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México pone los muertos ALBERTO NAJAR Su familia tenía un año sin saber de ella. Durante seis meses fue Jane Doe (el nombre que se da en Estados Unidos a las mujeres que mueren sin identidad). Ahora, gracias al trabajo de una antropóloga universitaria que no cuenta con apoyo gubernamental, ha vuelto a ser Rosa Domínguez Cano, yucateca, madre de dos niñas, muerta en el desierto de Arizona. Sólo hallaron unos cuantos de sus huesos. Un examen de ADN permitirá a su familia sepultar lo que quedó de su sueño de migrante
TEABO, YUCATAN.- Rosa Cano Mis no necesitaba pruebas de ADN para saber que su hija había muerto en el desierto de Arizona. A principios de este año, cuando se cumplieron seis meses de que Rosita Domínguez Cano se marchó a la frontera para intentar cruzar a Estados Unidos, su nieta Jovanna le contó que, en un sueño, su mamá se había despedido. Le dijo que ya no iba a regresar porque estaba en el cielo, cuenta con dificultad doña Rosa, pues su primera lengua es el maya. También por esos días recibió una llamada del consulado mexicano en Tucson, Arizona, para avisarle que se había localizado la credencial de elector de su hija muy cerca de un esqueleto abandonado en el desierto. No había certeza de que los restos pertenecieran a la muchacha y por ello se efectuaría una prueba de ácido desoxirribonucleico (ADN) a los huesos, la primera de este tipo aplicada a un indocumentado que fallece, sin identificación, en el desierto. Sin embargo, para doña Rosa el sueño de su nieta fue como un aviso. Y empezó a despedirse. En la casa de su hija una habitación ovalada construida con carrizo cubierto de lodo, cal y con techo de lámina de cartón, al estilo maya colocó en una mesa dos veladoras y las imágenes de la Virgen de Guadalupe y María de Izamal, la patrona de Yucatán. Después pidió al cura de Teabo que oficiara una misa, y durante nueve días rezó un rosario con los cinco hijos restantes y algunos vecinos. La semana pasada se confirmó el sueño de Jovanna. Desde Tucson, un periodista primero, y el presidente municipal de Teabo después, avisaron a la familia que los restos encontrados el 25 de diciembre de 2002 eran de Rosita. Rosita Domínguez se fue la tarde del 21de junio de 2002 a Oxcutzkab para reunirse con tres primas con quienes contrató el viaje a la frontera.Sólo huesos Su hermana Olga cuenta que le costó trabajo decidirse, en parte porque no quería dejar a sus hijas Jovanna y Mónica, de ocho y cuatro años de edad respectivamente, y también porque no tenía dinero. Para costear el viaje su mamá empeñó con el pollero Lodi Góngora las escrituras del predio donde viven, y todavía tuvo que pagar cinco mil pesos adicionales. (Los documentos fueron recuperados este año, después que doña Rosa consiguió varios préstamos y vendió sus aretes para reunir el dinero. El coyote desapareció cuando la familia lo denunció penalmente) Quince días después de la partida, Rosa Cano supo que algo andaba mal cuando una de las primas llamó a Oxcutzkab para preguntar si ya había regresado Rosita. Luego, uno de los jóvenes que viajó con ella contó a su familia que al tratar de cruzar una cerca de alambre la muchacha se lastimó un pie y ya no pudo caminar. Se quedó llorando, supo después su madre, mientras el pollero la presionaba para que siguiera el camino. Me estás retrasando a los demás, dime de una vez si vas a seguir o no, cuentan que gritaba el pollero. Rosita trató de incorporarse pero no pudo. Entonces, dos jóvenes la cargaron unos metros, pero el calor del desierto los agotó enseguida. Entonces el pollero le dio una botella de agua y prometió a los demás que volvería por ella. Nunca regresó. Tampoco las primas que viajaban con ella, ni los 16 vecinos de Teabo y Oxcutzkab que formaban el grupo. Rosita se quedó sola, contaron a su mamá meses después, bajo un arbusto y con su botella de agua. La Navidad de 2002, agentes de la Patrulla Fronteriza localizaron en terrenos de la nación Tohono Oodham, Arizona, los restos de un esqueleto desperdigados por los animales que devoraron el cuerpo que le cubría. Sospecharon que era mujer por la ropa sobre
la pelvis y una muda dentro de una mochila. A unos metros apareció
la credencial de elector con la foto de Rosita.
