Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 10 de noviembre de 2002
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Cultura
REPORTAJE / SIMBOLO EN VENTA

Hay una tendencia a explotar la imagen de la pintora con intenciones comerciales

Fridamanía: ¿popularización de un mito o vil mercantilización?


En torno a la figura de la artista plástica mexicana se han lanzado líneas de calzado, perfumes, corbatas y de forma reciente una cinta hollywoodense. La utilización de la imagen de Frida Kahlo en diversos productos pone en la palestra aquella polémica de mediados de siglo XX: ¿la cultura de masas vulgariza el acto creativo o ayuda a difundirlo? La crítica de arte Raquel Tibol es enfática: ''La finalidad no es acercar a la juventud a la obra, porque los artículos son costosos y sólo los comprarán los yuppies".


ANASELLA ACOSTA NIETO

¿Cuál es la diferencia entre fridamanía y ''mercantilización"? ¿Cuál entre consumo de cultura y cultura del ''mal gusto"? ¿Cuál entre promoción de arte y kitsch?

En 1995, ante la proliferación de obras de teatro sobre Frida como parte de la fiebre del uso de su imagen, Olga Harmony recordaba a Bruce Swancey: ''Sólo nos falta Barbie Frida".
RIVERA~4
Para mediados de los noventa el mercado ya había sido invadido por postales, carteles, biografías, obras de teatro, revistas, arte-objeto y una que otra película, sin olvidar que la empresa de zapatos Canadá había lanzando su línea de calzado con el nombre de la artista.

La fridamanía, que nació a principios de los ochenta, más de 20 años después de la muerte de Frida Kahlo, acaecida el 13 de julio de 1954, con los chicanos y las feministas que hallan en ella un símbolo de revolución, valentía, dignificación de la mujer y del amor, se explicó entonces como un proceso lógico que precedió a quien en vida ya era un mito, explica Teresa del Conde, autora de Frida Kahlo. La pintora y el mito.

Lo que confirma Raquel Tibol, crítica de arte y especialista en el tema: ser esposa de Diego Rivera, un artista reconocido mundialmente, pero sobre todo la singularidad de su pintura que reflejaba los problemas específicos de la mujer al parir, al abortar, al tener frente al hombre la ambigua relación de madre, esposa e hija, son causa de la fridamanía. Por ello, considera, este fenómeno no podría haber ocurrido con Angelina Beloff, otra de las esposas de Rivera que también pintaba, pero cuya figura no es contradictoria.

Tibol recuerda a uno de los mayores representantes de los chicanos que mucho tuvo que ver con este fenómeno: Ruppert García, quien realizaba carteles en serigrafía con variaciones de la imagen de Frida, así como a las feministas chicanas, que elaboraron un sinfín de arte-objeto, con la imagen de la pintora.

De forma contradictoria a la fridamanía, la autora de Escrituras recuerda que en vida Kahlo sólo tuvo una exposición individual. Además, se refiere a la muestra que Blanca Garduño, ex directora del Museo Casa Estudio Diego Rivera, realizó en 1991, en la que expuso más de 600 piezas relacionadas con Frida para dar muestra del fenómeno:

''La fridamanía al nivel de la exposición que realizó Blanca Garduño era muy desagradable en muchos aspectos; era una muestra con una cantidad enorme de elementos indignos, incluyó cuadros en los que Frida aparecía como hermafrodita y cuadros mal pintados; mezcló bueno y malo, no hizo una investigación seria y en muchos aspectos ayudó a la vulgarización de un personaje.

Sin embargo, Garduño considera que gracias a esa exposición, cuyo nombre original Fridamanía, se debió sustituir por el de Pasión por Frida, por sugerencia de Dolores Olmedo, contribuyó a que la gente se acercara más a los museos, e hizo evidente un fenómeno en el que todavía no se reparaba.

