Solidaridad y alimentos transgénicos

Cuando los diccionarios se quedan sin palabras

Mariano Cereijo Gelo

Consultor ambiental y ecologista español

Correo electrónico: marianocege@yahoo.es

A veces, la solidaridad se puede transformar en el peor enemigo de millones de pobres en el mundo. En una especie de prototipo de Caballo de Troya moderno y maquillado. En su interior, oscuros fines y el estereotipo del Atila Don Dinero. Por donde pasa, no crece la vida.

La Alianza por una Nicaragua Libre de Transgénicos abrió la caja de Pandora. Dos sorprendentes hallazgos zarandean y muestran los grotescos fines de organismos aparentemente sin mácula que enarbolan sin ningún pudor la bandera de la solidaridad y la cooperación con los más desfavorecidos.

Por una parte, dicha alianza encontró maíz manipulado genéticamente (transgénico) en la ayuda alimenticia que llega a Nicaragua, y que es donada a través del Programa Mundial de Alimentación (PMA) de las Naciones Unidas. Por otra, dos muestreos aleatorios llevaron a esta alianza a sospechar fuertemente de la introducción de semillas transgénicas en algunos departamentos de Nicaragua a través del Proyecto de Mejoramiento de Semillas (Promesa). Dicho proyecto fue cancelado recientemente y, aunque formaba parte de un programa del gobierno nicaragüense, era financiado por la Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID).

Para conocer ambas historias, contacté cibernéticamente con el licenciado Julio Sánchez Gutiérrez, coordinador del programa de biodiversidad del Centro Humboldt, una de las siete organizaciones que conforman la alianza.

Advierte primeramente que en las aportaciones de ayuda alimenticia, todas las muestras de maíz que se analizaron contenían maíz transgénico. En la Unión Europea, si la cantidad de maíz transgénico supera el 0.5 por ciento del total se debe etiquetar o incluso puede ser retirado de mercados, tiendas y centros comerciales. Sin embargo, en Nicaragua se llegó a detectar una muestra que contenía más de siete veces ese porcentaje. Una de las variedades transgénicas halladas en las muestras es propiedad de la controvertida multinacional Monsanto y está totalmente prohibida en Europa, independientemente de la cantidad y porcentaje de la misma.

Según el licenciado Sánchez, la inmensa mayoría de las muestras analizadas provenía de ayuda alimenticia otorgada por Estados Unidos a través de USAID y distribuida por el PMA.

No obstante, también se detectó una variedad de maíz transgénico en una donación financiada por Alemania. Según el derecho comunitario, en Europa dicha muestra debería haber llegado a Nicaragua claramente etiquetada. Sin embargo, no sucedió así.

Y es que, según la versión del señor Sánchez, la Unión Europea y algunos de sus países también podrían ser responsables indirectos de lo ocurrido. Esto sucedería si el PMA comprara con fondos europeos ayuda alimenticia con transgénicos en otros países donde están más permitidos. De momento, todo son hipótesis y suposiciones. Pero de ser ciertas, dejarían en muy mal sitio las políticas solidarias de la Unión Europea y sus países y deberían propiciar un mejor control sobre los alimentos que obtiene el PMA con dinero europeo.

Hoy existe bibliografía científica que pone en tela de juicio la inocuidad de los alimentos transgénicos en la salud humana. Es por eso que miles de organizaciones, científicos y ciudadanos del mundo están exigiendo a las autoridades competentes, precauciones y moratorias al comercio de estos cultivos y semillas, hasta que se conozcan con mayor profundidad y exactitud sus consecuencias sanitarias, sociales, medioambientales, políticas y económicas.

Sin embargo, la sombra rampante de las multinacionales prevalece en muchos políticos y funcionarios y se impone a la voluntad popular y al principio de precaución que debería tenerse muy en cuenta al considerar los riesgos reconocidos de estos alimentos y cultivos.

