265 ° DOMINGO 19 DE ENERO DE 2003
Hacia un Nuevo Orden Mundial
El ascenso del
continente fortaleza

NAOMI KLEIN*

Presenciamos el surgimiento de un auténtico nuevo Nuevo Orden Mundial.
Ahora, las divisiones se dan entre los continentes fortaleza y los países que éstos dejaron fuera, de los cuales, ni la mano de obra barata es requerida.
Un continente fortaleza es un bloque de naciones que suman fuerzas para extraer condiciones comerciales favorables de otros países, mientras patrullan las compartidas fronteras externas para mantener a la gente fuera. Pero si un continente toma en serio aquello de ser una fortaleza, también tiene que invitar a uno o dos países pobres a estar dentro de sus paredes, porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
La Unión Europea ya puso la pauta, ahora Washington construye una especie de fortaleza de tres pisos, en la cual Estados Unidos manda, Canadá y México fungen como guardias y los trabajadores mexicanos son desterrados a los cuartos de la servidumbre

Ilustración de Rosario Mateo C.BUENO, PUDO HABER SIDO CIERTO. Eso fue lo que la senadora Hillary Clinton tuvo que decir tras enterarse de que cinco paquistaníes no se colaron a Estados Unidos a través de Canadá para hacer explotar a Nueva York la víspera del Año Nuevo. Y es que nunca estuvieron en Estados Unidos, y no eran terroristas, y todo fue un sueño inventado por un hombre que vive de falsificar pasaportes.

En el clímax de la búsqueda de los imaginarios no-terroristas del profesional de la mentira, Clinton le echó la culpa a Canadá y a su “no patrullada y no supervisada” frontera. Pero aun cuando el engaño salió a la luz, Clinton no rescindió la acusación: Debido a que la frontera canadiense es tan porosa, razonó, “este engaño parece demasiado creíble”.

Fue, en otras palabras, un engaño útil, y ayudó a los ciudadanos estadunidenses a percibir qué tan inseguros están realmente. Y eso es útil, especialmente si eres uno de los cada vez más numerosos economistas, políticos y estrategas militares del libre mercado que empujan a la creación de la “Fortaleza TLCAN”, un perímetro de seguridad continental que abarca desde la frontera sureña de México hasta la norteña de Canadá.

Un continente fortaleza es un bloque de naciones que suman fuerzas para extraer condiciones comerciales favorables de otros países, mientras patrullan las compartidas fronteras externas para mantener a la gente fuera de esos países. Pero si un continente toma en serio aquello de ser una fortaleza, también tiene que invitar a uno o dos países pobres a estar dentro de sus paredes, porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio y pesado.

Se trata de un modelo innovado en Europa, donde, en la actualidad, la Unión Europea está en expansión para incluir 10 países pobres del bloque del este, al mismo tiempo que usa métodos de seguridad cada vez más agresivos para negar la entrada a los inmigrantes de los países aún más pobres, como Irak y Nigeria.

La frontera se mueve

Hicieron falta los sucesos del 11 de septiembre para que Norteamérica se aplicara en serio a construir su propio continente fortaleza. Tras los ataques, simplemente construir paredes más altas en las fronteras canadiense y mexicana en la era TLCAN no era una opción para Estados Unidos; la comunidad de los negocios no lo soportaría. General Motors asegura que por cada minuto que sus camiones se demoran en la frontera Canadá–Estados Unidos pierde alrededor de 650 mil dólares.

En la otra frontera estadunidense, docenas de industrias, desde la agrícola hasta la de construcción, dependen de los trabajadores mexicanos “ilegales”. Este es un hecho que no pasa desapercibido para George W. Bush, quien sabe que, después del petróleo, la labor inmigrante es el combustible con el que la economía del sudoeste camina. Si de repente detuvieran el flujo, el sector comercial se rebelaría. Así que, ¿cómo le puede hacer un gobierno tan salvajemente a favor de los negocios y a la vez obsesionado con la seguridad?

Fácil: mueve la frontera. Transforma las fronteras mexicana y canadiense en glorificadas casetas de inspección y acordona todo el continente, desde Guatemala hasta el Círculo Artico. Los funcionarios de Bush no hablan mucho sobre la fortaleza continental, prefieren términos como “área norteamericana de confianza mutua”. Pero lo que está en construcción es un perímetro de seguridad dirigido por Estados Unidos.

