Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 27 de febrero de 2003
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas 
  >

Política

Octavio Rodríguez Araujo

Beauvoir tenía razón

En 1954 Simone de Beauvoir escribió dos largos artículos en la revista francesa Les Temps Modernes, posteriormente recogidos y editados por Gallimard con el título La pensée de droite, aujourd'hui (El pensamiento de derecha, hoy). En ellos hacía algunas reflexiones que quisiera rescatar, por su enorme actualidad con lo que está ocurriendo hoy (49 años después), en particular con la política de Estados Unidos, en realidad de su gobierno, ante el resto del mundo y concretamente ante Irak.

Ella decía que "situarse a la derecha es temer por lo que existe". Se refería al pensamiento de quienes vivían en aquella gran crisis en Europa, en esa Europa donde el fascismo, inaugurado en Italia, se extendía por el continente hasta culminar, en su más terrible expresión, en Alemania, y quedarse por largo tiempo en España, en ese país donde un hombre de corta estatura, Franco, dominó con terror, con la Iglesia, con los Legionarios de Cristo y con el Opus Dei a un pueblo que nunca imaginó que, en la democracia, volvería a ser gobernado por otro hombre de corta estatura y de menor inteligencia: Aznar. Eran los tiempos en que Paul Valéry tocaba a muerto: "nuestra civilización acaba de descubrir que era mortal", dijo lapidariamente; y ahora se repite con un matiz importante: la civilización ciertamente es mortal y hay plena conciencia de ello, pero se resiste a morir aunque los hombres de derecha la quieran llevar a su fin una vez más. Ahora hay menos pesimismo que en tiempos del poeta, muerto en 1945.

Beauvoir citaba un artículo de Drieu la Rochelle de 1927. Este autor, nunca caracterizado por su optimismo y entristecido por lo que veía a su alrededor, decía "Desaparecen todos los valores de que nosotros vivíamos". Y luego añadía: "Me esfuerzo por aproximarme, hasta tocarlos con el dedo, a los caracteres de mi época, y los encuentro tan abominables y tan dominadores que el hombre, debilitado, ya no podrá sustraerse a la fatalidad que enuncian, y que de ella perecerá". "Después de lo cual -escribía ella- vaticina con firmeza la muerte de lo humano."

Más adelante la escritora francesa decía: "Pero la burguesía vislumbraba el fin de la humanidad, es decir, su propia liquidación como clase, sólo como una 'eventualidad'. Le quedaba una esperanza: el fascismo." Esta esperanza, en el fuego destructor del fascismo, ha vuelto a encenderse. La apuesta de esa burguesía (que dejó de sentirse amenazada por el comunismo, pero no por las gigantescas contradicciones que ha creado con su ambición) está depositada en un nuevo führer, tan estúpido como el anterior, que a título de salvar a la humanidad atenta contra ella. Por eso la derecha, que teme por lo que existe, apoya a George W. Bush, el hijo acomplejado que quiere superar al padre o, por lo menos, demostrarle que puede ser tan sanguinario e irracional como él.

En otra parte Beauvoir cita a Jacques Soustelle en La liberté de l'Esprit: "Hemos empezado a plantearnos la terrible pregunta: Ƒserá posible que nuestra civilización no sea la Civilización?" (cursivas y mayúscula en el original).

"La pregunta está hecha", afirmó Beauvoir, para luego añadir: "Y un inmenso coro responde: no lo es. Todos los pueblos que no pertenecen a Occidente, es decir, que no reconocen la hegemonía de los Estados Unidos, y además todos los hombres que en Occidente no son burgueses, rechazan la civilización del burgués occidental." Y remata diciendo: "Los únicos remedios que la derecha concibe son la bomba y la cultura. Uno es demasiado radical y el otro demasiado poco. En la cólera y el terror, hace suyas las profecías marxistas: se siente perdida. Pensamiento de vencidos, pensamiento vencido".

En los últimos años la derecha y la ultraderecha son corrientes que han crecido, que gobiernan solas o juntas buena parte del mundo desarrollado que antes gobernaban los socialdemócratas. Tienen el poder en España, en Italia, en Francia y en más países europeos, tanto occidentales como orientales. Y Bush creyó que por lo mismo tendría más apoyo que el que hubiera tenido hace diez años, pero hay derechas menos extremistas, más mesuradas que otras y, además, hay derechas que no quieren entregarle el pastel completo a Estados Unidos y sus aliados (Ƒaliados o subordinados?), pues luego no les toca nada. Es el caso de Chirac, de Schroeder y de otros. Aun así el inquilino de la Casa Blanca piensa que tiene aliados, se siente fuerte. Y Beauvoir al respecto decía: "Apenas la derecha se siente fuerte, sustituye el pensamiento por la violencia: ya lo hemos visto en la Alemania nazi. En Francia, los camelots du roi [partidarios de la restauración monárquica] y otros fascistas profesaban (cuando eran más que los otros) que más valía golpear que argumentar... Los norteamericanos -continuaba-, es cierto, tienen la bomba atómica, y de ella se sirven, justamente a guisa de pensamiento... La burguesía quiere convencer a los otros, y convencerse, de que al defender sus intereses particulares persigue fines universales". Simone de Beauvoir tenía razón.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año