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La hora de una batalla sin fronteras GASPAR RIVERA-SALGADO* Tras examinar las formas en que importantes sectores de las elites mexicanas y estadunidenses conciben a los migrantes, el autor sostiene que las redes sociales transfronterizas están obligadas a trascender su visión "local" y a "internacionalizar el problema migratorio, visto desde las comunidades de origen y las receptoras".
Una situación irónicamente paralela ocurre al norte del río Bravo. Existen signos de sobra que nos indican que la sociedad norteamericana no logra acertar a ciencia cierta cómo lidiar con los millones de paisanos que se han ido al otro lado durante más de un siglo de migración sostenida, como parte de lo que es ya el mayor y más largo desplazamiento de seres humanos de un país a otro. Según el censo estadunidense del año 2000, de los poco más de 35 millones de latinos en ese país (13% de la población total), casi 59% (21 millones) son personas de origen mexicano. De esta población, 8.5 millones nacieron en México. Si agregamos los casi 5 millones de trabajadores indocumentados, la población de mexicanos migrantes se puede calcular en 13.5 millones de personas. Para poner esta cifra en una dimensión comparativa: si pusiéramos a todos estos mexicanos residentes en Estados Unidos en un solo estado hipotético, éste sería la entidad federativa más grande en México, seguido del estado de México con 13 millones de habitantes y el Distrito Federal con 8.6 millones de habitantes.3
El vigilantismo El enorme tamaño de la población de origen mexicano residente en Estados Unidos ha despertado, ciertamente, sentimientos encontrados entre los estadunidenses. Por un lado están quienes celebran la latinización de Estados Unidos, sobre todo en los grandes centros urbanos, como Los Angeles y Nueva York, donde se ve a los migrantes latinoamericanos como la respuesta para la revitalización de las áreas más decadentes en estas urbes.4 Por otro, la creciente presencia de migrantes mexicanos en prácticamente todas las regiones de Estados Unidos, pero especialmente en el suroeste, ha provocado el surgimiento de varias organizaciones francamente racistas y antimexicanas. Entre estas organizaciones destacan tres grupos de milicias armadas extremistas: American Border Patrol, liderada por Glenn Spencer; Civil Homeland Defense, de Chris Simcox; y Ranch Rescue, dirigido por Jack Foote y Dave Stoddard. Estos grupos se dedican a patrullar la frontera en busca de ilegales, deteniéndolos de manera violenta y contra su voluntad. Según un reporte reciente de la Anti-Defamation League, desde marzo de 2002 se han encontrado los cuerpos de nueve migrantes asesinados, algunos con señales claras de haber sido ejecutados a quemarropa con armas semiautomáticas. Hasta el momento no se sabe quién cometió estos asesinatos, pero lo que sí es seguro es que estos crímenes están ligados al incremento del vigilantismo a lo largo de la frontera sur de Arizona, donde estos grupos han creado una atmósfera de miedo y violencia contra los mexicanos que intentan cruzar hacia Estados Unidos.5 Los congresistas En el Congreso norteamericano se ventilan posiciones sumamente hostiles contra los migrantes. Por ejemplo, el diputado federal republicano de Texas, Lamar Smith, escribió recientemente en una revista de corte conservador: Existe gente suficiente que ha violado nuestras leyes migratorias como para poblar las tres ciudades más grandes de nuestro país Nueva York, Los Angeles y Chicago. Aún así, nosotros no sabemos quiénes son ellos, dónde viven y qué es lo que hacen. En la medida en que tengamos fronteras poco seguras, nosotros mismos estamos invitando a gente peligrosa para que entre Los peligros que representan una frontera porosa y la migración ilegal no se irán así nada más. Entre más tiempo dejemos pasar antes de aplicar todas las leyes migratorias, peor se volverá la situación, y esto no es algo bueno para la seguridad de Estados Unidos.6 Recientemente, otro representante republicano, de Colorado, Tom Tancredo, tomó el piso del Congreso para declarar: Un hecho que no podemos negar es que la migración masiva en combinación con una filosofía multiculturalista tiene ramificaciones para este país. Algunos aquí [en el Congreso], otros a lo largo del país, podrán creer que esas ramificaciones son positivas; yo creo que, por la mayor parte, son negativas Algo ha cambiado dramáticamente, y ahora la gente que lo cree así, la gente que vive en este medio tiene miedo de expresar sus propios sentimientos por miedo (sic) de que serán rechazados por sus semejantes. ¿Qué ha pasado que ha dejado que esto ocurra? La migración masiva a este país determinará no sólo qué tipo de nación tendremos, sino si acaso nosotros seremos una nación después de todo. 7 Mal vistos en ambos lados Como es claro, hay un ambiente poco amigable hacia los migrantes en ambos lados de la frontera. En México se les considera americanizados o, peor, traidores a la patria, y en Estados Unidos se les considera una carga al erario público, o también una amenaza a la seguridad pública, y lo que es aún peor, una amenaza a la viabilidad futura de la nación. Es sin duda exagerado sugerir que estas posiciones extremas representen el sentir de la mayoría de las poblaciones en ambos lados de la frontera. Sin embargo, el hecho de que sean opiniones tan contradictorias y tan visibles en el ámbito público, y que sean expresadas por miembros de las elites políticas, demuestran el alto grado de malentendido que existe sobre las características y el quehacer político y cultural de la población de migrantes mexicanos residentes en Estados Unidos.
