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México D.F. Domingo 29 de junio de 2003

BAJO LA LUPA

Alfredo Jalife-Rahme

Inviabilidad del imperio bushiano, según Rohatyn y Hobsbawm

Excesiva dependencia de EU en capitales y energéticos del exterior

Población envejecida

FELIX ROHATYN, BANQUERO de Lazard Fréres, quien salvó a Nueva York de la quiebra y anterior embajador estadunidense en Francia, comenta que "Estados Unidos no puede darse el lujo de sostener un imperio global" (The Financial Times, 10 de junio). En su libro más reciente (¿Necesita EU una política exterior?: hacia una diplomacia del siglo XXI), el genocida global Henry Kissinger (ídolo confeso de Ernesto Zedillo) consultó para el tema de la globalización financiera al banquero Rohatyn, quien no comparte el sueño guajiro de los straussianos que controlan la política exterior de Baby Bush y desean imponer el neoimperio unilateral: "es profundamente poco sabio que Estados Unidos pretenda irse por la libre en el mundo", porque "no lo podría hacer sin dañar seriamente el tipo y el nivel de vida estadunidenses". Señala el déficit presupuestario para los próximos 10 años, que "oscilará entre 1.8 y 4 billones de dólares, lo cual requerirá mayores recortes en pensiones y cuidados médicos". Refrenda la "excesiva dependencia de Estados Unidos en energéticos y capitales del exterior", que "enfrenta los pasivos de largo plazo de una población que envejece y con necesidades sociales sin cumplir". Califica de "precaria" la situación: "el dólar se desploma, mientras se incrementan las necesidades en capitales foráneos". Con tanta vulnerabilidad financiera interna, "Estados Unidos no puede cumplir los amplios gastos abiertos de dominio militar global, guerras preventivas y reconstrucción de naciones". Después de la "deliberada devaluación del dólar", que Rohatyn califica de "muy peligrosa" (lo cual delata la desesperación de las autoridades financieras, que no saben qué hacer ante el hundimiento del Titanic de la globalización financiera), de parte del secretario del Tesoro, John Snow, el billete verde se encuentra en la encrucijada de la situación conocida como "Catch 22", cuyo desenlace será siempre desfavorable: "se elevan las tasas de interés para proteger al dólar, o se deja que el dólar se desplome más, con el riesgo de una crisis financiera internacional". En forma sutil, el banquero concluye que "es tiempo de que Estados Unidos se detenga y reflexione sobre la naturaleza contradictoria de sus políticas económicas y su nueva doctrina internacional. Habrá que ceder en algo y una relación trasatlántica estropeada solamente empeorará las cosas".

A NUESTRO JUICIO, Estados Unidos, que aplica por doquier su política del "terror" y del "antiterror" con un terror en espiral todavía mayor, padece el "síndrome Sansón", que equivale al aniquilamiento nuclear de la "doctrina MAD", acrónimo que expresa la "locura" así como la "mutua destrucción asegurada" de la "disuasión por el terror" (en inglés deterrence, que viene del latín deterrere, infundir terror). Por medio del "síndrome Sansón", Estados Unidos no se caerá solo y arrastrará al planeta entero consigo, bajo la ilusión de que perderá más quien más se desplome, es decir, que Estados Unidos saldrá pretendidamente menos dañado que el resto del género humano, que le importa un comino a Baby Bush y a los straussianos, quienes buscan ante todo su propia salvación en medio del cementerio global del Armagedón provocado por la globalización financiera. La dupla Wolfowitz-Perle, que salió airosa durante la guerra fría bipolar nuclear por medio de la aplicación intrépida de la "doctrina nuclear MAD", emplea el mismo método aterrador tanto en la esfera de la "nueva geopolítica" de la expropiación energética global, por medio de la "guerra preventiva", como en el ámbito financiero: el brutal desplome deliberado del dólar para aterrar al genero humano, que ha perturbado a la ONU en su último reporte al respecto y ha inquietado inverosímilmente hasta al genocida FMI, y que Bajo la Lupa calificó de "terrorismo financiero bushiano".

ERIC HOBSBAWM, UNO de los mejores historiadores de todos los tiempos, acaba de publicar un ensayo luminoso sobre la inviabilidad del imperio bushiano: "Después de haber ganado la guerra" (Le Monde Diplomatique, junio de 2003). Todos los imperios han declinado, sin excepción, y "la conducta actual de Estados Unidos es familiar y al mismo tiempo sin precedente. Puede llevar a la militarización (interna)... a la desestabilización del Medio Oriente y al empobrecimiento, en todos los aspectos, del resto del mundo". Ni más ni menos el "síndrome Sansón".

