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México D.F. Domingo 20 de julio de 2003

Elena Poniatowska /I

Consuelo Velázquez: la gloria por un beso

''Cuando se inauguró la XEW yo era una jovencita'', dice Consuelito Velázquez moviendo su boca roja y mirándome con cierta angustia.

-¿Cuándo compuso Bésame mucho?

-Yo no había dado un beso.

-¿Cómo sabía entonces lo que es un beso, Consuelito?

-No sabía, no tenía la menor idea.

-¿Lo intuía?

-Tampoco.

-¿Su mamá le dijo cómo eran los besos?

-No. En mi casa todos nos educamos en colegios de monjas.

-¿No serán las monjas las que más saben de besos? Mariana Alcoforado, la autora de Las cartas portuguesas, que son las más apasionadas misivas de amor; la monja Alférez, la propia Sor Juana...

Consuelito se mira la punta de los dedos. Por lo visto no le gusta el tema de las monjas besuconas. Los muros de su gran casa en San Angel Inn están cubiertos de pintura colonial, monjas coronadas, santos, bodegones, retablos y marfiles que nos vigilan, así como estofados y arcángeles de grandes alas, que ya quisiera un anticuario para un día de fiesta. Acompañada por su hijo, Mariano Rivera Velázquez, que vive con ella y la cuida minuto a minuto, Consuelito Velásquez -toda vestida de rojo, el pelo encrespado de crepé, muy maquillada, empequeñecida por el tiempo- hace su entrada; nos besa, se sienta en el sofá de la sala y aguarda las preguntas encogida sobre sí misma a pesar del esplendor de sus prendas rojas. Todo el tiempo se acomoda la blusa, pide disculpas y solicita los más variados permisos. Habla chiquito, todo en ''ito", en voz casi baja, voz cascada por la edad, y salpica sus respuestas con frases como ''para no quitarle su tiempo'', ''para no aburrirle'', ''para no hacerle el cuento largo'', y una media sonrisa interrogante.

Maricarmen de Lara -autora de la película Las que viven en Ciudad Bolero, sobre las cantantes y compositoras Ema Elena Valdelamar, María Greever, Amparo Montes, las Hermanas Aguila, María Luisa Landín, Chavela Vargas y Paquita la del Barrio-, el arquitecto y escultor Mariano Rivera Velázquez -hijo y adorador de Consuelito- y yo comentamos que es realmente una infamia que Bellas Artes no le haya rendido un homenaje nacional a la única compositora mexicana con proyección internacional.

-En cambio se lo han hecho a Juan Gabriel -comenta el arquitecto Rivera Velázquez. No es que Juan Gabriel no se lo merezca, pero mi madre es mayor de edad.

Bésame mucho, primer lugar en el hit parade

-¿Bésame mucho la llevó a la fama de un día para otro?

-Sí, pero yo ni quería ser compositora ni valoraba lo que me sucedía. Bésame mucho estaba en el primer lugar del hit parade de Estados Unidos y se mantuvo allí toda la vida, pero yo no le daba valor porque era tan joven que ni cuenta me daba de lo que es la celebridad a pesar de que empecé a vivir en una vorágine. Bésame mucho resultó ser la primera canción más ejecutada en el mundo y me lanzó a viajar por todos los países. Llegó al primer lugar de popularidad. Bésame mucho es cantada en el mundo entero. La cantaron los Beatles, Mario Lanza, Plácido Domingo, Sara Montiel, Gloria Lasso, Joao Gilberto, Celine Dion, Luis Miguel, Andy Russell, Caterina Valente, Ray Conniff, la orquesta de Mantovani, Cesaria Evora, tantos, tantos que ya no recuerdo. Millones en todos los países, millones a todas horas. Es la canción mexicana más famosa del mundo.

-¿Y esa canción la compuso una tapatía?

-Tuve una adolescencia muy estricta; nunca me dejaron andar sola. Mi madre me acompañó a Hollywood y al verme entrar al set, Walt Disney y su equipo suspendieron la filmación para tomarse una foto conmigo. Después me invitó a comer. Soy la única mexicana retratada con Walt Disney, a la única que invitó a comer.

Interviene su hijo:

-Aquí está ella con el rey de España y con la reina Sofía. Aquí está cuando se casó con mi padre, Mariano Rivera Conde, el 25 de octubre de 1944.

-¿Cuántos hijos tuvieron?

-Dos hombres. Mariano y Sergio.

-¿Ya tenía a sus hijos cuando fue a Hollywood, Consuelito?

-No, qué va. Todavía ni me casaba. Cuando los críticos colocaron a Bésame mucho en primer lugar ni lo valoré.

-Pero ahora ya lo valora.

-Hubieran visto ustedes cuando llegué a Hollywood. Todo el mundo quería estar conmigo, abrazarme, a lo largo de Sunset Boulevard, en todos los restaurantes, en todos los aparatos de radio en las casas de Los Angeles tocaban Bésame mucho. Ahora me pregunto, ¿cómo es posible? No se oía más que Bésame mucho. Walt Disney suspendió lo que tenía que hacer con tal de enseñarme su teatro enorme. Mi fotografía se publicó en los periódicos. Rita Hayworth, Alan Ladd, Esther Williams, Lana Turner, Edward. G. Robinson, Orson Welles, Errol Flynn, Gregory Peck, Clark Gable... todos querían retratarse conmigo. Total, suspendieron todo y me pidieron que tocara al piano.

