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Tania
Ramírez Hernández
Homenaje
a Cataluña
Conocemos
y reconoceos a George Orwell como escritor gracias a sus obras más
famosas; conocemos un episodio en la historia reciente de Europa en la
Guerra Civil Española. Lo que no es tan conocido es que Orwell escribió
Homenaje
a Cataluña, uno de sus libros menos leídos, a partir
de su participación como miliciano al frente de las batallas que
contra Franco se libraron entre 1936 y 1939. Orwell escribió que
si le hubieran preguntado por qué se unió a la milicia, habría
respondido: "para luchar contra el fascismo"; si le hubieran preguntado
por qué luchaba, la respuesta habría sido: "por simple decencia".
Simplemente por eso, por decencia, un escritor inglés arriesgó
su vida en el frente de una guerra peligrosa y hostil al estar convencido
de que en esa guerra se libraba una batalla más allá de las
fronteras del Estado Español, una batalla a la vez contra Hitler
y Mussolini, una batalla de repercusión global entre el fascismo
y la justicia, la igualdad la decencia: una revolución. Algo que
tampoco es muy conocido es que la Guerra Civil no fue sólo la lucha
por el reestablecimiento de un régimen democrático, sino
el principio de una revolución después de la cual se establecería
un gobierno de trabajadores y ya no existiría propiedad privada
ni desigualdad entre los hombres. Al menos eso deseaban los milicianos
que luchaban en las trincheras de Cataluña y Aragón.
Al ingresar en las milicias del poum (Partido
Obrero de Unificación Marxista), durante los primeros días
en el frente de combate, Orwell se decepcionó ante las expectativas
con las que había viajado: la desorganización y la falta
de medios, capacitación y logística militar eran terribles,
pero a la vez, poco a poco se iba acostumbrando a la naturaleza de esta
guerra y a su forma de ser debido al carácter de los españoles.
Durante todos los meses en el frente, los milicianos experimentaron innumerables
carencias: había que hacer frente a las balas para conseguir leña;
el agua era de pésima calidad, cuando había; las armas eran
pocas y estaban en pésimo estado; la higiene era ínfima,
se dormía poco y mal; no había material de limpieza puesto
que ni siquiera había dónde dormir; las bajas solían
deberse a descuidos propios o al mal estado de las armas "luchábamos
contra la pulmonía, no contra hombres". Sin embargo, continúa,
"esta guerra, en la que desempeñé un papel tan ineficaz,
me ha dejado recuerdos en su mayoría funestos, pero aún así
no hubiera querido perdérmela [...] no ha socavado mi fe en la decencia
de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido".
Pese a dedicarse a ser descriptivo y lo
más objetivo posible en los sucesos que relata, hay un estilo que
denota conocimiento del manejo de una narración: pausado, con manejo
del suspenso, haciendo constantes idas y regresos en el tiempo que no sólo
ayudan a comprender mejor los hechos sino que mantienen al lector en una
tensa expectativa. Es notorio su disfrute por los paisajes incluso en mitad
de la guerra cuando el frente se halla entre lodazales o tierras casi desérticas.
Su percepción de la guerra está sin duda marcada por su naturaleza
de escritor: en mitad de un relato que constituye casi un ensayo o una
crónica, sus descripciones son de una gran riqueza, expresadas mediante
símiles que denotan sensibilidad y capacidad por ver en las cosas
algo más de lo que llanamente son: ver en lo común lo poético.
Resulta interesante lo copioso de las referencias que Orwell hace a los
sonidos y a los olores, una vivencia total de su experiencia como miliciano
nos llega gracias a su capacidad de descripción. A menudo las importantes
reflexiones que encontramos en el libro se presentan como fotos en un álbum
o como pequeños cortometrajes, reelaborados con un sabor inevitablemente
literario a partir de la memoria (el libro como tal empezó a ser
escrito tan sólo seis meses después de que Orwell abandonara
Cataluña, con la policía pisando sus talones).
LA
GUERRA, EL HOMBRE
Orwell
experimentó la guerra de tal forma que en el libro es capaz de hacernos
sentirla a nivel de hombres y no sólo de historia. Hoy que apenas
conocemos un par de fechas o nombres de algunos de los "principales" protagonistas
de la Guerra Civil. Orwell también nos habla de esta guerra, pero
sólo como información complementaria a la historia que verdaderamente
le interesa contar: la de los miles de hombres de todas las edades y de
diversas naciones que dejaron todo y arriesgaron su vida por los valores
que les parecía imperante proteger en cualquier lugar del mundo.
Esta guerra a pequeña escala, con los hombres de a pie, mirados
uno a uno, no es diferente de aquella que conocemos por medio de libros
o documentales: es simplemente su versión humana. Definitivamente
hay en Orwell otra forma de ver la guerra, de vivirla y, por ende, de escribirla.
A lo largo de los sucesos podemos darnos cuenta de que en él había
un miliciano valeroso, arriesgado y dispuesto a hacer lo que fuera necesario;
hay que considerar que en un grupo de milicianos menores de veinte años
casi todos incluso algunos de once años, él era probablemente
el mayor y único con experiencia en el frente de batalla. Sin embargo,
reconoce en los momentos más graves su profundo miedo, natural y
comprensible en una persona preocupada por lograr la victoria y que, pese
a todo, disfrutaba de la vida y de lo que estaba haciendo. El más
grave sin duda es aquel en el que Orwell relata cómo fue herido
cuando una bala le atravesó la garganta: "me asaltó un violento
resentimiento por tener que abandonar este mundo que, a pesar de todo,
me gusta". Se trata posiblemente del momento más intenso de todo
el libro, con lo cual sólo quedamos tranquilos al recordar que si
el libro existe es porque Orwell libró la muerte en ese momento.
Es
importante conocer las intrigas políticas y sus confusos juegos
para comprender esta guerra. Orwell siempre fue hostil respecto a esto
y, de hecho, constituye probablemente la decepción más grande
que tuvo en ella. Sin embargo, son estos testimonios los que hacen de Homenaje
a Cataluña un documento histórico además de un
cálido libro en el que vivimos junto al autor los horrores, las
tensiones y las ideas de la guerra. La vivencia de una Barcelona que, por
poco tiempo al menos, fue valerosa, profundamente revolucionaria y ejemplo
casi ideal de una sociedad justa, con igualdad, camaradería y solidaridad,
parece constituirse como la utopía que justifica luchar por ella.
No obstante, para Orwell no es así, pues en muy poco tiempo la ciudad
ahora más segura, vuelve a ser aburguesada, profundamente injusta
y realizada en la cruel distinción entre ricos y pobres; una ciudad
mucho más cercana salvo honrosas excepciones a la Barcelona de
hoy día.
Releer hoy Homenaje a Cataluña
implica reencontrarse con Orwell de primera mano, sentirlo cerca gracias
a la impronta que deja de sí en un libro tan personal y apasionado.
Pero releerlo hoy como un simple festejo de aniversario es no leerlo: si
se respeta y admira a Orwell como escritor se debe estar al menos consciente
del hombre indisociable del escritor. Así, la lectura de este libro
debe estar acompañada de la disposición a conocer la historia
profunda dentro de la historia y más aun: de la disposición
a ser profundamente críticos para descubrir qué nos ha llevado
a estar hoy en una Cataluña, en un Estado Español, en un
mundo no tan digno de ser homenajeado.
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