Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 13 de enero de 2003
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Economía

MEXICO SA

Carlos Fernández-Vega

La revolución silenciosa en marcha

Los cambios en Economía y la cancillería

S I ALGUN REZAGADO TENIA dudas en torno del muy personal concepto presidencial de lo que debe ser un gobierno democrático (de empresarios, para empresarios y por los empresarios), el viernes anterior la situación le quedó más clara que el agua.

FUE EL PROPIO inquilino de Los Pinos el que informó a la nación que un avanzado pupilo del Banco Mundial "toma las riendas" de lo que en el gobierno del cambio califican de "política exterior mexicana", mientras que un empresario metido a gobernador y con el indeleble sello grupal made in Monterrey asumirá -el 15 de enero- la titularidad de una secretaría de Estado (la de Economía) que prometió crecimiento con calidad y que dos años después ni fu ni fa.

DESDE EL VIERNES anterior Luis Ernesto Derbez, que en la sangre lleva la pasión por contar chistes, despacha en Tlatelolco para mantener la "línea que nos hemos trazado en política exterior" (Fox dixit), sin que experiencia alguna en el delicado trabajo diplomático avale su nombramiento, por más que el presidente Fox pretenda construirle una "destacada carrera" en diversos organismos internacionales y una "reconocida trayectoria" en la promoción de las inversiones y las actividades comerciales.

ES COMPRENSIBLE QUE el presidente Fox no lo entienda así, pero no cabe duda que para manejar la Secretaría de Relaciones Exteriores se requiere muchísimo más que haber sido un mediano funcionario del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, con programas específicos (todos ellos económico-financieros) en algunos países asiáticos, africanos y latinoamericanos, o haber sido un exitoso vendedor del país. Como lo marca la experiencia más reciente, tampoco la academia ni el bamboleo ideológico fueron suficientes para el manejo de la "línea de política exterior", según afirmación oficial. La doctrina Estrada, pues, nos agarre cobijados.

COBIJADOS TAMBIEN SE encuentren los sectores productivos de este heroico país con la llegada de Fernando Canales Clariond a la Secretaría de Economía, un dicharachero empresario que en el Partido Acción Nacional encontró (en 1978) su "cauce" político, agrupación que lo nominó como su candidato al gobierno de Nuevo León en dos ocasiones: 1985 y 1997, fallida la primera, efectiva la segunda.

POCO DESPUES DE asumir el gobierno de aquella entidad, a Fernando Canales Clariond le explotó en las manos la intervención, por parte de la comisión Nacional Bancaria, del Grupo Financiero Abaco-Confía, como resultado de los manejos fraudulentos detectados, especialmente los de su entonces presidente Jorge Lankenau Rocha, quien desde entonces es inquilino del penal de Topo Chico.

EL AHORA EX GOBERNADOR de Nuevo León fue integrante del consejo de administración de la casa de bolsa Abaco, institución que en el proceso reprivatizador de la banca resultó ga-nadora en la "licitación" de Banca Confía, fundando en 1932 por Aarón Sáenz Garza, otro hijo predilecto de Monterrey y en su momento también titu- lar de la Secretaría de Comercio, abuelita de la de Economía. Autorizado el grupo financiero, Canales Clariond compartió responsabilidades en el nuevo consejo de administración con, entre otros, su hermano Marcelo, Lankenau Rocha, Eduardo Camarena Legaspi, Mauricio Fernández Garza, Alejandro Junco de la Vega, Eduardo Leaño Espinosa, José Maiz García, Ignacio Santos de Hoyos, Felipe Benavides Pompa, Alberto Fernández Garza y Sergio Reyes Retana.

FELICES POR EL nuevo negocio, los nuevos propietarios de Banca Confía, encabezados por Jorge Lankenau Rocha, presumían que alrededor de tres mil accionistas y 32 familias (mayoritariamente de Guadalajara y Monterrey) gozarían de los beneficios. Poco después, los cien millones de mexicanos se enteraron que dichos beneficios, en realidad, serían para ellos a través del Fobaproa. En 1998, Banca Confía fue vendida a Citibank, con todo y pagarés.

A CANALES CLARIOND, sin embargo, no siempre la ha ido mal en los negocios. En otras etapas, junto con su familia, ha participado exitosamente en empresas como Tubacero, Cydsa, Imsa, Anglo Mexicana de Seguros, Seguros América, las casas de bolsa Inverlat, Probursa y Abaco (las tres compradoras, en su momento, de los bancos Comermex, Mercantil de México y Confía, respectivamente; los tres, dicho sea de paso, rescatados por el Fobaproa y después adquiridos por capital extranjero), Empaques de Cartón Titán, AC Mexicana, Visa, Compañía Industrial de Parras y Cementos del Norte. Más recientemente, el gobierno de Nuevo León y ahora la Secretaría de Economía.

LO INTERESANTE DE todo es que, con sus matices, la historia se repite. Sólo para ilustrar, y guardadas todas las proporciones, vale la pena recordar parte de las hazañas de Aarón Sáenz Garza, en cápsula de archivo: fundador de la fortuna familiar, fue prototipo del político revolucionario también exitoso en los negocios. En Piedras Negras se afilió a la Revolución en 1913 a raíz de la Decena Trágica. Fue teniente del estado mayor de Alvaro Obregón; ascendió a jefe de estado mayor de Obregón y su secretario particular, cuando el manco ocupó el Ministerio de la Guerra; diputado federal, enviado extraordinario y plenipotenciario a Brasil (1918); secretario de Relaciones Exteriores (1921-1922); jefe de la campaña política para la relección de Obregón (1928); gobernador de Nuevo León (1927-1930); secretario de Educación Pública (1930) y de Industria, Comercio y Trabajo (1931); jefe del Departamento del Distrito Federal (1932-1934) y presidente de la Asociación Azucarera Nacional, del Banco Azucarero y de la Asociación de Productores de Alcohol, siendo uno de los grandes propietarios de centrales azucareras. El más exitoso de los políticos de los años 20 y 30 (cuatro veces secretario de Estado) que llegara a la cima del mundo empresarial, Sáenz entró al negocio de la construcción y el azúcar y más tarde fundó el Banco de Industria y Comercio. Vinculado a los negocios con Plutarco Elías Calles, una de sus hermanas casó con un hijo del jefe Máximo; otra, con Julio Hirschfeld Almada, un industrial-funcionario público, cuyo hijo se casó con un miembro de la familia Calles, en tercera generación.

México, pues, inmerso en el cambio y con la revolución silenciosa en marcha.

Las rebanadas del pastel:

UN FUERTE Y SOLIDARIO abrazo para Andrés Manuel y sus hijos, por el sensible fallecimiento de su esposa, Rocío Beltrán Medina.

cfv@jornada.com.mx

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