lunes 8 de julio de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
Hasta adentro

Resultados de la X Muestra Estatal de Teatro Poblano

n Marko Castillo

El último día de muestra culmina con la presentación de dos obras ¡Revor!, con el Grupo Rodará, y Afabulación, escrita, dirigida y actuada por Elvira Ruiz.
Este día se caracteriza por la falta de "algo". En el caso del espectáculo escenificado por Rodará la falta de palabras en un espectáculo que parte del cuerpo como medio comunicante para transmitir una historia o una reflexión acerca del hombre.
Este grupo viene trabajando desde hace tiempo con buenos resultados (tercer lugar en la muestra estatal de Teatro poblano 2000) en su desempeño artístico. Hace unos días, al presentarse con un espectáculo de pantomima en la Casa de la Cultura, se notaba un pensado trabajo de interacción con el público popular que asiste a este patio. La facilidad que tiene el grupo para tender lazos de comunicación, aunada a las historias de fácil comprensión culminan en presentaciones afortunadas que son agradecidas profundamente por los asistentes.
Al no tener un libreto claro, la historia queda desdibujada, haciendo que el movimiento corporal nos lleve por los senderos de la subjetividad hasta perdernos en lo oculto de la intención. En este caso es más eficaz el lenguaje sencillo que utiliza el grupo para la comunicación popular pero por otro lado también es importante la investigación para encontrar nuevas formas de proyectar ideas. Sería recomendable que el grupo integre a los escritores que orbitan a su alrededor para enriquecer el camino de la experimentación.
Afabulación, si tomamos en cuenta la definición de fábula, "ficción artificiosa con que se encubre la verdad. Suceso o acción ficticia para deleitar", y a esta palabra le agregamos la letra "a" como preposición, nos denota de manera clara la intención del espectáculo. Sin fábula, sin historia, sin ficción. Lo ideal sería saber a qué nos enfrentamos. En realidad, Afabulación es un texto que no tiene historia, luego entonces no nos lleva a ningún lado. Compuesto por fragmentos literarios alrededor del mito de Antígona se queda en un reflexión personal sin consecuencias.
El teatro es un trabajo de equipo, pero esta teatrista, al asumir los riesgos del dramaturgo, el director y el actor en un espectáculo unipersonal, pierde la dimensión del teatro para regodearse en su alter ego, que se disfraza de heroína griega.
Por fortuna para la actriz, que Elvira lo es de manera clara, y para el público, la mano de Maricarmen Díaz, extraordinaria trabajadora de actores, la lleva de la mano hasta sostener lo insostenible. Elvira logra desde la pretensión del montaje un sólido trabajo actoral. La utilización del espacio es contundente. El trabajo de producción en los elementos integrales de la puesta en escena es limpio. Con un buen texto y un director el trabajo hubiera sido impecable. Aun así, Afabulación es la propuesta más atrevida dentro de una muestra que se ha caracterizado por la falta de ellas.
No sé si valga la pena haberle quitado el espacio a otros dos teatristas para preparar Afabulación; el teatro es un trabajo de equipo, y Elvira con su larga experiencia, todavía no lo aprende.

Resultados

A las 18:30 horas del sábado 6 de julio de 2002 en las instalaciones del Centro Cultural Espacio 1900 se dio los resultados de la muestra estatal de este año, repartiéndose los incentivos entre el grupo Construarte, primer lugar con la puesta en escena de Yerma, de Federico García Lorca; Afabulación, de la Compañía Teatral El Gesticulador, como segundo lugar, y el tercer lugar, El cepillo de dientes, de Jorge Díaz, con los Egresados de la Licenciatura en arte dramático de la UAP, además de una mención al cuarto lugar, Rebellionis Theatrum, por El tiempo apremia, de Antonio Tabucchi en una adaptación de Rodolfo Pineda. Mejor actor: Armando Mey, por El cepillo de dientes; mejor actriz: Dora Alonso, por Yerma, y mejor director: José Luis Castilla, por Yerma.
Como esto no es una nota solamente informativa, creo necesario apuntar que los resultados es algo que todos los asistentes sabíamos. El punto a tratar, y que eso es grave para el desarrollo del movimiento teatral poblano es que no se premia a lo mejor, sino a lo menos peor. Las palabras del jurado al respecto fueron más o menos: "No hubo un solo trabajo que reuniera los requisitos necesarios para ser considerado redondo o terminado". Cabe entonces esperar que la alegría de los ganadores o el corazoncito deshecho de los que en ésta ocasión no lograron nada, como cada año sucede, no impida el desarrollo del quehacer teatral, ni el desencanto provocado haga que se ausenten las propuestas del único festival teatral que tenemos en Puebla, como parece que sucedió este año.
La falta de público a los espectáculos es un síntoma grave de lo que sucede con nosotros. Nos quejamos de falta de público, culpa de los mismos teatreros, pero que ahora ni siquiera éstos asistan a alimentar el morbo a las salas habla de la apatía y del desinterés que año con año se apodera de los mismos hacedores de espectáculos. Espacios semivacíos o semillenos, según la perspectiva, paupérrima asistencia a los cursos planteados por la muestra (seis elementos en el taller de dramaturgia, cuatro en el de actuación, siete en el de dirección) habla del poco interés del teatrero poblano por mejorar su situación.
No podemos quejarnos del nivel alcanzado este año por el teatro poblano; es el que tenemos, nos guste o no, y debemos asumirlo y responsabilizarnos de él los participantes y los que no lo fuimos. Esperemos la próxima emisión, y así sabremos si tenemos capacidad de avance o seguiremos retrocediendo. Hasta el próximo año.