283 ° DOMINGO 25 DE MAYO DE 2003
Atzalan, la tierra de los muertos de Yuma
Defraudados por todos,
los deudos también se van

ALBERTO NAJAR

Hace dos años la muerte de siete veracruzanos –de un grupo de 14 mexicanos– reveló a Atzalan como una zona de alta expulsión de personas, obligadas a emigrar –entre otras razones– por la crisis del café. Siguieron las promesas gubernamentales de ayuda a los deudos y para la región en general, las cuales pronto quedaron en el olvido. Y por si fuera poco, una empresa trasnacional se llevó la producción de más de 200 cafetaleros y luego se esfumó. Era la última esperanza para los que quedaban. Los grandes proyectos que frenarán la migración siguen siendo hueco discurso político o especulación académica. Mientras, como dice un campesino atzaltleco, al perro más flaco le
caen las pulgas

Fotografía: La Jornada/Marco PeláezCHAPARRO GRANDE,ATZALAN,VERACRUZ.-Cuando Filemón Záyago Martínez se dio cuenta de que no le iban a pagar el café, que desde el año pasado entregó a una empresa trasnacional, decidió hablar derecho.

"Mire, don Santiago", dijo al tesorero de la Caja Solidaria de El Azotal, "yo sé que no es pleito suyo, pero era lo último que me quedaba. Ahí cuando paguen le encargo entregue el dinero a mi mujer".

Dos días después agarró camino para Jalapa, y de allí siguió hasta Reynosa, Tamaulipas. La última vez que el tesorero Santiago García Ramírez supo de su vecino, ya había conseguido empleo en Georgia.

Tras Filemón se fue Darío Romero Aguirre, y luego Eutimio Isabel Torres, dos vecinos de esta comunidad de 20 casas enclavada en la sierra media de Atzalan.

La misma región que en mayo de 2001 se hizo famosa porque de aquí salieron siete de los 14 mexicanos que murieron en el desierto de Yuma, Arizona.

Darío, Eutimio y Filemón son, más que vecinos, compañeros de desgracia: los tres vendieron el poco café que tenían a Exportadora Maya Ik, una empresa que se presentó con la bandera de ayudar a los productores veracruzanos para que ya no salieran a Estados Unidos. Nunca recibieron su dinero.

La oferta de la trasnacional salió al revés. De enero a marzo del año pasado se llevó sin pagar la producción completa de más de 200 campesinos de Atzalan y Altotonga, a quienes la operación los hundió más todavía.

Entre los afectados se encuentran incluso familiares de las víctimas de Arizona, como Alvaro Bartolo Torres y Adrián Bartolo Luciano, primos de Reyno Bartolo Hernández, muerto en Yuma.

Ambos campesinos ayudaron por varios meses a la viuda de su familiar, Faustina Romero Enríquez, pero con el problema de su café la dejaron sola.

Cosas de la pobreza. A las promesas incumplidas del gobierno para ayudar a los deudos, el olvido de los programas sociales que mitigarían la migración a Estados Unidos, se suma el engaño a los cafetaleros.

Es como la vida, reflexiona don Santiago. "Al perro más flaco siempre se le cargan todas las pulgas".

Visas, el primer gancho
Exportadora Maya Ik es una filial de Mayan Winds, una compañía "establecida y registrada internacionalmente con prácticas y negocios internacionales con conceptos innovadores", según refiere su página desplegada en Internet (http:www.mayanwinds.com).

Fue fundada hace unos años por Juan y Fernando Loera con el propósito de apoyar a los productores de Latinoamérica, "ya que es la única manera de que obtengan el precio justo por su producto, aumentando así su nivel socioeconómico para una mejor calidad de vida".

Los campesinos, se lee en la página electrónica, históricamente viven en la línea de pobreza, pues aunque su hábitat "es rico en recursos y gente deseosa de trabajar, para infortunio de ellos el haber nacido en un sistema muy antiguo de explotación, que actualmente se encuentra en transición, es lo que los ha mantenido en un estado de atraso socioeconómico".

Tal filosofía se traduce, en los hechos, en la compra de café directamente de los productores, especialmente de las zonas más marginadas. Así, la empresa afirma tener oficinas en Motozintla, San Cristóbal de las Casas, Ocotepec y Jaltenango, Chiapas, y hasta hace unos meses rentaba un local en Cosautlán, Veracruz.

De hecho, la estrategia en México incluye crear una Confederación de Productores Mexicanos que se encargaría de surtir de café a la compañía.

