Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 27 de junio de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería de La Jornada
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >


 

Política

Sergio Zermeño

Futbol: todo es posible... y no

El Mundial de Futbol es mundial porque todo el orbe lo juega, porque quienes no lo practicaban se dieron cuenta de que si no se medían en esa arena, no tendrían noción de sí mismos, y entonces árabes y africanos primero, y asiáticos ahora (China, Japón, Corea), han recibido su calificación en esa, la más popular jerarquización del mundo. Y es que el Mundial es mundial porque permite brincarse los grandes indicadores del desempeño de las sociedades: producción, equidad social, ciencia y técnica, conservación de la naturaleza...

Pero más allá de eso, el Mundial es mundial porque es un evento abierto a la sorpresa: cualquier equipo nos da de repente la sorpresa de que llegó altamente preparado, o bien se "crece" en un partido, o puede encontrarse con la suerte, o los de casa se hinchan, gracias al grito de los compatriotas o, en el último de los casos, ilegítima, pero no ineficazmente, se puede comprar un penalty, una anulación de gol, dos o tres fuera de lugar que logran esa pequeña pero definitiva diferencia: el golecito a favor o en contra.

Eso pasa así en las altas esferas del futbol y nos permite, al resto de los mortales, enfrentarnos a nuestro televisor pertrechados con la esperanza: en cada evento todo es posible, ya lo demostró ayer o anteayer tal novato o tal mamarracho, y eso es lo que hace del Mundial un Mundial, a pesar de que 80 por ciento de los hombres y las mujeres del globo ven caer la calidad de sus vidas y cuando uno de los grandes campeones del mundo se ahoga en la crisis financiera más horrenda (pero a Argentina no le funcionó ni la suerte ni se "creció" ni parece haber tenido dinero o ánimo para sobornar ni a un juez de línea).

Sea como sea, porque es como es, el futbol tiene el encanto de la lotería: mi vida es un desastre, mi entorno es deprimente, pero en cada evento los equipos comienzan con cero goles y cada segundo es una sorpresa rodeada por la esperanza, el azar y la gloria.

En otros deportes sabemos más o menos que el equipo estadunidense va a ser el uno, dos, tres en natación y que alguno de sus jugadores regresará con cinco medallas colgadas al cuello, que en la parrilla de salida y en el podio de premiación estarán uno o los dos Schumacher, que a Montoya, por muchos momentos a la cabeza, se le estropeará el auto hacia la mitad de la carrera y que Venus, Serena, Sampras o Aggasi estarán entre los finalistas del Gran Slam.

Pero lo más alucinante del futbol es que también sucede lo contrario de la esperanza y el azar: fuera de los 90 minutos, con el correr de los años y de los campeonatos, las jerarquías se establecen férreamente y las sorpresas que nos dio éste o aquel equipo, o el de casa, se van atemperando hasta tomar su lugar: Brasil y Alemania están a la cabeza y esa primera fila la comparten con Argentina e Italia; en el segundo rango aparecen sin titubeos Inglaterra, Francia, Uruguay, Holanda, España, y en los asientos laterales Portugal, Irlanda, Bélgica, Suecia, Polonia, y algún otro europeo que usted así lo considere. El resto se distribuye entre la tercera y la cuarta filas con un bullicio constante de los que brincan entre ambas filas. México es de éstos, a veces va al Mundial, a veces va apenitas, a veces le toca en casa y "se crece", a veces no va y se desinfla, a veces juega como de primera línea, como contra Italia.

Vamos a las evidencias: en las 18 copas que se han jugado, Brasil con cuatro títulos y Alemania con tres habrán estado en 14 finales, mientras Argentina e Italia han conquistado tres títulos por bando.

Hay, sin embargo, trayectorias novedosas: Estados Unidos, Corea, Turquía, Senegal. Por alguna razón el primero parece más consistente, brincándose butacas desde el quinto patio con la pretensión de apoltronarse en la segunda fila. Por eso, y por nuestra historia, como dijo bien Germán Dehesa: "no nos dolió tanto la patada como el guarache con que nos la dieron".

Hay países muy chicos, como Holanda y Uruguay, que han tenido desempeños extraordinarios, pero en general el éxito es una combinación entre un gran número de espacios deportivos en escuelas y clubes con buenos entrenadores, infinitas playas atestadas de futbolistas con una mínima estructura de supervisión y selección, y una amplia capa de jóvenes bien alimentados.

En países tan grandes como el nuestro esto último podría no pesar, pero sí la combinación de esos elementos: se nos anuncia que los niños de las secundarias del Distrito Federal tienen marcado sobrepeso y musculatura raquítica, raros clubes cuentan con graneros de jóvenes ("mejor compramos extranjeros o Pumas"), los profesores de educación física están en extinción. Así, mejor nos hacemos a un lado y que pase Bruce Arena, al cabo tenemos nuestra tele de 25 pulgadas y, con suerte, hasta megapantalla.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año