Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 22 de diciembre de 2002
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Cultura
En Aprendimos dando la viuda de Lázaro Cárdenas relata lo sucedido

Bloqueó Carlos Salinas el trabajo de Amalia Solórzano en favor de indígenas

Dedicó 20 años a labores de asistencia en la Mixteca oaxaqueña por influencia del general

YANIRETH ISRADE

La contundencia del general estremeció a su esposa. Lázaro Cárdenas era todavía presidente de México aquel 5 de abril de 1940 y asistía como invitado al Congreso Indigenista Interamericano. En su intervención, refutó: "No es exacto que el indígena sea refractario a su mejoramiento, ni indiferente al progreso. Si frecuentemente no exterioriza su alegría ni su pena, ocultando como una esfinge el secreto de sus emociones, es que está acostumbrado al olvido en que se le ha tenido; cultiva campos que no compensan su esfuerzo; mueve telares que no lo visten, construye obras que no mejoran sus condiciones de vida, derroca dictadores para que nuevos explotadores se sucedan y, como para él sólo es realidad la miseria y la opresión, asume una actitud de aparente indiferencia y de justificada desconfianza".

Amalia Solórzano de Cárdenas recuerda ese discurso como el detonador del trabajo social que más tarde, ya viuda, haría durante casi 20 años, de 1970 a 1989, en la Mixteca oaxaqueña, y que terminó, entre otras razones, porque lo obstaculizó el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y porque lo que ella hacía pudo usarse políticamente en contra de su hijo Cuauhtémoc, según narra en Aprendimos dando, libro publicado por Lexis Editorial con el doble propósito de documentar esa tarea de asistencia, pero también recabar recursos, pues el producto de la venta será destinado a la región.

La Mixteca fue uno de los lugares que más resintieron la desaparición del tata Cárdenas, a juzgar por la cantidad de cartas y mensajes, "escritos en papel rayado, cuadriculado, limpios o amarillentos", que doña Amalia recibió con el pésame por la muerte de su esposo. Eran tantas, relata en el libro, que decidió acudir personalmente para agradecer esas muestras, "ponerme a sus órdenes y ver si en algo podía mitigar esa ausencia.

"Pensé que venir así nomás a no hacer nada, a que lloraran conmigo, a que nada más me sacaran retratos con lamparitas, flores y banderas no era lo mejor. Había que hacer algo, como gestiones para terminar obras inconclusas que a la muerte del general seguían sin que nadie, ninguna autoridad, se ocupara de ellas.''

Al principio doña Amalia y un grupo de personas acudían una vez por año -en Día de Reyes- a distintos lugares de la Mixteca para cubrir con víveres y otros artículos la abrumadora pobreza de sus habitantes. Luego las visitas se multiplicaron.

"El comienzo fue difícil. En primer lugar, la gente no sabía si lo que le obsequiábamos se lo cobraríamos. Nos tiraban al suelo los rebozos, las cobijas, los comestibles. Con los niños, aunque eran huraños y tímidos, fue más fácil relacionarnos. Con el tiempo vimos que lo que querían era cariño y atención. Los dulces o un juguete eran el medio de acercanos a ellos. Los cuadernos, los lápices, las canicas, los cochecitos, los volvían locos..."

Doña Amalia aclara que no sólo entregaban artículos de primera necesidad, sino también gestionaban, por ejemplo, la instalación de luz en algún pueblo, o la creación de caminos, el levantamiento de una cerca, la construcción una escuela.

Amigos de la Mixteca, como se les conocía, colaboraron en esos años con el programa Fideicomiso de la Palma para la instalación de fábricas dedicadas a la elaboración de productos a base de ese material, un empeño que prosperó y contribuyó a la subsistencia de sus habitantes, pero de triste desenlance. "Les han quitado todo. Niños, mujeres y ancianos trabajan la palma con las manos, con gran agilidad, pues las fábricas están ocupadas por las maquiladoras coreanas de pantalón, con lo que se ha empobecido mucho más la Mixteca, porque la palma era su medio de vida.'' La situación del campo ha empeorado, concluye doña Amalia, y las autoridades no conocen ni entienden la zozobra de esas zonas "áridas, tristes y pobres", que albergan a tanta gente en la miseria.

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