Diez dedos de pasión

-¿Quiere que le toque un poquito? ¿Una piececita así, sencillita, sin elaboración? -pregunta Consuelito como si Maricarmen de Lara y yo fuéramos a hacerle el favor.

-¡Claro, sería una maravilla!

Se desenrosca, levanta, y con pasos inseguros se dirige al piano; jala la banca y se cuela delgadita frente a la gran tapa negra. Entonces presenciamos una transformación inesperada. Aquella mujer que hace cinco minutos pedía permiso para todo se agiganta. Pone sus dos manos de uñas cortas, dedos delgados, sobre el teclado, y empieza a recorrerlo de arriba abajo con un vigor de quinceañera. Entorna los ojos, le bailan las pestañas cubiertas de rímel, se le abren los ojos, sus labios sonríen, las aletas de su nariz cobran vida, su cara se va ruborizando, vuelve a la vida, qué hermosa es, casi nos la comemos.

Escuchar a Consuelito Velázquez tocar sus propias composiciones es una experiencia inolvidable. Desde el momento en que se sienta frente al piano, la atmósfera se electrifica. Va conquistando al más renuente con su encanto personal, la pasión en cada uno de sus arpegios, su fuerza de carácter. Sentada sobre la banca, mueve sus caderas de un lado a otro a ritmo de ''Cachito, cachito, cachito mío,/ pedazo de cielo que Dios me dio/", y recupera una coquetería de quinceañera. Pícara, cierra un ojo, nos sonríe segura de ejercer su encanto y levanta la nariz para cantar: ''Si te vienen a contar/ cositas malas de mí/ manda todos a volar/ diles que yo no fui''. Mueve los pies sobre los pedales, guarda el ritmo con el tacón, sacude sus manos sobre el teclado, sacude la cabeza, ríe con Maricarmen de Lara y conmigo, y a nosotros nos conmueve ver a esta mujer que ya no se cuece de un hervor bailar y aletear como un pollito recién nacido. Sumamente arreglada, cada cabello en su lugar, planchada y almidonada, lo único que no está manicurado en su persona son los fuertes dedos y las fuertes uñas con las que toca su piano y son la puritita verdad porque del espíritu de esas manos han salido Bésame mucho, Cachito, Qué divino, Amar y vivir, Tenaz obsesión, Verdad amarga y esa de ''que seas feliz, feliz, feliz...", que Lola Beltrán gritaba a voz en cuello y le servía Olga Guillot a sus aspavientos. El crooner de México, el Samurai de la canción, Pedro Vargas, la cantaba con mejor serenidad.

Con la música por dentro

-Yo estoy con la música desde antes de empezar a hablar. Todos nacemos con algo que nos satisface y nací con el don de la música, perdón que lo diga. Cuando tenía dos añitos empecé a tocar, porque ya lo traía yo en la cabeza. A los pocos días de nacida escuchaba piano porque en mi casa lo tocaban. Me compraban unas muñecas grandes y preciosas (ahora ya no las hacen así), pero lo único que deseaba era el piano. A las muñecas las metí en un bote grande como de piel y no volví a tocarlas, para mí puro piano.

''Tocaba parada porque no alcanzaba el teclado, pero lo que sí reconozco es que nací con oído musical; ahora lo comprendo, antes no, pero todo lo que yo escuchaba se me quedaba en la cabeza, buscaba de notita en notita, ahí paradita, hasta que reconstruía la tonadita. Así reconstruí el Himno Nacional, de tantos desfiles que vi en Zapotlán El Grande, hoy Ciudad Guzmán, la tierra de Orozco y Juan José Arreola. Con un dedito empecé a buscar notita por notita hasta que encontraba la que yo creía que era. ¿No es asombroso que una niñita chiquita haya sacado en el piano el Himno Nacional?

''Mis padres llegaron a la conclusión: 'Está niña no quiere más que piano y música, y me compraron un pianito que era de un octavo, de esté tamañito, pero perfecto. Me dormía con mi pianito, en el momento en que tenía una nota en la cabeza la tenía que buscar en el teclado: '¿Qué hacemos con está niña?, dijeron mis padres. No quiero decir que empecé a componer, pero sí que se me ocurrían tonaditas.''

Los maestros Serratos

''Academia Serratos era una familia de mujeres jóvenes, todas maestras de piano. Era la única que había en Zapotlán y la mejor hasta hoy, porque ya los maestros fallecieron, pero la academia sigue y de allí salieron concertistas.''

-¿Usted?

-Toqué por primera vez en público una piececita, para unas manitas y para una niñita de mi tamañito. El maestro Serratos me llevó de la mano hasta el piano y nadie podía creer que una niñita así de chiquitita fuera a tocar. En el escenario, él tuvo que sentarme en la banca y empecé mis notitas. Era tan pequeña que no veía el teclado y me colgaban las piernitas, toqué de memoria y la gente se sorprendió de que a esa edad conociera las notas. ''No es posible'', decían. Cuando mucho tenía yo cuatro años. Cuando acabé la pieza, el maestro me bajó cargando del banco y en brazos me entregó a mi familia.

''Para mí lo primero fue la música. En la secundaria ya era pianista. Nos venimos a México para seguir mi carrera y me recibí de concertista en la capital, con jurado calificador, porque era una de las reglas. Por unanimidad me aprobaron y me dieron mi título en Bellas Artes.

''Sin embargo, todo lo que escuchaba después de la clase se lo dedicaba a la música popular. Desde niña sacaba yo de oídas una notita y luego otra notita y otra notita.''

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