Durante el año pasado, Washington presionó a Canadá y a México para que homogeneizaran sus leyes de refugiados, de inmigración y de visas con las políticas estadunidenses. Y en julio de 2001, el presidente mexicano Vicente Fox presentó el Plan Sur, una inmensa operación de seguridad en la frontera sur de México, a la cual los expertos en migración se refieren como “la migración sureña” de la frontera estadunidense.

Bajo el Plan Sur, el gobierno mexicano deportó a cientos de miles de personas, en su mayoría centroamericanos, que iban en camino a Estados Unidos. Y Estados Unidos ha proveído gran parte de los fondos para este plan.

El año pasado, en un extraño incidente, los guardias mexicanos atraparon a un grupo de refugiados indígenas que iba a Estados Unidos, lo llevó en camión a un escuálido centro de detención de refugiados en Guatemala, y Washington pagó el costo (8.50 dólares diarios por detenido).

Fox esperaba ser recompensado por patrullar la no declarada frontera sureña estadunidense. Antes, su optimismo tenía fundamento. Apenas el 6 de septiembre de 2001, Bush prometió “normalizar” la situación de alrededor de 4.5 millones de mexicanos que viven ilegalmente en Estados Unidos. Sin embargo, tras el 11 de septiembre, la situación de estos trabajadores se volvió aún más precaria.

Esto apunta a otra verdad sobre los continentes fortaleza: estar dentro puede ser mejor que ser dejado fuera, pero no es ninguna garantía de estar en una situación entre iguales. Washington está construyendo una especie de fortaleza con tres pisos, en la cual Estados Unidos manda por decreto, Canadá y México sirven como guardias y los trabajadores mexicanos son desterrados al equivalente continental de los cuartos de la servidumbre.

Del otro lado del Atlántico, un proceso similar de tres pisos está en proceso.

Dentro de la Fortaleza Europa, Francia y Alemania son la nobleza, y los poderes menores, como España y Portugal, son los centinelas. Polonia, Bulgaria, Hungría y la República Checa son los sirvientes posmodernos que proveen las fábricas de salarios bajos, donde la ropa, los aparatos electrónicos y los automóviles se producen al 20–25% de lo que costaría hacerlos en Europa occidental –son las maquiladoras de la Unión Europea–.

Mientras tanto, los enormes viveros del sur de España ya dejaron de contratar a marroquíes para cosechar fresas. En su lugar, dan los empleos a los polacos y rumanos de tez blanca; mientras, las lanchas motoras equipadas con sensores infrarrojos patrullan la costa e interceptan barcos con norteafricanos. Cada vez más, la Unión Europea hace de los “acuerdos de repatriación” una condición explícita en los nuevos tratados comerciales: tomaremos sus productos, le dicen los europeos a los países de Sudamérica y Africa, siempre y cuando podamos mandar a su gente de regreso.

Lo que presenciamos es el surgimiento de un auténtico nuevo Nuevo Orden Mundial, uno mucho más darwiniano que el Primer, Segundo y Tercer Mundo. Las nuevas divisiones se dan entre los continentes fortaleza y los países excluidos. De las naciones a las que les cerraron la puerta, ni siquiera su mano de obra barata es requerida; estos países, que fueron dejados fuera, ante las puertas, ruegan por un precio medianamente razonable para el trigo y los plátanos.

Dentro de los continentes fortaleza se maquina una nueva jerarquía social que reconcilie las aparentemente contradictorias prioridades políticas de la era post-11 de septiembre. ¿Cómo tener fronteras herméticas y mantener el acceso a mano de obra barata? ¿Cómo expandirse en función del comercio y aún así satisfacer el voto anti–inmigrante? ¿Cómo mantenerse abierto a los negocios y cerrado a la gente?

Fácil: Primero, expande tu perímetro. Luego, pon el candado.

*Naomi Klein es la autora de No Logo y Fences and Windows.

(Traducción: Tania Molina Ramírez. Copyright 2003 Naomi Klein. Una versión de esta columna fue previamente publicada en The Nation)