Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 16 de abril de 2003
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Mundo

Negroponte, Reich y Cason, tres viejos halcones, ahora al servicio de Bush hijo

Los plomeros de la guerra sucia en Centroamérica apuntan hacia Cuba

La isla, prioridad en la agenda latinoamericana de EU, junto con Venezuela y Colombia

CARLOS FAZIO

La vieja guardia centroamericana de las administraciones Reagan y Bush (padre) está de regreso. Tres viejos halcones de la diplomacia de fuerza estadunidense: John Dimitri Negroponte, Otto Reich y James Cason, veteranos plomeros de la comunidad de inteligencia, expertos en trucos sucios y operaciones encubiertas, siguen trabajando con eficacia ahora al servicio de George W. Bush.

Negroponte es el todopoderoso representante de Washington ante el Consejo de Seguridad de la ONU en la peligrosa coyuntura iraquí. Reich fue designado en enero pasado "enviado especial" de la Casa Blanca para América Latina y aspira a ser el procónsul de Washington en Cuba tras la "liberación" de la isla. James Cason se desempeña como jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y, según agentes de la seguridad cubana infiltrados en la disidencia, es el encargado de "dirigir la subversión" y organizar una fuerza contra interna.

En el inmediato posIrak, junto con Venezuela y Colombia, Cuba es uno de los puntos prioritarios de la agenda latinoamericana de Washington. Bush debe la presidencia de Estados Unidos a las triquiñuelas fraudulentas de su hermano Jeb y la mafia cubano-estadunidense de Florida. No fue casual que el 6 de abril, mientras se consumaba la carnicería del Pentágono en Bagdad, grupos anticastristas marcharan por las calles de Miami al grito de "Irak hoy, Cuba mañana". Cuatro días después, Hans Hertell, embajador de Estados Unidos en República Dominicana, aseguró que la agresión contra Irak "va a mandar una señal muy positiva y es muy buen ejemplo para Cuba". Según Hertell, la invasión del país árabe era solamente el comienzo de una "cruzada libertadora que abarcaría a todos los países del mundo, incluido Cuba". El 11 de abril, tras la ejecución de tres secuestradores en La Habana, el gobernador de Florida, Jeb Bush, dijo que tras el "éxito" de la guerra en Irak, Estados Unidos debe volver la mirada al "vecindario". Un comentario para nada inocente, tratándose del hermano del jefe de la Oficina Oval.

Negroponte y la zaga de los contras

En 1989, el actual presidente interino del Consejo de Seguridad de la ONU, el mexicano Adolfo Aguilar Zinser, describió a John Negroponte como un "oficial de combate", "fundador de los contras" nicaragüenses y "célebre procónsul de Estados Unidos en Honduras". Dijo entonces Aguilar Zinser: "Durante su carrera, Negroponte se ha especializado en tareas de seguridad e información, en operaciones que vinculan a la diplomacia con las acciones encubiertas, el espionaje y el despliegue de las fuerzas militares de Estados Unidos".

No le faltaba razón. En enero de 1983, mediante la NSDD-77 (National Security Decision Directive No. 77), el presidente Ronald Reagan había autorizado una ampliación de las actividades operativas del Consejo de Seguridad Nacional (NSC). A partir de esa fecha el NSC coordinaría el programa interagencias conocido como "Project Democracy" (Proyecto Democracia). Según Holly Sklar, el Proyecto Democracia "combinaba la 'diplomacia pública' con el empleo de las operaciones encubiertas ultrasecretas" (H. Sklar, Washington's War on Nicaragua, South End Press, Boston, 1988).

Eran los días de la guerra sucia de la administración Reagan contra la Nicaragua sandinista. Un par de años antes, en agosto de 1981, el director de la Agencia Central de Inteligencia, William Casey, había restructurado la División Américamdf04443 Latina de la CIA. Casey puso al frente de la división a Duane Clarridge. Pero, según Sklar, "el hombre elegido para conducir la guerra en el terreno mismo, desde Honduras, el frente norte, era John Negroponte". Negroponte, quien años más tarde sería embajador en México, estuvo al frente de la misión estadunidense en Tegucigalpa entre 1981 y 1985. Según The New York Times, el diplomático estuvo "profundamente involucrado en la organización de los contras nicaragüenses, y desde noviembre de 1987 actuó como asesor adjunto del Consejo de Seguridad Nacional" (NYT, 1Ɔ. de febrero de 1989).

En su libro Guerreros secretos. Las operaciones clandestinas de la era Reagan por dentro (G.P. Putnam's Sons, New York, 1988), Steven Emerson destacó el papel de Negroponte en apoyo de las acciones encubiertas conducidas por el teniente coronel James Longhofer en la guerra civil en El Salvador y contra Nicaragua, incluyendo las misiones de minado de puertos, recolección de información aérea electrónica (Sigint), actos de sabotaje contra instalaciones y establecimientos civiles, y apoyo militar general a los contras.

