Jornada Semanal, domingo 26 de enero del 2003        núm. 412

NAIEFYEHYA

GUERRA, MITOS Y MEDIOS (III)

La función del periodismo no es decirle al
hombre que se ahoga que se ha roto la
represa o prevenir a la comunidad que la
represa se está cuarteando y que deben
correr a las montañas. La función del
periodismo es prevenir a la comunidad
de que la represa está en peligro de romperse.
Regla de O‘Sullivan
LA GUERRA ES ENVIDIA MENSTRUAL

La guerra, hasta hace poco y con muy pocas excepciones históricas, es una actividad masculina, una aventura sangrienta cuya extrema popularidad (más de un centenar de conflictos armados están teniendo lugar ahora mismo) no puede explicarse fácilmente. De hecho, ninguna de las teorías sobre ella logra descifrar su naturaleza fascinante, aterradora e inasible. Las tres explicaciones clásicas de la guerra proponen que las causas son: motivaciones económicas, la mera naturaleza humana y el hecho de que el hombre es un animal de grupo que inevitablemente se ve atraído a la guerra. El factor económico tiene cierto peso, especialmente en el caso de Irak debido a sus inmensos yacimiento petrolíferos, pero en general es claro que los costos de la guerra moderna y la destrucción que produce son infinitamente más onerosos que cualquier botín. Y el factor económico no tiene el poder de amalgamar voluntades ni encender pasiones. Hablar de naturaleza o de instintos humanos es simple retórica, ya que ambas son expresiones vacías que no quieren decir nada y que pueden ser usadas tanto para justificar nuestra crueldad o ambición como nuestra solidaridad o altruismo. De hecho, la existencia misma de ese deseo destructivo del hombre, que se ha dado a conocer como el tanatos freudiano sigue aún en tela de juicio entre los psicoanalistas. Y finalmente no existe evidencia concluyente en lo que respecta a que la agresión sea intrínseca a los grupos humanos. Una de las hipótesis más interesantes es aquella de Konrad Lorenz, que en su libro On Agression postula que los animales capaces de matar a sus semejantes tienen "programados" inhibidores para no hacerlo. En cambio, los animales que naturalmente no son capaces de matar a sus congéneres, como el hombre, no cuentan con estos inhibidores. De tal manera, cuando el hombre creó herramientas y armas adquirió la capacidad de matar sin limitaciones, lo cual dio lugar a las guerras. En lo personal me quedo con la hipótesis del cineasta subterráneo neoyorquino, Nick Zedd, quien tituló a su obra maestra de 1991, War is Menstrual Envy.

PERCEPCIÓN SENSORIAL Y MÍTICA

En su libro The Psychology of War, Lawrence LeShan propone que cuando una guerra se prepara, como sucede en estos momentos, se presenta al enemigo como la encarnación del mal que debe ser derrotada para que el mundo finalmente se convierta en un paraíso de paz ("una guerra para acabar con todas las guerras"). La guerra se describe con tintes gloriosos y los soldados como héroes dispuestos a sacrificarse gallardamente por el resto de la población ("ni siquiera me conoces y estás dispuesto a morir por mi", como dice un comercial televisivo de la cadena de supermercados Wal-Mart). Toda disidencia es considerada en el mejor de los casos como debilidad o ignorancia y en el peor, como traición que debe pagarse con la vida. Estos mensajes comienzan a penetrar todos los niveles del discurso sustituyendo la razón por los eslogans, el debate por la perorata belicosa y la tolerancia por la sed de sangre. Esto crea una atmósfera enrarecida que LeShan define como la percepción mítica de la realidad, la cual se contrapone a nuestra percepción sensorial de la misma. Todas las guerras tienen elementos de esas dos categorías: míticas y sensoriales. No obstante, algunas son primordialmente míticas, como la segunda guerra mundial o la guerra de Bosnia, y en ellas participan todas las clases sociales, aparecen espontáneamente canciones populares, filmes y novelas sobre la guerra, surgen héroes, el conflicto produce una forma de entusiasmo masivo, se censura a los activistas antibélicos y la guerra adquiere un tono épico de batalla contra el mal. En cambio, otras son primordialmente sensoriales, como la de Vietnam, y las pelean las clases bajas principalmente; casi no hay héroes ni manifestaciones populares de apoyo a las tropas, la censura no se ejerce de manera total ni se persigue a los pacifistas.

GUERRA Y MEDIOS

La Guerra de Crimea de 1854 estableció un parteaguas en la forma en que la población experimenta las guerras distantes. A partir de ese conflicto los corresponsales de guerra (que comienzan a aparecer en 1830) telegrafiaban sus reportes a sus publicaciones para ofrecer la primera cobertura "oportuna" desde el campo de batalla. La prensa descubrió entonces que nada vendía mejor que los recuentos bélicos cargados de exaltadas características míticas. El público desarrolló un apetito por este tipo de narraciones, mismas que han evolucionado para convertirse en entretenimiento bélico al estilo cnn de la cobertura de todos los conflictos serios desde la Guerra del Golfo. Se debe a este tipo de periodismo que las guerras ahora sean más míticas que sensoriales y que se haya propagado la inmoral percepción de la guerra como inofensivo juego de video.