Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 26 de febrero de 2003
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Política

Víctor Quintana S.

Nos interesa tu seguridad

La madre de todas las inseguridades es el desprecio por la vida de los pobres y de las mujeres, sobre todo de la clase trabajadora. Eso y más develó el hallazgo de otros tres cadáveres de muchachas asesinadas y ultrajadas en Ciudad Juárez, el pasado martes 18.

Si en el tiempo del auge de las maquiladoras estalló el feminicidio en esta frontera, la crisis de esta industria entraña todavía más inseguridad, más incertidumbre para las muchachas trabajadoras y para sus familias. Así concluye el grupo de Pastoral Obrera de la Diócesis de Ciudad Juárez, colectivo donde colaboran obreras y obreros, religiosas, religiosos y sacerdotes, que a la convivencia cotidiana con las y los trabajadores y la gente de los barrios suman la investigación, el análisis y la reflexión sistemáticos.

Los datos que aportan son muy claros: en dos años 95 mil trabajadores de la maquila han perdido su empleo en Ciudad Juárez, cifra que hay que multiplicar cuando menos por dos para contar el número de empleos indirectos que se pierden con ellos. Al derrumbarse el empleo se derrumba también el salario. De 600 pesos semanales que llegaba a ganar una obrera u obrero con todo y bonos, el salario promedio hoy en día en la industria maquiladora apenas llega a 280 pesos semanales. Además los bonos y otros beneficios se han comprimido al máximo.

Una de las prestaciones que más se han venido suprimiendo es la de transporte. Las obreras que terminan su turno en una planta a las cuatro de la mañana ya no disponen del autobús especial que las llevaba de regreso a casa. Ahora tienen que esperar dos horas a la intemperie para poder abordar el transporte urbano regular. Y ahí corren el riesgo de sufrir un levantón por parte de los secuestradores y asesinos de mujeres.

El mismo equipo de Pastoral Obrera documenta un caso muy triste. Se trata de una muchacha a la que por llegar dos minutos tarde a la planta en la que trabajaba se le negó el acceso, por lo que tuvo que tomar el camino de regreso a su hogar. Nunca más se ha sabido de ella.

El desempleo hace que los dueños y funcionarios de las maquiladoras empeoren las condiciones de trabajo. La necesidad del ingreso empuja a hombres y mujeres desocupados a que acepten laborar en contextos de alto riesgo y bajas prestaciones. Todo conspira contra la seguridad, contra la vida de las mujeres juarenses.

La inseguridad, propiciada desde dentro de la fábrica, se favorece aún más por la impunidad y el oscuro proceder de las autoridades encargadas de la procuración y de la administración de la justicia.

El hallazgo de los últimos tres cadáveres de jovencitas se da poco más de una semana después del misterioso fallecimiento en el Cereso de Chihuahua de Gustavo González, alias La Foca, apresado por la Policía Judicial del estado junto con Víctor Javier García, El Cerillo. Uno y otro eran choferes y fueron señalados como autores del asesinato en serie de ocho mujeres juarenses. Sin embargo, siempre hubo sospechas de que a ambos sujetos la policía judicial estatal les arrancó la confesión bajo tortura. Cuando se les trasladó de Juárez a Chihuahua, La Foca denunció que se les pretendía aislar. "Mientras nosotros estamos injustamente en la cárcel, los asesinos siguen libres, matando mujeres", declaró a la periodista Olga Aragón en enero de 2002. Fue la última entrevista que dio. Durante un año se le negó cualquier acceso a la prensa. Y el sábado 8 de febrero fallece de muy extraña complicación luego de ser operado de una hernia. Desde entonces las mujeres de negro han vuelto a la calle, a la protesta, exigiendo que se esclarezca la misteriosa muerte de González y se termine con la impunidad que permite se sigan segando vidas de jovencitas en Juárez.

La crisis de las maquiladoras y la estrategia capitalista para aprovecharla torna más difíciles las condiciones de reproducción de la existencia de las obreras juarenses y de sus familias, pero la incapacidad, los ocultamientos, si no es que la complicidad de las autoridades judiciales, amenazan su propia existencia. Por eso estas valerosas trabajadoras juarenses no dejan de sonreír con mezcla de ironía y de rabia cuando leen uno de los muy cuidados y visibles letreros que abundan en sus fábricas: nos interesa tu seguridad.

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