271 ° DOMINGO 2 DE MARZO DE 2003
Ganan candidaturas, ocupan presidencias municipales... existen
Donde
los migrantes
sí votan

ALBERTO NAJAR

“No hagas caso de los dólares”, se lee en la manta. El grupo político local no quiere que un migrante gane la candidatura y usa la vieja muletilla que termina con aquello de “los que se fueron son traidores a la patria”. La paradoja: el actual alcalde, miembro del grupo en el poder, también es migrante.
En este pueblo de Jalisco, como en centenares de todo el país, los migrantes ya pesan en los hechos. Desde hace años ganan o deciden la fórmula triunfadora. Para conseguirlo no necesitan asistir a foros donde se discute su derecho a participar en procesos políticos mexicanos

TUXCACUESCO, JALISCO.– A este municipio sus habitantes le dicen “el comal de Comala” o el verdadero Llano en llamas porque, juran, Juan Rulfo se inspiró en su paisaje para escribir sus obras maestras.

Sea o no cierto, lo único claro es que el calor en esta zona es fuerte. Y no sólo en grados centígrados. Apenas al entrar, el mensaje es elocuente.

“Todo el dinero del mundo no vale tu voto”, reza una manta colgada al inicio de la calle principal. “No hagas caso de los dólares, piensa bien tu decisión”.

Jaime Almaraz Garibay, un migrante que desde hace cuatro meses busca ser candidato del PRI a la presidencia municipal no se inmuta. Es más, jura no saber a quién se refiere el mensaje.

Pero las alusiones se repiten en otras partes. En Apulco, una de las delegaciones más grandes, una manta llama a votar “por quienes luchan desde aquí por el bien del Tuxcacuesco”, y por radio desde Autlán de Navarro (la ciudad más grande de la región) el llamado es a no hacer caso “de quienes traicionaron a nuestra tierra”.

Mensajes extraños en un municipio con la mitad de sus habitantes en Estados Unidos, con una caída –según el último censo– de 3.7% en el índice de población y donde hasta el presidente municipal, Enrique Guerrero, es ausente, como se llama en Jalisco a los migrantes.

Pero es el signo de estos días, cuando el PRI jalisciense elige a sus candidatos. Una etapa que Jaime Almaraz no entiende.

“En el otro lado la gente se fija en la preparación de la persona, sus programas de trabajo, los ideales”, confiesa en la sala de la casa que mandó construir para vivir durante la precampaña. “Pero aquí se da mucho la política falsa; quieren agarrar votos a como dé lugar”.

–¿Política falsa?

–Sí, la que hacen algunos, de hablar mal de otros candidatos sin conocer sus propuestas y ofreciendo lo que no pueden cumplir. Aquí en Tuxca ya se ofrecieron más regidurías de las que existen.

Al salir de la cabecera municipal, cercano el anochecer, el aire casi arranca la manta que reniega de los dólares.

Otro síntoma de estos tiempos en Tuxcacuesco, donde los días de febrero suelen ser como ese jueves: muy venteados.

Di no al hueso
Unas botellas de tequila, refresco “verde u oscuro”, como le dicen por aquí al de sabor toronja o de cola. Treinta hombres y mujeres trepados en los tractores, sobre costales de semilla y fertilizante para los sembradíos de sandía.

Y Jaime Almaraz que espera, a mitad de la bodega de la plantación, el momento de iniciar el evento “breve, nomás invitarles una soda para que se acuerden de ir a votar”.

Es el último estirón de la precampaña que prácticamente inició hace un año, cuando en una cena en su casa de Los Angeles, California, con los ausentes de Tuxca, se dejó convencer de buscar la presidencia municipal.

Ya lo había pensado, pero nunca en serio como esa vez. Tenía motivos: en la última visita al pueblo se dio cuenta de que, en plenas fiestas patronales, el suministro de agua potable estaba suspendido. Y todo porque se había quemado una bomba y el ayuntamiento decía no tener dinero para repararla.

“Sentí mucha rabia que en esas fiestas, con las que hemos colaborado tanto, la gente no tuviera agua ni para bañarse, y todo por las malas administraciones”, recuerda. “Me di cuenta de que había mucha necesidad de tener un gobierno lo más limpio posible, porque ha habido ayuntamientos que no han sido para beneficiar al pueblo, sino a ellos mismos”.

Almaraz había trabajado mucho por esas fiestas, a las que apoya desde 1991, cuando fundó su empresa –la Crown Wire Wheel Company, Inc.– donde fabrica y exporta rines de lujo.

Es una más de las actividades a favor de su pueblo, pues también regala balones y uniformes a los equipos de futbol del municipio; organiza posadas y la cena navideña para niños y ancianos, e incluso cuando es necesario reúne dinero para comprar comida, medicinas y sillas de ruedas para los enfermos.

