Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 14 de agosto de 2002
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Economía

Alejandro Nadal

El enemigo en casa

Una de las tácticas más eficaces de un carterista después del robo es gritar "šAuxilio, atrapen al ladrón!" Algo similar ocurre con la estratagema empleada por los secretarios Javier Usabiaga y Ernesto Derbez al dar a conocer su nueva política para el campo, empacada bajo el nombre de blindaje agroalimentario. En sus declaraciones, el enemigo es el programa de subsidios aprobado en la nueva ley agrícola de Estados Unidos. Esa es la cortina de humo, porque el verdadero enemigo está en casa.

En síntesis, el planteamiento de los secretarios Usabiaga y Derbez es el siguiente (www.sagarpa.gob.mx). Primero, el desafío más importante para la economía mexicana es consolidar el crecimiento. Un elemento clave para lograrlo está en las oportunidades que ofrece la apertura comercial. Segundo, hay que resolver el problema de la "poca retribución que recibe el productor" impulsando una política macroeconómica que promueva el desarrollo del capital humano y la calidad de vida de la población rural.

Este planteamiento oficial ya está plagado de problemas. Con dos años de recesión, es extraordinario que los secretarios de Agricultura y Economía hablen de "consolidar el crecimiento". ƑEn qué mundo viven?

El problema de la poca retribución de los productores del campo está provocado (entre otras cosas) por la apertura comercial que deliberadamente busca eliminar del sector agropecuario una parte significativa de la población rural. Para atacar esta parte del problema, habría que revisar la apertura y la aplicación de la política comercial.

Los secretarios Usabiaga y Derbez anuncian el advenimiento de una nueva política de subsidios para el campo. ƑA quién pretenden engañar? El gasto programable total sigue en los niveles más bajos en veinte años, y el sector agropecuario recibe migajas. El valor real de los pagos por concepto del Procampo, el subsidio clave en el esquema neoliberal, ha sufrido una caída de 40 por ciento. La inversión en infraestructura hidroagrícola se mantiene en el piso. El gasto en investigación y desarrollo científico es raquítico. Y, en términos generales, la inversión para mejorar el nivel de vida en el campo se ha reducido al asistencialismo disfrazado de combate a la pobreza. Pero todo eso no importa, porque lo que se busca es generar un superávit primario. Los recursos liberados se usan para el servicio de la deuda y los requerimientos financieros del sector público (Fobaproa, Pidiregas, y otras cosas). Así se mantiene el déficit público en los niveles fijados en los Criterios de política económica.

Ni Usabiaga ni Derbez tienen margen de maniobra para aumentar el gasto para el sector agropecuario. Por eso, al ser entrevistado sobre los montos, el señor Usabiaga mostró las manos vacías y sólo pudo declarar: Pueden estar tranquilos, el presidente Fox aseguró que los flujos presupuestales serán suficientes. Traducción: no hay plata y seguirán las migajas para el sector agropecuario.

Usabiaga y Derbez reconocen que la ley agrícola de Estados Unidos representa un problema por el incremento en los subsidios a los productores agropecuario de ese país. Por eso, según estos personajes, "el gobierno de México tiene la obligación de proteger a los productores nacionales de las prácticas desleales de comercio que se presenten ante la apertura comercial del sector agropecuario a partir de enero de 2003." Entre otras cosas, se propondrán reformas a la legislación vigente para facilitar esta lucha contra las prácticas desleales de comercio.

No es claro por qué habría que esperar hasta 2003, porque el problema existe desde hace años. Peor aún, el gobierno mexicano es el principal responsable de la maniobra de dumping más grande en contra de los productores mexicanos. Dicen Derbez y Usabiaga que protegerán a los productores agropecuarios porque el primero de enero de 2003 todos los cultivos, excepto maíz y frijol, quedarán desgravados. Mienten. Por la política del gobierno mexicano, el maíz quedó desgravado desde el primero de enero de 1994 porque nunca se cobró el arancel a las importaciones por encima de la cuota libre de impuesto. Por eso el precio del maíz se alineó con el precio internacional a los 36 meses de entrar en vigor el TLCAN, provocando un incalculable daño para los productores. Así que lo primero que habría que hacer es aplicar la legislación vigente y cobrar el arancel correspondiente a las importaciones de maíz y frijol. Usabiaga y Derbez podrían hacerlo hoy mismo.

Entre la medianía y la demagogia, hay poco espacio para la honestidad y el sentido común. En este plano el gobierno del cambio no se distingue mucho de los anteriores.

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