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México D.F. Domingo 29 de junio de 2003

Presenta hoy la Novena Sinfonía de Beethoven en Bellas Artes; el viernes cierra temporada

La sociedad vive un momento de bulimia cultural, lamenta Diemecke

Según el director de la Sinfónica Nacional falta promoción a las expresiones artísticas ''porque no son negocio'' Inaugurará el 6 de julio el segundo Festival Musical Infantil de Verano

PATRICIA PEÑALOZA ESPECIAL

Parece danzar sobre el pódium. Sin más batuta que sus manos (inusual en la mayoría de los directores), su cuerpo y su gestualidad desorbitada, el mexicano Enrique Arturo Diemecke, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, evoca en cada concierto los vientos que le dictan los extensos estudios previos que hace del autor y la época de cada obra, como para saber si debe hacer cantar, bailar, estallar, murmurar, elevarse o desfallecer. Aunque a muchos su volatilidad escénica les puede parecer teatral, en él se trata de su momento vital más verdadero.

Diemecke es además director artístico de la Flint Symphony de Estados Unidos, la Orquesta Sinfónica de Long Beach, California, y director huésped de la Orchestra Philharmonique de Montpellier-Languedoc-Roussillon, en Francia. Es invitado frecuente de la Royal Philharmonic Orchestra de Londres, la BBC Symphony Orchestra, la National Symphony of Washington, la Orquesta Estatal de Rusia, entre otras, y de agrupaciones sinfónicas de Francia, Bélgica, Argentina, Venezuela, España, Singapur y China.

Es conocedor de varios instrumentos y compositor: su más reciente obra es Libertad bajo palabra, estrenada en mayo. Entre otras publicaciones internacionales, ha sido elogiado por la francesa La Marsellaise: "es un director joven, vivaz, nervioso y apasionado (...) se vuelca con una precisión diabólica, con gestos que recuerdan al joven Bernstein (...) Uno de los muy raros maestros que no sólo dirigen, sino que vibran con la música. Dirigiendo de memoria y con todo el corazón, es un verdadero creador-transmisor de belleza. Un volcán sin medida. Un demiurgo".

Como titular de la Sinfónica Nacional desde 1990, le ha dado a ésta impulsos diversos, por lo que ha recibido reconocimientos de la crítica, los músicos y el público, y la ha provisto de programas novedosos (como los ciclos La Sinfónica... šva al cine! en 1996, o los conciertos para niños); también con ella, ha grabado música de compositores mexicanos.

La imaginación, último recurso

Recientemente, ha programado temporadas con curiosos diseños en sus carteles, como Fortíssimo, con la imagen de un cello musculoso, o Andante con Moto, donde figura una motocicleta. A propósito de esta inquietud por refrescar la imagen de la música de concierto, en aras de atraer a más público, expresa Diemecke:

"La cultura es lo más importante para el ser humano, sin embargo, quienes detentan el poder deciden que es más importante hacer guerras para mantener el dominio y el control. Si quisiéramos hacer de éste un mundo mejor, con la cultura lo haríamos más fácil, barato y sin dañar a nadie. Yo busco cómo acarrear hacia la música a la población, que está siendo llevada por cauces que no son humanos, y que a lo largo de la historia hemos visto que conducen a la decadencia total. Cuando ese cauce los lleve a su fin, va a ser muy difícil recuperarse.

"Desde hace unos 10 años, la sociedad, respecto de la cultura, se halla en un momento bulímico: consume mucha chatarra para no tener remordimiento de vomitarla; pero en el momento en que la bulimia llegue a su máximo desarrollo, vendrá la anorexia, que es ya irreversible, casi mortal, pues implica el rechazo automático del cuerpo hacia ese alimento (la cultura, el arte). Entonces le sigue la alimentación artificial, intravenosa, como toda esa música comercial o los reality shows, donde ya nos introducen lo que debemos sentir o vivir. šPero hay alternativas! El arma con la que podemos salvarnos es la imaginación, pues nadie va a hacer nada por ti: eres tú quien participa creando. La imaginación es nuestro último recurso y lo que nos hace diferentes a las cosas, los animales y las plantas. Si no, Ƒqué estamos haciendo en este planeta? ƑšSer autómatas!?

