Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 26 de junio de 2002
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Cultura

Datos del INEGI desmienten la aseveración del secretario Francisco Gil Díaz

Refutan cifras que la pornografía impresa sea la más beneficiada por los lectores

Las publicaciones ''semipornográficas'' son superadas por revistas con otros temas

Parte considerable de ediciones de corte erótico carecen de registro ante Gobernación

CESAR GÜEMES

No es verdad, conforme a las cifras más recientes ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), que la industria de la pornografía impresa sea la más beneficiada por los lectores nacionales.

Las cifras desnudas, nunca mejor dicho, arrojan datos por demás interesantes. Es cierto que los números no lo muestran todo, pero casi, lo suficiente como para tomarle el pulso concreto y verificable hasta donde llega el marco de la legalidad. Tal como apunta el INEGI, si exceptuamos aquí la producción de diarios y nos atenemos sólo a las revistas, en el año 2000 la relación es como sigue en el rubro ''valor de producción" por tipo de revista. Ciencia: 133 millones 981 mil pesos; para el hogar: 390 millones 878 mil pesos; otras: 544 millones 742 mil pesos y en historietas: 434 millones 233 mil pesos. O sea, ya que las publicaciones semipornográficas caen en el espacio de historietas, lo cual siempre será mucho decir porque la enorme mayoría de ellas está conformada por cómics de muy diversa índole, éstas se ven superadas de manera absoluta por el resto de revistas según su tema. Mientras que las historietas tuvieron un valor de producción de 434 millones 233 mil pesos, el del resto de publicaciones fue de 1 billón 69 millones 601 mil pesos. Cierto que hablamos del valor de producción y no del ''valor de ventas", pero éste, como consigna el INEGI, no se separa demasiado del anterior.

A partir de los datos duros se desprende que los problemas con el bajo índice de lectura en México son varios y todos requieren desglose, primero, y análisis y discusión sobre la forma de solventarlos, después. La afirmación del titular de la Secretaría de Hacienda, Francisco Gil Díaz, de que ''con excepción de algunas revistas, que son semipornográficas, casi no leemos en nuestro país" no tiene sustento real ni mediante los estudios que rearevistas_pornos_9l7-liza la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), mismos que se encuentran en proceso, ni los levantamientos de cifras a cargo del INEGI. Sin la base de una u otra instancia, sencillamente no existe una sola cifra que avale lo dicho por el funcionario; no hay manera de saber cuánta pornografía se lee en el país en contraste con otro tipo de publicaciones, además de que es preciso, ya en otro terreno, saber lo que el término pornografía quiere decir respecto del de ''semipornografía" y qué es lo que entiende por uno y por otro la actual administración federal.

Pero eso no es todo. En la industria editorial corre la especie de una irregularidad que va más allá: una parte muy considerable de las revistas eróticas que se expenden en el país, y que puede ser tan amplia como 50 por ciento del total, no tiene registro ante la comisión calificadora correspondiente. Eso tiene al menos dos lecturas: a) ese 50 por ciento de publicaciones se expenden al margen de la ley que debería regirlas; b) como no existen de manera técnica, sino sólo de forma tácita, no pagan impuestos, no rinden cuentas ni ante Hacienda ni ante nadie. Una revista que no existe, aunque esté en los puntos de venta, no entra en contabilidad alguna y desde luego no aparecerá por ningún lado ni en los trabajos que desarrolla la Caniem desde hace años ni en los que se pueden encontrar en el INEGI.

Cumplir la ley

Como apunta la Secretaría de Gobernación, de quien depende la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, el trabajo de ésta, mediante su secretaría técnica, es garantizar ''que toda publicación y revista ilustrada periódica en nuestro país se registre; se clasifique; cuente con el certificado o constancia correspondiente; cumpla con el marco jurídico que las regula y observen el pleno respeto a la vida privada, la paz, la moral pública, la dignidad de la persona, respeten los derechos de terceros, no provoquen la comisión de algún delito, perturben el orden público, ser un órgano conciliador entre editores, distribuidores y lectores".

Por ese marco jurídico que maneja la comisión calificadora es que resulta por decir lo menos laborioso ofrecer al lector potencial una nueva publicación. Entonces, para cerrar este rubro es pertinente observar, primero, que no hay forma de quejarse, por parte de ninguna instancia, de que en México se lea una revista, así sea considerada ''semipornográfica" porque antes ya fue aprobada por la citada comisión en el entendido de que (según los términos señalados), respeta ''la vida privada, la paz, la moral pública, la dignidad de la persona" y ''los derechos de terceros".

Uno de esos derechos de terceros es, justamente, leer el ciudadano lo que mejor le plazca. Y segundo, no procede la queja porque si la lectura mayoritaria que se atribuye a los mexicanos es la de pornografía o semipornografía, y esa lectura se hace en revistas que no pasaron por la multicitada comisión, entonces procede llamarlas al orden por parte de las instancias correspondientes.

Sin dejar de lado la definición de pornografía, la venta irregular de la misma cuando ésta carece de registro ni las cantidades que en impuestos por el rubro se evaporan, lo insoslayable son las cifras, las que existen y tienen un respaldo profesional.

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