Perdido en este debate sobre migración y en el proceso de elaboración de políticas encaminadas a resolver este problema, se encuentra el hecho de que el gobierno de Estados Unidos continúa dando su apoyo incondicional a la política económica del gobierno mexicano, que ha propiciado altos niveles de pobreza entre la población urbana y rural, así como el achicamiento sustancial del gasto social. Dentro de este clima antiinmigrante se hace cada vez más difícil para las organizaciones comunitarias defender los derechos laborales y humanos de los trabajadores indocumentados. Esto ya es prácticamente imposible para aquellas organizaciones en Estados Unidos que reciben fondos federales, ya que una de las estipulaciones para recibir dinero federal es que no puede ser usado para proveer de ningún tipo de servicio a trabajadores indocumentados. Por otro lado, el gobierno mexicano sólo recientemente se ha preocupado de este problema, debido a que el debate sobre migración en Estados Unidos ha tomado tonos claramente antimexicanos. Hasta hace muy poco tiempo, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en coordinación con los consulados, ha emprendido una campaña de información al público sobre el complicado tema migratorio. Esto ha sido calificado por muchos analistas de muy poco, muy tarde. Por otro lado, las políticas económicas de abandono al medio rural y de la caída del salario real de los trabajadores continúa. Los retos El trabajo de coalición de parte de organizaciones independientes de base, en ambos lados de la frontera, es cada vez más urgente para concretizar propuestas organizativas innovadoras y de movilización, que busquen la solución a la marginalización y pobreza que enfrentan las comunidades migrantes en Estados Unidos y las comunidades rurales en estados mexicanos con un alto índice de expulsión migratoria. El reto del trabajo de coalición binacional es, por un lado, informar sobre los procesos organizativos domésticos (tanto en México como en Estados Unidos) en los sectores civiles y laborales con la experiencia de las redes sociales migratorias ya existentes. En este caso, los esfuerzos organizativos como el que se realizan alrededor del derecho al voto de los mexicanos en el extranjero y las campañas por la amnisitía y los derechos de los migrantes (como la reciente caravana por la libertad a Washington D.C.) se beneficiarían en gran medida si se construyen sobre la base organizativa ya establecida por los clubes y federaciones y otras agrupaciones transfronterizas. Por otro lado, el reto de las redes sociales transfronterizas es el de trascender la visión local de su campo de acción. Es decir, internacionalizar el problema migratorio visto desde las comunidades de origen y las receptoras, extendiendo sus vínculos con organizaciones y coaliciones en otros sectores sociales y políticos en ambos lados de la frontera, y utilizando los instrumentos internacionales que existen para la defensa de los derechos humanos. * Analista político y asesor del Frente Indígena Oaxaqueño Binacional y de la Federación de Organizaciones Oaxaqueñas de California. 1 El Heraldo de
México, martes 1 de octubre de 2002. Absurdo, el voto de los
mexicanos en Estados Unidos. La entrevista continúa con las siguientes
declaraciones: Resulta obvio que el caso de México respecto a los
nacionales residentes en el extranjero, especialmente en Estados Unidos,
es excepcional, representan un caso único en el ámbito internacional;
en consecuencia, el Congreso de la Unión debe ser muy cuidadoso
al momento de legislar sobre este delicado tema.
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