Así, en noviembre de 2001 Juan Francisco Loera Muñoz, representante del grupo en el país, se presentó en Veracruz y, con el aval de Rachel Rivera Franyuti, funcionaria de la subsecretaría del Trabajo en la entidad, invitó a los cafetaleros de Atzalan a hacer negocio.

Juan Herrera Aparicio, presidente de la Caja Solidaria de El Azotal, cuenta que se organizó una reunión con productores de varias regiones, como Cosautlán, Coatepec y su municipio, con el representante de la compañía, Juan Francisco Loera Muñoz.

En ese primer encuentro el empresario se mostró particularmente interesado en los campesinos de Atzalan. "Dijo que lamentaba mucho lo que había pasado en Yuma, y que si hacíamos negocio con él la gente ya no tendría necesidad de salir a morirse al desierto".

Semanas después hubo otra reunión, esta vez en el auditorio de Sanidad Vegetal en Martínez de la Torre, ciudad vecina a la sierra de Atzalan.

"Nos ofreció un precio muy bueno, iba a ser una inversión grande", recuerda Santiago García. "El café estaba a 300 pesos y cacho (el quintal) y propuso pagarlo a 400, y si se vendía más caro nos daba la diferencia. Y ya sabe, uno tiene la necesidad, nos convenció; creímos que era un hombre venido del cielo".

No lo pensaron más. Ese mismo día los cafetaleros atzaltlecos acordaron entregar prácticamente toda la producción a Maya Ik, y a medida que las cosechas avanzaran el volumen iría en aumento.

"Nos adelantó 50 mil pesos para comprar cereza (café sin despulpar); también ofreció 250 pesos por quintal y el resto cuando se vendiera", dice el tesorero García Ramírez. "No hubo ni un papel de por medio, aquí todo se arregla con la palabra de hombre".

En los meses siguientes Loera Muñoz se reunió varias veces con los productores de Atzalan, e incluso en marzo de 2002 se presentó a Martínez de la Torre acompañado de Fernando Loera, presidente de Mayan Winds, la empresa que distribuye el café en Estados Unidos. Esa vez, cuenta Herrera Aparicio, "nos pidieron que hiciéramos una lista de cinco compañeros para tramitar sus papeles y llevárselos a trabajar a su fábrica en Estados Unidos. Los compañeros luego luego se alborotaron".

Tenían razón para entusiasmarse: hasta ese momento los campesinos habían recibido más o menos puntualmente los pagos acordados por el grano. La lista para emigrar empezó a alargarse.

Entonces empezaron los problemas.

Cheques de hule
El cheque de huleEl primer síntoma de que algo andaba mal fue el retraso en el pago de la última entrega de café.

Para ese momento los productores de Atzalan habían entregado mil 800 quintales de grano, casi todo pergamino (sin tostar), de los cuales se habían pagado apenas 229.

"Lo buscamos por todas partes (a Loera Muñoz) hasta que dimos con él y con trabajos aceptó venir a calmar a la gente", dice García Ramírez. "Don Juan y yo éramos de la idea de no dejarlo ir hasta que nos pagara, pero la gente le dio otra oportunidad, dijo que si nos daba una esperanza buena había que dejarlo que se fuera".

La presión surtió efecto... Al menos en ese momento.

Loera firmó un acuerdo para liquidar su deuda y como garantía entregó los originales de más de 200 autofacturas en las que constan las compras realizadas a los cafetaleros, con la cantidad de grano entregado y el precio pactado.

En total, los documentos amparan la venta de 583 mil 619 pesos.

(Las autofacturas son comprobantes que emiten los compradores de café para demostrar ante la Secretaría de Hacienda la compra de grano, pues generalmente los productores no cuentan con registro fiscal ni mucho menos con recibos o facturas. Los egresos por esas operaciones se demuestran al presentar los originales de estos documentos.)

También dejó un cheque por 35 mil pesos –el número 0000134 de Bancomer, con número de cuenta 00131333747– fechado el 9 de junio de 2002 y que al intentar cobrarse fue devuelto por carecer de fondos.

Fue todo.

Desde ese momento los cafetaleros nada saben del empresario Loera Muñoz, ni tampoco del medio millón de pesos que les debe.

El pasado 21 de enero, Juan Herrera, el tesorero García Ramírez y Antonio Torres Guerrero, secretario de la Caja Solidaria, presentaron una demanda ante el Juzgado Mixto de Primera Instancia de Jalacingo para exigir se cumpla el acuerdo firmado el 9 de junio y se cubra la deuda a los campesinos.

