240 ° DOMINGO 28 DE JULIO 2002
Los de allá: juntos se puede. Aquí: no creemos nada

Migrantes en
su tierra

ALBERTO NÁJAR

Curas que disputan terrenos para sus iglesias, burócratas que no ayudan pero sí bloquean hospitales y ambulancias para las comunidades marginadas, campesinos que no olvidan el paternalismo. Es el otro rostro de la migración, el que los paisanos encuentran cada vez que regresan a su tierra. El de comunidades divididas más allá de la geografía. Historias del país que dejaron

En este retabalo fechado en 1949, se narra la historia de un migrante que al volver a México sufre un asalto violento y milagrosamente salva la vida (Jorge Durand and Douglas S. Massey. Miracles on the border. Retablos of Mexican Migrants to the United States).Ambos retablos reproducidos por cortesía de los autores.TAFETAN,  MUNICIPIO DE TZITZIO, MICHOACAN .Tres veces a la semana, la calle principal de este pueblo se cubre de sangre.

Son los días de matanza de cerdos y reses que aquí se realiza a mitad de la calle Madero.

La sangre se desliza cuesta abajo hacia la esquina de Miguel Hidalgo, donde la pendiente es más pronunciada y termina en un pequeño barranco por donde corren las aguas negras de la comunidad.

Tantas veces se ha repetido el ritual, que el concreto de esas calles se tiñó de rojo: una larga mancha que recuerda el camino de la sangre.

Por esta fecha el sacrificio de animales no es problema para los vecinos, pues la lluvia se encarga de lavar el piso, pero durante el estiaje la sangre y los restos de piel y vísceras se estancan y pudren al sol.

No hay de otra. El agua que hay en el pueblo es para consumo humano, y pocos la desperdician en el lavado de calles.

El hedor invade a la comunidad que hace ocho años tenía 10 mil habitantes y donde ahora sólo viven unos 3 mil 500. El resto se fue, casi todos a Estados Unidos, como otros que emigraron hace décadas.

Tafetán vive de las remesas, sobre todo este año que la sequía pegó duro al ganado. Tan sólo de los establos que hay en la tenencia municipal murieron 250 reses, sin contar las que se perdieron en las rancherías cercanas.

El ganado muerto se quedó en el mismo lugar en que los agarró el golpe de calor: a los lados de la carretera, a mitad de los potreros...

Uno de los primeros en emigrar fue Bernardo Villaseñor, residente hace 30 años de Chicago donde posee una próspera joyería.

Ahora está en Tafetán en visita de negocios, primero, y para informar del proyecto de los tafeteños residentes en Illinois para ampliar la red de agua potable de la comunidad.

Pero aquí la urgencia es otra.

Más que dotar del líquido a las casas que no lo tienen o de entubar el arroyo de aguas negras, la prioridad es construir un rastro.

No es ese el plan de Villaseñor, presidente del club Tafetán de Chicago y subdirector de Desarrollo a las Comunidades de Michoacán de la Federación de Clubes Michoacanos en Illinois, una de las dos que existen en Estados Unidos. La otra, recién creada, está en California.

Y ni modo, la red de agua potable tendrá que esperar, porque el dinero que se consiguió en el norte ya tiene etiqueta. Y si reunirlo fue difícil –“hay mucha dispersión de mis paisanos allá”, reconoce Villaseñor– cambiar el destino de esos dólares lo será aún más.

Son las consecuencias del desarraigo que por más esfuerzos para evitarlo siempre atrapa a los que salen del pueblo. Y la muestra es que de todos los tafeteños radicados en Estados Unidos, son pocos los que se preocupan por ayudar a su comunidad.

Hasta ahora las remesas han servido, además de alimentar a las familias de migrantes, para pintar la iglesia y construir baños en la escuela primaria.

La propuesta de Villaseñor sería la primera obra grande que los migrantes realizarían en Tafetán. Pero ya encontró un obstáculo, y quien sabe cuándo pueda superarse, sobre todo porque el principal promotor ya no tiene a ningún familiar cercano en el pueblo que ayudara a destrabar el proyecto.

Mientras, el empresario aprovechó el viaje para conocer el predio donde pretende sembrar jitomate. La plantación daría trabajo a unas 12 familias y representa, ante todo, un eventual seguro de retorno.

“A lo mejor algún día me regreso y hay que tener de dónde vivir”, confiesa.

Divina ayuda

A 350 kilómetros de Tafetán, en Emiliano Zapata, municipio de Villamar, Raúl Sandoval se entera que le dieron madruguete.

Desde hace varios años junto con cientos de paisanos emigrados en California, tiene el proyecto de construir una plaza más grande en un terreno pedregoso en la parte alta del poblado.

Pero el párroco Jesús Ruiz Manzo quiere que en ese predio se construya otra iglesia.

Hace un año Raúl fue electo el primer presidente de la Federación de Clubes de Michoacanos de California, y con esa investidura empezó a presionar para concretar su proyecto.

