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México D.F. Domingo 29 de junio de 2003

RUMBO AL 6 DE JULIO

En Milpa Alta cada vez somos menos campesinos, se lamenta Juan Ríos Flores

"Nunca dejaré de trabajar la tierra"

Actualmente sólo 14.3% de los habitantes de la demarcación se dedican a la agricultura

SUSANA GONZALEZ G.

Arraigado a la tierra como sus milpas, Juan Ríos Flores es un campesino de Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta, que a sus 56 años no concibe ni acepta otra forma de vida. "Soy campesino", repite a cada pregunta de la entrevista, como explicación de lo que hace, de sus preocupaciones, y hasta como disculpa cuando olvida alguna palabra en español, pero también como orgullo y razón de su existencia.

Campesino por siempre y para siempre, de origen nahua, sin importar que desde su nacimiento le haya faltado parte del brazo derecho. "Pero así como me ve, sé trabajar de todo en la tierra. Esa es mi dedicación para vivir. Mi padre, también campesino, me enseñó desde niño a hacer producir el campo. No hubo oportunidad que me curaran porque antes no había tanta tecnología ni doctores como ahora, para hacer injertos."

Don Juan o "Ríos", como le gritan sus vecinos al saludarlo, es de los últimos trabajadores agrícolas en Milpa Alta, pues si bien esta delegación concentra el mayor porcentaje de la población capitalina dedicada a la agricultura, ésta ha descendido paulatinamente. A la fecha, 14. 3 por ciento de los milpaltenses se dedica al campo, por 20.2 que se ocupa en la industria y 63.5 por ciento en los servicios.

Poco conoce don Juan de los candidatos a la jefatura delegacional de Milpa Alta, y mucho menos de las propuestas para los campesinos, pero considera que "lo más importante es que quien quede trabaje bien, no importa de qué partido sea". Lamenta que la gente ya no quiera trabajar la tierra "y cada vez seamos menos campesinos", pero lejos de pedir atención especial para su sector, se une a las voces de sus vecinos para demandar "más vigilancia, porque han pasado muchas cosas; ha habido cuatro muertos en un mes aquí en Santa Ana; faltan agua y luz".

Como en el resto de los 11 pueblos de la demarcación, en Santa Ana Tlacotenco se notan a simple vista las tierras abandonadas y cultivos mal cuidados, pese a que, según la monografía delegacional, es una de las zonas con mayor demanda para la siembra del maguey, además del nopal, del que Milpa Alta ocupa el primer lugar de producción a nivel nacional.

Pero, por lo "laborioso" que resulta sembrar nopal, "porque debe cuidarse más que otros productos y abonarse constantemente", el moreno y enjuto don Juan sólo le dedica una porción mínima de sus tierras. A fuerza de trabajo se ha hecho de seis predios en la accidentada y elevada topografía del pueblo, los cuales trabaja de la manera tradicional: con el arado, el azadón, la pala y el pico, que apoya sobre su brazo derecho incompleto.

-Lo que produzco, según la temporada, es maíz, haba y frijol; nopal casi no. Ahí nomás pal' gasto. Son tierras mías, no heredadas. Yo las he conseguido desde hace más de 20 años.

-¿Y le rinden?

-¡Claro que sí! Uno que es campesino, si deveras lo es, sabe trabajar la tierra y le saca provecho. Si no rinden, entonces no se es campesino y no se sabe trabajar -dice, mientras se empeña en mostrar las milpas altas de su cosecha, tan altas como él, en la parte elevada de la delegación.

"Si voy a presumir, que sea lo mío. No esos maicitos mal cuidados. Tampoco esas nopaleras que nomás las dejan hacerse feas. ¿Para qué quieren la tierra si no la trabajan? Eso no es de campesino", comenta mientras avanza con un andar ligero, en sus tierras a las afueras de Santa Ana, el último pueblo del sureste capitalino, por el que se accede a la carretera hacia Cuautla, Morelos, o Juchitepec, estado de México.

Por la calidad de sus productos, Procampo le ha concedido algunos créditos que le han ayudado para mejorar su trabajo y mantener a su familia, de ocho miembros. Pero no es suficiente. De lunes a sábado, de 8 a 15 horas, don Juan trabaja para la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural en la reforestación de la zona boscosa de Milpa Alta, junto con otras 50 personas de su comunidad. Por mil pesos a la quincena, "cada uno siembra hasta 350 arbolitos diarios", asegura.

Así se ha ayudado para los gastos de la escuela de sus hijos -cuatro mujeres y dos hombres, de entre seis y 27 años, a quienes quiere hacer profesionistas-, y para construir poco a poco su casa, pese a los problemas de agua, luz y drenaje. Ya levantó dos habitaciones de material, aunque conserva una letrina exterior y el patio sirve de establo, donde tiene un "caballo enano" y 30 gallinas.

-¿No le conviene dedicarse a otra cosa y dejar su tierra?

-¡No! Nunca voy a dejar mi tierra.

-¿Por qué?

-Porque soy campesino. A eso nos dedicamos los campesinos: a mantener a los demás, a todo el mundo, a toda la gente. A ver, dígame: ¿qué comerían todos si nosotros no trabajáramos la tierra? ¿De dónde saldrían los alimentos para todos? Ese es el amor a la tierra, porque si nadie siembra ¿de dónde se va a comer? -sentencia don Juan.

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