Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 28 de agosto de 2002
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Política

En 1989, fue suficiente el voto del Ejecutivo para ungirla como líder del SNTE

Gordillo y Salinas: los vínculos del poder

Cuando el ex mandatario cayó en desgracia, la profesora lo defendió en todos los foros

LUIS HERNANDEZ NAVARRO

En el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de América Latina, con más de 750 mil afiliados, fue suficiente el voto de un solo hombre para ungir como secretaria general a Elba Esther Gordillo Morales el 23 de abril de 1989.

No importó la opinión de cientos de miles de trabajadores de la educación; tampoco las formalidades estatutarias. Bastó con la voluntad del presidente Carlos Salinas de Gortari. El "líder vitalicio" del magisterio, Carlos Jonguitud Barrios, fue defenestrado, y la maestra designada como nueva mandamás del gremio.

La relación entre Salinas y Gordillo se estrechó a lo largo del sexenio salinista y se mantuvo cuando el ex presidente cayó en desgracia. En el libro México: un paso difícil a la modernidad, ariete en su ajuste de cuentas con Ernesto Zedillo y apología de su combate a la nomenclatura, Salinas definió a Elba Esther como una "líder capaz y combativa". Ella, que ha hecho del Elogio a la traición su manual de cabecera, ha defendido sin ambages, en cuanto foro ha considerado necesario hacerlo, al personaje que la encumbró.

En búsqueda de la legitimidad

Diciembre de 1988 recibió a Carlos Salinas de Gortari con rudeza. El triunfo cardenista en las elecciones federales y las movilizaciones durante el fraude electoral debilitaron a la nueva administración, y le obligaron a buscar con actos de gobierno la legitimidad que no le proporcionaron las urnas.

Los maestros del sistema de educación pública dieron la bienvenida al nuevo inquilino de Los Pinos con grandes movilizaciones en las calles y un paro nacional. El salario promedio de un profesor de primaria equivalía entonces a 1.3 salarios mínimos, aproximadamente, cuando en 1982 era de 2.5 veces. Los dirigentes sindicales, organizados en la corriente Vanguardia Revolucionaria, de la que Carlos Jonguitud era el patriarca principal y en la que militaba Elba Esther Gordillo, aceptaron sin chistar la caída vertiginosa de los ingresos magisteriales, a cambio de ser considerados por el poder como los representantes gremiales indiscutidos.

Entre febrero y mayo de 1989 la disidencia sindical democrática, organizada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), fundada diez años atrás, llegó a paralizar hasta medio millón de maestros. Sus demandas se resumían en dos: democracia sindical y más salarios. A diferencia de años anteriores, cuando las protestas provenían sobre todo de profesores de estados del sur, en esta ocasión desempeñaron un papel clave los mentores del Distrito Federal. El malestar había llegado al corazón mismo del control sindical.

Carlos Salinas no simpatizaba con Jonguitud: "Yo recordaba el rechazo de los maestros durante la participación en mi campaña", escribió. Su poder dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP) impedía cualquier modernización educativa real. El control sindical de puestos de directores e inspectores, y un escalafón que premiaba la lealtad hacia la burocracia gremial eran la mejor garantía de que ninguna iniciativa de reforma prosperaría sin el acuerdo con los dirigentes de Vanguardia Revolucionaria.

A pesar de que miles de maestros habían suspendido clases, el SNTE se negó a negociar con ellos. Puso como intermel acuerdoediario para tratar con los disidentes a Alberto Assad Avila, miembro de una acaudalada familia de comerciantes de Huejutla, Hidalgo, conocido por su intransigencia. Jonguitud elevó el tamaño de la apuesta y endureció aún más su posición, tal y como lo había hecho con éxito en el pasado. El 23 de abril de 1989, el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje emitió una resolución jurídica que exhortaba a los paristas a reanudar sus labores en un término de 24 horas, e instaba al SNTE a convocar un congreso extraordinario de la sección 9, perteneciente al Distrito Federal.

Ese día, Carlos Jonguitud fue llamado a Los Pinos. El líder manifestó su desacuerdo con el curso que habían tomado los acontecimientos. Al término de la reunión, según Salinas, "anunció su renuncia como 'líder vitalicio" del SNTE". A las dos de la tarde, Presidencia dio a conocer la noticia en un boletín de prensa.

Simultáneamente, el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, instruyó a gobernadores y secretarios de Estado a que localizaran y trasladaran a los dirigentes seccionales del SNTE a la ciudad de México. El mismo se reunió con el comité ejecutivo nacional del sindicato en Bucareli. Más tarde, sabedora de su designación, Elba Esther Gordillo se dirigió a ese mismo lugar después de pasar por las oficinas de la regencia. Las fotos de la prensa de la época dan cuenta de la cara de "malos amigos" con la que el secretario general, Refugio Araujo, salió de la reunión en la que le fue comunicado su cese fulminante.