Pero no contaba con la astucia del sacerdote.

La semana pasada, mientras Sandoval asistía en Jiquilpan a un evento organizado por el gobierno del estado con asociaciones de migrantes, el cura se fue a California para convencer a los paisanos que le apoyen para edificar el templo y de paso conseguir, cada mes, un donativo de 100 dólares por persona para la obra.

Por si fuera poco, en Emiliano Zapata no todos están convencidos de que el pedregoso terreno sea el mejor sitio para construir la plaza, sobre todo porque al hacerlo tendría que derribarse la clínica comunitaria y cambiar la cancha de basquetbol.

“Mejor atrás de la Guaracha (un viejo casco de hacienda)”, recomienda Pedro Hurtado, el agente municipal.

Esta grilla no parece molestar a Sandoval, un maestro normalista que hace 28 años emigró a Estados Unidos, sobre todo ahora que por su nueva condición política tiene más posibilidades de ayudar a su pueblo.

“Hemos hablado con Fox y con la señora Marta (Sahagún), además de los acuerdos con el gobernador Lázaro Cárdenas”, presume. “Tarde o temprano vamos a hacer allí la plaza”.

¿Será? Por lo pronto, hasta ahora la experiencia de Sandoval cuando ha tratado de ayudar a su pueblo no es muy halagüeña.

Hace tres años, por ejemplo, compró en Fresno una ambulancia usada de 6 mil 500 dólares que intentó llevar a Emiliano Zapata, pero en la frontera le cobraron 3 mil 500 dólares de impuestos.

Y una vez en la comunidad el vehículo está subutilizado, porque el presidente municipal no quiere aportar un chofer que la conduzca.

Gajes de la migración, pues.

Dólares para los ricos

La de Michoacán es una de las migraciones más viejas del país, se remonta incluso a finales del siglo 19, cuando la construcción del ferrocarril en la Unión Americana atrajo a miles de personas hacia el norte.

Sin embargo, a diferencia de otras entidades, aquí el fenómeno se ha estudiado muy poco. Una muestra es que no se sabe con exactitud el número de michoacanos que viven en Estados Unidos; las cifras varían de entre 2.5 y 3.5 millones de personas.

“Es una deuda que tenemos tanto el gobierno como la academia”, reconoce Pedro Mata Vázquez, director de la Facultad de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Empero, de lo que se sabe es que los migrantes de esta entidad siguen algunos patrones distintos a otros lugares.

Por ejemplo, de acuerdo con los estudios realizados en la Facultad existe migración en prácticamente todos los municipios michoacanos, pero el mayor porcentaje de expulsión se presenta en una de las zonas más prósperas, es decir, la Ciénega de Zacapu.

Se trata de una región con alta producción agrícola y cuya riqueza permitió, incluso, el nacimiento de Banca Promex, uno de los primeros bancos regionales que hubo en el país.

La explicación, dice Mata Vázquez, es que en esta región existe una añeja tradición migratoria que se volvió incluso parte de la cultura, además que la posibilidad de contar con más recursos y una sólida red social en Estados Unidos facilita la salida de personas. “Es una migración con menos penurias”.

Hay más. “Es una zona próspera pero al mismo tiempo con una alta concentración de la riqueza en pocas manos”, explica Odón García García, secretario académico de la Facultad. “Es como un círculo, pues los recursos generados por la migración son captados por esos mismos grupos de mayor riqueza, un ejemplo son las casas de cambio”.

–¿Quiere decir que las remesas alimentan esta desigualdad?

–En parte sí. Las divisas se quedan en las casas de cambio y les dan pesos, con un castigo importante en costos de transacción. Y las casas de cambio pertenecen, generalmente, a esos grupos.

Más aún, completa Mata Vázquez, el efecto multiplicador que podría tener este dinero no se aplica en las comunidades, y una muestra son “las comunidades alrededor de Zamora, donde la gente se traslada a esa ciudad para comprar lavadoras, televisores y todo lo necesario para el hogar”.

En otras palabras, la entrada de los dólares “beneficia a los centros urbanos donde están los grupos económicamente más poderosos”, que para los investigadores son, básicamente, los grandes productores de fresa y otras frutas, además de algunos comerciantes de Zamora.

Y no es poco el dinero que manejan, pues según estudios de la Facultad de Economía, en 2000, Michoacán recibió 900 millones de dólares en remesas, y se espera para este año que la suma ascienda hasta mil millones.

Mucho dinero. Pero no se nota.

“Las remesas son para comer, para reproducción de la familia o para construir viviendas”, explica Mata Vázquez. “Son muy pocos los casos en que los recursos se utilizan para impulsar proyectos productivos u obras sociales; esto es grave porque afecta el desarrollo regional”.

–¿Por qué?

–Hemos hecho encuestas y los migrantes coinciden en que, primero, no tienen confianza en las autoridades locales, no creen que su dinero se use efectivamente para la plaza, el camino o la obra que ellos apoyen. Y en segundo lugar dicen que invertir en un negocio en México les sale muy caro por la cantidad de trámites que se necesitan. Prefieren dejar su dinero allá, porque es más barato.

