer. Después otras. Ahora, la migración es algo cotidiano en la comunidad, tanto, que incluso el miedo por el cruce de la frontera ha disminuido. La primera vez fue difícil, mi hijo se tuvo que pasar por un tubo que estaba lleno de calaveras de otros que habían muerto, cuenta. La primera vez regresó lleno de cicatrices por los raspones de los huesos. Pero sólo el primer trago fue amargo, porque después el cruce se les hizo más fácil, la gente está más práctica, dice Tirso. Hoy, 200 hombres y 30 mujeres viven en Estados Unidos, además de ocho matrimonios que dejaron a sus hijos encargados con los abuelos. La mayoría vive en Columbus, Indiana o Carolina del Norte, y a casi todos les ha ido bien. A mi hijo luego luego le compré un potrerito, unas vacas, unas finquitas, le hice la casa. Ya tiene algo, son como ocho hectáreas de tierra con unas 8 mil matas de café, presume don Tirso. A Jesús, otro de mis hijos, le amplié su tienda, y con lo que me han mandado hice más grande la mía. No son los únicos que han progresado. Los hermanos Hernández se fueron dos años y al regresar instalaron una vulcanizadora. Los Ruiz tienen un taller mecánico y el joven Oscar Lara López mandó a alfombrar, por su cuenta, la nave de la iglesia. Los migrantes pagaron la fachada de la telesecundaria Lerdo de Tejada incluso mandaron la foto de una casa que les gustó en Indiana para que se construyera igual y pavimentaron la calle frente a la escuela primaria. También aportaron dólares para reparar el sistema de drenaje y cada mes, rigurosamente, envían para el sueldo de los faeneros (trabajadores) que barren las calles, pintan fachadas, reparan luminarias y aportan el 70% del costo de las fiestas patronales. Prácticamente en todas las calles de esta pequeña comunidad hay casas en construcción, algunas incluso con marcos de madera en las ventanas y techo de dos aguas, al estilo California. Hemos tratado de mantener los vínculos, explica el párroco de Jilotepec, Alfredo Hernández Vázquez. En los cumpleaños o las fiestas patronales grabamos videos y los mandamos a Estados Unidos; ellos también se graban y mandan mensajes a las familias. Cuando alguno de los muchachos se porta mal, le avisamos al padre y éste le manda un cassete con consejos o regaños. Hasta bajó el consumo de alcohol: antes en el pueblo había 18 cantinas y expendios de cerveza, hoy sólo quedan tres. El resto cerró por falta de clientes. Con la migración llegaron también otras costumbres. Antes no se veía que las mujeres trabajaran y ahora es cada vez más común, explica María Esther Vega. En las fiestas patronales se traían tres tipos de música: danzón para los viejitos, conjunto para los medianos y disco para los jóvenes. Ahora nomás traen de ésta; da risa ver a los cuarentones que regresan del norte brinque y brinque con ese ruido. Es lógico, añade. Como que regresan (los migrantes) más liberales.
Por si fuera poco, se corrió la voz de que en Vista Hermosa hay dinero y desde hace cuatro meses empezaron a llegar vendedores de ropa, perfumes, joyas, maquillaje y aparatos domésticos. La novedad ya empezó a cobrar víctimas. Llegan y le enseñan a las señoras sus catálogos con fotos muy bonitas y todo muy apantallador, cuenta María Esther Vega. Muchas nomás están esperando que llegue la remesa para gastárselo en esas cosas, y se acaban el dinero luego luego. Nosotros les hemos dicho que no caigan en la tentación, que cuiden el trabajo de sus maridos porque cuando regresen, si no tienen nada, se van a tener que volver a ir. Pero no hacen caso. Y es que hace 10 años que los habitantes de Vista Hermosa no tenían una buena racha. Hace un lustro, cuando empezó la migración, el ingreso promedio de las familias era de 250 pesos semanales. Ahora las remesas son de al menos 150 dólares en ese mismo lapso. Por eso el derroche: quienes se quedan tienen una falsa sensación de riqueza. La gente cree que se reciben millonadas y por eso los vendedores se dejan venir de Banderilla, de Jalapa y hasta del puerto (Veracruz)explica la catequista . Pero la verdad es que no es mucho lo que llega, y como la gente no ahorra, en cualquier momento que baje el trabajo en Estados Unidos la gente se va a quedar con deudas. Hasta ahora lo único que la comunidad de base ha conseguido es que las remesas se utilicen en la construcción de casas. Al menos que se queden con eso, después de todo lo que han sufrido, dice. Como quiera que sea, en Vista Hermosa lo único claro es que la salida de sus vecinos salvó al pueblo. Yo le digo a mi hijo: eso que tienes no lo ibas a hacer nunca, o a lo mejor si te quedas de doctor todavía no empezaras a juntarlo, apenas estarías saliendo de la escuela y tendrías la bronca de conseguir chamba, dice don Tirso mientras atiende el mostrador de su nuevo minisuper. Por eso digo que hizo bien en irse. Eso piensa el sacerdote Hernández Vázquez. A lo mejor para otros pueblos la migración es una tragedia, pero para nosotros es una bendición, justifica. A como están las cosas con el campo y las crisis, no sé que haríamos sin la ayuda de nuestros hermanos. Sí. Para Vista Hermosa el progreso llegó con los dólares. Excepto para don Cutberto, al qué le impidieron instalar su cantina. Pero tampoco le fue mal. Tras devolver los muebles que había rentado y cancelar el contrato con la Cervecería Modelo, el ex migrante compró tres taxis que trabaja con sus hijos en Jalapa. De eso vive ahora, aunque no ha cancelado por completo su sueño de tener una cantina: la fachada de la casa donde pretendía instalarla conserva aún los anuncios de la cervecería. Por si se llega a ofrecer, suele comentar. Las reglas del agiotista