Su obra más reciente fue la remodelación de la cancha de futbol de la cabecera municipal, a la que se le construyeron gradas y plantaron árboles a su alrededor.

Pero todo se perjudicó, lamenta, por la falta de agua.

“Regresé a Los Angeles y encargué la fábrica a mis hermanos”, cuenta en su residencia de 800 metros, construida a un lado de la presidencia municipal. “Luego hablé con los ausentes que nos juntamos para ayudar al pueblo y me apoyaron. Después levantamos la casa”.

Eso fue de puro gusto, confiesa, pues a pesar de los 19 años que lleva en California nunca perdió la residencia legal en México, e incluso su credencial de elector está vigente. Lo único que renovó fue la identificación del PRI.

En octubre arrancó la precampaña, con cuatro aspirantes registrados: Salvador Castillo, cuyos hijos viven en Estados Unidos; Miguel Galindo, un viejo priísta apoyado por un sector de la Confederación Nacional Campesina; Rafael Camberos, miembro del clan político más fuerte del municipio (tres de sus integrantes han sido presidentes municipales), y Jaime Almaraz.

Al principio la contienda transcurrió con la normalidad que esperaba, con un pacto de civilidad y respeto entre los precandidatos. Pero luego los dados se cargaron.

Los empleados del ayuntamiento fueron advertidos de apoyar a Rafael, el favorito del presidente municipal, o serían despedidos. En los mítines se repartieron despensas o ropa deportiva y hasta se condicionó la conclusión de obras municipales a cambio de votos para Camberos.

Después “empezaron los chismes: decían que mi empresa no anda bien, que me quiero tomar unas vacaciones y por eso me lancé de precandidato”. Al final aparecieron las mantas a las que Almaraz no hace mucho caso.

“La gente sabe que mi único deseo es trabajar, ayudar a los que menos tienen, pero con empleos, buscando la forma de que se eduquen y hagan una carrera”, explica.

–¿Cómo entender la actitud del presidente municipal? El también es migrante...

–Es un caso parecido al mío: tiene restaurantes en San Francisco y Oakland, es ganadero. Pero creo que no pensó que me fuera a animar y a lo mejor cuando decidí ya estaba comprometido. No sé si haya otra razón, él sabe de mi capacidad. Aquí todos conocen de mi apoyo al pueblo por muchos años y de que no vengo por el puesto.

Ese es el mensaje que ofreció en la plantación de sandía. “Yo no tengo ninguna necesidad de ser presidente municipal porque gano mucho más en Los Angeles”, dice como saludo y arranca con el discurso. “Pero me desesperan los caminos que no sirven, las obras mal hechas y los sueldos tan bajos que por aquí se pagan...”

La ley del monte
Hace 12 años, cuando el precio estándar de los refrescos era de uno o dos pesos, en la cabecera de Tuxcacuesco costaban ocho, y en las rancherías hasta cinco más.

Los muebles se vendían hasta en el doble de su valor real, igual que la ropa y las medicinas. La selección de candidatos a presidente municipal se repartía entre los Vargas, los Arias y los Camberos, de Chachahuatlán; y los Corona, de Apulco.

Fue hasta 1995 cuando el Partido Acción Nacional (PAN) participó por primera vez en la elección municipal, e incluso ahora su posición política es débil: los militantes registrados son 39, y cinco de ellos apoyan a un candidato diferente al del resto.

En Tuxcacuesco la influencia de los caciques es ley. El año pasado, por ejemplo, una procesadora de jitomate tipo cherry, que se instaló en la región, ofreció un salario de 120 pesos diarios, pero desistió después que los rancheros y comerciantes del lugar convencieron a su propietario de reducir el sueldo.

Hoy paga 85 pesos por jornal.

En ese escenario se antojaba difícil vencer a Rafael Camberos, no sólo por su apellido o el respaldo del presidente municipal, sino por el apoyo de la gente de Chachahuatlán.

Pero Jaime Almaraz tenía un plan.

“Cuando puse mi empresa me tracé un proyecto a largo plazo, con metas de lo que quería hacer a uno, dos y cinco años. Así con el ayuntamiento, porque aunque nomás tenga tres años voy a dejar todo encarrilado para que los próximos presidentes le sigan. Para eso hay que hacer un equipo profesional con ingenieros, doctores, maestros, todos los ramos desde ecología, salud y educación”.

La propuesta incluye acciones concretas, como adquirir maquinaria usada “que en Estados Unidos se regala o cuesta muy barata”, y con ella reducir la plantilla de personal.

“Con el sueldo de tres que ahora limpian el jardín de la plaza se paga una máquina que hace el trabajo en una hora”, explica emocionado. “Y todo se pagaría en tres meses. El tiempo que la uses, después es ahorro para el gobierno”.

