Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 19 de junio de 2002
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Política

Arnoldo Kraus

Conocimiento y ética

Muchos piensan que el conocimiento debería tener límites; consideran que debe lindar entre la sorpresa y lo absurdo. Si mucho de lo que somos y de lo que tenemos proviene del saber, entonces Ƒpor qué considerar que la sapiencia puede generar problemas? El conocimiento, al igual que algunos de sus brazos, como la ciencia, puede ser perjudicial por excluyente, porque ciencia y tecnología han dejado de ser neutrales o bien porque en ocasiones prevalecen intereses económicos sobre el valor de la sabiduría.

Debe también reflexionarse en la trascendencia del conocimiento a través del tiempo y su relación con "los momentos" de la condición humana. Expongo un caso como invitación a la duda.

El ácido desoxirribonucléico (ADN), como se sabe, es una de las características fundamentales del ser humano. La tecnología permite identificar con exactitud el ADN de cada persona -podría decirse que el ADN es una suerte de rostro interno, de piélago individual- y puede saberse quién es quién.

Se aplica para la identificación de cadáveres, para reconocer al agresor en casos de violación, mediante el esperma, así como para confirmar la paternidad cuando los pater familia no reconocen a un vástago, y recientemente, en este mundo preñado de sinsentidos, para identificar bebés robados de hospitales.

El listado previo muestra las caras sanas de la ciencia cuando se aplica la tecnología del ADN en sociedades económicamente pudientes. Cuando estos mismos exámenes se usan en poblaciones que han migrado, las caras negativas pueden pesar más que las virtudes. Modernidad y ciencia, conocimiento y tecnología, no caminan paralelamente en ese rubro.

Si bien es cierto que el periplo de la inmigración encierra vicisitudes inimaginables, muchas de ellas muy dolorosas para quienes son expulsados de sus tierras dejando atrás a sus familias, las naciones que reciben a esas poblaciones tienen también que confrontar varios problemas. Gran número de inmigrantes, por razones obvias, carece de documentos o cartillas que "prueben" su identidad, por lo que cuando solicita permiso para juntarse con su familia en el país "receptor", las autoridades suelen apoyarse en estudios de ADN para confirmar el parentesco biológico.

Se sabe que la reunificación familiar es óptima para el desempeño de los inmigrantes, pero a la vez la mayoría de las naciones "receptoras" -Canadá, Estados Unidos, Dinamarca- no desea incrementar la cantidad de inmigrantes.

Desde el punto de vista humanitario se sabe también que no pocos de los niños abandonados son sujetos de abuso sexual y laboral, lo que los convierte en presa fácil de las vorágines más desalmadas; muchos de estos infantes se convierten en niños y niñas de la calle, pueden ser utilizados para extraerles órganos o para venderlos a padres que quieren adoptar un hijo. Todos esos tropiezos merman la posibilidad de que los inmigrantes se adapten, se desarrollen y realicen una vida productiva.

A esos descalabros deben agregarse otros problemas éticos, pues la noción de familia y paternidad no es igual en Occidente que en algunos países del Tercer Mundo. Por ejemplo, en muchas culturas el término familia no se limita a la relación biológica, sino a la social. En México esto se entiende cuando se habla de los entenados y de los afectos sociales que se construyen alrededor de esas adopciones -los entenados denotan la vivencia "optativa" entre una persona y la familia, que sólo se comprende cuando los encargados del entenado se refieren a él.

Desde el punto de vista social, no exclusivamente biológico de la familia, cuando los exámenes de ADN demuestran que el sujeto estudiado no es hijo del padre o de la madre, y en ocasiones de ninguno de los dos, la posibilidad de que surjan conflictos es grande. Muchos de estos hijos fueron asimilados "erróneamente" después de guerras o aceptados como integrantes de la familia sin mayor cuestionamiento.

Las pruebas de ADN pueden también ser discriminatorias, pues suelen solicitarse con más frecuencia en ciertos grupos étnicos o sociales. O bien deberían respetarse aquellas religiones que no aceptan que se practique este examen.

Los exámenes de ADN deberían usarse imparcialmente y como último recurso, porque pueden alterar la dinámica familiar. Estas pruebas, además de que son muy caras, no es infrecuente que retarden la reunificación de la familia. Se sabe, asimismo, que más de una familia del Tercer Mundo ha quedado dividida, pues las pruebas de ADN reconocían a algunos de los niños como "propios" y a otros no.

En estas circunstancias el impacto de la tecnología debería confrontarse señeramente con el de la ética, ya que para muchas sociedades no occidentales la familia se define, como ya se dijo, tanto por lo social como por lo biológico, amén de que el ADN en nuestras latitudes no evita la proliferación de niños y niñas de la calle.

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