Como quiera que sea, lo cierto es que Michoacán sería otro sin el dinero proveniente de Estados Unidos. El director de Economía muestra un mapa con los índices de marginación en la entidad, donde las zonas oscuras corresponden a los municipios más pobres.

“Si no hubiera remesas, este mapa sería casi todo negro”, concluye.

Confucio en Michoacán

Retablo en el santuario de San Juan de los LagosSalvador Esparza se fue hace tres décadas de La Angostura, municipio de Vista Hermosa a Los Angeles, California, donde ahora es el responsable de transportes de la Cruz Roja en esa ciudad.

Hace tres años consiguió, en 20 mil dólares una clínica móvil de las utilizadas en la guerra del Golfo equipada con planta de luz, 10 camas, quirófano, aparato de rayos X y hasta un pequeño tomógrafo.

La clínica podía trasladarse a cualquier lugar, incluso aquellos que no contaban con caminos pavimentados.

“El precio real era de 120 mil dólares pero la rebajaron por tratarse de mí”, cuenta. “Vine a Michoacán a pedir al gobernador (Víctor Manuel) Tinoco Rubí que aprovecharan la oportunidad de comprarla , pero no me hicieron caso”.

–¿El gobernador dijo que no?

–Ni siquiera lo vi, es más, ni me dejaron entrar a su oficina. Casi me sacan a empujones del Palacio de Gobierno. Me sentí muy frustrado y regresé a Los Angeles ese mismo día.

–¿Y la clínica?

–Se las ofrecí a la federación de zacatecanos y en tres días juntaron el dinero. Allá la tienen, recorriendo el estado; les ha servido mucho.

La experiencia lo dejó “ciscado” y por eso cuando en el club de michoacanos que encabeza en Los Angeles (se llama La Angostura) acordaron construir un lienzo charro en su comunidad, Esparza les recomendó andarse con cuidado.

Después de un año de gestiones consiguieron, en abril pasado, el respaldo del nuevo gobierno michoacano. Fue, afirma Raúl Sandoval, uno de los proyectos que más entusiasmo causó entre los funcionarios.

Y ahora llegó el momento de anunciarlo a los paisanos. Y no fue fácil, sobre todo porque como en Emiliano Zapata o Tafetán, en La Angostura quienes se quedan suelen pensar distinto a los emigrados.

A mitad de la comida que la presidencia municipal ofreció a Esparza y sus acompañantes, un grupo de vecinos solicitó apoyo para remodelar un pequeño jardín al que llaman de los ancianos.

“Hay que hacer un proyecto y solicitarlo por escrito a la Federación”, recomendó Sandoval. “También necesitamos el compromiso de ustedes para ver cómo van a apoyar”.

No lo hubiera dicho. De inmediato uno de los vecinos dijo que eso le tocaba al Ayuntamiento; luego otro advirtió que si el asunto se quedaba en manos del gobierno era seguro que el dinero se perdería y un tercero de plano preguntó si la obra iba a ser para el PRI o el PRD.

“Olvídense de los partidos, esos nomás úsenlos en las elecciones y después hay que seguir trabajando nosotros”, atajó Jesús Cárdenas, presidente del Club Ixtlán de los Hervores. Bertha Quintero, secretaria de la Federación, los invitó a no perder de vista lo importante.

“Si seguimos pensando en las envidias o divisiones será como los cangrejos, que cuando quieren salir del barril los otros lo jalan. Así no llegamos a ningún lado”.

Y Raúl Sandoval intervino: “No hay que vivir esperando todo del gobierno si nosotros lo podemos hacer por nuestra cuenta. Así pasa en California, así lo hacen en Chicago y en otras partes de Estados Unidos, ¿por qué no se va a poder aquí también?”

Para ese momento a la discusión se habían sumado otros asistentes a la comida, incluido el presidente municipal quien aprovechó para pedir apoyo a su gestión. “Lo importante es como dicen los paisanos de allá, hay que aprender a pescar y no esperar a que nos den el pescado en la boca”.

Sí, respondieron dos vecinos, “para ustedes es fácil pensar así porque ya no viven aquí, pero nosotros nos hemos tropezado muchas veces. Y la verdad, ya no creemos en nada”.

Y así durante media hora, hasta que Salvador Esparza recordó el motivo de la comida. “Hay que anunciar lo del lienzo”, dijo como para evitar que los ánimos subieran de tono.

De regreso al salón el ambiente era distinto, de por sí la fiesta apenas prendió. El presidente del Club La Angostura cosechó algunos aplausos cuando advirtió que la obra no tiene dedicatoria pues su filosofía “es ayudar sin recibir nada a cambio, lo hacemos porque nos sale del corazón”.

Es el primer paso, completó, “pero hay que olvidarse de las envidias y divisiones, debemos trabajar juntos”.

Las palmas se quedaron quietas.