EL INSIGNE HISTORIADOR británico aduce que "la actual globalización no tiene precedente en su integración, su tecnología y su política (...) Existe un enorme poder de una tecnología constantemente revolucionada en economía y, por encima de todo, en la fuerza militar (...) Hoy, el poder político a escala global requiere el dominio de la tecnología (militar), combinado con un Estado de tamaño enorme". No da por enterrado al Estado-nación socavado por la globalización trasnacional que intentó aniquilar a la sociedad civil: "nuestra época es todavía la de los estados-nación: el único aspecto donde no ha podido operar la globalización. Pero es un peculiar género de Estado donde casi cada uno de los habitantes ordinarios juega un importante papel". Los demás imperios sabían que no eran únicos, que eran vulnerables y "ninguno tuvo el objetivo del dominio global", la "novedad clave del proyecto imperial de Estados Unidos". Hasta el final de la guerra fría, "el dominio regional había sido el principal peligro vislumbrado por el sistema de relaciones internacionales". El historiador advierte que no hay que confundir "alcance global, que se volvió posible después de 1492", con "dominio global", y demuestra las diferencias marcadas entre el imperio británico y el proyectado imperio estadunidense, desde la "estructura doméstica" hasta su "ideología": "Estados Unidos constituye físicamente un vasto país con una de las poblaciones más numerosas del planeta"; ha practicado en forma breve el colonialismo ("opera con estados dependientes y satélites") y "ha desarrollado una política de intervención armada" (...) con el "control directo de un amplio número de bases militares". El imperio británico no era universal: "era británico, aunque naturalmente sus propagandistas siempre buscaron motivos altruistas". Para justificar su poderío naval, "Gran Bretaña usó la abolición del mercado de esclavos, como los derechos humanos son usados frecuentemente hoy para justificar el poder militar de Estados Unidos". Viene una de sus varias frases geniales: "Pocas cosas son más peligrosas que los imperios que persiguen sus propios intereses en la creencia de que le hacen un favor a la humanidad".

GRAN BRETAÑA, "UN imperio en búsqueda de sus intereses básicos, que eran económicos", siempre estuvo "consciente de sus limitaciones en tamaño y recursos (...) después de 1918 se había dado cuenta de su declive imperial (...) Cesó de ser el taller del mundo y se convirtió en el centro del sistema financiero global". Por el contrario, la "economía de Estados Unidos ya no es dominante". Lo relevante radica en la "contradicción de la ideología de un mundo dominado por un libre mercado controlado por Estados Unidos con los intereses políticos de importantes elementos dentro de Estados Unidos que se encuentran debilitados por el libre mercado (...) y una de las pocas formas en que esta debilidad puede ser superada es por la expansión del mercado de armas". Desmenuza la evolución contradictoria de Estados Unidos y su complejo militar-industrial, cuyo "propósito", detrás de la supremacía global militar, "permanece oscuro". No le augura ningún éxito: "El mundo es demasiado complicado para que cualquier simple Estado lo pueda dominar". Señala que Estados Unidos es muy vulnerable tanto en el corto como en el largo plazos y propone como ejemplo la espada de Damocles del cambio de dólares por euros en las cotizaciones de la OPEP. Y eso que Hobsbwam no aborda el escenario pesadilla del cambio a euros y al oro de las reservas en dólares de Japón y el llamado "circuito étnico chino financiero" (China, Hong Kong, Taiwán y Singapur), que poseen alrededor de 80 por ciento de las reservas mundiales en dólares, con las que se ha subsidiado la depredación global del dolarcentrismo militarizado.

PARECE SARCASTICO QUE el notable historiador resalte "algunas ventajas políticas" ("después de haber dilapidado la mayoría en los pasados 18 meses" por el "gobierno más impopular en el mundo de la historia") y otras "pequeñas ventajas de su dominio cultural", como el "inglés" (que no es de ellos sino de los británicos, el cual, incluso, degeneraron). Después de señalar que "sus funcionarios como Wolfowitz y Perle hablan como Rambo en público y en privado" arremete contra la "frivolidad de la toma de decisiones en Estados Unidos" (cuyo epítome fue la invasión a Irak), la "insensatez" de la "reformulación completa de la política en todo el Medio Oriente" y la "vacuidad" de sus "frases de relaciones públicas" ("eje del mal", "hoja de ruta"). ¿Cuáles frases? ¡Si son pura onomatopeya de rabia!

EL CELEBRADO AUTOR del libro La edad del imperio, 1875-1914 alerta sobre el "peligro subestimado de la militarización doméstica en Estados Unidos" que, en paralelo, "busca el control mundial por la vía militar", lo que "en la arena internacional comporta el peligro" a su vez de "desestabilizar al mundo". Prevé que debido a la enorme influencia de la opinión pública mundial, Estados Unidos ejercerá mayor presión sobre los medios, que buscará manipular todavía más, y cita el caso de Fox News. No se aventura a poner la fecha del ocaso inevitable de la superioridad tecno-militar de Estados Unidos, que recalca no ser decisiva en política, y enfatiza las limitaciones intrínsecas de la tecnología. Tampoco se cansa en demostrar que "la actual política internacional de Bush no es particularmente racional para los intereses imperiales de Estados Unidos, ni para los intereses del capitalismo, lo que ha derivado en las divisiones internas en el seno del gobierno". Aduce que una de las razones internas por las que el proyectado imperio de Estados Unidos no durará mucho es que los mismos estadunidenses se encuentran reticentes al "imperialismo y al dominio global" y asesta la puntilla intelectual histórica: en ausencia de un poder que contenga su irredentismo, no cabe otra alternativa más que "educar y reducar a Estados Unidos". El genial historiador británico no dice que ese sea un país barbárico, malcriado e ignorante que exija la imperativa necesidad de rehabilitar y civilizar, pero casi lo profiere cuando concluye que "el propio interés ilustrado y la educación" son los antídotos para detener el extravío de Estados Unidos.

SEGURAMENTE HOBSBAWM pensó como las Erinias, las diosas de la venganza implacable que fueron transformadas en Euménides, en diosas de la misericordia, gracias a la intervención de la diosa Atenea, que las rehabilitó y reducó por medio de las artes y la sabiduría.

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