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Los muertos que no pueden ser llorados CLAUDIA E. SMITH* De todos los migrantes muertos en la frontera, unos 700 nunca fueron identificados y sus cuerpos yacen en fosas comunes estadunidenses. El gobierno de México ha recibido propuestas concretas para establecer bancos de datos y mecanismos de información y coordinación que permitan a centenares de familias llorar a sus muertos. Hasta la fecha no ha respondido
En un viaje a El Salvador en septiembre de 2000, Vicente Fox, entonces presidente electo, se disculpó por el maltrato que habían sufrido los centroamericanos. Reconoció que ellos, al igual que los migrantes mexicanos, buscan en Estados Unidos lo que se les regatea en sus lugares de origen, y se comprometió a combatir el abuso de las malas autoridades de su país.1 Dijo que como parte de sus primeras acciones lanzaría un programa de protección a los centroamericanos. Dos años más tarde, la actividad criminal contra los migrantes centroamericanos, lejos de disminuir, se ha agravado, comprometiendo la autoridad moral del gobierno mexicano para exigir respeto a los derechos humanos de sus connacionales que ingresan clandestinamente a Estados Unidos. Como si esto fuera poco, el gobierno mexicano ha puesto en marcha el denominado Plan Sur. Bajo el concepto de responsabilidad compartida, la administración Fox está ayudando a contener el flujo de centroamericanos hacia Estados Unidos. Esto en sí es aceptable, pero México ha ido mas allá, tomando una página (si no dos o tres) del Operativo Guardián. El secretario de Gobernación, Santiago Creel, ha hablado abiertamente de reorientar el tráfico indocumentado en la frontera sur, término que me inspiró grandes interrogantes al escucharlo por primera vez.2 ¿Eso de reorientar sería lo mismo que canalizar en la frontera norte? Tal parece que con esta reorientación los migrantes centroamericanos se están viendo forzados a tomar las rutas más remotas y peligrosas. El maximizar el riesgo de muerte no es aceptable. Lo anterior me lleva a la estrategia estadunidense de control fronterizo que México está reproduciendo... Guardián se puso en marcha hace ocho años en las inmediaciones de San Diego. Ha sido el modelo para la vigilancia en toda la frontera. La meta es desbaratar los patrones tradicionales del cruce, mediante una estrategia deliberada de mover el tráfico indocumentado fuera de las áreas urbanas, desde San Diego hasta Brownsville, es decir, alejar los cruces de la vista pública. La Patrulla Fronteriza describe sus tres operativos como una obra en progreso.3 Nosotros los describimos como muertes en progreso. Paso a paso, estos operativos han conducido a los migrantes hacia las zonas desérticas que predominan en la frontera. La trampa de los números No es ninguna noticia en México el que, en promedio, al menos un migrante al día esté muriendo en la frontera norte. Tampoco es noticia el registro de 2 mil 200 muertes desde el inicio de la Operación Guardián. Lo que no ha recibido suficiente difusión es el hecho de que los operativos se están volviendo más mortales, no obstante las campañas binacionales de búsqueda y rescate. Por ejemplo, el 4 de julio de este año, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México emitió un comunicado donde se afirmaba que las muertes ocurridas en la primera mitad de 2002 habían disminuido en un 44%, al intensificarse las acciones de protección preventiva en la frontera.4 Sobra decir que cualquier disminución es para bien, pero fue mucho menor que la indicada, que fue resultado de una tergiversación de las cifras. Los migrantes no identificados fueron incluidos de la cifra para la primera mitad de 2001, pero fueron excluidos de la cifra para los mismos seis meses de 2002. Peor aún, el comunicado fue prematuro. Este verano se estableció un récord mortal en la frontera: al menos 205 migrantes fallecieron en los meses de junio a septiembre, según la Patrulla Fronteriza. Cabe señalar que las cifras estadunidenses son más conservadoras que las mexicanas, puesto que la Secretaría de Relaciones Exteriores cuenta adicionalmente los cuerpos encontrados en su lado de la línea divisoria, como los ahogados arrastrados hacia el sur por las corrientes del río Bravo. En todo caso, la Patrulla Fronteriza registró 320 muertes durante el año fiscal (octubre a septiembre) que acaba de cerrar apenas 5% menos que el año anterior. Esto, no obstante una reducción de 25% en las detenciones, las cuales son un indicador aproximado del flujo migratorio. Y durante el año fiscal 2001, cuando la Patrulla Fronteriza contó 336 muertes, también se observó la misma tendencia: las detenciones disminuyeron en un 25%, pero las muertes sólo en un 11%. Insisto, si uno considera la gran desproporción entre la disminución en las detenciones y muertes, la conclusión ineludible es que Guardián y sus contrapartes se vuelven cada vez más mortales.5 Era de esperarse. La Patrulla Fronteriza intensifica sus operativos, avanzando con su intención de empujar el tráfico indocumentado a zonas cada vez más apartadas, donde la posibilidad de ser rescatado es mínima. Así es que la situación en la frontera norte también va de muy mal a mucho peor. El Camino del Diablo La disminución de 336 a 320 muertes no es insustancial, pero tampoco es nada para celebrar. Lo más desalentador es que el número de muertes se haya reducido