JAVIER SICILIA IGNACIO
SOLARES:
Bajo el sello Alfaguara, Ignacio Solares acaba de publicar su más reciente novela: No hay tal lugar. Breve en sus páginas, su contenido como todo aquello que contiene poiesis se abre a muchas capas de sentido, que sería imposible analizar aquí. Hay, sin embargo, en ella una característica fundamental: No hay tal lugar, que despliega en español el sentido etimológico de la palabra utopía, se refiere, como todas las utopías de la historia de Occidente, al espacio en donde Dios mora, a esas franja de la historia donde, como lo definí alguna vez en estas mismas páginas al hablar de las Reducciones del Paraguay (El lugar del no-lugar), "la intemporalidad de Dios y la temporalidad humana se intersectan y coinciden para prefigurar el Reino prometido". Lucas Caraveo, joven sacerdote jesuita, es enviado como Visitador al valle de San Sóstenes, en la sierra Tarahumara, donde diez años atrás otro sacerdote, Ernesto Ketelsen, se ha ido a vivir "con tarahumaras [ ] y enfermos terminales". Extraviado en la sierra, a punto de morir o quizá ya muerto, recobra la conciencia en la comunidad de Ketelsen.
Frente a ese universo insólito uno se pregunta si Solares, a través de una metáfora que describe como otrora lo hicieron Platón y su República, Moro y su Utopía o Campanella y su Ciudad del Sol el mejor de los mundos posibles, nos revela la franja que está entre la vida y la muerte y que los enfermos terminales de Kubler Ross, describen, o en realidad, es la descripción pura y simple de una utopía, entendida como un sistema social que contiene el mejor de los mundos humanos. Creo que son las dos. En la novelística de Solares, en donde todos los planos se empalman y se corresponden, no hay ruptura entre el mundo de aquí y el de allá; entre las esferas físicas, las psicológicas y las del espíritu. Toda sociedad o, mejor, toda comunidad que se respete, es ante todo un mundo limitado, consciente de que en su finitud está su infinitud; un mundo en que las realidades del espíritu sólo tienen sentido si se encarnan en formas simples de vida. Por ello, el mundo que nos describe Solares en No hay tal lugar, pese a su eclecticismo o, mejor, gracias a él, nos dice que los sitios de la utopía son, precisamente, los sitios vernáculos, es decir, aquellos en los que, como lo definió Iván Illich, una comunidad vive proporcionalmente. En tanto ámbito social, la proporcionalidad de San Sóstenes se manifiesta en la vida comunitaria en donde el hombre y la mujer son seres situados en un cosmos, son parte de él y en él se relacionan de manera justa; en tanto ámbito cósmico esa misma proporcionalidad se manifiesta en que San Sóstenes afirma la existencia de un orden que antecede al hombre, un orden natural que hay que respetar. Tanto una y otra proporcionalidad están custodiadas y apoyadas sobre un más allá del universo y de la sociedad que irrumpe en ella y genera una inmensa confianza ante la vida y la muerte. Es el mundo de lo sagrado que ubica a los seres humanos como seres efímeros que se abren, con absoluta confianza, a lo desconocido, al misterio que pertenece a Dios, es decir, a lo inmensurable. Un tal lugar, en una sociedad como la nuestra que ha perdido la proporción, en realidad no puede existir. Nuestra sociedad, que ignora la existencia de Dios o de los dioses, ha perdido el límite de lo humano y con ello ha usurpado los dominios de los seres sobrenaturales; ha perdido también la inmediatez entre los sentidos y la realidad, y con ello ha obstaculizado la amplitud de nuestros sentidos. De ahí que el título de la novela de Solares sea No hay tal lugar. Sin embargo, ese lugar, en la medida en que ha existido en las sociedades vernáculas y en quienes han logrado volver a la proporcionalidad, existe. ¿Cómo se llega a él? Encuentro cinco maneras de hacerlo: leer la obra de Illich, pasar una estancia en las comunidades del Arca, ir al centro de las comunidades rarámuri, entrar en los grupos de tanatología o viajar con Solares y Lucas Caraveo al valle de San Sóstenes. Además opino que hay que respetar
los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos,
derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes
de las asesinadas de Juárez y levantar las acusaciones a los miembros
del Frente Cívico Pro Defensa del Casino de la Selva.
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