Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 28 de agosto de 2002
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Cultura
ENTREVISTA

JORGE AGUILAR MORA, ESCRITOR Y DOCENTE

La rescritura implica una tarea gozosa y fructífera

LOS SECRETOS DE LA AURORA, NOVELA QUE HIZO Y REHIZO 70 VECES

''Construir una novela es algo particular. Trabajo en una historia a partir de ciertos parámetros que son virtuales''

CESAR GÜEMES

Tan sólo por la cantidad de veces que rescribió, así fuera con variaciones mínimas, su nueva novela, Jorge Aguilar Mora merecería estar en algún volumen de marcas mundiales: 70 veces hizo y rehizo Los secretos de la aurora, que ha llegado a las librerías bajo el sello editorial de Era.

Profesor titular en la Universidad de Maryland desde hace décadas, Aguilar Mora forma parte de la ya mítica generación que impulsara Joaquín Díez Canedo. Sus obras Cadáver lleno de mundo y Si muero lejos de ti consiguieron que el nombre de su autor generara una impronta en el medio literario mexicano.

aguilar_mora_3De paso por el país, dice con tranquilidad: ''Nunca he dejado de pensar en México; aquí están mis intereses intelectuales y afectivos. Nunca he escrito para que aparezca directamente en Estados Unidos, salvo algunos textos para revistas. Así que hay una distancia elástica: regreso con regularidad y no pierdo contacto ni con la ciudad ni con mis amigos. Sin embargo, no es ningún secreto que me gusta vivir fuera, me agrada la idea de ser extranjero".

-¿Qué te seduce de ser mexicano en Maryland?

-Tiene el encanto de percibir a diario un mundo distinto. Por ejemplo, para mí la luz es la de la ciudad de México, pero a diario despierto y veo una diferente. Eso es muy estimulante y me permite experimentar una especie de anonimato. Si radicara aquí, las relaciones sociales y el trabajo me absorberían. En Maryland, pese a los años que llevo allá, vivo de manera muy tranquila. Me gusta tener una existencia en la que, salvo mi familia más cercana, nadie sepa dónde estoy.

-Para ti será muy evidente que la ciudad que te vio como escritor ha cambiado justo en su aspecto literario.

-Lo es, aunque no me afecta. El medio literario como tal no me interesa, salvo porque tengo amigos que antes que ser escritores son amigos. Ese medio cambió de manera normal, y digo que no me afectaría ni aun en el caso extremo de que no tuviera un espacio para publicar. Finalmente lo que me mueve es escribir. Sé que se escribe para publicar, pero no es la meta última de mi trabajo de novelista.

-Vivir en otro país te libera, por otra parte, de la presión de publicar un libro tras otro.

-Aunque creo que haría lo mismo que hago fuera: publicaría sólo cuando estuviera satisfecho con el trabajo. Lo que escribo depende de la conciencia y la convicción de que el libro resultante tendrá su propia vida y su lenguaje. No vivo para los otros, no me gusta que nadie decida cómo ha de ser mi existencia de escritor. Pienso en el lector siempre, pero antes pienso en mi satisfacción como autor y en eso no me puedo engañar.

-Los secretos de la aurora, tu nueva obra, parece basarse en un proyecto arquitectónico al que le añades elementos conforme pasa el tiempo. ¿Estás de acuerdo?

-Del todo. Llegué a esta forma lentamente, la armé a lo largo de mucho tiempo. Todo parte de una idea, que puede ser arquitectónica aunque no es visual. Como cualquier otro escritor, mi forma de construir una novela es particular. Así que trabajo en una historia a partir de ciertos parámetros que son virtuales, tanto del estilo como de los acontecimientos y sus conexiones.

-¿Dispones de todo el tiempo que proyectos tan amplios como esta novela te demandan?

-Ahora sí. Hasta hace poco tuve deberes administrativos que implicaban tiempo, lo mismo preparar los seminarios. No me puedo quejar, he sido privilegiado al disponer del tiempo preciso. Tan amplio fue el lapso que entre esta novela y la anterior hice otros libros de ensayo, como el de la Revolución Mexicana. Si no publico más frecuentemente no es por mis obligaciones laborales. Para mí es muy claro que los escritores que residen en México se enfrentan a condiciones más complejas para sobrevivir y aun así hacer sus libros.

-¿Fuiste siempre dueño de tu tiempo?

-No del todo. Cuando terminé Cadáver lleno de mundo advertí que de quererlo podía hacer otras tres novelas al hilo, pero no tenía sentido, desde el punto de vista personal era indeseable, no era un reto. Lo importante era que crecieran en mí experiencias y formas distintas de contar. Cuando hice Si muero lejos de ti, el caos interno provocó que fuera una obra sin todo el cuidado que buscaba. Logré algo distinto de la anterior, pero no le dediqué el tiempo suficiente. Salvo ese libro, estoy en paz con el resto de los trabajos que he dado a conocer.

-¿De verdad tienes 70 versiones de Los secretos de la aurora?

-Sí, cada vez que la rescribía le cambié de número y llegué a tantas como 70.

-Desde cualquier perspectiva es mucho trabajo, así fuera con variaciones mínimas.

-Pero es gozoso. Aunque acepto que había momentos de desesperación total. Hubo días en que pensé mandar la novela al carajo. El resto del tiempo fue una empresa placentera, me interesa mucho la posibilidad que genera cambiar un párrafo o la aparición de un personaje nuevo. Todas esas tareas de rescritura son para mí muy fructíferas. No me quejo, insisto, no me quejo absolutamente de nada.

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