En ruina la producción de café, cerrado el único ingenio de la región, en 1999 a Crescencio Ortíz no le quedó otra más que empeñar, por 20 mil pesos, las escrituras de su casa y un predio para viajar a Estados Unidos. Le fue mal. Primero, tardó más de dos meses en poder cruzar, y cuando al fin lo consiguió, la Border Patrol lo devolvió a México. Regresó al mes siguiente y después de cruzar prácticamente todo el territorio estadunidense de San Diego, California a Chicago, Illinois consiguió trabajo como jardinero. Fue hasta ese momento, seis meses después de su salida, que empezó a mandar dinero para saldar su deuda. Pero ya era tarde. El préstamo, pactado al 20% de interés mensual, se había multiplicado, y en lugar de 20 mil eran ya 50 mil pesos los que debía. El sueldo de Crescencio era muy bajo, y lo que mandaba a Chiltoyac no alcanzaba ni para pagar los intereses. Dos meses después de que llegó la primera remesa, el prestamista un sujeto conocido como Melquiades reclamó su dinero. Crescencio perdió todo: la casa, el predio con plantas de café y hasta a su familia en México, de la que se olvidó cuando se casó en Chicago. El año pasado su todavía esposa no están separados legalmente se fue a Estados Unidos pero no a buscarlo, sino a trabajar por su cuenta. Los siete hijos de la pareja se quedaron con sus abuelos. El caso de Crescencio no es el único en Chiltoyac, un pueblo que hasta hace 10 años era uno de los principales productores de café arábigo de Veracruz y que hoy se encuentra prácticamente en manos de los agiotistas. Y es que en los últimos cinco años han salido para Estados Unidos poco más de 300 personas, la mayoría hombres, todos los cuales empeñaron sus propiedades para conseguir el dinero del viaje. Los préstamos se pactaron con intereses de entre 15 y 20% mensuales, y hasta ahora pocos son los que han podido liquidarlos. Casi todo el dinero de las remesas se utiliza para pagar las deudas que crecen sin freno. En el último año los prestamistas Amador Cortés Ortíz, Valentina López, un sujeto conocido como el licenciado Miguel y el propio Melquiades, se quedaron con las propiedades de una veintena de familias. De todos los que se fueron nomás a tres les ha ido bien, dice María Ortíz Durán, del Movimiento de Apoyo Independiente a la Ciudadanía de Chiltoyac. Los demás están peor, porque con la crisis del café estaban endeudados y para pagar pidieron otro préstamo del que ahora no pueden salir. Se nota. En Chiltoyac no hay casas en construcción, ni mucho menos se han reparado calles o remodelado las fachadas de las escuelas. La iglesia luce descolorida, en la plaza están tirados desde hace años varios postes oxidados de luz que nunca se instalaron; la pintura en la fachada de la agencia municipal hace tiempo que desapareció y a la cancha de basquetbol le faltan las canastas. En el centro de la población sólo hay un par de tiendas pequeñas, con poca mercancía. El único sitio que parece recibir mantenimiento es la casa del campesino, perteneciente al comisariado ejidal que por cierto encabeza un integrante del Movimiento Independiente. El dinero que llega a Chiltoyac se lo quedan los prestamistas. Ellos son los que imponen las reglas. Hubo el caso de un muchacho que luego luego mandó para pagar su deuda, cuenta Digna Ortega Ortíz, activista del Movimiento. Pero el agiotista no quiso recibir el dinero hasta que se cumplió el plazo de tres meses que habían firmado. ¿Por qué? Porque de otra forma no hubiera cobrado intereses, y así no le convenía el negocio. Nunca pierden. Hace tres meses, el prestamista Melquiades se presentó en la casa de Inocencia Olmos para reclamar el dinero que prestó a su marido el año pasado. Era una deuda importante: 23 mil pesos del capital y 30 mil más de intereses. La mujer, cuentan en Chiltoyac, ni en sueños tenía para pagar, por lo que antes de perder la finca empeñada como garantía decidió venderla. Cuando el prestamista se dio cuenta amenazó a Zenón Fiesta (quien había comprado la parcela) con sacarlo a balazos de la propiedad. El conflicto aún no se resuelve, aunque el resultado es previsible. El usurero es originario de Misantla donde, dicen en Chiltoyac, estaba relacionado con sembradores de droga; además tiene un grupo de cobradores que suelen convencer a los deudores de la conveniencia de pagar los préstamos sin problemas. Y por si los caminos ilegales no bastaran, Melquiades cuenta con el apoyo del agente municipal, Indalecio Trujillo, quien incluso promueve