Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 27 de junio de 2002
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Política

Sami David

ƑY el amor por México?

Declaraciones infortunadas, cerrazón e intransigencia vuelven a cobrar relevancia en el México del cambio con la subsiguiente desarticulación institucional e incremento de acciones protagónicas con miras electorales por parte de quienes debían conducir con mesura y madurez los programas de desarrollo nacional. Pero lo más grave es que la volatilidad del mercado financiero pone en tela de juicio el trabajo político, por lo que la economía mexicana corre peligro severo, con su secuela en la población.

El riesgo de la desestabilización está presente y empieza a rebasar los límites de control. La fragilidad de la economía mexicana se ha resentido por la falta de tacto político de nuestros gobernantes. A ello se agrega la carencia de sensibilidad social de algunos políticos y de los partidos para conformar una agenda que destrabe la inmovilidad en que los poderes han caído.

Para el ciudadano común la clase política no ha sabido ponerse las pilas en un momento histórico en el que se ventila y prevalece todo, menos el cambio por el que la ciudadanía apostó. El esquema que se vive es tal que ante situaciones inéditas se busca actuar conforme a miras estrechas, anquilosadas, obsoletas. Vino nuevo en odres viejos, ciertamente. Por lo que la democracia aún no logra consolidarse y corre el trance de diluirse por falta de cohesión y entrega. A ojos de la sociedad, el sistema político mexicano es el mismo, pero con otros rostros. Aunque a diferencia de antiguos tiempos el Presidente carece de equipo de trabajo, frente a un Legislativo que ha desplegado sus banderas de independencia.

Si la responsabilidad es compartida, si el espacio de gobernabilidad descansa en todos los actores políticos en virtud de que la democracia se sustenta en un tejido vivo y se nutre con acuerdos y consensos, entonces todos, incluyendo a la sociedad mexicana, seremos responsables de la debacle que se avecina. Los asuntos públicos competen al país, no a un partido político ni a un poder en especial. De esta manera ni el PAN es el inventor del cambio democrático ni el PRI el ogro que devasta instituciones o frena el desarrollo. En este mismo orden de ideas puede señalarse que ni el Presidente es un empresario inocente ni el Legislativo el proveedor que pone en tela de juicio el valor de la materia prima. Corresponsabilidad y madurez deben cobrar vigencia. La situación es tan severa que se observa un severo deterioro en el mismo ámbito del Ejecutivo debido a la adelantada sucesión.

La turbulencia continúa. Y se argumenta que los funcionarios federales carecen de experiencia, con lo que se pretende disculpar las acciones, así como la irresponsable declaración del titular de la Hacienda Pública sobre la posible argentinización del país, que socavó aún más la tambaleante economía nacional. La sociedad cuestiona y exige. Pero volver los ojos al pasado es tanto como incrementar riesgos no en defensa de la justicia, sino en claro afán revanchista, con intenciones vengativas o mediáticas. Vislumbrar el futuro es lo capital. El presente es un firme eslabón para conformar el futuro de todos.

Construir consensos, observar con claridad lo que acontece, pero sin intenciones electoreras. Y recordar que ni el cambio ni la democracia son simples indicadores para alcanzar el reconocimiento ciudadano, sino que se debe trabajar con firmeza para consolidarlos, buscando que el espíritu republicano prevalezca para que el país marche hacia un destino óptimo. Con racionalidad y madurez se debe trabajar en bien del país, reconociendo que vivimos en una diversidad ideológica, política, religiosa, étnica, cultural y social. Esa es nuestra realidad. Conviene reconocerla y trabajar de manera conjunta y organizada para evitar el lloro y el crujir de dientes. El interés y el amor por México deben prevalecer, no la condición mercadológica o los afanes revanchistas y protagónicos. ƑEs mucho pedir, señores funcionarios federales?

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