Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 24 de febrero de 2003
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Cultura
Concluyó la temporada de Niño de arena, coreografía de Jesús Laredo y Athos

De evocación de los sueños a crítica de la guerra

MONICA MATEOS-VEGA

Como un niño de arena, la obra que presentó el grupo de danza contemporánea Athos en el Centro Nacional de las Artes nació de los sueños y la idea de soledad que acompañan a la muerte. También de la sensación de vulnerabilidad que causó en Jesús Laredo, coreógrafo de la compañía, la lectura de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

Con la llegada de ''los vientos de guerra'', la puesta en escena se ha transformado en una crítica a las situaciones de incomprensión y violencia que bombardean a la sociedad a través de los medios. Con la ayuda de video y títeres, de la danza emergen recuerdos que se ubican ya sea en un desierto o en lugares sin tiempo ni forma que develan la fragilidad humana ante la guerra.

Niño de arena es el nombre del espectáculo que Athos preparó para participar en el Concurso Intercontinental de Coreografía INBA-UAM 2001, y con la cual obtuvo el primer lugar. Su creación se realizó durante la residencia de Laredo en el Banff Centre for Arts de Canadá.

La obra ''no busca ilustrar escénicamente el texto de Saint-Exupéry, sino crear de forma propia una puesta en escena basada en las imágenes y sensaciones que se trabajaron durante un laboratorio de danza, video y títeres con base en el estudio y análisis del cuento", explicó el autor de la coreografía, la cual ha tenido oportunidad de evolucionar debido a la temporada de 16 funciones que obtuvieron al ser seleccionados en la Convocatoria 2003 del Foro de las Artes.

''Otra de las ventajas de presentar espectáculos dancísticos durante periodos largos es que podemos formar un público, algo que es muy necesario para nuestro gremio. Además, como ejecutantes tenemos un mejor desempeño de la obra porque nos permite enfocarnos en un personaje para hacerlo más nítido", señaló Jesús.

Este montaje pretende hacer reflexionar al espectador acerca de la naturaleza de El Principito, el cual, según Laredo, representa esa voz permanente y misteriosa que habita en cada persona y que le dice: "hay pequeños momentos en que somos tiranos o violentos o ambiciosos. El Principito es, para mí, producto de un viaje interno del autor".

El coreógrafo considera que la utilización de videos y títeres le permitió ofrecer una narración más clara y actual. La idea de vulnerabilidad se fue trabajando de acuerdo con las recientes noticias del conflicto Estados Unidos-Irak, hasta convertirla en uno de los momentos más duros e impresionantes de la obra.

Laredo considera que la danza le hace experimentar sensaciones que no encuentra en otras actividades, por ejemplo, agrega, "minutos antes de entrar al escenario, aun cuando llevo varios años en esto, siento nervios. Mis músculos están tensos, duros como la madera, pero empiezo a bailar y después de un par de minutos me siento ligero, cualquier preocupación se borra de mi mente, y es cuando empiezo a volar".

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