Apunta el señor Sánchez que las muestras de ayuda alimenticia en las que se encontraron los componentes transgénicos iban destinadas a sectores muy vulnerables de la población nicaragüense. Primero que nada, porque los receptores eran personas y comunidades muy pobres. Segundo, porque los alimentos iban dirigidos a madres embarazadas y a niños en edad preescolar. Son ellos, precisamente, los que menos acceso tienen a una sanidad digna y adecuada, y a una dieta rica y equilibrada. Cualquier efecto adverso conllevaría consecuencias más trágicas y dañinas en estas personas. Imagínense cómo una madre llevaría a su hijo a un hospital, aquejado de una alergia producida por algún alimento transgénico si a duras penas puede comprar la comida diaria. Se ha otorgado comida basura a los hambrientos y se ha arriesgado la salud de los que no pueden comprar ni una aspirina.

Otro agravante de esta truculenta historia es el silencio y mutismo con el que se ha llevado a término. Nadie sabía nada. Ni los ciudadanos, ni las organizaciones no gubernamentales (ONG) y ni siquiera el gobierno nicaragüense. Por lo menos, eso alegan. Se han introducido alimentos susceptibles de producir desequilibrios nutricionales y daños médicos sin informar, sin avisar y sin dar opción a nadie de poder tomar medidas para prevenir futuras consecuencias negativas en la población.

La presencia de este maíz como ayuda alimenticia es debida a dos hipótesis que nos explica el señor Sánchez.

Por una parte, a Estados Unidos se le ha ido de las manos el control de los alimentos transgénicos. El caso más escandaloso es el del maíz transgénico StarLink, el cual sólo está permitido para consumo animal. Pero debido a las deficientes regulaciones y medidas de control, éste fue detectado en la dieta humana en agosto de 2000, provocando, supuestamente, alergias a decenas de personas en Estados Unidos. Estas carencias organizativas y legislativas hubieran permitido la filtración del maíz en ayuda alimenticia.

La segunda teoría, y la más probable, es que el gobierno norteamericano ha comprado excedentes a las empresas que no pueden ubicar su producto en el mercado para, posteriormente, remitirlos como ayuda alimenticia.

Sea cual sea el motivo, la sociedad se halla alarmada. En Nicaragua no existe legislación férrea que impida la entrada de transgénicos. Sólo protocolos, menciones y acuerdos que, sumados a la gravedad del caso, deberían desembocar en una moratoria inmediata a la entrada de dichos productos por parte del gobierno liberal del señor Enrique Bolaños.

Nicaragua no ha sido el único país en donde se ha encontrado ayuda alimenticia con presencia de transgénicos. El Foro Boliviano para el Desarrollo y el Medio Ambiente (Fobomade) ha denunciado que en muestras de alimentos donados por USAID y repartidos por el PMA en Bolivia se ha detectado la presencia del maíz StarLink. En Guatemala, el Colectivo Madre Selva encontró tres variedades de maíz transgénico en ayuda alimenticia totalmente prohibidas para consumo humano en la Unión Europea. Otros países, como Ecuador y Colombia, también fueron víctimas de esta peculiar forma de solidaridad.

Según el señor Sánchez, la política de la FAO no impide distribuir este tipo de alimentos siempre y cuando estén certificados en el país de origen. USAID no ha desmentido en ningún momento todo el escándalo. Simplemente se ha limitado a defenderse, aduciendo que estos alimentos son consumidos en Estados Unidos. Oliver Garza, antiguo embajador norteamericano en Nicaragua, fue más lejos. En una actitud entre injerencista y profética, manifestó públicamente que los transgénicos son la única solución para que Nicaragua pueda sobrevivir. Además, reconoció que el 40 por ciento de la ayuda alimenticia que llega a Nicaragua contiene porcentajes transgénicos.

Al parecer, no interesa lo más mínimo la opinión, visión, testimonios, temores, sospechas y preocupaciones de los nicaragüenses en todo este asunto. No es todo. Si se ha sorprendido con lo que ha leído hasta ahora, prepárese para la segunda historia. No es menos escalofriante.

Nos cuenta el señor Sánchez que la Alianza por una Nicaragua Libre de Transgénicos detectó semillas presuntamente modificadas genéticamente en los campos de experimentación de Promesa.