Esa misma noche, al margen de cualquier consideración estatutaria, se realizó en la sede del sindicato un consejo nacional extraordinario. Los jonguitudistas clamaron venganza. El dirigente Andrade Ibarra, quien organizó a las huestes vanguardistas que asesinaron al maestro Celso Wenceslao en Chiapas, lanzó uno más de sus mocodramaticos discursos. Con la bendición presidencial a cuestas, la profesora Gordillo no se amilanó. Finalmente, Refugio Araujo presentó su renuncia a la secretaría general, y Elba Esther fue nombrada en su lugar.

La coronación de la dama

"A Elba Esther Gordillo yo la formé, yo la hice", declaró Carlos Jonguitud en 1993. Hace apenas unos días precisó en entrevista con La Jornada: "Pues... la formé muy mal porque no sirvió de nada el esfuerzo".

La maestra fue nombrada en 1977 secretaria general de la sección 36 del SNTE, perteneciente al Valle de México, durante el congreso realizado en el auditorio municipal de San Juan Teotihuacán. Los dirigentes vanguardistas se encontraban divididos en dos grupos, mientras un par de delegados democráticos lograban que su pliego petitorio fuera avalado en las mesas de trabajo. Dos grupos disputaban el poder. En plena rebatinga, el enviado del SNTE para presidir el congreso, Eduardo Rosas, recibió una llamada telefónica con la línea a seguir. Era Carlos Jonguitud, y la instrucción era precisa: el "candidato de unidad" era Elba Esther. Los delegados montaron en cólera. A pesar de la disciplina de unos 130 delegados, menos de 40 votaron por ella.

Según la profesora Gordillo, su suerte se debió a "un conflicto entre hombres. De un comité de 37 carteras, yo era la única mujer. Fue una discusión coyuntural y yo estaba ahí".

Protegida por Jonguitud, Elba Esther escaló posiciones en el sindicato con rapidez. En 1980 llegó al comité nacional del SNTE, dejando al frente de la sección 36 a su chofer: Leonardo González Valera. Desde entonces disfrutó de una enorme influencia en el gremio durante 10 años. En 1987, su estrella comenzó a declinar.

Lo cierto es que en 1989 la maestra había perdido toda influencia dentro del círculo de protegidos del profesor y licenciado Jonguitud. Esa debilidad y distancia se convirtió, con el salinismo, en un importante instrumento de acción política. Ella conocía la bestia del SNTE por dentro, era una de ellos, pero, simultáneamente, estaba afuera y había sido ofendida. Era, pues, una dócil y eficaz pieza de recambio. Salinas lo comprendió al momento de designarla.

La ilegitimidad de su nombramiento trató de ser subsanada con la realización, el 22 de enero de 1990, en Tepic, de un congreso extraordinario, inaugurado entre golpes contra la disidencia democrática. Dos años después, del 22 al 26 de febrero, violando nuevamente los estatutos, se religió en el cargo en la ciudad de México.

Fuera de programa, Carlos Salinas asistió a este evento. Lo recuerda, confundiendo las fechas en un error de casi tres años, en su libro México: un paso difícil a la modernidad: "Entonces acudí a una reunión en el Auditorio Nacional con la presencia de más de 10 mil maestros. El evento fue muy diferente a los anteriores... cuando las reuniones se llevaban a cabo en lugares muy alejados para evitar las presiones de la disidencia". Probablemente el entonces jefe del Ejecutivo federal nunca supo que "la diferencia" de la que habla no evitó que los delegados oficiales enfrentaran a la disidencia con la consigna de "šSacaremos al morral del sindicato", ni que finalmente el congreso tuviera que realizarse protegido por las vallas metálicas de los granaderos, o que a muchos representantes democráticos no se les permitiera hablar en la reunión.

Ciertamente, el congreso acabó con Vanguardia Revolucionaria para reinventar una nueva Vanguardia Revolucionaria, sin ese nombre, bajo el reinado de Elba Esther.

Relaciones peligrosas

La relación entre Elba Esther Gordillo y Carlos Salinas ha pasado la prueba del sexenio y de los años. En distintos momentos, la profesora ha insistido en que hacia el licenciado Salinas siente gratitud. No son demasiados los antiguos amigos del ex presidente que se atreverían a decir hoy lo mismo. Y todo hace suponer que esa gratitud, más que diluirse, ha crecido con los años. El ex presidente le ha correspondido escribiendo: "Confiaba en ella y en su integridad como dirigente".

En su momento, Carlos Jonguitud profesó la misma admiración por su hacedor, Luis Echeverría Alvarez. Hasta hoy en día, el viejo dinosaurio sigue hablando bien de su ex jefe.

En julio de 1993 la profesora Gordillo señaló que "el SNTE aspira, aunque se asusten los timoratos, a volar como águila, porque como dijo aquel ranchero, si volamos como moscas nos tumbaban a sombrerazos". Esa vocación aeronáutica habría sido imposible sin los favores del ex presidente.

Orgulloso de su obra, Salinas recordó: "En mis notas de fines de abril de 1989 escribí: 'Si bien no se ha resuelto el problema magisterial, ya no estamos en una posición defensiva... ganamos una batalla que corrimos el riesgo de perder".

Ambos han mostrado que no saben decir adiós al poder. El ex presidente no podría haber ganado esa batalla entonces sin Elba Esther. Muy probablemente no pueda triunfar sin ella en otras que piensa librar en el futuro inmediato.

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