248 ° DOMINGO 22 DE  SEPTIEMBRE DE  2002
Proteger a las víctimas “jamás es ilegal”
Una nueva patrulla
en la frontera

NAOMI ADELSON

Fotografía de J. Guadalupe Pérez“LLAMAMOS A TODOS LOS CIUDADANOS de buena voluntad y a la gente de fe a unirse para proporcionar la ayuda y la hospitalidad que da la vida a los migrantes necesitados en el desierto. Creemos que el respeto a los derechos humanos, el derecho de dar ayuda humanitaria bajo la ley estadunidense de migración, y nuestra responsabilidad ética para salvar vidas humanas demanda eso de todos nosotros”, se lee en la carta que la Patrulla Samaritana escribió al jefe del sector Tucson de la Patrulla Fronteriza, David Aguilar.

La Patrulla Samaritana se estableció el 1 de julio de 2002, para intentar salvar la vida de los migrantes que optan cruzar el desierto al oeste de Tucson, Arizona, en su intento de entrar a Estados Unidos sin documentos.

Es precisamente en esta zona –de más de 21 mil kilómetros cuadrados, según Rob Daniels, agente de información pública de la Patrulla Fronteriza, sector Tucson– donde los migrantes están falleciendo en números récords.

Cada día, en dos turnos (uno comienza a las cuatro de la mañana, el otro a las tres de la tarde), entre cuatro y seis personas salen de Tucson en una camioneta 4x4 a patrullar las secciones del desierto donde a otro grupo, Fronteras Compasivas, le han “negado su solicitud de colocar tanques de agua y ya ha habido demasiadas muertes”, según la misma carta.

La Patrulla Samaritana está formada por voluntarios, miembros de iglesias y sinagogas de Tucson, de organizaciones no gubernamentales o simplemente residentes de la zona. Los participantes tienen que tomar un curso de primeros auxilios en la Cruz Roja. También asisten a un taller de seis horas donde hablan de las razones por las cuales se formó la organización; los fundamentos jurídicos y religiosos de sus acciones; de tecnología (teléfonos satelitales, mapas, GPS) y logística, y emergencias relacionadas con el calor. Cada grupo que sale lleva un médico profesional (enfermera o doctor), un hispanohablante, una persona capacitada en la interpretación de mapas del desierto y en qué hacer en caso de una emergencia, además de un teléfono satelital.

Las camionetas se identifican por sus calcomanías magnéticas con la leyenda “Patrulla Samaritana”. La bodega de este grupo está llena de cosas donadas por la comunidad. Cada madrugada y cada tarde, los voluntarios cargan de agua, sales de rehidratación, comida, y paquetes de cuidados personales: pasta de dientes, calcetas, pañales y peines, entre otros objetos.

La Patrulla se organizó con el fin de aliviar “la situación mortífera que enfrentan los migrantes que vienen de México por la frontera sur de Arizona en el calor abrasador del desierto de Sonora”, según su primer comunicado de prensa fechado el 1 de julio.

Si encuentran alguien en emergencia médica, tienen un protocolo que seguir. Primero, se identifican y explican lo que pueden ofrecer: 1) ayuda médica, agua y comida; 2) decirle dónde se ubica; 3) ayudarle a llegar a un hospital o clínica para recibir atención; o 4) ayudarle a ponerse en contacto con la Patrulla Fronteriza.

Aunque parezca raro, muchos migrantes que piden ayuda ya están tan cerca de la muerte que prefieren jamás ingresar a Estados Unidos y con todo gusto piden ir con la Patrulla Fronteriza para ser regresados vivos a México.

Si eso sucede, la Patrulla Samaritana permanece con el/la migrante cuando es procesado/a, y observa y escribe las acciones de los agentes, dónde les llevan, y cualquier otra información pertinente.

Mandatos distintos

Hay, claro, una tensión fundamental entre las dos patrullas. La Samaritana busca salvar la vida de los migrantes en un esfuerzo humanitario. En su paquete de información incluye unos renglones de la filosofía de Jim Corbett, un filósofo protestante.

Según él, una sociedad gobernada por leyes mantiene el principio de que la protección no violenta de los derechos básicos “jamás es ilegal”, por lo tanto la comunidad rechaza colaborar con violaciones de la ley y “protege” a los violados. Además, señala que en la parábola del buen samaritano Cristo dijo que uno debe “amar al prójimo como a uno mismo”.