Dicho proyecto se suspendió hace unos meses. Se sospecha que el descubrimiento efectuado por la Alianza fue decisivo para la cancelación del mismo. No obstante, Sánchez advierte que proyectos similares se pueden desarrollar en otros países bajo otros nombres.

Subraya que nunca pudieron confirmar la existencia de cultivos transgénicos. Tenían una fuerte presunción; por eso, iban a realizar nuevas pruebas para confirmarlo en el laboratorio Genetic ID, de Iowa (Estados Unidos). El mismo que detectó maíz transgénico en la ayuda alimenticia e hizo sospechar de la existencia de semillas manipuladas genéticamente en los campos nicaragüenses.

Su temor no se basaba simplemente en las pruebas científicas. El hecho de que en todo este asunto estuvieran implicadas algunas multinacionales, así como el propio gobierno norteamericano, les hacía llevar esta sospecha hasta la misma frontera de la seguridad y la certeza absoluta. Además, el top secret que envolvió esta historia daba vía libre a cualquier opinión o hipótesis por descabellada que fuera.

De haberse confirmado la existencia de estas semillas, uno de los principales problemas que tendrían que haber afrontado los agricultores nicaragüenses era el de la contaminación genética. Es decir, los nuevos genes añadidos a las semillas (transgénicas) podrían ser adquiridos muy rápidamente por los cultivos de maíz autóctonos (no transgénicos), amenazando así la existencia, características y propiedades de las especies endémicas nicaragüenses. Es como un vertido tóxico en el afluente de un río que se propaga por otros ríos a gran velocidad. En su trayecto, contamina pozos, acuíferos, lagos, etcétera, y, finalmente, acaba amenazando la vida de ecosistemas y humanos. De la nada, se pasa a miles de metros cúbicos de agua contaminados en cuestión de días. En nuestro caso, de una pequeña plantación de maíz transgénico se podrían contaminar grandes extensiones de maíz autóctono.

Pero... Ƒqué sucedería si los genes contaminantes fueran peligrosos para el ser humano? (Recuerden el caso del maíz StarLink). El resultado sería trágico: grandes extensiones de maíz, contaminadas con genes peligrosos para la salud humana, en países con importantes e inverosímiles deficiencias sanitarias y alimenticias. Llegado el caso, todas las toneladas de maíz contaminado deberían eliminarse del mercado para evitar un incremento de los problemas médicos. Las consecuencias socioeconómicas en el campesinado y la sociedad podrían ser desastrosas: fluctuaciones en el precio del maíz, tensión y pánico en la sociedad ante la nueva epidemia, más desempleo en países con tasas superiores al 50 por ciento, hambre, pobreza, etcéteraij

A pesar de que el proyecto se canceló, existe la posibilidad de que durante su funcionamiento los supuestos cultivos transgénicos contaminaran otros cultivos. Por eso, la Alianza no descarta la posibilidad de hacer estudios al respecto.


Empacadora de melones en Nicaragua

Y todo esto... Ƒpor qué? ƑQué motivo lleva a los países ricos y a las multinacionales a pender de un hilo la salud, el bienestar y la autonomía de los pobres? ƑQué maquiavélico plan se esconde detrás de todo este conglomerado "solidario"? El señor Sánchez es claro y nos da la respuesta. El objetivo único y final es monopolizar la alimentación en el mundo. Que algo tan esencial, básico, importante y primario como es la comida dependa de los intereses económicos y políticos de unos cuantos. La maquinaria de las multinacionales es muy fuerte, la información escasa, y el agricultor pobre y desesperado resulta ser presa fácil.

Primero, se introducen las variedades transgénicas bajo el barniz de la solidaridad y la cooperación al desarrollo. Son promocionadas hasta sus últimas consecuencias. Se engaña al agricultor para que abandone sus semillas tradicionales. Abundantes cosechas o reducción de herbicidas son algunas de las apologías utilizadas para tentarlo.

Hay que subrayar, porque es vital para entender todo este plan, que las semillas transgénicas están patentadas. Son propiedad de la multinacional que las produce.

