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México D.F. Lunes 10 de noviembre de 2003

Rivera Carrera y Martín Rábago, principales candidatos para presidir la CEM

Obispos intensifican campañas en busca de dirigir a la Iglesia católica

Señalan a empresario investigado por la PGR en el apoyo a Sandoval Iñiguez

JOSE ANTONIO ROMAN

En medio de una falta de liderazgo, insuficiencia de recursos económicos y pérdida de interlocución con el gobierno foxista, la jerarquía católica elegirá al nuevo presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), donde el obispo de la diócesis de León, José Guadalupe Martín Rábago, considerado el "candidato natural" por ser el actual vicepresidente, y el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, son los aspirantes con mayores probabilidades para encabezar el organismo episcopal para el trienio 2003-2006.

De hecho la 76 asamblea plenaria de los obispos católicos, que formalmente comienza este lunes, reunió desde ayer a todo el consejo permanente en la sede episcopal de Lago de Guadalupe, con el objetivo de preparar todo lo relacionado con la elección no sólo de los seis cargos de la directiva -presidente, vicepresidente, secretario general, tesorero y dos vocales-, sino también las presidencias de las 24 comisiones en que está dividido el trabajo en el órgano episcopal.

Aun cuando Martín Rábago y Rivera Carrera son los nombres que tienen mayor fuerza para ocupar la presidencia de la CEM, hay un grupo de amigos del arzobispo de Guadalajara, cardenal Juan Sandoval Iñiguez, que promueven su candidatura. Las razones que esgrimen son tres: sería un "gesto de solidaridad" hacia un "hermano" que ha sido fuertemente atacado en el actual régimen por exigir el esclarecimiento del asesinato de su antecesor, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo; que en octubre de 2004 se realizará en la capital tapatía el Congreso Eucarístico Internacional, donde existe la posibilidad de que asista el papa Juan Pablo II, por lo que sería conveniente que Sandoval lo recibiera no sólo en su calidad de arzobispo anfitrión, sino como presidente de los obispos de México.

El contrapeso

Como tercer argumento está hacer un contrapeso a la excesiva concentración de poder en lo político y económico en la capital del país, donde el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, cuenta con una "fuerte influencia" y mayores "reflectores" que el resto de los obispos del país, convirtiéndolo, en apariencia, como el "máximo jerarca" de la Iglesia mexicana.

Sin embargo, Sandoval Iñiguez no es el único que está en campaña. Desde hace tiempo la mayoría de los obispos auxiliares de la arquidiócesis de México y algunos otros, como el de Durango, Héctor González, y el de Ecatepec, Onésimo Cepeda, promueven su candidatura, en algunos casos de manera abierta y sin discreción alguna.

Entre sus argumentos está el hecho de que el episcopado mexicano tiene una creciente insuficiencia de recursos económicos y que la arquidiócesis primada de México -que cuenta con el apoyo económico de los Legionarios de Cristo- podría soportar la mayor parte de los cargos, además de que el cardenal Rivera sería un "excelente interlocutor" para tratar los asuntos de la Iglesia católica con el gobierno federal.

De hecho es aquí donde los obispos tienen un mayor problema, pues a nivel local la mayoría de los prelados cuentan con muy buenas relaciones con los gobernadores, presidentes municipales y legisladores, pero en los años recientes han perdido, en conjunto, su interlocución con el gobierno federal.

Es esta parte la que pretenden explotar los amigos del cardenal Rivera Carrera, quien en múltiples ocasiones requieren sus servicios para acordar citas con algunos funcionarios federales.

Lo anterior, sin contar que históricamente la Basílica de Guadalupe ha prestado dinero a las diócesis para concluir proyectos o sencillamente ante necesidades económicas apremiantes de algunos obispos. El cardenal Rivera no sólo es el custodio de la fe guadalupana, sino también la autoridad máxima del templo del Tepeyac, que anualmente recibe a más de 20 millones de peregrinos y limosnas y donativos de los que nunca se ha sabido oficialmente su monto.

Hay que recordar que el cardenal Rivera, en la elección de 1997, estuvo a unos cuantos votos de ganar la presidencia del episcopado, la cual perdió con Luis Morales Reyes, quien fue relecto sin problemas tres años después, y este jueves, día en que se realizarán las elecciones, dejará el cargo luego de seis años.

En esta campaña riverista están también los altos mandos de los Legionarios de Cristo, orden religiosa fundada por el controvertido sacerdote mexicano Marcial Maciel, acusado por delitos de pederastia, pero que con fuertes defensas ha sido exonerado por el Vaticano.

