La Jornada Semanal,   domingo 26 de enero del 2003        núm. 412
Thomas Macho

Una nueva imagen de la Antigüedad grecolatina

Dedicamos este número a la admirable poesía griega moderna. Cayetano Cantú nos habla de Kostís Palamás, poeta nacional en su momento, y traduce algunos de sus poemas. Hace lo mismo con el poeta nacional de Chipre, Yorgos Moleskis y vierte al español por primera vez sus poemas insulares y ansiosos de encontrar oídos atentos. Francisco Torres Córdova nos traduce tres textos de Odysseas Elytis sobre los poetas Embirikos, Seferis y Sikelianós. Thomas Macho, por su parte, reflexiona sobre la nueva imagen del viejo ­y siempre joven­ mundo grecolatino. Todas estas voces, como dice Elytis al hablar de Sikelianós, “se llenan de Grecia e incesantemente Grecia se llena de ellas”.

A partir de recientes investigaciones interdisciplinarias, especialmente en los ambientes académicos franceses y anglosajones, la imagen de la Antigüedad griega se está transformando: en el centro de la atención están ahora la vida cotidiana y las formas del conocimiento; se valoriza más que antes la influencia de pueblos africanos y asiáticos en la formación de la cultura griega. En Alemania ­donde el filohelenismo inspiró creaciones culturales extraordinarias durante más de doscientos años­ estas nuevas investigaciones aún tiene una escasa recepción.

UNA NUEVA IMAGEN DE LA ANTIGÜEDAD
QUE NADIE VE

La imagen de la Antigüedad ha cambiado fuertemente en las décadas recientes, si es posible, más que desde el siglo xviii. Las idealizaciones humanísticas se relativizaron y se corrigieron o, por lo menos, se cuestionaron las perspectivas acostumbradas. Los clichés de la serenidad griega y de los orígenes helénicos de la ciencia occidental han perdido su vigencia a favor de un enfoque más realista que el anterior, mismo que siempre abarcaba un lapso de tiempo demasiado prolongado para que sea llevado a la ligera a una conceptualización.

Desde el Renacimiento, la Antigüedad ­en total oposición a la autovaloración de los escritores antiguos, desde Hesíodo hasta Ovidio­ había alcanzado el rango de "edad de oro", en la que dominaban todas las virtudes: belleza, heroísmo trágico, lealtad para con la patria, moralidad, valor y sabiduría filosófica. Todo lo que no parecía coincidir con esta imagen predeterminada fue ignorado. Historiadores del arte como Johann Joachim Winckelmann o estudiosos del lenguaje como Wilhelm von Humboldt alabaron la claridad y el orden de la escultura o de la lengua griegas, mientras filósofos como Hegel o poetas como Hölderlin homenajearon al espíritu de la Antigüedad griega con verdadero fervor religioso. Tanto en la Ilustración como en el Romanticismo, la Antigüedad se proyectó como la imagen opuesta a la oscura Edad Media. Dionisio, "el nuevo Dios", triunfó sobre Jesucristo. Incluso un filósofo de formación lógico-matemática como Alfred North Whitehead pudo afirmar ­más tarde­ que, mirándolo bien, toda la historia de la filosofía consistía sólo en notas al pie de página de la obra de Platón.

Esta imagen humanista ilustrada de la Antigüedad se modifica dramáticamente; dicha transformación se produce en las investigaciones internacionales desde hace mucho tiempo; en el ámbito de la lengua alemana, sin embargo, todavía se percibe muy poco. En Alemania el interés en las grandes culturas oscila entre perspectivas humanistas antiguas y de formación cívica y filmes populares que van desde Ben Hur hasta Gladiator de Ridley Scott, en las cuales todavía los romanos superan a los griegos en la simpatía del público. ¿De dónde nace esa predilección por la antigua Roma? ¿Por qué todavía nadie ha filmado la guerra del Peloponeso, aún cuando existe el guión de Tucídides desde hace miles de años?, y ¿por qué hay tantos filmes sobre el proceso y la ejecución de Jesús, y sin embargo ni una sola película ­hasta donde sé­ sobre el proceso y la ejecución de Sócrates?

Preguntas ociosas. Los especialistas defienden desde hace tiempo una imagen de la Antigüedad con una nueva orientación. Por dar un ejemplo, el Encheiridión, la introducción programática de Der neue Pauly ­la edición radicalmente revisada de la Realencyklopädie der classischen Altertumswissenscaft (la Real Enciclopedia de la Antigüedad Clásica)­, menciona los puntos esenciales que se han considerado con mayor énfasis: la historia del antiguo Oriente y la era bizantina, la historia económica, la historia social y la historia de lo cotidiano, así como la historia de la recepción y la historia de la ciencia. En cuanto al método se intenta una equivalencia de testimonios de fuentes verbales, ópticas y materiales: textos, artefactos, instrumentos y notaciones musicales o matemáticas.