tan modestamente al mismo tiempo que la Patrulla Fronteriza ha intensificado su campaña de búsqueda y rescate, confirmando que no hay medidas de salvamento suficientes sean torres de auxilio o barriles de agua, ante una estrategia de canalizar a los migrantes a lugares tan inhóspitos, para no decir infernales. Por algo es conocido como Devils Path (El Camino del Diablo) el punto donde se intenta la mayoría de los cruces (un tramo de 140 millas entre Sásabe y Yuma, Arizona). Es más probable que el descenso en el tráfico indocumentado se deba al estancamiento de la economía estadunidense más que a cualquier otra cosa, incluyendo las campañas binacionales de advertencia o el reforzamiento en la vigilancia después de los ataques terroristas. La desesperación de la gente por pasar es tal que en el Valle Imperial los migrantes se están embarrando con lodo del río Nuevo (una de las corrientes de agua obviamente más contaminadas del mundo), esperanzados en que esto impida que la Patrulla Fronteriza los detenga, al no querer tocarlos.6 No eximo en absoluto de responsabilidad a los llamados polleros. Es necesario combatirlos más agresivamente, pero el gobierno estadunidense es el actor principal en una tragedia que se desenvuelve a diario. No voy a repetir aquí el argumento de que Guardián es un abuso del derecho a controlar la frontera, aún en el contexto de seguridad nacional. Basta decir que el derecho a controlar la frontera no es absoluto. Debe ser conciliado con la obligación de proteger la vida, tanto de los ciudadanos como de los indocumentados. Si el gobierno estadunidense intentara sellar los 3 mil 200 kilómetros de frontera, estaría en su derecho de hacerlo. Lo que no es aceptable es canalizar los migrantes a la muerte. ¿Vivos o muertos?
La cancillería llevaba años calculando que entre 80 y 90% de los migrantes no identificados eran mexicanos. Eso se replanteó en el comunicado con fecha 4 de julio, donde se suponía que el flujo centroamericano se había incrementado. Sin embargo, no hay motivo para creer fuera así. Todo lo contrario. Según la Patrulla Fronteriza, el número de centroamericanos detenidos a lo largo de la frontera durante el año fiscal 2002 se redujo en un 5%, comparado con el año anterior, algo lógico dada la puesta en funcionamiento del Plan Sur.7 Además, en los últimos ocho años los centroamericanos nunca han rebasado 2% de los detenidos en la frontera norte. En resumen, considero que la gran mayoría de los migrantes no identificados sigue siendo de origen mexicano. Grupos de apoyo al migrante llevan más de un año promoviendo ante la SRE la formación de un banco de datos para facilitar la comparación de la cuantiosa información que recaban los forenses estadunidenses con aquélla proporcionada por las familias de los desaparecidos. Incluso el Instituto Federal Electoral, con su enorme banco de huellas dactilares, podría incorporarse a este esfuerzo, igual que lo ha hecho para propósitos de la matrícula consular.8 También hemos instado a la Secretaría de Salud a que recurra a pruebas de ADN cuando no haya otra manera de identificar los restos mortales. Las masacres en Bosnia han impulsado el desarrollo de herramientas tecnológicas que podrían ser aplicadas en el caso de los migrantes.9 Ahora, en cuestión de minutos, el parentesco puede establecerse con alto grado de certeza, usando un hueso del difunto y una prueba de sangre de un pariente. El macabro hallazgo de restos mortales descompuestos en un vagón de tren procedente de México resalta la importancia de recurrir a esta opción. Claro, todo esto presupone lo esencial: que las familias sepan a dónde acudir para presentar sus denuncias. Piensan que tienen que desplazarse hasta la frontera y, una vez ahí, van a ciegas de lugar en lugar, solicitando información sobre sus desaparecidos. Hace falta una manera sistematizada para que los municipios y estados le hagan llegar estas denuncias a la SRE. Nuestras recomendaciones siguen sin respuesta. Los no identificados no enviarán remesas, pero son mexicanos en el exterior y hay una deuda con los que se vieron obligados a salir de su país. Se trata de devolverles sus nombres. Comencé por decir que rescatarlos del anonimato es una exigencia moral. Pero el que las autoridades no hagan los esfuerzos necesarios para identificar sus restos mortales también es una violación de los derechos humanos porque a los angustiados familiares se les niega el consuelo de sepultar dignamente a sus seres queridos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos así lo consideró en el caso de los niños de la calle (Villagrán Morales), algo que reiteró en el caso del guerrillero desaparecido (Bámaca Velásquez). Hay tantos otros temas que quisiera destacar, como el repunte de los rancheros con fama de cazamigrantes en Arizona. Pero los dejo con la imagen de la manta que colgamos en la barda frente al aeropuerto de Tijuana este 2 de noviembre. En la manta, un total de 2 mil 200 cruces forman la línea divisoria. La imagen de la frontera saturada de cruces es algo que realmente conmueve. ¿Cuántas más serán el próximo Día de Muertos? Eso es lo que me vengo preguntando desde hace ocho años. Y este Día de Muertos 700 familias no sabían siquiera si tenían un migrante que llorar. NOTAS 1. Véase Fox pide
perdón a centroamericanos, La Opinión, 14 de septiembre
de 2000.
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