Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 24 de septiembre de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >

Cultura
REPORTAJE

LITERATURA EN LA ISLA, HOY

Repunte de la industria editorial pese al bloqueo económico

Cuba: tiempo de apertura y diversidad en las letras

La pujanza del movimiento de ''apertura'' en las letras, surgido en los años ochenta, se vio frenada de manera abrupta en los años noventa por el bloqueo estadunidense, que afectó todos los ámbitos de la vida en Cuba. Sobrevino el programa de austeridad denominado ''periodo especial'' y la industria editorial redujo en forma dramática su producción, que ahora resurge

ARTURO GARCIA HERNANDEZ ENVIADO

La Habana. Literatura o muerte. Hoy por hoy éste es, en sintética paráfrasis, el imperativo común de los escritores en Cuba. No importa a qué generación pertenezcan ni su inclinación ideológica. Atrás han quedado las imposiciones estéticas y temáticas del llamado ''realismo socialista"; ya no hay escritores silenciados o ''mal vistos"; los censores murieron, se han ido o fueron remplazados; por tanto, tampoco prevalecen los temas tabú ni los libros prohibidos. Así lo pregonan voces oficiales y se reconoce en círculos literarios: es el tiempo de la apertura y de la diversidad.

No es algo reciente ni repentino. Empezó a gestarse poco a poco, transitando -digámoslo con los Beatles- por un largo y sinuoso camino.

Tres tendencias

En términos generales y necesariamente relativos, investigadores y escritores identifican tres tendencias de la literatura cubana en cuatro décadas de Revolución.

Una es el realismo socialista, caracterizada en su mayoría por plegarse a una épica revolucionaria, prácticamente sin lugar para la crítica al sistema. La segunda tendencia es la denominada ''apertura" de los años ochenta, emblematizada por el libro de Senel Paz, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, obra en la que aparecieron señaladamente dos temas otrora intocables dentro de la isla: la persecución gubernamental contra los homosexuales y el exilio de los disidentes políticos. Esta tendencia se apadrina con una figura indiscutible de las letras cubanas pero que permanecía en una suerte de oscuridad social y al que se leía casi en secreto: José Lezama Lima, cuya obra Paradiso antaño había sido objeto de una campaña en nombre de la ''moral revolucionaria".

Ya entonces, durante una entrevista realizada a propósito de El lobo, el bosque... Senel Paz sostenía: ''El momento de tensión actual que vivimos es propicio para las gentes que estén por la mano dura, pero yo me considero defensor y crítico de la Revolución. Uno de los problemas ha sido la idea de que la critica y la reflexión es sólo patrimonio de los disidentes y contrarrevolucionarios. Se ha tratado de identificar a cualquier voz polémica como un apartarse del país. Es absurdo y eso es justamente de lo que nos hemos cansado la nueva generación de escritores cubanos. Reflexionar con libertad el país es un acto eminentemente revolucionario, el más necesario y revolucionario para la Cuba de hoy".

La tercera tendencia surge en los años noventa del siglo XX y perdura hasta la fecha. Se fraguó en los momentos más difíciles del ''periodo especial" que prácticamente paralizó la economía cubana luego de la desaparición de la Unión Soviética. Se distingue por admitir una visión intimista del mundo, donde el autor no únicamente observa a la sociedad sino también a sí mismo como individuo; es crítica y ofrece una percepción descarnada y desesperanzada del entorno; en ella caben los agobios cotidianos del individuo, así como los conflictos de una sociedad que se asume compleja y contradictoria.

No hacen falta mesías

Ahora, en el naciente siglo XXI, una vez superadas las brutales carencias que derrumbaron la producción editorial cubana en la primera mitad de los años 90, se consolidan las condiciones para que convivan y se expresen las diversas tendencias, otorgando a la literatura una renovada vitalidad.

Hay quienes sostienen que en este avance ya no hay camino de regreso. Por ejemplo, dice el escritor Miguel Mejides que hoy ningún censor va a señalarle a un autor que una novela ''tiene problemas ideológicos. Cuando te decían: 'esta novela tiene problemas ideológicos' o 'este poema tiene zonas oscuras', era: 'amárrate los cojones porque ya tú sabes lo que viene'. Ahora el escritor no tiene que encarrilarse en el discurso del político, los políticos van por acá y los escritores van por allá y muchas veces se adelantan a los políticos".