UNA ATENAS NEGRA ILUMINA
A LOS HELENOS

Sin embargo, la cuestión de los orígenes de la Antigüedad se enfrenta a una resistencia muy arraigada por parte de un público que todavía quiere seguir creyendo en la incomparabilidad y la irrepetibilidad de la cultura grecorromana. Lo que pasa es que la sospecha de que la "Antigüedad clásica" es, en esencia, producto de una construcción cultural, ya no se deja refutar fácilmente, al menos desde la tan controvertida como revolucionaria investigación acerca de la Atenea Negra de Martín Bernal. La lucha de los griegos por su libertad contra el Imperio Otomano ocurrida en 1821 llevó a científicos como Wilhelm von Humboldt, o a poetas como Percy Bysshe Shelley o Lord Byron, a una trascendental polarización: cultura contra barbarie, Grecia contra Asia. Naturalmente, la historia de Europa se hizo remontar entonces a una Antigüedad griega cada vez más idealizada y "libre" de cualquier influencia extranjera.

Este interés se apoyó en la tesis de que la cultura y la lengua de los griegos apenas habrían sido fundadas con una invasión proveniente del noreste en el segundo milenio antes de Cristo. En realidad Bernal no refuta esta tesis, sino que la invierte completamente, al afirmar que las expansiones de las tribus guerreras en movilización no habrían transmitido la propia cultura, sino siempre la cultura dominante de aquellas tierras y regiones que habrían conocido en sus expediciones de conquista. Es por eso que con los normandos habría llegado a Inglaterra no tanto una cultura escandinava, sino más bien la cultura francesa. Por ello también los hunos habrían propagado antes que nada la cultura germánica. Bernal deduce por analogía que los hicsos simplemente habrían acelerado la transmisión de la cultura egipto-semítica mediterránea a Creta y Grecia. Atenas sería entonces una legítima heredera de diosas madres mediterráneas: de Isis a Astarte.

Bernal, quien trabaja en la Universidad de Cornell com Government como profesor de sinología y últimamente también de historia antigua del Cercano Oriente, ha despertado gran animosidad debido a su tesis afrocentrista. Sin embargo, las relaciones con Egipto y las raíces egipcias de la cultura griega ya les eran conocidas por Hesíodo y Herodoto; se les adjudican a pensadores de gran influencia como Pitágoras o Platón estancias en Egipto o viajes de estudio a la tierra de los faraones. En su tratado Sobre Isis y Osiris, afirma Plutarco ­un antiguo sacerdote del oráculo de Apolo en Delfos­, implícitamente, que hay una estrecha relación entre los mitos de la teogonía egipcios y griegos.

SACRIFICIOS RITUALES Y COCINA GRIEGA

Así que mientras ya temprano parecía plausible una transferencia de conocimiento de Egipto hacia Grecia, la influencia mesopotámica sobre la formación de la Antigüedad clásica se examinó con mucho menos intensidad, aparte de un efímero compromiso de los babilonistas a principios del siglo xx. Algunos de los logros que hasta en su terminología se atribuían directamente a los griegos ­para citar un ejemplo, el descubrimiento de los diecinueve años solares denominado ciclo metónico, en honor al astrónomo heleno Metón, el cual corresponde casi exactamente a 235 meses lunares­, probablemente eran ya conocidos por la ciencia babilónica. No obstante, desde hace un par de años se discute de nuevo formalmente el Legacy of Mesopotamia, título de un volumen publicado en 1998.

El desarrollo de una nueva imagen de la Antigüedad también se favorece a través del cultural turn en las humanidades y ciencias afines. En contraste con el anterior debate entre los investigadores de los mitos y de los rituales, el discutido cambio de paradigma ahora como antes, lleva al centro de la atención no sólo la vida cotidiana, sino también la variedad de formas de conocimiento y de las técnicas culturales de las grandes civilizaciones antiguas. Así, Marcel Detienne y Jean Pierre Vernant, este último fundador del Centro de Investigaciones Comparadas sobre las Sociedades Antiguas parisino, interpretan los sacrificios griegos de animales como regulación social de la distribución de carne: no se enfatiza el sentido del sacrificio hacia lo cultural-religioso, sino el sentido político-alimentario.

