El dilema del pepino de mar en México

Ma. Dinorah Herrero Perezrul y Ernesto Chávez Ortiz

Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas, IPN, La Paz, BCS

Correos electrónicos: dainoper@hotmail.com

echavez@ipn.mx

¿Alguno de ustedes conoce a los pepinos de mar? Así se les conoce comúnmente a las holoturias, animales alargados en forma de pepino, de ahí su nombre. Pertenecen al grupo de los equinodermos, que incluye a las estrellas y erizos de mar. Pero a diferencia de ellos no tienen la belleza de las primeras ni las espinas de los segundos. De hecho, son poco atractivos a la vista y hay que conocerlos para quererlos.

Se conocen alrededor de mil 200 especies en el mundo, de las cuales menos de un centenar son aprovechadas por el hombre. Algunas de ellas llegan a pesar dos kilogramos y a medir un metro de longitud. Las holoturias han sido encontradas en todos los océanos del planeta y a todas las profundidades conocidas, incluso en las ventilas hidrotermales, esas chimeneas del fondo marino por las que sale lava y gases sulfurosos. Viven sobre el suelo, enterrados en la arena, sobre o debajo de las rocas y entre los corales. Se alimentan del sedimento y con ello mantienen limpio el suelo de materia orgánica.


Pepino de mar, Parastichopus parvimensis
Foto: D. Herrero

Los pepinos de mar son inofensivos y entre los pocos depredadores que tienen se encuentra el hombre. Como mecanismo de defensa, suelen eviscerar (expulsar las vísceras por el ano o a través de la pared corporal) para distraer al enemigo, que luego regeneran en unos cuantos meses como si nada. Entre las vísceras existen unos filamentos pegajosos llamados túbulos de Cuvier, los cuales se adhieren al depredador y lo inmovilizan. Estos túbulos contienen grandes cantidades de substancias tóxicas u holoturinas y resultan fatales para algunos organismos. A los humanos no les afecta mucho, aunque algunos ingenuos han sufrido inflamación de la piel después de haber estado en contacto con dichos filamentos, pero son casos aislados.

Por diversas razones, el pepino de mar se aprovecha para su consumo o como medicina contra el dolor y malestares musculares, estomacales o respiratorios. Los científicos han descubierto que las holoturinas parecen ser las responsables de estas propiedades benéficas. Estas substancias eliminan bacterias, hongos e incluso tumores cancerígenos y su poder para eliminar el dolor supera al de la morfina.

También se cuenta por ahí que son afrodisíacos, pero de esto no existe evidencia alguna, así que ni se emocionen.

Los chinos fueron los primeros en aprovecharlos y lo hacen desde hace miles de años. Sin embargo, la costumbre se ha ido extendiendo a muchos países incluyendo a México. Los animales se extraen mediante buceo, aunque algunos pueden recogerse caminando cuando baja la marea. Una vez capturado se cuece en agua de mar y se seca al sol o se ahúma. El producto seco se conoce como bêche-de-mer, altamente cotizado en los países orientales.

Independientemente de la razón de su uso es innegable que el pepino de mar cuenta con una gran demanda y se mueven millones de dólares por la importación y exportación de algunas de sus especies. Como cada vez se necesita sacar más pepino, muchas de las pesquerías principales en el mundo han visto mermadas sus poblaciones por el exceso de pesca e incluso han tenido que protegerlas de la extinción. En efecto, las capturas mundiales han disminuido en más del 50 por ciento de un año a otro y nuestro país no es la excepción. Un tremendo problema es la falta de estudios y de medidas de control.

En México, la captura de pepino de mar se inició a finales de los años ochenta del pasado siglo, extrayéndose dos especies: Parastichopus parvimensis en la costa occidental de la península de Baja California, y la mas importante, Isostichopus fuscus, en el Golfo de California. Las capturas de esta última llegaron a superar las mil toneladas en 1991; sin embargo, a solo cinco años de haberse iniciado la pesquería las autoridades la declararon en peligro de extinción y prohibieron su captura, decisión tomada sin el apoyo de estudios científicos y evaluaciones del recurso. Obviamente, los pescadores no recibieron con gusto tal decisión, pues las ganancias por esta actividad superaban el millón de dólares en 1993. En su descontento, realizaron mítines y marchas para que se reabriera la pesquería. Argumentaban que Isostichopus fuscus no estaba en peligro de extinción y que podía extraerse bajo un plan de manejo adecuado.


Pepino de mar, Isostichopus fuscus
Foto: D. Herrero
Actualmente, ya no se considera en peligro de extinción aunque aún permanece en la lista de especies protegidas, por lo que su pesca sigue prohibida.

Otro problema agrava la situación de este pepino: la pesca furtiva que pone en riesgo a las poblaciones, ya que no se respeta ningún tipo de medida regulatoria. Dato curioso: la captura ilegal comenzó a observarse en los años posteriores a la prohibición.

¿Y que pasa con Parastichopus parvimensis? No presenta síntomas de sobreexplotación a pesar de que ambos pepinos se han explotado bajo el mismo régimen y con la misma intensidad. ¿Por qué será?

La respuesta de una población a la sobrepesca dependerá de sus características biológicas y modo de vida. Especies grandes crecen lentamente, viven muchos años y forman poblaciones poco abundantes; se reproducen con poca frecuencia y comienzan a hacerlo a edades tardías. Debido a esto, les cuesta mucho trabajo recuperarse en casos de extracción masiva y tienden a extinguirse con facilidad. Tal es el caso de Isostichopus fuscus, que puede vivir casi 20 años, pesar casi un kilo y además comienza a reproducirse hasta los cinco años.

Pero otro caso es el de las especies pequeñas, que crecen rápidamente y comienzan a reproducirse a edades muy tempranas, suelen vivir pocos años y forman poblaciones numerosas, requiriendo menos tiempo para recuperarse. Parastichopus parvimensis es un buen ejemplo: pesa menos de medio kilo, comienza a reproducirse a los dos años y no vive mas allá de seis. Resalta entonces que estas dos especies de pepino de mar no pueden explotarse de la misma manera, pues por sus diferentes tasas de recuperación se corre el riesgo de extinguir una de ellas.

En conclusión, no todo el pepino de mar se encuentra en crisis en México. La culpa no es toda del exceso de pesca, también influye el desconocimiento sobre las especies de interés. Dicha información facilita el establecimiento de medidas de control adecuadas, que sean correspondientes a las características biológicas de cada una y que permitan la conservación de las poblaciones y a su vez mantenerlas productivas. Por ello urgen investigaciones y estudios diversos enfocados a lograr lo anterior.