Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 9 de diciembre de 2002
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Cultura
Eusebio Leal, principal encargado de la restauración de La Habana Vieja

''Inútil, rescatar el patrimonio cultural sin un enfoque de desarrollo social''

El especialista ofrecerá mañana en Casa Lamm una conferencia sobre su labor en Cuba

CLAUDIA GOMEZ HARO ESPECIAL PARA LA JORNADA

Al reflexionar sobre la trascendencia de nuestra arquitectura como expresión de identidad, se impone destacar que la extraordinaria ciudad de La Habana, hoy Patrimonio de la Humanidad, es ejemplo de ello. Como bien dice Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad desde 1967 y máxima autoridad para la restauración integral del Centro Histórico de La Habana: ''El sentimiento de amor a nuestra tierra sólo florecerá mediante el cultivo constante de la memoria, fuente de la verdadera identidad".

Así, en el contexto internacional del patrimonio histórico y monumental, La Habana Vieja es una joya peculiar.

Como historiador y conservador de La Habana Vieja, Leal Spengler ha trabajado de manera incansable por más de 30 años en su rescate integral. Formado en la escuela de historia, arqueología y antropología, enfocó sus esfuerzos, al inicio, a la óptica limitada de conservar sólo el patrimonio cultural. Sin embargo, hubo un momento en el que por la situación social y la crisis económica requirió de un nuevo enfoque, y es ahí precisamente que adquiere su verdadera dimensión:

''No puede haber restauración de patrimonio en nuestras ciudades latinoamericanas si ello no va unido a un enfoque de desarrollo social, de la familia, de las personas que habitan los centros históricos."

Sabemos que conservar el patrimonio cultural es altamente costoso desde el punto de vista económico, a tal extremo que muchos estados lo ven sólo como un gasto y no como una inversión. Sin embargo, el trabajo de Eusebio Leal ha demostrado que puede realizarse una inversión, sin vender, sin privatizar, una inversión de carácter espiritual, moral, a largo plazo. De ahí surgieron programas tan ambiciosos como aulas para niños en los museos, casas para los ancianos: búsqueda de la creación de puestos de trabajo, la necesidad de levantar junto al museo la escuela primaria, el hogar de la mujer y del niño... Y esto significa que hoy podemos hablar un lenguaje más amplio, más plural y más humano en cuanto a rescate, restauración y conservación se refiera.

Diez años de esfuerzo propio

A partir de 1993, contó con facultades para gestionar la restauración a partir de instrumentos económicos organizados para este fin. En esos momentos la restauración se concebía como mera ejecución de proyectos que se elaboraban desde el punto de vista técnico, pero costeados y sostenidos por presupuestos estatales. Quizás confiaban, un poco idealmente, en que tendría un peso sustancial la cooperación internacional y hoy, 10 años después, descansan fundamentalmente en su propio esfuerzo. La ley que les dio un esquema de autonomía les consolidó una personalidad jurídica y les permitió realizar actividades económicas que tuviesen como finalidad obtener fondos para la restauración. Entre dichas actividades se creó una red hotelera en el Centro Histórico con los hoteles que una vez fueron prestigiosos, cuando La Habana Vieja tuvo su esplendor, no ya como centro, sino como corazón de la ciudad. Se abrieron cafés, restaurantes, servicios públicos... Se restauraron los edificios viejos y se trabajó en la preparación y apertura de los museos, culminando este año con el Museo Nacional de Bellas Artes que comprendió la recuperación del majestuoso edificio que antes alojara a las Sociedades Asturianas de Cuba. Al noble empeño de recuperar este inmueble se añadió el propósito de convertirlo en sede definitiva de las Colecciones de Arte Universal.

Para un país pequeño y con grandes dificultades económicas agravadas por la hostilidad de quienes se oponen a que afirmen su identidad, este rescate representa un esfuerzo colosal.

