SEMANA SANTA CORA


 

EN LA SIERRA MADRE Occidental, en un recodo del río Santiago, que baja de la parte más alta de la sierra, se ubica la localidad Jesús María. La población es relativamente pequeña, las casas más importantes están construidas con piedra de río, en la parte baja tienen muros de adobe y sus techos son de teja; la calle principal es de tierra y estrecha. Para los coras es un centro social, político, religioso y comercial. Dentro de sus procesos de resistencia cultural, han generado estrategias que les permiten sobrevivir como etnia, así lo muestra la permanencia de sus ritos, sus autoridades civiles y religiosas y su particular visión del sentido de la vida y el universo.

Durante la Semana Santa celebran una de sus ceremonias más importantes; participa toda la comunidad, que viene desde sus pequeños ranchos en donde tienen sus parcelas de cultivo. Es la época de secas, el paisaje aunque bello muestra lo difícil de la vida en esos parajes. Hace algunos días, desde lejos se oye por los caminos y en las casas, el toque solitario de flautas de carrizo; ejecutan un son de tono severo y claro.

En la comunidad, los gobernadores obedecen a un consejo de sabios (ancianos). Hay un alcalde, que también es llamado ministro grande. Durante la ceremonia, el tenanchi mayor está a cargo de la virgen del Rosario (que representa a Tati, nuestra madre tierra y diosa del maíz); hay centuriones, capitanes, el mayú (toca las campanas grandes de la iglesia), el pizca mayú (toca las campanas chicas), los tupiles que guardan el orden, los vastas, los músicos, los judíos (unos 200 cuando presencié la ceremonia en 1982), 40 fariseos, los apóstoles que son 12 niños; otro más es el doble de Jesús y se le ha dejado crecer el cabello durante cinco años.

Formalmente la ceremonia se inicia el Domingo de Ramos, con la bendición de las palmas. Es difícil de observar para alguien que no está informado, pues tiene muy poca relación con la celebración de la Semana Santa católica. Ahí se mezclan ceremonias diferentes, como la iniciación de los jóvenes, la fertilidad, los ejercicios militares, la petición de lluvia y conceptos religiosos que muestran una forma de darle sentido a la vida de acuerdo con la visión de los coras. Así, un sacerdote (vasta) ofrenda una jícara que contiene copos de algodón y flores, la entierra cubierta con una laja, una vez que ha cantado una larga oración en la que ha pedido por toda la gente de su pueblo.

El centurión blanco comanda a los judíos; representan a las fuerzas nocturnas que sacrifican a Cristo, representado aquí como el dios sol, nuestro padre. Visten un pantalón (calzón) de manta blanca arremangado hasta la parte superior del muslo, están armados con un machete de madera y llevan una máscara hecha de varias capas de papel y una delgada faja tejida en telar de cintura; de un cinturón de cuero cuelga un carapacho de tortuga dentro del cual hay algunas pequeñas piedras que acompañarán según sus movimientos, a los dos únicos instrumentos que se escucharán, una flauta de carrizo con seis perforaciones y un pequeño tambor de parche en el que ha sido colocada una manta a manera de sordina. El centurión negro está acompañado por un ejército que tiene un orden y jerarquías militares, no están enmascarados, tienen un kepí con un morrión con abundantes tirillas de papel, semejando las plumas de los originales, copiado de militares de principios del siglo XIX, y llevan largas lanzas.

El miércoles santo, los judíos se pintan de negro (pasan a otra dimensión) y danzan, escenifican luchas; los capitanes mandan, sobre todo a los que se inician a traer agua corriendo al río; en la explanada de la plaza se reúnen en filas y entre ellas se extiende una cuerda negra de crin de caballo. Los mandos la hacen ondular; cuando toca a alguno, cae a tierra simbólicamente muerto; sólo revive cuando alguno de los vivos lo toca, y así hasta que todos están muertos. Ahí se inicia la transformación definitiva, se convierte en el ser del cual porta su máscara. Se lleva a cabo la danza que representa la cópula de las tortugas.

El jueves santo, los borrados se transforman pintando, en blanco, diseños corporales y faciales. El centurión Blanco amarra con la cuerda negra de crin al Santo Entierro. El sol ?Cristo ha sido devorado por la serpiente?, los seres del mundo completan su transformación, las cosas sobre la tierra adquieren nuevos nombres y la comunicación se hace con el lenguaje al revés; todo se trastorna, reina el desorden y el caos en el mundo. Las danzas y evoluciones exigen un gran esfuerzo físico, bajo un resplandeciente sol.

El viernes santo Jesús es apresado, los borrados se pintan de colores, algunos sólo de negro, blanco y rojo. La representación de los grupos continúa y al son de repetidos toques se bailan partes de la Danza de la tortuga. El santo entierro se coloca en la iglesia, dentro de un pequeño altar construido con ramas y otros elementos naturales; se amortaja y se cubre con varios paños negros. Permanecerá así hasta el siguiente año en la casa fuerte destinada para ello.

El sábado de Gloria, los borrados concurren al río, a bañarse, algunos dejan su máscara flotando en la corriente, se forman y van a la casa fuerte encabezados por su capitán. En una ceremonia entregan el poder a los gobernadores y se eligen nuevas autoridades religiosas para el siguiente año. La vida cotidiana vuelve a su normalidad; pronto lloverá y hay que preparar el campo para el cultivo del maíz de temporal.
 


Agradeceremos que nos envíen datos acerca de las celebraciones que se realizan en su comunidad, así como descripciones de sus costumbres y tradiciones. También serán bienvenidos sus comentarios y correspondencia a: La Jornada, Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, Benito Juárez C.P. 03310, sección Cultura, página Tradición y Cultura.

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