Hace tiempo, el etnólogo suizo Karl Meuli había introducido la hipótesis de que los sacrificios tenían que ver con un orden colectivo de comidas a base de carne; en una disertación sobre la costumbre de los sacrificios griegos afirmó que el sacrificio olímpico no era nada más una matanza ritual. También Walter Burket afirmó que para los judíos y para los griegos era válido que el sacrificio de animales apuntara prioritariamente hacia la comida. Sin embargo, dichas indicaciones, a diferencia de las especulaciones antropológicas de Burket en Homo Necans o bien en Lo sagrado y la violencia de René Girard (1972), no han sido acogidas suficientemente. De todo modos La cuisine du sacrifice (1979) aún no ha sido, como muchas otras obras de Vernant y su escuela, traducida al alemán y otras lenguas.

Debemos los nuevos conocimientos sobre la Antigüedad a la historia de la ciudad y a la historia de la agricultura, a la historia de la técnica y a la historia de la ciencia, a la historia social y a la historia de la economía, también, y sobre todo, a la historia de la escritura y de los medios. El avance en el sistema de notación, desde la escritura cuneiforme hasta el alfabeto griego, representa muchas preguntas nuevas para los científicos de la cultura. ¿Qué fue primero, los signos numéricos o los caracteres escritos? ¿Dentro del alfabeto griego cómo se pueden convertir letras en notas musicales? ¿De qué manera ocurrían la producción y el intercambio en los diferentes portadores de escritura con respecto a la diferencia entre materiales específicos, pero también respecto a la diferencia entre objetos tridimensionales y bidimensionales? ¿Cómo se hizo la transición de la poesía oral a la poesía escrita, como lo ha tratado el filólogo de la literatura griega Eric A. Havelock en The Muse Learns to Write?

Una fascinante Antropología de la lectura en la antigua Grecia la debemos al discípulo de Havelock, Jasper Svenbro, quien trabaja también en el Instituto Pierre Vernant en París. Partiendo del análisis de epígrafes griegos, desarrolló hipótesis innovadoras sobre la historia de la lectura y la formación de una "voz interna". Mientras que hasta hace poco dominaba la idea de que una "lectura silenciosa" se hubiera establecido muy tardíamente, Svenbro intentó demostrar en su material el dominio y la práctica de las lecturas mudas ya en la Antigüedad clásica.

MANERAS TRÁGICAS
DE MATAR A UNA MUJER

Uno de los argumentos de Svenbro es la metaforización de la diferencia de los sexos en Grecia. Muchos impulsos para una nueva visión del mundo antiguo provinieron de la investigación de género. En publicaciones recientes, la acostumbrada alternativa ­o se guarda una discreta distancia respecto de las cuestiones sobre el trato de los sexos diferentes o se hace una crítica polémica de la "toma de poder del patriarcado"­ ya se hace a un lado y de modo consecuente, como lo demuestran, para dar un ejemplo, las obras de Nicole Loraux. Por desgracia, sólo dos libros de esta autora se han traducido, y además se agotaron en pocos años: El luto de las madres (1992) y Maneras trágicas de matar a una mujer (1993).

En cambio, los debates sobre una evaluación nueva de la historia de Troya han encontrado mayor atención. A partir del reinicio de las excavaciones en 1988, se han publicado numerosas introducciones y muchos tomos de fotografías, algunos con especulaciones e hipótesis curiosas. La tesis de que Troya fue el centro político-cultural de una gran cultura de la época de bronce, establecida por el geoarqueólogo Eberhard Zangger, apenas investigada hasta ahora, o sea, la Atlántida propiamente dicha, y que habría de caracterizar la guerra de Troya como una lucha con enormes recursos por el poder (como una "guerra mundial", de hecho), no convenció a muchos, mas también hizo ver que ­y por qué­ ciertas cuestiones no pueden resolverse solamente mediante estudios especializados, desde la modestia y la prudencia de cada disciplina científica.

Lo que hace las tesis de Zangger tan sugestivas y fascinantes para el público, es el valor para delinear una visión de conjunto, el plan de un contexto grande, y también el valor para bosquejar la polémica, contra una cierta hiperespecialización que ­según el autor­ había llevado a la pérdida de las cuestiones originales. Después de muchos años de trabajos empecinados de traducción y de reconstrucción en detalle, se llegó a la nueva visión del mundo antiguo gracias a un revigorizado valor para la síntesis, para un modo de pensar en síntesis, lo que en el mundo mismo de los antiguos había existido también. De hecho, en las grandes culturas de la Antigüedad, la política, el arte, la ciencia y la religión formaban una unidad. Recordemos que Pitágoras fue fundador de una religión y matemático al mismo tiempo, que a Platón le gustaba narrar mitos en los puntos clave de sus diálogos filosóficos, que la astronomía se hacia en el ámbito de la interpretación de oráculos y de la astrología. Todo eso arroja luz a las formas de organización de las culturas del conocimiento pasadas.