"Busco atraerlos con el virtualismo del que tanto se habla, pero en vivo. Decirles: 'švivan aquí su propia realidad virtual, no dejen que los domine la computadora o la televisión! Yo les voy a proveer el medio, la música, ustedes dejen que su imaginación vuele, para que su cuerpo empiece a sudar, a vibrar... šša vivir!!' Por eso hago esos programas para, por ejemplo, los chavos que se quieren sentir muy en onda, decirles que aquí va andar en moto (Andante con moto), pero a bordo de la música más fina. Quiero regresarlos a la Tierra, a que construyan de nuevo este planeta; que vuelvan a darse cuenta de que están vivos."

''Hay mucha música popular muy buena''

Con palabras exaltadas y subrayadas por sus manos, como extensión de su desempeño en escena, explica por qué cree que los jóvenes no escuchan esta música o por qué, si una vez fueron llevados a oírla, no regresan.

"El joven que no vuelve, quizá no tuvo el acompañante o cómplice con el que se sintiera identificado. La mayoría necesitamos a alguien que nos empuje. Los jóvenes tienen miedo de hacer algo distinto porque los tachan de raros, aburridos, y no quieren ser rechazados, entonces hacen lo que todos. Y encima, los medios no le ponen énfasis a las expresiones culturales: sólo se inclinan por lo que les va a dejar más dinero del patrocinador; y el patrocinador va a apoyar aquello que más se venda. Y como la mayoría de la gente está en su etapa terminal-anoréxico-emocional, pues aquellos se dan vuelo dándoles puro alimento intravenoso, porque business is business. Así, la música clásica se ha convertido en el anti-business, porque ahí sólo 'vas a erogar presupuesto, pero no a ganar nada'... Tampoco viene la gente pues falta promoción; pero hoy pagar promoción es carísimo, y si gastas más en publicidad, tienes que quitarle calidad a la música, y eso no lo vamos a hacer. Entonces con los jóvenes hay que hacer mucha publicidad de boca en boca, contagiarlos también de esto... De hecho tenemos un grupo de jóvenes que envía correos electrónicos."

-Quizá para ellos la música clásica suena a otros tiempos. ƑCómo decir a los jóvenes que tienen relación con Beethoven, Brahms, Mozart?

-La música, como otras artes, viene de imitar a la naturaleza: el primer impulso que entusiasmó a los compositores. La música es un homenaje a la vida... Si vemos la historia, la música clásica tiene sus orígenes en la música popular, en su forma más precaria. En algún momento se volvió elitista pues se fue refinando; en el Renacimiento la cultura civilizó a las personas, que estaban desparramadas, incultas, muertas, casi como animales, con unas supersticiones espantosas. Dijeron en la corte: ''šah!, esa música que se oye, hagamos que suene mejor, con instrumentos menos corrientitos; vamos a plasmarla en un sistema, una partitura, para que se conserve..." Hoy día hay mucha música popular muy buena. Ahí corresponde a los músicos actuales ser hombres del Renacimiento, que vengan a extraer lo bueno del pueblo otra vez. Señores: hay que rescatar lo que tiene valor, como hicieron Revueltas, Moncayo, hace no mucho tiempo.

Hoy domingo y el viernes próximo, la Orquesta Sinfónica Nacional cierra su segunda temporada de conciertos del año con la Novena sinfonía de Beethoven. Hoy además se presenta, como estreno mundial, Concierto para violoncello y orquesta del mexicano Armando Luna (1964); domingo 29 de junio, 12:15 horas; viernes 4 de julio, 20:30 horas. La Sinfónica también inaugurará el domingo 6 de julio (12:15 y 13:45 horas), el segundo Festival Musical Infantil de Verano, con el repertorio Un viaje musical por el continente americano. Palacio de Bellas Artes (Juárez y Eje Central). Boletos en taquilla (180, 150 y 100 pesos; 50 por ciento de descuento a estudiantes, maestros y personas de la tercera edad). Pláticas de apreciación musical, una hora antes de cada concierto.

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