De cualquier manera, sostiene Mejides, el que quiso escribir en Cuba escribió:

''El que escribe quiere dejar una senda y quiere influir, porque se tiene la necesidad de decir algo, de expresarse entre las contradicciones de una sociedad como la nuestra, porque toda sociedad tiene sus contradicciones. Aplaudimos a veces, luego disentimos, luego pensamos, luego soñamos porque lo único que no se puede romper en una persona que escribe es el sueño. Hemos tenidos censores, hemos tenido alcahuetas, hemos tenido aves doradas que se han hecho de ellos la literatura, pero el escritor cubano al fin ha hecho su discurso".

Mejides -autor del libro de relatos Rumba Palace, homónimo del cuento con que ganó el concurso internacional Juan Rulfo de 1994- no duda en calificar de ''terribles" los años en los que se quiso imponer el realismo socialista. Hoy le causan gracia -dice- ''los oportunistas impulsores del realismo socialista a ultranza, que los veo por México haciendo campañas contra Cuba, contra la Revolución Cubana, y son los impulsores de una 'sociedad democrática'. Tenemos nuestros problemas, esto no es una panacea, esto es del carajo divino, pero estamos haciendo nuestro proyecto, con todos sus dolores y no necesitamos mesías".

Tortuosa consecución de lecturas

El cambio en los criterios oficiales para con la literatura responde, por un lado, al trabajo sostenido de los escritores, y por otro al relevo en las instituciones encargadas de definir y aplicar las políticas culturales. Así se lo explica el poeta Sigfredo Ariel, Premio Nacional de Literatura 2002: ''Chico, creo que se ha muerto un poco de gente hija de puta y otra se fue del país. Y sobre todo creo que se debe al remplazo de personas con buena voluntad, pero equivocadas, que tenían toda aquella confusión y aquel concepto mal entendido de Lenin de 'la cultura burguesa' y 'la cultura revolucionaria'. Todo aquello cambió cuando llegó gente más joven, más abierta y más culta".

Ariel es de los escritores que se tomaron de la mano de Lezama Lima en el tiempo en que el autor de Paradiso ''estaba un poco en la oscuridad", porque ''mayoreaba una tendencia de la literatura que al parecer se avenía mejor con aquel momento social y político. Yo pertenezco a una generación que se encargó de releer un poco en soledad a los poetas que no salían en los periódicos y cuyos libros no estaban en las librerías en aquellos momentos".

Precisa el poeta: ''No te entraban a palos, ni te metían a un foso, en una ergástula, pero tampoco era lo que se esperaba de ti. Por ejemplo, había ataques en los periódicos hacia la joven poesía porque era escapista y vacía".

A pesar de todo, ''se leía a Lezama como se leía a Octavio Paz, que también era muy mal visto. Recuerdo que un día de mi cumpleaños me regalaron Libertad bajo palabra y fue la cosa más grande de la que yo me acuerdo en mi vida. Pero todo eso nos dio una cosa bonita: no leer los libros que estuvieran en la librería porque fueran los más leídos, sino robarse los libros de la biblioteca o conseguirlos de manera muy tortuosa. Así uno leía todo Borges, todo Paz, la revista Sur, Plural que en aquel momento era una revista interesante; Vuelta, Camilo José Cela. Autores y publicaciones que uno leía con una disciplina especial porque no te los conseguías fácilmente".

Rescate de Lezama Lima

La escritora e investigadora académica Aída Bahr, directora de Editorial Oriente, de la ciudad de Santiago, confirma que Lezama Lima emergió como el gran paradigma literario: ''Se leyó con furia a Lezama, se le ha estudiado y lo han rescatado de una manera importante y necesaria. Muchos escritores entraron en contacto con una figura que durante un tiempo estuvo silenciada y fue positivo porque eliminó un bache que había en nuestra literatura".

Sin embargo, añade la académica, el furor por Lezama ha tenido como efecto secundario su trivialización: ''Hay muchos que ya no se molestaron en leerlo, sino que lo recibieron a través de otros, de segunda mano. De muchos no hubo una apropiación real del verdadero Lezama, pero lo mencionan cada que hablan de sus influencias".