los servicios del prestamista mediante un altavoz instalado en la oficina de gobierno. Cada 15 días avisa la fecha que pasará el camión para llevar gente a Estados Unidos, explica Digna Ortega. Y a los que no tienen dinero los invita para que busquen a Melquiades. No es necesaria la publicidad, porque en Chiltoyac la migración no para.La semana pasada salieron 15 jóvenes para Atlanta, y a fines de mayo se tiene previsto otro viaje en el que ya se apuntaron una decena más. A casi todos los financiaron los prestamistas, quienes ahora cuentan con al menos una veintena más de escrituras o títulos de propiedad en su poder. No se sabe cuántos podrán pagar sus deudas. Hasta ahora, lo único claro es que, de quincena en quincena, Chiltoyac cambia de dueño. Los apuros del gobernador Apenas supo del atentado a las torres gemelas de Nueva York, el gobernador de Veracruz, Miguel Alemán Velasco, envió a la ciudad estadunidense a un comisionado para averiguar si habrían muerto paisanos en el ataque. El enviado especial fue el académico Carlos Rodríguez, quien tardó una semana en saber que, oficialmente, ningún veracruzano estaba en el World Trade Center cuando los aviones de American Airlines se estrellaron. El oxígeno regresó al palacio de Gobierno de Xalapa, donde para sustos con migrantes ya habían tenido suficiente ese 2001: apenas cuatro meses antes del atentado, a fines de mayo, 11 veracruzanos habían muerto en el desierto de Yuma, Arizona. La tragedia tomó desprevenidas a las autoridades locales para quienes la migración no era un asunto prioritario, a pesar de que, según cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo), hasta ese momento eran 796 mil los veracruzanos que habían abandonado el estado. Teníamos la actitud de los avestruces, reconoce el subsecretario de Desarrollo Político, Juan Antonio Nemi Dib. Nos escondíamos en el hoyo y con eso el problema no existía, hasta que la realidad nos rebasó. Por esos días eran pocos los que conocían del fenómeno migratorio de Veracruz, e incluso las primeras acciones habían empezado a tomarse seis meses antes. Hubo, pues que empezar de cero. Estamos en desventaja con otras entidades federativas como Puebla y Oaxaca que tienen una larguísima tradición migratoria, explica Nemi Dib. En Veracruz eso no es normal, no forma parte de nuestra cultura y genera un sentimiento de rechazo en las familias que se perciben a sí mismas como desintegradas. Y es que la migración veracruzana es joven, no sólo por la edad promedio de quienes salen del estado (desde los 16 años) sino porque ésta se agudizó a partir de 1998, según estudios de la investigadora Patricia Zamudio Grave, del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Eso significa que a los veracruzanos les ha tocado enfrentar la etapa más difícil de la migración, con una política de fronteras cerradas por parte del gobierno estadunidense que obliga a buscar los sitios más inseguros para cruzar y con la economía de ese país en proceso de recesión. La juventud del fenómeno dificulta, añade el estudio, la formación de redes sociales de los veracruzanos en sus lugares de destino, lo que obliga a los migrantes a recurrir, primero, a los agiotistas para financiar el viaje y después a los polleros para más o menos garantizar el cruce. Los lazos sociales se ponen en riesgo, se desconoce si los que se van volverán; en muchos casos, no se sabe incluso su destino o sus condiciones de vida, advierte Zamudio Grave. Tampoco se sabe si los que se fueron siguen perteneciendo a la comunidad y se puede contar con ellos. No es teoría: los migrantes de Chiltoyac suelen viajar a lugares distintos de la Unión Americana y la comunicación entre ellos no es frecuente; sus vecinos de Vista Hermosa, en cambio, viven en las mismas ciudades, comparten el sitio de trabajo y con frecuencia habitan el mismo departamento. Así, la distancia entre una comunidad y otra es mayor a los 15 kilómetros que las separan en Veracruz. Como quiera que sea, lo cierto es que la magnitud del flujo migratorio del estado junto con la tragedia de Yuma obligaron al gobierno local a tomar en serio el problema. En septiembre pasado nació la Coordinación Estatal de Atención a Migrantes que hasta ahora ha apoyado la elaboración de 65 proyectos productivos para el programa Adopta una Comunidad del gobierno federal (todos rechazados, sin explicaciones); estableció un proyecto para repatriar los cuerpos de quienes mueren en Estados Unidos e instaló en Ciudad Juárez donde viven 50 mil juarochos una oficina para apoyarles en la defensa de sus derechos laborales. También ordenó la edición de 5 mil cartillas del Migrante Veracruzano donde se explican las funciones de los consulados mexicanos, se ofrecen instrucciones para conseguir visa y se dan consejos para tener cuidado al cruzar la frontera. Los documentos se distribuyeron en Estados Unidos. Todo, sin embargo, ha resultado insuficiente. Y es que la salida de veracruzanos no cesa. Cada año, según el Conapo, la migración aumenta en 10%, reconoce Nemi Dib. Es una tendencia enorme. |