Por eso, cuando el agricultor se ha decidido por las variedades transgénicas y ha abandonado las suyas, empieza a depender de la multinacional que le vende las semillas. Se inicia el monopolio. La alimentación, la economía y el desarrollo de unos países, ya de por sí con serios problemas, se subordina única y exclusivamente a las condiciones, intereses, precios y caprichos de la multinacional propietaria de las semillas.

Si ya hay hambre en el mundo, imagínense el futuro, cuando la comida de un niño centroamericano esté condicionada por los gritos y el estrés de los extraterrestres de Wall Street.

Las agendas neoliberales completan este magnífico pastel. Con el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) que quiere imponer el gobierno de George Bush al resto de América Latina, se le proporciona más poder a las multinacionales que a los propios Estados. Se azucaran las leyes laborales y medioambientales. Se cortan las subvenciones y ayudas. Prevalece el producto externo al local. Y se reducen los gastos sociales, entre otros muchos latigazos.

Transgénicos + neoliberalismo = pena de muerte para los pobres. Apunta el señor Sánchez que "quién domina el alimento, domina el mundo". Y todo esto, en el contexto de unos países cuyas creencias más ancestrales narran que los humanos somos hijos del maíz. Hoy, en pleno siglo XXI, las fuerzas del dinero y la demencia humana más inescrupulosa amenazan el génesis centroamericano, para introducir su dominio y sus productos llenos de contraindicaciones y minas antipersona. ƑHemos tocado fondo como especieij o aún podemos cavar un agujero para hundirnos más?

ƑQué es un gen? ƑQué es un organismo modificado genéticamente?Un gen es cada uno de los trozos de ADN que contiene la información sobre el funcionamiento y reproducción de cualquier ser vivo. Por ejemplo, el color de los ojos, la textura de una determinada fruta o el crecimiento de las células del estómago están determinados por los genes de cada individuo.

Un organismo modificado genéticamente es un ser vivo de una determinada especie al que se le ha cortado uno o más genes de su cadena de ADN, y se le ha añadido uno o más genes de otra especie para darle propiedades y características inéditas en su especie. Por ejemplo, existe un tomate al que se le añadió un gen de otra especie con la finalidad de que su piel tardara más en madurar y pudrirse, dándole así una propiedad extraña y nueva para su especie. Ese tomate pasa a ser transgénico.

No es oro todo lo que reluce

Numerosas campañas publicitarias proclamaban años atrás que los cultivos transgénicos iban a enterrar el hambre y la pobreza en el mundo. Era la imagen que multinacionales y ciertos políticos y funcionarios querían dar a la sociedad para que ésta acabara aceptando este nuevo invento. Alimentos con mejores propiedades nutritivas, cultivos con menos necesidades hídricas o cosechas más productivas. Eran (y siguen siendo) algunos de los argumentos esgrimidos para humanizar lo que a duras penas se puede humanizar.

Lejos de traer el cielo a la tierra, las multinacionales siguen buscando cómo maximizar sus ganancias por encima de todo. Primero, porque las semillas transgénicas no son patrimonio de la humanidad. Están patentadas. Tienen amo. Hay que firmar contratos y cláusulas. Hay que comprarlas. Segundo, porque el grupo de cultivos transgénicos más numeroso no es el del "milagro de los peces y los panes". El 60 por ciento de la investigación agrobiotecnológica intenta desarrollar plantas que resistan herbicidas en altas dosis. Mientras las "malas hierbas" perecen por los efectos del herbicida, estos cultivos están modificados para resistir altas cantidades. Lo paradójico del caso es que la misma multinacional vende la semilla y el herbicida. El beneficio de la multinacional es doble, la dependencia del agricultor también, y en unos años, la pobreza y el hambre en el mundo puede que lo mismo.