De este modo, el proyecto de Restauración del Centro Histórico se fue encaminando hacia la autogestión y el autofinanciamiento. Tuvieron la autorización de cobrar un impuesto de cinco por ciento sobre la renta bruta de cualquier actividad pública o privada que se realizase. Esto les permitió tener un fondo que, además, se incrementó con las contribuciones del trabajo por cuenta propia, las donaciones y la venta de un sistema de bonos de la oficina del historiador de la ciudad. Es admirable. Se partió de la nada. En 1993, en octubre, sólo eran propietarios del suelo que pisaban. Ahora, diez años después, la oficina gestiona valores anuales del orden de más de 50 millones de dólares y maneja sus inversiones en el campo inmobiliario y en la administración de los edificios. A su vez, se restauran viviendas y se crean más de cinco mil puestos de trabajo en La Habana Vieja, renovando las escuelas, los centros médicos, el centro de atención a la mujer y el niño, hogares para ancianos, lugares para niños discapacitados y centros deportivos.

Eusebio Leal desarrolló tan loable proyecto con la asistencia de un sinnúmero de profesionales; arquitectos, estructuralistas, sociólogos, abogados, arqueólogos, historiadores y antropólogos sociales. En su trabajo, a fuerza de aplicar soluciones racionales, no perdió jamás la espiritualidad que ha sido el elemento esencial de su trabajo restaurador. Siempre se ha visto la restauración como algo que debe preservar el pasado, pero, en Leal, la visión es diferente: "...A mí me interesa la restauración como una forma de preservar el futuro. No hay que olvidar que el árbol más grande y frondoso vive de lo que tiene debajo, es decir, de la historia, la experiencia, la raíz, de la tradición impalpable, eso que se llama el patrimonio intangible."

En algunos de los principales rescates efectuados por Leal, vale la pena hablar de la iglesia de Reina. Esbelta y delicada, cargada de una riqueza ornamental neogótica que se expresa en pináculos, gárgolas y otros elementos característicos de ese estilo. La torre de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús -de Reina para los habaneros- se alza en medio del paisaje urbano como uno de los hitos más característicos, logrados y hermosos de la arquitectura religiosa cubana.

Lo nuevo de lo viejo

Eusebio Leal y su equipo han logrado realizar, en poco tiempo, una obra tan significativa, efectuada con absoluto respeto de las huellas y testimonios dejados en el tiempo, no sólo como recuerdo sino como voluntad para hacer surgir lo nuevo de lo viejo que deberá ser ejemplo para muchos otros proyectos de rescate en el resto de América.

Otro punto importante de mencionar es que, a treinta y cuatro años de realizada la primera excavación en los predios del Centro Histórico, el volumen de trabajos acumulados hasta hoy ha permitido consolidar lo que se llama arqueología histórica como una disciplina imprescindible para fomentar la reconstrucción física y espiritual de la parte más antigua de la ciudad. Esto permite que La Habana Vieja sea objeto hoy de un sistemático estudio arqueológico, como parte del ambicioso plan de rehabilitación que en ella se realiza. Los inicios de la arqueología Histórica se remontan a 1968, cuando se efectuaron excavaciones en la Casa de Calvo de la Puerta (Casa de la Obra Pía). En sus paredes se encontraron las primeras pinturas murales. La Casa de los Condes de Santovenia, hoy hotel Santa Isabel, representó, en 1989, la posibilidad de excavar en una zona primada de la ciudad, en contexto de tipo doméstico.

El trabajo de rescate integral de La Habana Vieja, encabezado por Eusebio Leal Spengler, ha sido merecedor del Premio Arpa FIL 2000. Parte de su labor la explicará en la conferencia magistral que dictará mañana martes 10 en Casa Lamm, en la que además se podrá apreciar la muestra fotográfica Desafío de una utopía sobre el proceso de rescate y restauración, y conocer la revista Opus Habana, editada por la oficina del historiador de la ciudad.

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