Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 20 de enero de 2003
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Sociedad y Justicia
ENTREVISTA  JULIANA GONZALEZ VALENZUELA PROFESORA EMERITA DE LA UNAM

El mercado de humanos sería lo más aberrante

CLONAR A UNA PERSONA HOY DIA, "PREMATURO E IRRESPONSABLE"

La también presidenta del Comité de Etica del Consorcio Promotor del Instituto de Medicina Genómica analiza los problemas éticos y filosóficos que plantea la clonación y advierte sobre los riesgos que conlleva este avance científico-técnico

KARINA AVILES

Juliana González Valenzuela, profesora emérita de la Facultad de Filosofía y Letras (FFL) de la UNAM y presidenta del Comité de Etica del Consorcio Promotor del Instituto de Medicina Genómica, advierte que una de las posibilidades "más amenazantes de la clonación" de seres humanos es la creación de un mercado de personas que negaría absolutamente su condición humana.

Se trata, dice, de "la posibilidad de que mi clon (o mis clones) pueda ser 'repuesto biológico' de mí mismo, que permita mi regeneración y una cuasi 'inmortalidad'. ¿Llegará a tal grado la patología narcisista del humano? Pues una cosa es el afán de inmortalidad y de sobrevivir en los 'vástagos', particularmente en los clones. Otra, en cambio es la instrumentalización y cosificación de éstos: la negación absoluta de su condición humana", expone.

juliana-glezGonzález Valenzuela, quien es de las pocas filósofas en México que se han dedicado a reflexionar y analizar los problemas éticos y filosóficos que plantean las nuevas técnicas de la ciencia, como la clonación, señala contundente: "El mercado de humanos sí sería lo más humanamente aberrante".

En un cuestionario que respondió por escrito a La Jornada, la autora de El poder de Eros: Fundamentos y valores de ética y bioética, habla del significado filosófico y ético que tendría la clonación humana en un previsible futuro en que ésta fuera científica y técnicamente factible por haber eliminado al máximo los riesgos, pues actualmente, precisa, los únicos criterios autorizados, que son los provenientes de la ciencia, indican que no es posible efectuarla por los altos peligros que conlleva.

En este contexto, no de "hoy" sino de "mañana", en que la clonación reproductiva fuera viable por los motivos antes expresados, "el rechazo no se produce por mero conservadurismo, ni sólo por motivaciones religiosas, sino también por razones científicas, filosóficas y sociales", apunta.

González Valenzuela, integrante del Instituto Internacional de Filosofía, manifiesta que quienes se oponen a la clonación de humanos ponen el acento en los derechos humanos de quienes nacieran mediante esa técnica: los clones. "Hacen un esfuerzo por imaginar, reflexionar, cuál sería su condición psicológica, ética, jurídica e incluso ontológica, su autoconciencia y las vivencias que tenga de sí mismo quien ha nacido por clonación."

Además, llama la atención sobre el carácter repetitivo del clon -por ser una copia del programa genético del cual ha sido clonado- y la mengua de su identidad. Así, esta forma de reproducción sería un "atentado a la identidad de la persona humana y con ello a su esencial dignidad, a su intrínseca condición de ser único y autónomo que define al ser humano en su propia esencia. Y al carecer de identidad, el clon tendría serios conflictos e incluso daños irreversibles de orden sicológico, moral y social".

Quienes defienden la clonación humana apelan al derecho a la libre reproducción que tiene todo ser humano y parten del reconocimiento de que la identidad genética no es absoluta porque si bien nuestros genes nos determinan indudablemente, también nos determina el ambiente, la situación histórica, educativa, cultural, económica y familiar. Visto así, lo idéntico de los clones a su progenitor sería su genética, pero no su historia, no su identidad personal y social.

Sin embargo, añade, esto no parece ser suficiente porque también hay otros cuestionamientos que derivan del problema de la biodiversidad humana, que no es tan sólo un hecho crucial para la biología, sino también para la antropología filosófica o la ontología del hombre, no se diga para la ética.

Biológicamente, agrega, la clonación humana no contribuiría a tal biodiversificación, aunque a juicio de algunos de sus defensores sí a la estabilidad genética. "Además, insistirían en que no se trata sólo de la vida biológica, sino de la vida humana: bio-sico-social, bio-ético-cultural. La diversidad, la diversificación, la alteridad pueden y deben asegurarse por la vía ético-cultural, al igual que la identidad."

Diferencia esencial

La filósofa destaca que en todo este debate es fundamental no contribuir a la confusión entre clonación con fines terapéuticos y la de fines reproductivos.

Esta diferencia, precisa, no es superflua, sino esencial. En la terapéutica se clona para dar lugar a un embrión o prembrión de unas cuantas células que sobrevive un máximo de 14 días y que de ningún modo es implantado en el útero para que se desarrolle como organismo completo. Su objetivo es disponer de las llamadas "células madre" o "troncales", cuyo poder regenerativo y curativo es excepcional si provienen del organismo clonado.

En la clonación reproductiva se persigue la gestación y el nacimiento de un humano. "En la investigación terapéutica, el prembrión será destruido, mientras que en la clonación reproductiva lo que se busca es su crecimiento y su vida."

La confusión entre ambas se ha prestado a valorar la investigación terapéutica con argumentos negativos que "son aplicables a la clonación reproductiva, generando un enorme perjuicio a la investigación científica y médica", expresa.

Para la ciencia y la tecnología, que son los únicos criterios autorizados para saberlo, la técnica de la clonación reproductiva, actualmente, "no es posible". Cualquier intento por realizarla hoy es "prematuro" e "irresponsable" por los riesgos no sólo de que surjan "monstruosidades sino de graves daños a la salud, a la vida y a la dignidad de los humanos", aclara.

Hoy día, el margen de error y sus "catastróficas consecuencias" es de tal magnitud "que ni por razones científicas, ni éticas, ni humanas, se puede permitir". Lo anterior es lo que hace de verdad alarmante que surja una secta o cualquier otro grupo que, al margen de la comunidad científica, decida llevar a cabo la clonación humana.

Independientemente del "fraude" que parece haber en el anuncio de los primeros clones por parte de la secta raeliana, lo preocupante es que pueda existir un "grupo de granujas" que se lance por la libre a hacerlo y lo logre eventualmente con toda la irresponsabilidad y los graves riesgos que conlleva, alerta.

Frente a toda esta polémica es necesario, por un lado, realizar una vasta y profunda reflexión colectiva, "un verdadero debate plural y racional que analice cada arista del problema y tome decisiones con criterios científicos y éticos, fieles a los valores y derechos humanos, libre y comunitariamente asumidos".

Por otro lado, en caso de que se llegue a validar e incorporar socialmente la reproducción por clonación, "ésta habrá de ser complementaria y muy probablemente minoritaria. Además de estar sujeta a regulaciones muy precisas, tanto morales como legales que aseguren el desarrollo de la identidad y de la diversidad humanas, del respeto a la dignidad y libertad de los clones, de modo que se trasciendan los narcisismos y sobre todo, las nuevas modalidades de dominio y esclavitud, de vasallaje y cosificación de los seres humanos".

González Valenzuela señala que acaso lo que sí llegue a ser posible y "eventualmente justificable", sea la clonación de tejidos y órganos de "partes" corpóreas que funcionen como repuestos o refacciones, pero de ninguna manera podría tratarse de un ser humano completo, estructurado en su todo orgánico, con carácter de persona. "Ni tampoco, desde luego, puede ser éticamente admisible la comercialización de la vida humana. 'El mercado de humanos' sí sería lo más humanamente aberrante", subraya.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
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