Mientras tanto, la Patrulla Fronteriza tiene el mandato de “prevenir, detectar, y aprehender a los que entran a Estados Unidos ilegalmente”. Y la ley federal estipula que es ilegal “adentrar al país a un indocumentado”. Por eso, al transportar una persona sin papeles, uno se arriesga a varios años de prisión.

Sin embargo, la Patrulla Samaritana argumenta que no hay nada ilegal en dar ayuda humanitaria, ni transportar personas que requieren atención médica. El pastor John Fife, integrante de la Patrulla Samaritana y de Fronteras Compasivas, cree que salvar la vida de los migrantes es legal y moral. “Insistimos en nuestro derecho a hacerlo”.

A finales de julio, la Patrulla Samaritana se topó con una pareja que necesitaba atención médica urgente. Los llevaron a Tucson para estabilizarles y la pareja pidió que hablaran con la Patrulla Fronteriza.

Inmediatamente, un grupo anti-migrante, Arizonenses por el Control de la Inmigración, presentó una queja a la Patrulla Fronteriza insistiendo que investigara y procesara a la Patrulla Samaritana por haber transportado a dos migrantes.

“Transportar a extranjeros ilegales es cruzar la línea; alienta su entrada ilegal al país”, dijo Daniels. La queja no pasó a mayores, pero la Patrulla Fronteriza sigue con sus dudas.

“Ellos (la Patrulla Samaritana) sólo tienen un vehículo circulando en un momento dado. Tenemos una mejor posibilidad de encontrar a alguien en problemas. Deben llamarnos”, dice Daniels.

“A mí, me preocupa más encontrar a la Patrulla Fronteriza”, dice la enfermera Maureen Campesino, escaneando el horizonte desértico con binoculares. “A diario, hay por lo menos una queja criminal en contra de los agentes de la Patrulla Fronteriza”, agrega la enfermera que acompaña a la Patrulla Samaritana en un turno vespertino.

Varias veces, la Patrulla Fronteriza ha seguido a la Patrulla Samaritana durante sus patrullajes. “Un día nos pararon allí en el desierto. Pude ver que querían ver si hablaba bien el inglés”, dice George Aguirre, otro voluntario.

“Nos hemos reunido con la Patrulla Samaritana y nos dijeron sus intenciones y reiteramos nuestro papel”, dice Daniels. “Sí”, dice Georgia Vancza de la Patrulla Samaritana, “estamos cooperando y coexistiendo con la Patrulla Fronteriza”.

La política de la muerte anunciada

Fotografía de J. Guadalupe PérezLa Patrulla Samaritana conoce lo necesario que es su trabajo. Sus miembros saben que la muerte por deshidratación es de las peores y más dolorosas que uno puede imaginar. El primer síntoma son los calambres musculares, causados cuando los electrolitos en los músculos disminuyen debido al sudor. Después, uno se pone débil, se siente desmayar, con nausea, el corazón palpita rápidamente, y la respiración se acelera.

“En esta etapa, una persona puede recuperarse ingiriendo abundantes líquidos y reposando en un lugar templado”, dice la doctora Lois Steele, de Sells Hospital, al diario The Arizona Daily Star.

Pero en el desierto, no hay lugares templados. Sin tratamiento, la persona llega a la insolación, cuando el termostato del cuerpo se sale de control. En esta etapa, cerca del 80% de las personas mueren, explica la doctora Steele.

Ya que uno no tiene agua para sudar, el cuerpo ya no se puede enfriar. La temperatura interna sube, la piel se enrojece y se pone caliente mientras que el cuerpo dilata las arterias, llevando toda la sangre a la superficie. Mientras que las víctimas están vivas todavía, los músculos empiezan a ponerse flácidos causando un gran dolor. “Es semejante a ser cocinado vivo”, agrega Steele.

“Yo estoy aquí para prevenir muertes innecesarias”, dice Campesino. “Casi cada día sale una nota sobre los muertos en la frontera. Ahora, hay más muertes que cualquier otro año”, agrega.

Es la oscura verdad: según Daniels, de la Patrulla Fronteriza, ha habido 93 muertes en el Sector Tucson (todo Arizona menos la zona cercana a Yuma en el extremo oeste del estado) desde el 1 de octubre de 2001: 52 personas murieron por el calor, 18 por razones desconocidas (probablemente también por calor debido a que sólo encontraron restos oséos), y los demás por accidentes vehiculares, relámpagos o frío.

Peor aún, The Arizona Daily Star señala que la Patrulla Fronteriza no tiene sus datos completos, debido a que según su estudio de los archivos de la Patrulla Fronteriza, de la policía de la reservación indígena Tohono O’odham, y de los consulados mexicanos, más de 100 personas murieron durante este tiempo.