Cinco semanas después, cuando la familia ya estaba enterada del hallazgo, doña Rosa Cano fue citada en la delegación de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de Yucatán, donde le mostraron fotos, enviadas por internet, de una prenda de ropa interior y un par de tenis completamente cubiertos de tierra. Doña Rosa no los reconoció pero una de sus hijas, Delmi Margarita, dijo que los tenis eran los mismos comprados por su hermana para el viaje, algo común en la muchacha a quien su familia le decía catrina porque vestía pantalones, blusas y faldas en lugar de huipil. A las mujeres que sólo usan esta prenda tradicional les llaman mestizas. La última foto fue definitiva para la identificación. Mostraba una playera con manchas oscuras donde apenas se alcanzaba a leer San Francisco. El sitio a donde la catrina Rosita quería llegar. El hallazgo del esqueleto coincidió con el inicio de un proyecto encabezado por la antropóloga Lori Baker, de la Universidad de Baylor en Texas, para tratar de crear un banco de datos de ADN de los cuerpos y restos de indocumentados sin identificación encontrados en la frontera.Los muertos son de aquí Los familiares de migrantes desaparecidos podrían cotejar su información genética con el archivo del proyecto, disponible para consulta en una página de internet. Se trata de un asunto largamente acariciado por organizaciones no gubernamentales como la Fundación Rural de Asistencia Legal de California, y que nunca obtuvo apoyo del gobierno estadunidense, entre otras razones por su alto costo. De hecho, la antropóloga Baker reconoce que para mantener en funcionamiento el banco de datos durante tres años se necesitan 800 mil dólares que no se sabe de dónde saldrán. El dinero servirá para obtener información genética de 150 personas al año. Son pocas: en 2002 la Patrulla Fronteriza encontró los restos sin identificación de 147 personas que fueron enterrados en la fosa común. Y este año, tan sólo en Arizona, el consulado mexicano en Tucson ha recibido el reporte de 80 nacionales fallecidos en el desierto, el 30% sin identificar. Hasta diciembre pasado el número de migrantes sepultados en la fosa común era de 700, según la Fundación Rural de California Los restos encontrados en la nación Tohono fueron los primeros analizados dentro del proyecto y con su resultado se espera conseguir financiamiento, sobre todo de fundaciones y organizaciones ajenas al gobierno estadunidense. Hasta ahora la colaboración mexicana se reduce a los datos que proporcionen los consulados de la región. Es decir, México pone los muertos. Con los datos de la credencial de elector, hace dos meses la delegación de la SRE solicitó a la familia Domínguez Cano muestras de sangre para cotejar su información genética con el ADN de los huesos. Fueron ocho semanas de angustia para la familia. Cuando Rosita se fue estaba desesperada por ganar dinero para comprar dulces y galletas a las niñas cuando se lo pidieran, dice Nidelvia Domínguez, la hermana mayor. Y su mamá completa: Los que se han ido cuentan que allá el dinero llega fácil, y ella lo creyó. Nosotros no sabíamos cómo es, sólo lo que dice la gente. La tarde del jueves 31 de julio terminó la espera. Un periodista estadunidense llamó a Teabo para preguntar por la familia, una vez que le fue informado que los restos pertenecían a Rosita. Nidelvia Domínguez estaba en la caseta del pueblo cuando llegó la llamada. Fue suficiente. Media hora después, en maya, dio la noticia a su madre. La anciana alzó las manos como para dar gracias al cielo, y después, en español, dijo que estaba contenta y triste a la vez. Un año llorando sin saber dónde quedó mi hija, pero gracias a Dios que ya apareció. Ahora cuando la traigan va a estar contenta en su tierra. Sin embargo, doña Rosa tuvo que pasar un nuevo trago amargo cuando a la medianoche de ese jueves el presidente municipal, el panista Miguel Angel Cruz, ordenó que la llevaran a su oficina para informar que los restos de su hija serían cremados. Me dijo que si tenía 25 mil pesos la traían como estaban y si no la iban a quemar, contó Rosa Cano. Yo le pedí un día para buscar ayuda pero no, dijo que tenía que firmar ahorita o no la traían. ¿Firmó? Me obligaron, yo no quería. El presidente municipal se lavó las manos. La señora habló con los del consulado, yo nada más le informé que sí era su hija, aseguró. La vocera del consulado, Dulce Mascareño, negó que se hubiera presionado a doña Rosa. ¿Cómo podemos obligar a firmar a alguien desde acá? Tenemos muchos casos como para ponernos a presionar a la gente, dijo. Al final la cremación fue cancelada
y se anunció que los restos serán repatriados... en cuanto
se consiga dinero para traerlos.