La pujanza del movimiento de ''apertura" surgido en los años ochenta se vio abruptamente frenada en los años noventa por la crisis económica y social que afectó todos los planos de la vida social cubana. Sobrevino el programa de austeridad denominado ''periodo especial". La industria editorial, que entre 1983 y 1989 llegó a publicar en promedio más de 2 mil 300 títulos anuales, redujo dramáticamente su producción. Y los tirajes, que en algunos casos alcanzaban 50 mil ejemplares a finales de los años ochenta, también cayeron de manera estrepitosa.

Aída Bahr -autora del libro Espejismos- subraya que la producción editorial se inhibió en el periodo especial, pero no la creación: ''Indiscutiblemente los noventa fueron años en los que se escribió mucho, hubo una gran producción creativa. Tengo por experiencia que en los periodos de crisis general se produce una literatura muy fuerte, la gente se siente conmocionada y necesita volcar esas cosas. Pero no había manera de publicar todo lo que se escribía. Se buscaron soluciones no siempre felices y no siempre buenas. Tiradas pequeñas y libros muy artesanales. Es decir, no eran soluciones que permitieran sentir el pulso creativo del país. Eso provocó que mucha gente se volcara al exterior y mandara sus trabajos a concursos en el extranjero o a editoriales extranjeras".

La precariedad, la incertidumbre, el exilio, el escepticismo, la violencia, el reacomodo social y su conflictiva inherente fueron caldo de cultivo de la nueva tendencia: ''En los años noventa del siglo pasado -explica Bahr- se empezó a dar el fenómeno de los llamados 'novísimos', en que los autores más jóvenes impusieron una narrativa muy dura, muy agresiva, muy ácida, muy crítica y posmoderna. Son muchachos que tienen un lenguaje mucho mayor, formulan en su obra mundos mucho más literarios, pero dentro de ese estilo pervive la óptica dura, el escepticismo, la amargura. A veces me parece un movimiento totalizador y muy desesperanzado, pero no se puede dudar de que ese es el mundo que se vive, no sólo en Cuba sino en todas partes".

La académica reconoce como saludable la irrupción de este movimiento, aun cuando ha tenido un efecto negativo: ''Empezó a monopolizar el mercado; prácticamente era todo lo que se publicaba y los concursos literarios sólo los ganaban obras de esa tendencia". Y advierte:

''Dentro de ese movimiento hay libros muy buenos, pero igual hay imitadores que están aprovechando esa tendencia en boga para publicar su libro. Yo como editora defiendo a los buenos autores y recibo obras de tendencias y generaciones diversas, todos necesitan un espacio porque hay lectores para todos."

Elevado nivel de lectura

Desde la perspectiva de Aída Bahr, la gran novedad del ámbito literario cubano ''sería, tal vez, que los escritores jóvenes se enfrentan a la vida con una óptica mucho más desprejuiciada, más abierta, mucho más rica que la que enfrentamos en otro tiempo. Hoy se sienten mucho más libres, con muchas más posibilidades y con mucha más amplitud. Siempre se le dio importancia a la literatura, pero digamos que ahora los jóvenes tienen mayores opciones".

A pesar de los agobios económicos que siguen asolando a la isla, hoy la industria editorial cubana muestra un repunte significativo. Según cifras de Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, en 2001 se publicaron 18 millones de libros, cantidad importante aunque todavía lejana de los 50 millones que llegaron a producirse a finales de los años ochenta.

De acuerdo también con Sánchez, la recuperación de la industria editorial cubana encuentra correspondencia en un alto número de lectores. Así, por ejemplo, en la Feria del Libro de La Habana 2002 se vendieron 2.5 millones de ejemplares.

Al respecto Bahr señala: ''No quiero decir que Cuba sea el paraíso de los lectores, pero tiene un alto nivel de lectura, superior al de países desarrollados. En la Feria de La Habana la gente se faja por los libros, hay golpes y ha tenido que intervenir la policía para apartarlos. En pocos países existe, como en Cuba, ese interés tan alto por la lectura. Y esto tiene que ver con una preocupación del Estado por fomentar la lectura y también con que la televisión no ha sustituido al libro; el libro sigue siendo un vehículo cultural de primera importancia"

A partir del 30 de noviembre y hasta el 8 de diciembre, el lector mexicano tendrá oportunidad de apreciar parte del panorama literario y editorial cubano durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, de la que Cuba es el país invitado de honor y donde ofrecerá 25 mil títulos de 45 casas editoriales.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año