Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 23 de julio de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >

Política

Marco Rascón

La democracia que escupió para arriba

En sentido estricto y ético el régimen priísta entró en agonía el 2 de octubre de 1968. Su visión del poder, las pasiones de sus políticos, siempre por encima de los intereses nacionales; sus miedos y fobias hacia quien pretendiera proponer rumbos distintos a esa unidad nacional petrificada; sus componendas con empresarios ineptos, corruptos y subsidiados; el control sindical y social que ejerció mediante líderes prevaricadores, una justicia venal, medios de comunicación abyectos y un sistema de partidos sumisos lo llevaron a la represión sistemática y a entregar al país como única opción frente a sus errores económicos.

Sobre esa larga marcha y confrontación prolongada, comunistas, liberales ortodoxos, justicieros y demócratas empujaron a contracorriente para que el país cambiara. A unos los forzaron, a causa de la represión, a optar por la lucha armada; otros pasaron del sectarismo ideológico a la lucha por la democracia; miles más fueron condenados a envejecer en la academia, aislados junto con las instituciones de enseñanza pública.

La firma de la primera carta de intención con el FMI (1976-77) cambió las políticas económicas del régimen priísta, y 12 años después, en 1988, ese sistema financiero impuso al presidente de la República: Carlos Salinas hizo una carrera vertiginosa de 12 años a la Presidencia porque fue impulsado desde arriba y desde el exterior. No obstante, la sociedad mexicana siguió madurando sus aspiraciones mientras el PRI oprimía y oprimía hasta convertirse en el principal problema para el futuro del país, llegando al extremo, con tal de salvar su poder, de abrirse al exterior abrazando la nueva doctrina mundial: el neoliberalismo.

En 1988 el viejo régimen se pone en alarma extrema: el país reaccionó y en el terreno electoral derrotó al régimen generando una cascada de cambios. Es un momento de rencuentro activo de varias generaciones, de campesinos y obreros industriales; los maestros y las universidades se desbordan en las urnas; jóvenes y ancianos, movimientos feministas, populares, de artistas e intelectuales descubren la voluntad de poder y lo quieren para fijar un camino distinto al país.

Seis años después la agonía del PRI y la descomposición del poder interrumpen la sucesión presidencial con el asesinato del candidato oficial y llega a Los Pinos un eunuco, sacado de abajo de los escritorios de las empresas trasnacionales, para las que ahora trabaja sin pudor. Y así como en 88 impusieron a Salinas, de la misma manera en 2000 impusieron una "transición" controlada.

Vicente Fox gana la Presidencia con una estrategia mediática, apoyada en los errores de los impulsores originales que cambiaron la suma de aspiraciones por una estructura rígida de partido y alianzas ficticias, recogiendo como lucha propia todo el hartazgo nacional contra el PRI y lo que representaba: un tapón contra la democracia.

Los recursos privados de la oligarquía nacional y trasnacional compiten contra los de las empresas paraestatales utilizadas por el tricolor. James Carter, a nombre de la Doctrina Monroe, viene a bendecir el cambio de estafeta, pues Estados Unidos eligió otro interlocutor ante el desgaste evidente del priísmo. Los Amigos de Fox se convirtió en el movimiento impulsor de la campaña y creció en todo el país, a pesar del recelo de la estructura rígida del PAN. El candidato Vicente Fox, coloquial y a veces grosero, impone el simplismo político como discurso y hace de la urgencia de cambio (hoy, hoy, hoy) el parteaguas de la conciencia nacional. Pero al llegar a Los Pinos comete el primer error: su optimismo, derivado de haber llegado a la Presidencia, lo lleva a ver todo bien y a defender el mismo esquema de política económica que hartó a los mexicanos. Lo que el PRI hacía de manera vergonzante, Fox lo hizo abiertamente y en menos de dos años optó por convertirse en procónsul estadunidense. Si anteriormente el país estaba pasmado, pronto se paraliza; nada heroico queda, sino la verdad desnuda de una decisión de embajada en una república bananera.

En mayo de 1911 se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez, lo que constituyó un modelo mexicano de "transición pactada". En junio de ese mismo año Francisco I. Madero es recibido por más de 500 mil personas en la capital -no hay que olvidar que en ese entonces la ciudad de México contaba con 400 mil habitantes. Veinte meses después, detenido en Palacio Nacional por la guardia de Victoriano Huerta, salió al balcón y gritó: "šauxilio, están agrediendo al Presidente!" Nadie lo escuchó, la plaza estaba vacía y el país se quedó sin opciones políticas y en adelante hablarían las armas. Madero, un hombre bueno, hubiera querido ahorrarle al país una revolución, pero su indecisión provocó la más profunda y violenta confrontación entre mexicanos. Prefirió quedarse a la mitad del camino y ser apóstol antes que estadista.

El "cambio" actual se ha convertido en un escupitajo hacia arriba, porque en vez de tener democracia para liberarnos y convertirnos en un país con destino propio, ésta se ha traducido en más entreguismo.

[email protected]

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año