Teabo está a 10 minutos de Oxcutzkab, uno de los municipios de Yucatán con mayor índice migratorio a Estados Unidos. De acuerdo con el Consejo Estatal de Población (Coespo), el 14.43% de los hogares de este sitio reciben remesas, mientras que un porcentaje similar (15.60) registran migración reciente al norte, es decir, que se fueron en los últimos cinco años. Es un municipio que empieza a vaciarse, pues según el Coespo el índice de retorno de los migrantes es muy bajo: apenas el 0.94% de los que se marchan. Y, sin embargo, Oxcutzkab no tiene el primer lugar en expulsión de habitantes, el sitio le corresponde a Maní (también con alta población maya) y a Cenotillo, ubicado en el otro extremo de la entidad, distante hora y media de Cancún, Quintana Roo. A Teabo el Consejo lo considera un municipio con grado de intensidad migratoria muy bajo, con apenas el 1.99% de sus mil hogares con registro de migrantes. El dato, empero, forma parte del Censo de 2000; desde entonces la situación ha cambiado sobre todo desde el paso del huracán Isidoro que aceleró la migración: el día que Rosita Domínguez se marchó viajaron con ella 20 de sus vecinos. Así, la región mantiene una fuerte salida de personas.
Los oxcutzcabeños, por ejemplo, prácticamente se adueñaron del distrito de Mission en San Francisco, California. Allí se asienta la colonia de yucatecos más grande de Estados Unidos. No es para presumirse. De acuerdo con Estela Guzmán Ayala, responsable de atención a migrantes mayas del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya de Yucatán (Indemaya), la salida de indígenas de la entidad alcanza niveles preocupantes. De Peto, por ejemplo, han migrado 5 mil personas, mientras que de Muna se fueron 4 mil 500: el doble de la población de Teabo. La población de los dos primeros municipios es maya casi en su totalidad y esa es la raíz del problema. Un estudio elaborado para el Indemaya por Guzmán Ayala y Pedro Lewin, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), revela que 59.2% de los yucatecos son indígenas, justo el rango de población donde se registra el mayor índice migratorio. Una muestra del impacto que el fenómeno tiene en Yucatán se presentó con el huracán Isidoro, que terminó con la producción apícola de la entidad. No hubo guerra civil, porque la gente no estaba y a los que quedan les llegan remesas, dice Guzmán Ayala. En Yucatán la migración se aceleró con el desarrollo de la Rivera Maya en Quintana Roo, que atrajo a miles de personas para construir y operar los complejos turísticos. Es como una escuela para los mayas, pues les permite capacitarse en el ramo de la construcción y los servicios. Es uno de los desarrollos más impresionantes del país, de primer mundo, explica Estela Guzmán. Si cruzas el free way de Playa del Carmen atraviesas sin problemas el 110 de Los Angeles. Además, te perfeccionas en los servicios y aprendes inglés. Así, la migración a Estados Unidos es un paso natural para los mayas yucatecos, sobre todo en los últimos años en que el mercado laboral de la zona se saturó. Hemos encontrado gente que trabaja temporadas en Cancún y otras en California, sin documentos. Allá está mejor pagado y si le sumas que masticas inglés y hay gente que ya se fue y te puede ayudar a irte... Hay aspiraciones, debemos romper con esa idea de que el indígena está en su comunidad y es pobre, porque no lo está ni quiere seguir pobre. Y es que, insiste la investigadora, la migración cambió el mapa étnico del país como ahora modifica el de Yucatán. Creemos que los mixtecos están en Oaxaca o que los mayas siguen en Peto, pero no es así. ¿Qué tanto sirve la experiencia de la Rivera Maya para emigrar a Estados Unidos? Yo creo que van mejor armados, porque aprenden a masticar el inglés. Tú llegas a Tahdziú, uno de los municipios marginados de Yucatán y les preguntas cómo le hacemos para fortalecer el maya, qué onda con el español y no, lo que quieren es aprender inglés. |