Ahora, en los albores del siglo XXI, la fridamanía que subsistió de manera silenciosa en el último lustro de los noventa, resurge de manera impune al cobijo del libre mercado, de una ley sobre derechos de autor rebasada, y de autoridades culturales y un Banco de México desentendidos de la responsabilidad que les heredara confiadamente Diego Rivera, el muralista mexicano reconocido a escala global, en una época en la que la globalización era impensable.
Ante el reciente lanzamiento de un perfume, una corbata, y próximamente de una línea de ropa interior con la imagen de la pintora, sin olvidar la película hollywoodense que protagoniza Salma Hayek con el título Pasión por Frida, Raquel Tibol aclara: ''La comercialización que se hace ahora no es fridamanía, sino una vil mercantilización".

Autora de Frida Kahlo. Crónica, testimonios y aproximaciones, Tibol llama la atención sobre los motivos económicos para la autorización que tanto el Banco de México (BdeM), propietario del fideicomiso Diego Rivera, así como algunos coleccionistas particulares -como la mamá de la ex directora del Museo Rufino Tamayo, Cristina Gálvez, o los herederos de la colección de Dolores Olmedo- dan para la reproducción de las obras de Kahlo y Rivera en etiquetas para perfumes, lo que considera ''una aberración de tipo mercantil vulgarizante y absurda".

Para la crítica de arte ''estamos en una etapa de endiosamiento de los empresarios". Cita como ejemplo al actual presidente del Fideicomiso Diego Rivera, Carlos García Ponce, quien ''aunque es hermano de Juan y Fernando, no es un artista, sino un comerciante cuyos intereses están en incrementar su capital".

Fideicomiso y BdeM, sin dinero

La excusa para comercializar la imagen y la obra de Frida que da el Fideicomiso Diego Rivera -cuyo objetivo es preservar los museos Casa Azul y Anahuacalli, así como la obra de Rivera y Kahlo, además del cobro de derechos de autor por la obra de ambos artistas-, es que no tiene dinero y el Estado tampoco tiene para sostenerlo, y que los ingresos por la autorización de imagen en estos productos permitirán atender los fines del Fideicomiso, pero no han dicho qué porcentaje van a recibir por esta comercialización, señala Tibol.

Para la crítica de arte, si el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes va a gastar millones y millones de pesos en erigir un museo que no hace falta, al que van a llamar Museo de Arte Contemporáneo, antes tendría que poner en orden la economía de un legado tan importante como es el Museo Anahuacalli; sacar de ahí las manos de la familia Phillips Olmedo, y ahora las de Carlos García Ponce.

Juan Soriano, amigo de la pintora, es contundente respecto de la comercialización de la obra de Kahlo: ''La venta de perfumes no tiene que ver con Frida; es el mal gusto de la época, el mal gusto de las personas, que en lugar de admirar sus obras y conocer la historia de una mujer extraordinaria hacen ventas de productos con su imagen. Este es un padecimiento horrible que sufre el arte mediante el teatro, el cine, la televisión y las canciones, en los que se dicen vulgaridades y se hacen ídolos estúpidos."

Ante las posturas de Tibol y Soriano, el análisis de Umberto Eco respecto de la estructura del mal gusto es ineludible y sólo habría que cambiar las mujercitas de Campigli por uno de los autorretratos de Frida: ''Es kitsch el sofá tapizado en tela estampada reproduciendo las mujercitas de Campigli, no porque el estilo de Campigli aparezca consumado o masificado, sino porque las figuras se han hecho vulgares, al estar fuera de lugar, insertas en un contexto que no les corresponde; como el cuadro abstracto reproducido en la cerámica".

Interés mediante un cartel

Blanca Garduño acepta: ''Sí hay comercialización del fenómeno (de la fridamanía), pero responde a la misma difusión cultural".

Para la curadora de arte hay una intención de los jóvenes por apropiarse de esa figura, y como no puedes tener la obra de Frida, pues empiezas a comprar una camiseta, un cartel, un botón, entonces ese adueñarse de una imagen es una búsqueda de identidad, y a falta de personajes como los Beatles, pues ''hay una mujer mexicana y bien mexicana: de rebozo, de trenzas, de aretes mexicanos".

