La Jornada Semanal,   domingo 7 de septiembre  del 2003        núm. 444
Tania Ramírez Hernández

Homenaje a Cataluña

Conocemos y reconoceos a George Orwell como escritor gracias a sus obras más famosas; conocemos un episodio en la historia reciente de Europa en la Guerra Civil Española. Lo que no es tan conocido es que Orwell escribió Homenaje a Cataluña, uno de sus libros menos leídos, a partir de su participación como miliciano al frente de las batallas que contra Franco se libraron entre 1936 y 1939. Orwell escribió que si le hubieran preguntado por qué se unió a la milicia, habría respondido: "para luchar contra el fascismo"; si le hubieran preguntado por qué luchaba, la respuesta habría sido: "por simple decencia". Simplemente por eso, por decencia, un escritor inglés arriesgó su vida en el frente de una guerra peligrosa y hostil al estar convencido de que en esa guerra se libraba una batalla más allá de las fronteras del Estado Español, una batalla a la vez contra Hitler y Mussolini, una batalla de repercusión global entre el fascismo y la justicia, la igualdad –la decencia–: una revolución. Algo que tampoco es muy conocido es que la Guerra Civil no fue sólo la lucha por el reestablecimiento de un régimen democrático, sino el principio de una revolución después de la cual se establecería un gobierno de trabajadores y ya no existiría propiedad privada ni desigualdad entre los hombres. Al menos eso deseaban los milicianos que luchaban en las trincheras de Cataluña y Aragón.

Al ingresar en las milicias del poum (Partido Obrero de Unificación Marxista), durante los primeros días en el frente de combate, Orwell se decepcionó ante las expectativas con las que había viajado: la desorganización y la falta de medios, capacitación y logística militar eran terribles, pero a la vez, poco a poco se iba acostumbrando a la naturaleza de esta guerra y a su forma de ser debido al carácter de los españoles. Durante todos los meses en el frente, los milicianos experimentaron innumerables carencias: había que hacer frente a las balas para conseguir leña; el agua era de pésima calidad, cuando había; las armas eran pocas y estaban en pésimo estado; la higiene era ínfima, se dormía poco y mal; no había material de limpieza puesto que ni siquiera había dónde dormir; las bajas solían deberse a descuidos propios o al mal estado de las armas –"luchábamos contra la pulmonía, no contra hombres". Sin embargo, continúa, "esta guerra, en la que desempeñé un papel tan ineficaz, me ha dejado recuerdos en su mayoría funestos, pero aún así no hubiera querido perdérmela [...] no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido".

Pese a dedicarse a ser descriptivo y lo más objetivo posible en los sucesos que relata, hay un estilo que denota conocimiento del manejo de una narración: pausado, con manejo del suspenso, haciendo constantes idas y regresos en el tiempo que no sólo ayudan a comprender mejor los hechos sino que mantienen al lector en una tensa expectativa. Es notorio su disfrute por los paisajes incluso en mitad de la guerra cuando el frente se halla entre lodazales o tierras casi desérticas. Su percepción de la guerra está sin duda marcada por su naturaleza de escritor: en mitad de un relato que constituye casi un ensayo o una crónica, sus descripciones son de una gran riqueza, expresadas mediante símiles que denotan sensibilidad y capacidad por ver en las cosas algo más de lo que llanamente son: ver en lo común lo poético. Resulta interesante lo copioso de las referencias que Orwell hace a los sonidos y a los olores, una vivencia total de su experiencia como miliciano nos llega gracias a su capacidad de descripción. A menudo las importantes reflexiones que encontramos en el libro se presentan como fotos en un álbum o como pequeños cortometrajes, reelaborados con un sabor inevitablemente literario a partir de la memoria (el libro como tal empezó a ser escrito tan sólo seis meses después de que Orwell abandonara Cataluña, con la policía pisando sus talones).

LA GUERRA, EL HOMBRE

Orwell experimentó la guerra de tal forma que en el libro es capaz de hacernos sentirla a nivel de hombres y no sólo de historia. Hoy que apenas conocemos un par de fechas o nombres de algunos de los "principales" protagonistas de la Guerra Civil. Orwell también nos habla de esta guerra, pero sólo como información complementaria a la historia que verdaderamente le interesa contar: la de los miles de hombres de todas las edades y de diversas naciones que dejaron todo y arriesgaron su vida por los valores que les parecía imperante proteger en cualquier lugar del mundo. Esta guerra a pequeña escala, con los hombres de a pie, mirados uno a uno, no es diferente de aquella que conocemos por medio de libros o documentales: es simplemente su versión humana. Definitivamente hay en Orwell otra forma de ver la guerra, de vivirla y, por ende, de escribirla. A lo largo de los sucesos podemos darnos cuenta de que en él había un miliciano valeroso, arriesgado y dispuesto a hacer lo que fuera necesario; hay que considerar que en un grupo de milicianos menores de veinte años casi todos –incluso algunos de once años–, él era probablemente el mayor y único con experiencia en el frente de batalla. Sin embargo, reconoce en los momentos más graves su profundo miedo, natural y comprensible en una persona preocupada por lograr la victoria y que, pese a todo, disfrutaba de la vida y de lo que estaba haciendo. El más grave sin duda es aquel en el que Orwell relata cómo fue herido cuando una bala le atravesó la garganta: "me asaltó un violento resentimiento por tener que abandonar este mundo que, a pesar de todo, me gusta". Se trata posiblemente del momento más intenso de todo el libro, con lo cual sólo quedamos tranquilos al recordar que si el libro existe es porque Orwell libró la muerte en ese momento.

Es importante conocer las intrigas políticas y sus confusos juegos para comprender esta guerra. Orwell siempre fue hostil respecto a esto y, de hecho, constituye probablemente la decepción más grande que tuvo en ella. Sin embargo, son estos testimonios los que hacen de Homenaje a Cataluña un documento histórico además de un cálido libro en el que vivimos junto al autor los horrores, las tensiones y las ideas de la guerra. La vivencia de una Barcelona que, por poco tiempo al menos, fue valerosa, profundamente revolucionaria y ejemplo casi ideal de una sociedad justa, con igualdad, camaradería y solidaridad, parece constituirse como la utopía que justifica luchar por ella. No obstante, para Orwell no es así, pues en muy poco tiempo la ciudad ahora más segura, vuelve a ser aburguesada, profundamente injusta y realizada en la cruel distinción entre ricos y pobres; una ciudad mucho más cercana –salvo honrosas excepciones– a la Barcelona de hoy día.

Releer hoy Homenaje a Cataluña implica reencontrarse con Orwell de primera mano, sentirlo cerca gracias a la impronta que deja de sí en un libro tan personal y apasionado. Pero releerlo hoy como un simple festejo de aniversario es no leerlo: si se respeta y admira a Orwell como escritor se debe estar al menos consciente del hombre indisociable del escritor. Así, la lectura de este libro debe estar acompañada de la disposición a conocer la historia profunda dentro de la historia y más aun: de la disposición a ser profundamente críticos para descubrir qué nos ha llevado a estar hoy en una Cataluña, en un Estado Español, en un mundo no tan digno de ser homenajeado.