La Jornada Semanal,   domingo 7 de septiembre  del 2003        núm. 444
Rubén Moheno

El ensayista creador

Estos dos números dedicados al estudio de la obra de George Orwell son todo menos hagiográficos (Orwell no nos perdonaría el ditirambo), pues en ellos se comentan, elogian, refutan y discuten las contrastadas opiniones de uno de los hombres de letras más inquietantes y polémicos del siglo XX. Así como Orwell matiza al máximo su ensayo sobre Gandhi, nuestros autores se enfrentan con valor y entusiasmo a obras como Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja (en esta granja todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros) y 1984 (ahora que su idea ha caído en las vulgares manos de la televisión buhonera). Pensemos en Orwell como en uno de los escritores que supo poner a pensar a los seres humanos de su tiempo histórico.

Bombardean poblaciones indefensas desde el aire, expulsan a los habitantes hacia el campo...a esto se le llama [ruego al lector poner la palabra "democratización"] pacificación. Despojan de sus tierras a millones de campesinos para hacerlos marchar por las carreteras sin más que lo que puedan cargar: a esto se le llama [aquí podríamos poner, "liberarlos de la tiranía"] transferencia de población o rectificación de fronteras. Aprisionan a gente durante años y sin juicio alguno, o los matan con disparos en la nuca o los envían a morir de escorbuto en campos hacinados en ["Guantánamo"] el Ártico; a esto se le llama eliminación de elementos ["terroristas"] desconfiables... La escritura para glorificar la guerra usualmente se tiñe de colores arcaicos: ["Cruzada", no vendría mal, mientras los beatos del fundamentalismo ateo en el parlamento simulen que aceptan la democracia].

Sucede que hay palabras de recambio para dar dignidad al sórdido proceso de la política internacional. Una vez substituidas unas cuantas, podemos aprovechar de nuevo al buen viejo George. Orwell trasciende en verdad su época para aterrizar con soltura en la nuestra; y el ensayista creador (si se me permite la expresión) es más bien infrecuente en la historia. 

No es necesario coincidir con todas las ideas para paladear el humor seco y aprovechar la agudeza de las meditaciones. Varios de sus contemporáneos discreparon de él, pero casi todos disfrutaron la calidad de sus ensayos. Como Graham Greene (cuyo centenario se cumple el año próximo), que siendo él mismo superdotado para el humor, criticó el manuscrito de Rebelión en la granja: "En tiempos de guerra [1943] debe haber una dosis de conciliación... [el escritor] no debe dar cabida al desaliento o la consternación, no debe ofender a un aliado valioso, incluso no debe burlarse..."

Y Orwell habló así de la novela The Heart of the Matter: "Greene parece compartir la idea que ha estado flotando en el ambiente desde Baudelaire, que hay algo de distingué en condenarse. El infierno es una especie de centro nocturno de alta categoría...sólo para católicos, porque los demás son demasiado ignorantes para que se les considere culpables, como las bestias que perecen."

Greene siempre valoró la crítica de Orwell, incluida la anterior; pero señaló la novela 1984: "Muy buena, excepto la parte sexual. Eso es jamón." 

A mediados de los años cuarenta, Greene invitó a Orwell a escribir un prólogo para la editorial que dirigía, que por otros motivos no se materializó.

Opinaron diferente sobre literatura de terceros. Según el puritano Orwell, Trópico de cáncer y Primavera negra, de Henry Miller, "crean un mundo propio, que es narrado por una amigable voz estadunidense". En Miller ve a "un ordinario hombre de negocios estadunidense con coraje intelectual y don para las palabras". En tanto Greene pensaba que "la única cualidad positiva" de las novelas de Miller era la pornografía (Greene defendió la publicación en Inglaterra de Lolita, de Nabokov): "La gente que lee a Henry Miller, por ejemplo, espera llegar a esta o aquella escena pornográfica. No les interesan los personajes, sino su propia excitación...Cuando [Miller] se pone a trabajar sobre filosofía en otras áreas que las sexuales tiende a parecerse a D.H. Lawrence."

Tanto Orwell como Greene reivindican la importancia del patriotismo, pero observan en forma muy diversa a ciertas figuras históricas; para el primero, Cromwell era un patriota, para Greene, no. No obstante, Greene habría coincidido con Orwell cuando señaló que "Inglaterra es una familia bajo control de los miembros equivocados: Tienen parientes ricos a los que se deben reverencias y parientes pobres a los que maltratan horriblemente".

En 1949 Orwell escribe a un amigo suyo: "Te refieres a [Greene] como un conservador extremo, del tipo católico reaccionario habitual. Ello no es así en absoluto... Claro que es católico y en algunos temas tiene que alinearse políticamente con la Iglesia, pero en perspectiva es sólo un izquierdista moderado con tenues inclinaciones hacia el pc [Partido Comunista]. Incluso he pensado que podría llegar a ser nuestro primer compañero de ruta católico..." Y Greene se asumió gustoso como "compañero de ruta," de la izquierda en general, y de los comunistas en ciertos momentos.

Orwell consideraba a los comunistas ingleses como nacionalistas, y así lo señaló: "Todo nacionalista es capaz de la más flagrante deshonestidad, pero también –dado que es consciente de estar sirviendo a algo mayor que él mismo– cree firmemente estar en lo correcto... Un comunista, para mi propósito aquí, es alguien que ve a la urss como su patria y que siente que es su deber justificar la política rusa y contribuir a los intereses rusos a toda costa."

En tanto, Greene escribe el prólogo al libro de memorias de Kim Philby, el principal doble agente soviético en la Guerra Fría: "Traicionó a su país; sí, tal vez lo hizo, ¿pero quién de nosotros no ha cometido traición hacia algo o hacia alguien más importante que un país? A los ojos de Philby, él trabajaba para dar forma a las cosas, de tal modo que su propio país se beneficiara... Un escritor, que sea católico, no puede evitar cierta simpatía por cualquier fe que sea sostenida con sinceridad."

En cualquier caso, después de Orwell estamos mejor armados para enfrentar los motivos del lenguaje corporativo actual; v.gr.: "La tienda permanecerá cerrada para atenderle a usted mejor."