Pero la clave en su plan es el apoyo de los ausentes. “Ya hay varios que se animan a traer inversiones para microempresas porque el municipio tiene mucho potencial. Se pueden instalar procesadoras de cacahuate, tamarindo, jamaica. Del otro lado hay mucha demanda de productos mexicanos; a lo que vendas le sacas el doble. Ahorita hay un fondo de 3 mil dólares que con el programa 3x1 se pueden convertir en 12 mil”.

–O sea que la oferta es poner a la gente a trabajar.

–Sí, hay candidatos que ya prometieron más regidurías de las que puede haber en el cabildo. Yo no, mi interés es pelear por las más obras posibles, arrimar proyectos, mejorar sueldos.

–¿Con eso basta para convencer?

–Yo podría hacer mucho para ganar votos. Me han dicho de meter dos o tres boletas a la vez, pero la instrucción a mi gente es que no lo acepten.

–¿Y si los otros candidatos lo hacen?

–Parte de su trabajo será supervisar la elección, pero tengo la seguridad de que la elección va a ser limpia.

Y no...
A las seis de la tarde del domingo 23 de febrero, cuando empezó el conteo de las 18 casillas instaladas en el municipio, Jaime y sus compañeros se emocionaron.

En las primeras urnas que se abrieron, las de la cabecera, el ausente tuvo casi el doble de votos que el favorito del presidente municipal. Luego siguieron San Miguel, El Tránsito y Zenzontla, donde la ventaja se mantuvo a pesar que se perdieron 30 votos que aparecieron registrados en las actas.

Pero en la penúltima casilla revisada, la de Chachahuatlán, Camberos apretó el paso, y después, con la votación de Apulco, rebasó a Almaraz.

Ganó por 30 votos. Los mismos que se perdieron en el camino a las oficinas del PRI.

Al día siguiente, el ausente estaba contento pues a pesar de “esas cosillas” alcanzó una alta votación.

Y empezaron las ofertas. Primero, los otros dos precandidatos perdedores del tricolor trataron de animarlo a impugnar la elección.

Luego, el único simpatizante del Partido Verde Ecologista que hay en la cabecera municipal lo invitó a postularse; después se acercaron dos perredistas que no le ofrecieron la candidatura pero sí el compromiso de “hablar con alguien” para promoverlo.

Jaime Almaraz no estaba muy convencido. “No soy gallo desbuchado que brinca de un gallinero a otro. Siempre he sido del PRI y aquí me quedo”, insistía, pero un día después empezó a considerar la oferta.

“Me han visitado de varias rancherías, grupos de hasta 50 personas, que en Tuxca son muchas”, justificó. “Yo quiero seguir en el PRI, pero si en ese partido no les importó la cargada del presidente municipal, no sé que tenga que andar haciendo allí”.

–¿Y qué va a hacer?

–No sé. Por lo pronto me regreso a Los Angeles.


Que no panda el cúnico

Según el PRI de Jalisco, en la elección de sus candidatos a presidentes municipales participaron al menos una decena de migrantes o personas ligadas a ellos.

No todos corrieron con la misma suerte que Almaraz Garibay, e incluso hubo quienes ganaron a larga distancia.

Es el caso de Miguel Mejía Contreras, de Mazamitla, quien desde hace un par de meses cuenta con el apoyo de los paisanos de Chicago, especialmente de Antonio Cepeda, a quien el tricolor y el PAN le ofrecieron la candidatura.

No quiso, en cambio abogó por Mejía en el Club Mazamitla de esa ciudad. “La mayoría de las personas que viven acá son jefes de familia o son las personas que sostienen a quienes se quedan”, explica. “En estos tiempos se hace una llamada telefónica, se dice ‘oye, apoya a tal candidato que ha venido a visitarnos o está más informado de los mazamitlenses de este lado’”.

El método ha funcionado en los últimos tres procesos electorales, y no necesariamente a favor del PRI: hace seis años el apoyo fue para un candidato del PRD.

En Huejuquilla, otro grupo de Chicago apoyó a todos los precandidatos a cambio de que acepten su propuesta de incluir un regidor electo en Estados Unidos (no han librado el escollo legal, pues tal proceso no está permitido).

Pero en Jalisco, el tricolor no es el único interesado en postular a migrantes.

El precandidato más fuerte que tiene el PAN en Cañadas de Obregón es Javier Jiménez, empresario de Isla Catalina, California, y cuyas cartas credenciales para la contienda electoral son las fiestas patronales y la remodelación de la parroquia local.

Es, confiesa, su as bajo la manga. “El cura ya me dijo que me va a apoyar. Y en Cañadas eso basta para ganarle a cualquiera”.