CUANDO LA RELIGIÓN Y LA CIENCIAVAN POR EL MISMO CAMINO

El Proyecto Troya, dirigido por Manfred Korfmann, es sólo un ejemplo de la eficiencia de las investigaciones orientadas de modo interdisciplinario. Otro ejemplo fue ofrecido una década antes por el historiador de las religiones David Ulansey, con su propuesta de plantear la pregunta en torno al origen de los misterios del Mithras en el marco de una integración sistemática de astronomía antigua, iconografía y filosofía. Ulansey afirmó que el culto de Mithras habría transmitido el innovador conocimiento astronómico de la movilidad de las esferas en lugar de estrellas estáticas fijas, o sea el avance del punto en el cual el sol sale al equinoccio de primavera que desde Hiparco de Nicea (en el siglo II antes de Cristo) se había analizado teóricamente.

Ulansey pudo elaborar esta tesis no sólo mediante el estudio de los textos originales, sino además por una interpretación igualmente cuidadosa de los motivos pictóricos y de la historia de la ciencia astronómica. Independientemente de que sus tesis resistan, al menos demuestran las posibles conexiones entre ciencia exacta, religión, arte y política del Imperio Romano, desde Nerón hasta Aureliano, y muestran cuán poco sabemos a pesar de todo el conocimiento detallado sobre esas posibles conexiones.

Con toda razón Manfred Fuhrmann criticó hace poco la pérdida del canon de educación latino-europeo confrontándolo con su historia de más de un milenio. Esta queja, sin embargo, no debería conducir a una confirmación vacía y tranquilizadora en algún suplemento cultural, sino más bien provocar iniciativas concretas, y no en último término, de carácter editorial. La nueva investigación de la Antigüedad hecha en Francia, Italia o en el ámbito angloamericano, hasta ahora ha sido dada a conocer muy poco en otras lenguas: ahora como antes, las obras clave siguen sin ser traducidas. Aún más deprimente parece la situación en el sector de las fuentes primarias; de hecho, obras tan importantes como la Odisea o Las metamorfosis se ofrecen en verso y en prosa y en numerosas variantes de traducción, y también la mitología clásica recontada, como la puesta en oferta por, digamos, Michael Köhlmeir, parece encontrar editorial y público. En cambio, se busca en vano un gran número de obras que justamente podrían generar nuevas interpretaciones y perspectivas porque tratan cuestiones culturales, científicas o religiosas: obras de la historia de la medicina (desde Corpus Hippocraticum hasta Ginecología de Sorano), estudios teóricos sobre la fiesta (desde Saturnalia de Macrobio hasta De die natalie de Censorin, que sólo debería reeditarse en la edición de Sallamann), libros teóricos sobre religión y ciencia, como la biografía de Pitágoras de Jamblico o la disertación de Plutarco sobre Isis y Osiris, libros que sencillamente faltan en comparación con las múltiples ediciones disponibles de biografías dobles de las Moralia.

Al parecer se está disminuyendo el canon sin que la gente se dé cuenta. Sólo se puede soñar con una Biblioteca del Mundo Antiguo, o sea, ediciones bilingües a precio accesible de escritos medio perdidos y poco conocidos de la Antigüedad. De hecho, ni siquiera un tesoro como la serie Tusculum de la editorial Artemis, que recientemente publicó la Historia Naturalis de Plinio, se puede medir con Loeb’s Classical Library. Uno no deja de asombrarse al ver que la importante obra de Pausanias, misma que durante mucho tiempo no estaba al alcance de una traducción alemana completa, se acaba de editar como "guía para turistas ricos" en tres tomos, a un precio exorbitante. Y ni hablar de la mala costumbre de considerar a los autores antiguos como una cantera para las citas. ¡Que los ejecutivos estresados pasen su aburrimiento en el avión con un Cicero Light! ¿Una última fase de atrofia de nuestro trato con el espíritu del mundo antiguo?
 

Traducido del alemán por Omar Gómez, Diana González, Felipe Mantilla, José Luis Sánchez y Alejandro Villegas, coordinados por Elisabeth Siefer.