Luego, el 24 de marzo el presidente de la caja solicitó a la delegación del Servicio de Administración Tributaria (SAT) de Veracruz investigue a Exportadora Maya Ik, pues existía la sospecha de que Loera Muñoz falsificara las autofacturas entregadas a los cafetaleros de Atzalan y con ellos presentar sin problemas la declaración anual de impuestos.

"Lejos de pagarle a los productores", señala el documento entregado al SAT, "el señor Loera se burla diciendo que él es un norteamericano y que con sólo cruzar la frontera no tiene nada que ver con la Secretaría de Hacienda y que jamás se le podrá castigar".

Va más allá. "Es muy probable que jamás se les pague a los productores de café defraudados y arruinados por esta empresa y su representante, pero lo que sí rogamos encarecidamente y de la manera más amable es que se investigue a fondo y se frene a esta clase de empresas que tanto daño hacen al agro mexicano y sobre todo al país".

El yo no fui
Truena el presidente de la empresa Mayan Winds, Fernando Loera Muñoz.

"Yo no sé nada de esto, nunca he hablado con estos campesinos, no sé nada de esta cooperativa Azotal (sic)", dice vía telefónica desde Washington. "Yo estuve en Teocelo viendo que se pagara todo el café, todo, en efectivo".

La llamada le tomó por sorpresa, pues, insiste, desde el año pasado las compras de Veracruz son asunto liquidado"; di 75 mil dólares a Maya Ik para que pagara todo".

–Pues a los cafetaleros de Atzalan les deben mucho dinero...

–Ahorita mismo voy a llamar a la empresa en México para ver qué pasó; yo no sé nada, yo nomás les compro el café a ellos. Es una lástima, esta gente sufre con el precio... para que todavía les hagan esto.

La sorpresa del empresario alcanza para ofrecer que un representante de Maya Ik hablaría a Masiosare para aclarar el asunto, para "ver qué dicen de esto".

La llamada nunca llegó.

Tampoco fue posible localizar a Juan Francisco Loera (quien, por cierto, es vicepresidente de Mayan Winds, según un memorándum enviado el 8 de octubre a Shawn McDonald, representante de la empresa en Canadá). El número telefónico de la matriz mexicana, ubicada en Matamoros, Tamaulipas, está asignado a la familia Badillo.

Y en otro, el correspondiente a la sucursal de Cosautlán, Veracruz, nada saben de la empresa. "Le quedaron a deber a muchos campesinos de Xico y Teocelo y por eso se fueron", dice Ricardo Vázquez Hernández, empleado de la gasolinera donde Maya Ik rentó un local. "No pagó ni el teléfono, dejó una deuda de 15 mil pesos".

Tampoco en Chiapas saben de Loera Muñoz. Lorenzo Pérez Sánchez, a quien la empresa ubica como representante de la Confederación de Productores en San Cristóbal de las Casas, afirma que hace dos meses fue la última conversación que sostuvo con el empresario.

"Me habló para ver si ya estaba el acta de la organización, pero todavía no hacíamos la asamblea para poder unirnos a la Confederación", explica vía telefónica. "¿Usted no sabe dónde lo encuentro?"

Perder, otra vez
La deuda, reconoce Abraham Pérez Vega, asesor técnico de la Caja Solidaria, puede no ser grande en términos monetarios. Pero para los campesinos de la sierra media de Atzalan lo es todo.

"Hay personas que entregaron unos cuantos kilos de café, a otros les deben unos cientos de pesos y algunos hasta firmaron con la huella digital", lamenta Pérez Vega. "Eso te da una idea de la pobreza de esta gente, de su inocencia".

No son frases hechas.

A José Hernández Hernández, de Comales, municipio de Altotonga (junto a las comunidades de Atzalan), Maya Ik le quedó a deber 298 pesos, según la autofactura 0808, mientras que a su vecino Lino Fernández García (factura 0815) no le han pagado 156 pesos.

Pero el colmo es la deuda de Simón Hernández Guerrero, también de Comales, a quien la trasnacional se resiste a pagar 120 pesos por 100 kilos de café. El número de su autofactura es 0817.

"Lo peor no es el dinero sino la burla, aprovecharse de la situación desesperada que se vive por aquí", lamenta el tesorero Santiago García. "Mucha gente lo vio como una salida para no arriesgarse al viaje (al norte), sobre todo después de lo que pasó en Yuma. Pero la solución se convirtió en problema, ora sí que nos cargaron la mano".