Según una dramática crónica de Newsweek, La guerra secreta de Estados Unidos. Objetivo: Nicaragua, "el director de la CIA, Casey, supervisaba personalmente la operación. El embajador Negroponte la conducía. Los contras lo llamaban El jefe (The boss)". De acuerdo con la versión, "el sistema de apoyo a los contras dependía de la complicidad del Consejo de Seguridad Nacional, integrado por el presidente Reagan, el vicepresidente Bush, el secretario de Estado Shultz, el de Defensa Weinberger, Casey (miembro de facto), los jefes de la Estación de la CIA Joe Fernández (alias Tomás Castillo) en Costa Rica y John Mallett (alias George) en Honduras, y los embajadores Lewis Tambs en Costa Rica (principal redactor del Documento de Santa Fe I) y John Negroponte y John Ferch en Honduras".

Ya entonces Negroponte no era un diplomático del montón. Según adelantó en 1989 Gregorio Selser, el ex asesor de Kissinger en Saigón pertenecía "al sensitivo riñón del INR o Bureau of Intelligence and Research, el organismo de inteligencia e investigación del Departamento de Estado, una especie de CIA en pequeño, con una cuota propia de poder interno y que mantiene obvias vinculaciones con sus hermanos y primos de la comunidad de contraespionaje" (G. Selser, "Negroponte, el procónsul". La Jornada, enero de 1989).

Cuba: Ƒel guión iraquí?

Tres lustros después, Negroponte pertenece al mero riñón de la diplomacia de guerra de Washington. Y su viejo conocido, Otto Reich, acaba de dar un salto en calidad: despacha en la Casa Blanca. Su nuevo cargo de "enviado presidencial especial" para América Latina depende directamente del Consejo de Seguridad Nacional. Es decir, sólo rinde cuentas a la titular del NSC, Condoleezza Rice, quien integra el "ala dura" de la administración Bush.

En 2002, mediante un decreto presidencial, Bush impuso a Reich como secretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. Pero debido a sus nexos con la guerra sucia en Centroamérica en los ochenta, Reich fue bloqueado por el Senado. No obstante, pese a no contar con el aval del Congreso -y ni siquiera con el del secretario de Estado, Colin Powell, de quien supuestamente dependía-, Reich adelantó el proyecto cubano de Bush.

En octubre pasado, en un discurso ante la conservadora Fundación Heritage, afirmó que "Cuba es un Estado que auspicia el terrorismo" y echó mano del "arma biológica", el recurso favorito de moda, utilizado contra países que integran el llamado eje del mal, como el Irak de Saddam Hussein, Corea del Norte y Siria. "Creemos que Cuba tiene al menos una capacidad de guerra biológica limitada, de investigación y desarrollo. Sabemos que Cuba ha compartido el uso de biotecnologías de doble uso con otros estados que auspician el terrorismo." Al igual que ocurrió con Irak, Reich no presentó ninguna prueba. Pero sugirió que "una de las maneras de probarlo es destructiva". Implícitamente recurría a la doctrina de la guerra preventiva, sin mencionarla por su nombre. Interrogado por la prensa después de la alocución, dijo: "Tienen que confiar en nosotros. Tienen que creer que lo que estamos diciendo es la verdad". Y cuando se le preguntó si Washington estaba impulsando un cambio de régimen en Cuba, igual que en Irak, respondió: "Uno a la vez. Vamos a ver".

Un mes antes (el 10 de septiembre de 2002), había llegado a La Habana James Cason, hombre de perfil similar al de John D. Negroponte. Según la hoja de servicios distribuida por el Departamento de Estado, Cason es especialista en inteligencia militar. Graduado con distinción en la Escuela Nacional de Guerra, fue asesor político del jefe del Comando Atlántico del Pentágono (USACOM) y del Comando Supremo Aliado de la OTAN. Entre sus méritos figuran el premio al mejor "ensayo" concedido por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y un galardón como "escritor" otorgado por la Agencia de Inteligencia de la Defensa (la poderosa DIA). Su extenso currículum indica una amplia experiencia en la región: ha estado asignado a las misiones de Washington en Jamaica, Honduras, El Salvador, Bolivia, Panamá, Uruguay, Venezuela y Guatemala.

Algunas fuentes señalan que los vínculos de Cason con Negroponte y Reich se remontan a 1983, cuando atendió en Panamá el Foreing Broadcast Information (la oficina de Información para las Transmisiones al Extranjero), que pertenecía a la subdivisión de información de la Agencia Central de Inteligencia. Un año después (1984), Cason estuvo a cargo de Centroamérica, en la Oficina de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado. Eran los días en que Washington libraba la guerra sucia contra Nicaragua. La guerra de los contras que dirigía desde Honduras el embajador Negroponte. Pocos años después, a raíz del escándalo Irán-contras, saldrían a la luz pública las actividades de Otto Reich como profesional de la mentira. Según documentaría extensamente el Congreso de Estados Unidos, su trabajo en Washington estuvo directamente ligado a las actividades encubiertas de Negroponte y Cason en Centroamérica.

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