Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 14 de julio de 2002
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Cultura
REPORTAJE

El Reclusorio de Tepepan ofrece actividades artísticas a sus internas

Cuando en el encierro el arte es libertad

Víctimas de sus circunstancias, mujeres infractoras hallan en la literatura, el teatro, la plástica y la música la forma de traspasar su cautiverio. ''No voy a tener mi mente entre barrotes'', dice una de ellas en la biblioteca de la prisión. No se trata sólo de un asidero, dice la titular de ese centro de readaptación, es una manera de buscar ''la dignificación de la esencia humana'' mediante el cultivo del alma.

El arte como paliativo de la desesperanza

ANASELLA ACOSTA NIETO

En el reclusorio femenil de Tepepan 278 mujeres que cumplen condenas por homicidio, robo, privación ilegal de la libertad o delitos contra la salud conviven con los escritos de Alfonso Reyes, Fernando Benitez, Jaime Sabines, Octavio Paz, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Oscar Wilde y Miguel de Cervantes.

En ese lugar las presas expían de uno a 48 años en prisión, y otro castigo más: el abandono y olvido de sus familiares. El eco de sus voces se desliza por los pasillos, se divide entre las rejas y se estrella en los muros infranqueables.

Algunas han encontrado alivio a esa desesperanza.

Como parte del mejoramiento del sistema de readapatación social se habilitó un espacio con anaqueles de aluminio que albergan letras de autores clásicos.

Hay mesas y algunas sillas a su alrededor. Huele a libros antiguos. Falta luz. Una interna de cabello rubio y ojos claros que no cesa de leer tiene la comisión de vigilar el buen uso de los casi 14 mil ejemplares. Sabe del gusto predilecto por la poesía y los cuentos entre la comunidad.

Consuelo para almas atormentadas

Noemí Ramírez y Estrella García visitan con frecuencia la improvisada biblioteca. No sólo son asiduas lectoras, sino escritoras de historias y versos.

Ellas han descubierto en las letras la manera de traspasar los muros, lo que les ha valido reconocimientos de poesía y cuento entre la población de las penitenciarias de todo el país.

Noemí tiene 48 años. Purga una condena de 20. Llegó a la cárcel en 1995. Desde entonces comenzó a escribir para, dice, aliviar su "alma atormentada". La motivación creció cuando supo que podía probar su readaptación con buena conducta, capacitación, trabajo y asistencia a clases, y reducir su castigo hasta en 50 por ciento. Así, llegó al taller de poesía que impartió Emiliano Pérez Cruz.

Sus visitas a la biblioteca aumentaron y la lectura se convirtió en la herramienta para sortear "el terror del encierro". El Quijote fue uno de los primeros libros, luego vinieron Hermann Hesse y José Revueltas, con quien siente una identificación "por su inconformidad espiritual y su rebeldía en contra del sistema". En el afán de defender sus derechos se relacionó con Santo Tomás de Aquino, y en el consuelo y la pasión con Santa Teresita de Jesús.

''La mejor forma de estar en el reclusorio es luchar por no perder la identidad a pesar de la estigmatización de un proceso penal. No voy a tener entre barrotes mi mente, ya es demasiado con la prisión física".

En esa lucha diaria, Noemí se despierta a las seis de la mañana: le urge sentir la vida. Abre la ventana de su celda que da a una de las áreas verdes y escucha el trinar de las aves. Podría sentirse como en su casa, pero no es así. Teje a gancho su tristeza. Se queja: "El día no me alcanza".

Cumple con el pase de las cuatro listas diarias, la primera al salir del dormitorio, otras dos durante el día y la última al irse a dormir; además del rol de limpieza. En una agenda que lleva consigo, apunta las actividades para este lunes: taller de collage y metafísica. Por las tardes se pone al corriente del mundo exterior mediante los noticiarios televisivos.

Estrella García es más reservada. Admite platicar a condición de no mencionar su nombre real ni la causa por la que está adentro. En una de las áreas verdes del reclusorio habla de su gusto por Jaime Sabines y Octavio Paz.

Lee un libro por semana. No hay tiempo para más. Divide el día entre los cursos, la redacción de su tesina y la asistencia a las compañeras de siquiatría, a quienes les corta el cabello.

"Cuando estás en el encierro descubres tu capacidad de resistencia. Escribir es una forma de expresar lo que hay en mi interior y de crear a partir de vivencias. Aquí adentro encontré otra forma de libertad: Dios, la escritura y la pintura."

Dignificación de la esencia humana

La directora del reclusorio, Josefina Oseguera Parra, quien está al frente de este centro desde el 15 de abril, comenta que hay un esfuerzo para que la readaptación de las internas se concentre más en "la dignificación de la esencia humana, y el arte es una de las principales herramientas''.

Una muestra de lo anterior ocurrió hace dos semanas. En lo que fue un acto inédito en el reclusorio, el artista Luis Manuel Serrano montó una exhibición de sus obras. El objetivo es "modificarles la rutina y la retina", dice el artista, mientras realiza los preparativos para iniciar el taller de collage que imparte a las reclusas desde el 9 de junio como parte del proyecto Artes por Todas Partes, del Gobierno del Distrito Federal.

Al taller de collage se suman los de literatura y pintura, las clases de guitarra y las de danzón que imparte el profesor Jorge García Rojas, de 65 años, asiduo a los Sábados Danzoneros en la Plaza de la Ciudadela. El está convencido del derecho que tienen las internas de aprender pese a las penas que purgan.

La iniciativa por parte de las reclusas también es evidente. Doce formaron un equipo de teatro que ahora itinera por los reclusorios del Distrito Federal con la obra Profanación, del dramaturgo y cronista de teatro Tomás Urtusástegui, sobre la violación a las mujeres.

Aunque es difícil medir la readaptación de los internos, porque no hay un seguimiento de su conducta fuera del reclusorio, Oseguera considera que las actividades culturales y educativas, así como los talleres técnicos y las sesiones de autoestima son una importante contribución, sobre todo en el caso de las víctimas de violencia intrafamiliar que llegaron aquí porque en el desquite "se les pasó la mano", pero fuera de ello no cuentan con antecedentes delictivos.

Pocas mujeres participan en las actividades culturales. La mayoría se entrega a la desesperanza. La alternativa está ahí.

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