En la campaña en favor del cardenal Norberto Rivera Carrera, los Legionarios pretenden aprovechar que han ofrecido a los obispos mexicanos otorgar becas a sus seminaristas y presbíteros para poder estudiar en las instalaciones y colegios que tienen en Roma. Esto es atractivo ante la insuficiencia de recursos económicos que tiene la mayoría de las diócesis del país para pagar la formación de sus sacerdotes.

En realidad este ofrecimiento de los Legionarios de Cristo, presentados a los obispos como un "servicio a la Iglesia católica", forma parte de una estrategia de largo plazo, pues se trata de ir tejiendo una amplia red de sacerdotes en todo el país, que tendrían la característica común de haber sido formados por los Legionarios.

Si bien las campañas en favor de los cardenales Rivera Carrera y Sandoval Iñiguez tienen varias semanas, ha sido en las pasadas dos cuando se han intensificado. Inclusive se menciona que el empresario de casas de juego y amigo personal del cardenal Sandoval, José María Guardia -que es investigado por el delito de lavado de dinero, acusado por el ex procurador general de la República, Jorge Carpizo-, ha enviado una misiva a varios jerarcas eclesiásticos en donde pretende influir en favor del arzobispo de Guadalajara, en la sucesión por la presidencia del episcopado mexicano.

Decisión "malinterpretada"

De manera totalmente contraria, el actual vicepresidente de la CEM y obispo de la diócesis de León, José Guadalupe Martín Rábago, ha expresado en público y también en privado que no desea ser elegido para esa responsabilidad. El argumento que ha esgrimido personalmente para no ser considerado es que una eventual elección de su persona podría ser malinterpretada por algunos sectores de la sociedad, debido a que el presidente Vicente Fox Quesada es originario de Guanajuato.

Considerado como un hombre prudente, con una extraordinaria formación teológica y fuerte dosis conciliadora, pero también con mucha firmeza en sus convicciones, Martín Rábago es visto por no pocos obispos como la opción más viable para representarlos en el trienio 2003-2006. Además, garantizaría cierta continuidad en la agenda de trabajo que lleva la actual directiva episcopal, precisamente por formar parte de ella.

Pese a que el obispo leonés ha expresado que no tiene interés alguno en el cargo y que tiene suficiente trabajo pastoral en su diócesis, ante la insistencia de algunos de los miembros del episcopado, en los días recientes ha flexibilizado su posición original de abierto y rotundo rechazo. Hoy, cuando menos, acepta que esperará la decisión de la asamblea plenaria de postularlo. Es considerado el "candidato natural", y su posible llegada a la presidencia sólo repetiría escenarios ya conocidos en el episcopado. El actual presidente del CEM también formó parte, en su momento, de la directiva que dejaba el cargo.

Más candidatos

Otros nombres de obispos que aparecerán durante el proceso de elecciones son Alberto Suárez Inda, de Morelia; Francisco Robles Ortega, de Monterrey, y José Guadalupe Galván, actual tesorero, aunque el prelado regiomontano ha señalado que no tiene ningún deseo de llegar a ese cargo en este momento, pues apenas está conociendo su nueva arquidiócesis y tiene trabajo que lo mantiene muy ocupado.

Dentro de todas estas decisiones que deberán tomarse en el transcurso de la presente semana, se ignora todavía el destino que tendrá el actual secretario general del episcopado, Abelardo Alvarado Alcántara, quien siendo obispo auxiliar de la arquidiócesis de México será prácticamente imposible que regrese a ella debido a las diferencias que ha mantenido con el cardenal Rivera Carrera.

Con 70 años de edad y quien fuera un fuerte aspirante a la arquidiócesis de México al estar en la terna de donde fue finalmente elegido Rivera Carrera en junio de 1996, tiene un futuro incierto. A diferencia de sus antecesores, donde después de su encargo en la secretaría general se les nombró obispos de las diócesis de Toluca y de Aguascalientes, Alvarado Alcántara deberá esperar una nueva encomienda que le asigne el papa Juan Pablo II, por medio del nuncio apostólico Giuseppe Bertello, pero que podría no ser una diócesis.

Así, en esta semana los obispos de todo el país tienen la tarea de evaluar su trabajo desarrollado mediante las comisiones episcopales y elegir a su nueva directiva, a la cual, por cierto, le tocará la elección presidencial de 2006.

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