Contra todo argumento que justifique la comercialización como mecanismo para acercar la obra de Kahlo a las nuevas generaciones, Tibol revira: ''La finalidad real no es acercar a la juventud a la obra, porque los productos son costosos y sólo los comprarán los jóvenes yuppies".
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Para aproximar la obra, considera, hay que darla en su propio terreno. No se puede vulgarizar a Frida para acercarla a la juventud, porque los jóvenes quieren al personaje verdadero, no al de perfumes o ropa interior de lujo; eso sólo se le ocurre a los yuppies. ''La mercantilización de figuras es una concepción en la que hay una serie de elementos aberrantes que comenzaron con la actitud concesiva del gobierno para Dolores Olmedo, cuya trayectoria para nada es transparente", afirma.

Sobre la extracción del arte de su contexto, Eco explica en su libro Apocalípticos e integrados: ''La utilización del producto culto tiene por finalidad un consumo que nada tiene que ver con la presunción de una experiencia estética. Como máximo el consumidor del producto, al consumirlo, entrará en contacto con modos estilísticos que han conservado algo de su nobleza originaria, pero de los cuales lo ignora todo".

Quizá esa misma razón haga afirmar a Soriano: ''La mejor manera de acercarse a la obra de Frida es viéndola y no haciendo caso a lo que se escribe de ella o a la publicidad que en nombre de la voracidad por el dinero transforma las cosas maravillosas en banales".

Pero Garduño señala: ''Evidentemente la mejor manera de acercarse a la obra es ir a verla en vivo y a todo color, pero si tú vas al Museo Dolores Olmedo Patiño, te cobran la entrada de una manera espectacular, y exposiciones sobre Frida no hay, los libros son carísimos, de 500 y 600 pesos, ¿crees que el populo, la gente, el pueblo puede realmente acceder a Frida? Ante ello una de las muchas maneras de difundir el arte mexicano, puede ser, si la gente los quiere, mediante cualquier objeto, carteles, almanaques o fotografías.

Garduño, quien asegura que no es asesora ni trabaja de ninguna manera para la empresa Godven, de Jacqueline y Fanny Alcalá, firma que lanzó el perfume y ya tiene en lista otros 15 productos, reconoce que en esto cada quien lleva agüita para su molino: Las galerías hacen exposición de fotografías de Dolores Alvarez Bravo, de Edward Weston, de Tina Moddotti con Diego Rivera. En la Ciudadela hay cualquier cantidad de objetos que ya recrean vendedoras de alcatraces o el desnudo de alcatraces, y cientos de imágenes recortadas de libros o de carteles que se han reproducido fotomecánicamente.

El problema, considera, es que ni el Instituto Nacional de Bellas Artes, encargado de custodiar el patrimonio cultural, ni el BdeM, a quien Rivera heredó el fideicomiso, se han puesto de acuerdo sobre la responsabilidad que tienen en esto.

Aroma colgado del apellido

Y en el llevar y traer agua a los molinos respectivos, Garduño se refiere a la demanda interpuesta por Isolda Kahlo, sobrina nieta de Frida, por el uso del apellido Kahlo en la línea de productos que las Alcalá han lanzando en ''tiendas de prestigio".

''Ellas (las Alcalá) pagaron por el uso de imagen, no han querido decir cuánto, y tampoco el Fideicomiso ni Bellas Artes, porque no saben si hacen bien o mal, lo sorprendente ahora es que Isolda las demande por usar el nombre completo de Frida, y argumente un daño moral".

La respuesta de las Alcalá, comenta Garduño, ha sido correcta: ''Banco de México entiéndete con ella (Isolda), a mí no me dijiste que viniera el pariente, a mí me dijiste estas son las reglas del juego y ya se pagó".

Para Garduño los parientes de Kahlo se han ''colgado del apellido", porque ''¿cuál daño moral, si Isolda ya es la sobrina nieta de Frida y cuando las mujeres se casan se va perdiendo el apellido?".

Y mientras los aguadores siguen acarreando para su molino y la divulgación de arte se somete y limita a las leyes de mercado, el sicólogo Giuseppe Amara considera que de la fridamanía -procedente de la tendencia del ser humano a la nostalgia- y su mercantilización imparable es preciso aprovechar lo bueno, pues en tiempos aciagos es mejor una playera con un autorretrato de Frida que con un símbolo nazi, o tanto mejor que imágenes publicitarias anunciando refrescos de cola o hamburguesas.

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