Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 25 de octubre de 2002
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Cultura
Concierto de la Kremerata Báltica esta noche en la Sala Nezahualcóyotl

Kremer: la música es una institución democrática y la fama es un veneno

Asume el violinista letón que su misión consiste en servir al arte sonoro

El mercado tiene un significado negativo y el artista debe ignorarlo, sustenta

ERICKA MONTAÑO GARFIAS

La música es materia viva, no pieza de un museo de cera. Con esta certeza Gidon Kremer logra el equilibrio entre las obras de compositores clásicos y contemporá-neos, primero como uno de los grandes violinistas del mundo y, desde 1996, como director de la Kremerata Báltica Chamber Orchestra, que se presenta por vez primera en el país con un repertorio que une a Gustav Malher y Franz Schubert con Alfred Schnnitke y George Enescu.

Kremer, en entrevista con La Jornada, expresa: ''Trato de equilibrar el pasado con el presente, lo conocido y lo desconocido para cumplir una misión: servir a la música". No cree en la fama ni en el mercado musical y apuesta por los intérpretes jóvenes, porque a ellos corresponde defender la música en nuestros días. Gracias a esa confianza asumió su mayor riesgo: ''Reunir a una orquesta como la Kremerata Báltica y no saber qué es lo que va a pasar. Ese fue uno de los riesgos más afortunados en mi vida".

El violinista (Riga, Letonia, 1947) es autor de varios libros sobre su experiencia personal y musical, entre ellos Splendors of childhood, Obertèone y uno más en preparación con el título provisional Between worlds. Fundó la Kremerata Báltica en 1996 con jóvenes músicos de Estonia, Lituania y Letonia, países que se separaron a principios de los 90 de la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. La agrupación estaba integrada por 24 músicos y ahora ese número aumentó a 50; ofreció su primer concierto el 9 de febrero de 1997, año en el que el violinista celebró cinco décadas de vida.

''Probablemente pude tener menos responsabilidad con los jóvenes músicos y estar más cómodo siendo solista y dándole mi experiencia a otras orquestas. Pero la Kremerata Báltica es para mí una especie de obligación con el futuro. Es compartir con un grupo de personas lo que soy, lo que la música puede ser. Es más gratificante enfocarse en un pequeño grupo que haciendo lo mismo, solo, alrededor del mundo. El 50 por ciento de mi tiempo lo dedico a la Kremerata y el resto a otras agrupaciones, y en ambos casos, toco la música que me llena", añade.

Admiración por Piazzola

A lo largo de su carrera, en la que ha grabado decenas de discos, Gidon Kremer se ha convertido en uno de los principales promotores de la música contemporánea y de los compositores casi desconocidos. Uno de sus descubrimientos son las obras del rumano George Enescu, a quien considera uno de los mejores compositores del siglo XX, aunque poco valorado.

Más que una decisión, interpretar a los contemporáneos ''es una herencia. Mi abuelo estaba interesado en la música nueva. Mi maestro David Oistrakh creía que había muchos buenos compositores en el siglo XX". Hay quienes eligen sólo a los clásicos, ''pero yo trato de tener un equilibrio". Como parte de ese balance, que incluye también a autores de diversas partes del mundo, Kremer es reconocido por sus interpretaciones de las obras del bandoneonista argentino Astor Piazzola (1921-1992) a quien en 1997 dedicó la gira mundial Hommage à Piazzola.

''Me enamoré de Piazzola como personaje, como compositor, y me encontré a mí mismo como en casa dentro de los sentimientos, la nostalgia y las emociones de sus piezas extremadamente apasionadas. No traté de ser mejor que él y su grupo o de imitarlos porque los admiro muchísimo. Su obra es algo que está cerca de mí", subraya el fundador del festival de música de Lockenhouse, Austria.

Convencido de que un intérprete debe hacer lo que le gusta sin importar si vende o no, enfatiza: ''El mercado tiene un significado negativo y un artista debe ignorarlo. Siento pena por los músicos a los que sólo les interesa la fama porque se traicionan a sí mismos. Tal vez les guste ser famosos, el dinero que se gana o tener nubes de seguidores, pero la fama es un veneno. Lo lamento por los músicos jóvenes que creen que el veneno les ayudará a vivir.

''Creo en la música como una institución democrática. La Kremerata es una de esas instituciones, pero también creo que dentro de una institución democrática de músicos, de artistas, es imposible gustarles a todos o que todo nos guste. Debemos tomar decisiones y la democracia implica tomar decisiones, aunque algunas sean duras y nos dejen solos frente a la mayoría."

Reflexivo, expresa que ser artista conlleva una vida solitaria: ''Puedes estar con tus compañeros, con tus colegas, el público también te da una inyección de apoyo. Pero el verdadero apoyo sólo se puede encontrar en la grandeza de la música que es más fuerte que cualquier éxito o derrota. En mi juventud, por ejemplo, tenía una idea más romántica de lo que significaba viajar en los días festivos".

Violinista desde los cuatro años, Kremer ha visto transformarse también su concepción de la música. ''Tal vez el cambio más importante es que cuando era joven la música era un vehículo para sobrevivir y ahora como sobreviviente debo decir que sólo espero tener más años y energía para servir a la música. Soy un viajero y mi casa es la Kremerata Báltica, proyecto en el que estoy inmerso con mi conocimiento, mi experiencia y mis sentimientos."

La Kremerata Báltica Chamber Orchestra se presentó anoche en el Palacio de Bellas Artes, y hoy a las 20: 30 horas ofrece un último concierto en la Sala Nezahualcóyotl con obras de Karl Amadeus Hartmann, Gustav Mahler, Alfred Schnittke y Franz Schubert en lo que conforma un programa ''con estructura, coherencia y espíritu propios". Kremer muestra, una vez más, su compromiso con lo clásico y lo contemporáneo.

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