Salud y alimentación en Nicaragua

En Nicaragua, la alimentación y el sistema sanitario presentan graves deficiencias. La población tiene derecho a un servicio médico elemental, pero no a las medicinas básicas. Eso depende del bolsillo de cada uno. Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina después de Haití. Por lo tanto, no es difícil ver a enfermos abandonando los centros de salud, conscientes de que no van a poder costear las recetas del médico, o a personas sufriendo graves dolores en las camas del hospital porque no pueden pagarse los analgésicos. Las instalaciones hospitalarias tienen carencias inauditas. Por eso, resulta habitual que dos enfermos convalecientes ocupen una misma cama. La falta de medios conlleva que el paciente se vea obligado a proporcionar desde las sábanas de la cama, hasta el alcohol, algodón y gasas para sanar una determinada herida.

Según UNICEF, la tasa de mortalidad infantil para el año 2001 fue de 38 por cada mil niños nacidos vivos en Nicaragua. Mientras que las más bajas en América, correspondieron a Canadá con 6, Cuba con 6.2 y Estados Unidos con 7.

La esperanza de vida al nacer, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), era en 1995 de 66 años en Nicaragua. Mientras que en el periodo 1995-2000, y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los dos primeros lugares los ocuparon Costa Rica y Cuba con 76 años.

Referente a la tasa de mortalidad materna, en Nicaragua el índice de 1996 fue de 127 madres muertas por cada 100 mil nacimientos vivos, según la OPS. En el periodo 1996-2000 y según la CEPAL, Cuba registró el índice más bajo con 32, siguió Panamá y Costa Rica con 55, y Uruguay con 86.

En cuanto al perfil nutricional, la FAO indica que el 14 por ciento de los niños nicaragüenses menores de cinco años estaban desnutridos en 1998. La población de Nicaragua enfrenta problemas de retardo en el crecimiento, deficiencias de vitamina A, y anemia por falta de hierro en niños, escolares y mujeres adultas. Posee un deficiente consumo de calorías, proteínas y productos de origen animal, así como otras fuentes de hierro y vitamina A como frutas y verduras. El consumo general de calorías en Nicaragua es de aproximadamente 2 mil 190 Kcal/día por persona, cuando el mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud es de 2 mil 700.

Ayuda alimenticia: la gran farsa

Una de las cláusulas especificadas en el ALCA prohíbe las "políticas estatales orientadas a favorecer el uso de los bienes nacionales o el desarrollo local y sectorial". Este tipo de reglas del juego, impiden subsidios y subvenciones a los agricultores locales, dejándolos así a la suerte del mercado.

Estados Unidos, el país más interesado en firmar Tratados de Libre Comercio e imponer el ALCA en América Latina y el Caribe es, curiosamente, el primero que incumple todas estas premisas. Simplemente porque, por ejemplo en agricultura, no podría competir en buenas condiciones con el resto de países americanos. De esta manera, Estados Unidos adopta medidas proteccionistas, subvencionando a sus agricultores o comprando excedentes de cosechas a fin de evitar caídas de precios y crisis.

El licenciado Julio Sánchez, coordinador del programa de biodiversidad del Centro Humboldt, afirma que la ayuda alimenticia no es más que los excedentes de producción de los países que la dona. Recorre miles de kilómetros por mar y tierra para llegar a municipios y comunidades pobres, en las cuales se siembra el tipo de alimentos que llega en forma de ayuda desde Estados Unidos. La lógica y el verdadero espíritu solidario implicaría que la ayuda alimenticia que se da a las personas necesitadas se obtuviera en los mismos municipios y países donde se va a consumir. Si así fuese se podrían obtener más toneladas de alimentos, se fortalecería la agricultura local, se crearían puestos de trabajo entre los mismos pobres, crecería la economía, se ahorrarían costos en el transporte, etcétera.

Además, la ayuda alimenticia ha llegado algunas veces a los mercados locales, compitiendo en clara ventaja con la producción local. Este hecho ha provocado fuertes protestas de los agricultores y ganaderos locales.

Bajo la aureola de ayuda alimenticia también se esconde una especie de "camión de la basura". Ciertos países se deshacen de aquello que no les sirve proporcionándolo a otros países en forma de ayuda. Recientemente, numerosos organismos denunciaron que Estados Unidos se estaba deshaciendo del maíz StarLink por medio de estos "programas de ayuda".