No es por accidente que más y más gente muere en el desierto. En 1993, la Patrulla Fronteriza arrancó su estrategia de vigilancia de la Frontera Sudoeste. A través de la construcción de cercas, luces de estadio, y la colocación de miles de agentes en la línea, la Patrulla Fronteriza buscaba disuadir a la gente de entrar a Estados Unidos de manera ilegal. En cada sector, la estrategia tiene su propio nombre: en Arizona se llama Salvaguarda.

Un estudio del Public Policy Institute of California informa que actualmente hay cerca de 9 mil agentes de la Patrulla Fronteriza en la frontera México–Estados Unidos, 3 mil 400 más que en 1993. Para este mes, la Patrulla Fronteriza busca contratar a 2 mil agentes más para lo que llama “el mejor trabajo del mundo, una carrera con fronteras, pero sin límites”. En 2003, el presupuesto federal estadunidense incluye fondos para la contratación de otros 2 mil.

“La política y estrategia actual del gobierno de Estados Unidos canaliza de manera deliberada la migración de trabajadores indocumentados a las regiones más peligrosas y mortíferas. La cifra creciente de muertos desde que se inició esta estrategia es una prueba obvia de una política fracasada que sistemáticamente viola los derechos humanos”, dijo la Patrulla Samaritana en su primera comunicación con la Patrulla Fronteriza.

“Con Operación Salvaguarda, nuestra intención es tener alta visibilidad (en la línea) para prevenir tanto el cruce como la fatalidad”, señala Daniels. Sin embargo, las razones económicas que causan la migración persisten y los migrantes evitan las áreas de alta vigilancia y arriesgan su vida en los lugares más remotos.

De este a oeste, en el Sector Tucson hay cinco garitas oficiales de cruce –Douglas (Agua Prieta), Naco, Nogales (Nogales), Sasabe (Sasabe) y Lukeville (Sonoita)–. Si uno decide cruzar en Arizona, se buscaría evitar los puntos que tienen cercas y alta vigilancia.

Antes de Salvaguarda, la zona de entrada preferida era Nogales. Cuando surgieron las nuevas cercas, los migrantes empezaron a ir más al este, hacia Douglas y Naco. Allí, sin embargo, uno tiene que pasar precisamente por los ranchos donde grupos de vigilantes se han formado para detener a los migrantes. El ya famoso ranchero Roger Barnett, por ejemplo, detuvo a 2 mil 100 indocumentados en su rancho el año pasado.

Hoy, el lugar más remoto y menos vigilado en toda la frontera es el Desierto Oeste, situado entre Nogales y Lukeville, en el sur, y Tucson y Ajo en el norte. En la frontera de Sasabe, sólo hay una cerca de alambre de púas y el desierto vasto.

De allí, la gente intenta caminar hasta la carretera interestatal 10 al oeste de Tucson –donde se encuentran muchos elementos de la Patrulla Fronteriza– y antes de Phoenix.

Aunque muchos caminan al norte bordeando una carretera secundaria, nadie sube hasta la carretera interestatal por miedo a encontrar la Patrulla Fronteriza. Así, aunque haya ranchos, personas, y ocasionalmente alguna tienda, los migrantes no pueden obtener agua sin arriesgarse a la deportación.

Si uno no encuentra ningún contratiempo, no se sobrecalienta o se deshidrata, tendría que caminar hasta 97 kilómetros antes de poder encontrarse a un vehículo para llegar a Phoenix. Con temperaturas veraniegas de hasta 56 grados, esta caminata sería de por lo menos tres días. Peor aún, muchos salen caminando de Altar, Sonora, agregando otros 97 kilómetros a su viaje. De hecho, hace unas semanas, un señor falleció sólo dos metros dentro de Estados Unidos.

No se trata de unos cuantos intentando ingresar por el desierto. Según la Patrulla Samaritana, de mil a mil 500 personas llegan diariamente a Altar para ir al norte. Los senderos por el desierto se encuentran perfectamente limpios, señal del pisar de muchos pies. En todas partes, se ven las pertenencias de los que han pasado: pañales, mochilas, y botes y botes de agua.

“Fundamentalmente, creo que estamos aquí buscando salvar gente porque nos compadece profundamente el espíritu de perseverancia del migrante”, dice Campesino. Sí, el espíritu humano que arriesga todo en busca de una vida mejor.