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México D.F. Viernes 31 de octubre de 2003

Leonardo García Tsao

Por una puñeta de dólares

Por alguna misteriosa circunstancia, el hollywoodense Robert Rodríguez ha gozado de éxito y prestigio. De origen tex-mex, el cineasta llamó la atención internacional con su primer largometraje, la producción amateur El mariachi (1992), y desde entonces ha realizado 10 películas, de las cuales la trilogía de Spy Kids es la que ha rendido mayores ganancias. Y, al mismo tiempo, ha sido una figura celebrada por los festivales de cine. Erase una vez en México, por ejemplo, participó fuera de concurso en la pasada edición de Venecia.

Recién estrenada en nuestro país, Erase una vez en México es la tercera parte de la trilogía iniciada con El Mariachi. Desde los créditos Rodríguez se hace el chistoso y la denomina a flick (algo así como ese cursi madrileñismo de decirles pelis a las películas), a la vez que se acredita la dirección, el guión, la fotografía, la edición y la música. Que a nadie se le ocurra evocar el nombre de Chaplin.

En el juego del onanismo cinéfilo, Rodríguez pretende nuevamente jugar con los géneros y realizar un híbrido entre western, thriller y parodia. Pero en realidad, el único género en que se ha especializado es la mamada. Ya que el propio director no se ha molestado en contar una historia coherente, resulta algo inútil intentar una sinopsis inteligible. En este caso, el mismo pistolero/ mariachi anónimo (Antonio Banderas) debe salvar al presidente de México (Pedro Armendáriz) de un golpe de estado militar, fomentado por el poderoso narco Barillo (Willem Dafoe). Ese es el endeble pretexto para escenificar incontables balaceras, actos de crueldad pueril, chistes malos y otras torpezas. La visión de lo mexicano es tan grotesca y retrógrada en el abuso del lugar común, que la película pudo haber sido concebida por un gringo zafio durante una tarde de borrachera en Tijuana.

Si Pistolero mostraba cierta capacidad para coreografiar las secuencias de violencia, imitando el modelo Peckinpah /John Woo, su secuela marca un retorno a los orígenes de aficionado. Filmada en video digital y transferida a cine, Erase una vez... está perjudicada por una calidad visual -colores saturados, textura rugosa- que hace pensar que fue revelada en un charco de lodo. Sin el apoyo de un fotógrafo profesional como Guillermo Navarro, los claroscuros se han transformado en plastas, mientras todos los actores se ven como pieles rojas.

A pesar de la extraña pigmentación, Johnny Depp es lo único rescatable del churro. Si bien robarle una película a Banderas es algo que un pony amaestrado podría lograr, Depp confirma su habilidad para pintar su raya -como lo hizo en La maldición del Perla Negra- y mantenerse impermeable a la chambonería dominante. En el papel de un cínico agente de la CIA, el actor es el principal responsable de una sola secuencia graciosa: después de ser cegado, el agente trata de disparar contra sus perseguidores con la ayuda de un niño de la calle, improvisado en lazarillo.

Por su parte, Salma Hayek no consigue ni ostentar sus armas mortales en un tiempo de pantalla aún más breve que el de Armendáriz. Aunque lleva el segundo crédito, su papel se limita a aparecer en flashbacks o escenas oníricas que explican los deseos de venganza del protagonista. Los demás nacionales son interpretados por los sospechosos comunes de central casting. (Claro, la lista de créditos técnicos está dominada por nombres mexicanos, ya acostumbrados a hacer maquila hollywoodense en su propia tierra.)

Lo que sí debe constituir una violación a algún pacto de no agresión internacional es ese trío de mariachis vengadores, autodefinidos como "los hijos de México", compuesto por Banderas, el cantarín Enrique Iglesias y Marco Leonardi (el italiano convertido en seudomexicano por Alfonso Arau en Como agua para chocolate, cuya expresión de vanidad bovina no ha cambiado desde entonces).

En otros tiempos, Erase una vez en México hubiera sido prohibida aquí por ser denigrante a nuestro país. Por suerte, ese tipo de censura quisquillosa ya no se aplica. Ahora el espectador ya puede ejercer su decisión de verla o no. Y la verdad, esperemos que decida no hacerlo, pues esta flick es, en esencia, denigrante para el cine.

ERASE UNA VEZ EN MEXICO

(Once upon a time in Mexico)

D, G, F. en C, M y Ed: Robert Rodríguez/ I: Antonio Banderas, Salma Hayek, Johnny Depp, Mickey Rourke, Eva Mendes/ P: Dimension Films, Troublemaker Studios. EU, 2003.

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