La Jornada Semanal,  30 de noviembre  del 2003        446


M E M O R I A S
LA REALIDAD LITERARIA

LEO MENDOZA

Isaac Bashevis Singer,
Amor y exilio,
Ediciones B,
Barcelona, España, 2002.

¿Qué es lo que nos atrae de la vida de un escritor? ¿Acaso es cierto que, como menciona el novelista Isacc Bashevis Singer, la verdadera historia de una vida supera el poder de la literatura? Si, de acuerdo con la frase atribuida a Napoleón, la vida es una novela, la verdad de este hecho sería la mayor conspiración posible en contra de la ficción y acabaría por aburrirnos o por parecernos increíble.

Aún así, hay algo que nos atrae irremediablemente hacia esos libros de confesiones, de cartas, de diarios, de memorias tal y como si atisbáramos tras la puerta y conociéramos algunos secretos inconfesables. Las biografías escandalosas –que buscan la desviación antes que la verdad– se han convertido en moda gracias a este extraño gusto.

Quizá por eso, los libros escritos como una confesión –desde San Agustín–, llámense memorias o autobiografías, resultan en ocasiones menos interesantes que el chismorreo literario. Afortunadamente, esto no es lo que ocurre con Amor y exilio, "memorias espirituales o ficción superpuesta a un fondo de verdad" del Premio Nobel de Literatura de 1978, Isaac Bashevis Singer –judío polaco quien, en los albores de la segunda guerra mundial abandonó su patria y se instaló en Estados Unidos– y autor de una vasta obra –alguna vez dijo que no se acordaba de cuántos libros había escrito–, la mayor parte de la cual se encuentra escrita en yiddish, la lengua mayoritaria entre los judíos del este de Europa. Entre sus novelas se destaca Satán en Goray, una novela que rompió con los cánones tradicionales de la literatura yiddish al dibujar de manera notable las pasiones humanas y el deseo sexual, tal y como su autor lo hace a la hora de pintar su propia vida.

Quizá por ello Amor y exilio sea un libro tan conmovedor: porque Bashevis Singer ha decidido hacer de sí mismo un personaje y, para proteger a muchos de sus conocidos que aún estaban vivos cuando la publicación de su obra, ha recreado su historia, ha cambiado situaciones y pasajes amparado en su vocación de novelista.

Y quizá eso sea lo que nos haga sumergirnos en las páginas del libro con tal entusiasmo: lo que queda finalmente retratado son esas dos palabras que forman el título del libro: el desarraigo y la búsqueda del amor, incluso de la comprensión del amor divino que es uno de los temas que subyacen en el libro.

Perdido en América al igual que en Polonia, el joven escritor naufraga constantemente tanto en el amor como en su carrera. La última escena de estas memorias nos lo muestra abandonado, sin saber qué hacer tras recibir la noticia de que su hijo y la madre de éste se encuentran varados en Grecia y de que su columna en un periódico en yiddish neoyorquino ha sido cancelada: la imagen es brutal, terrible. Aun cuando sabemos que posteriormente Bashevis Singer obtuvo el reconocimiento que se merecía, no sabemos cuál fue el destino de aquel pequeño que el escritor procreó con una trostkista militante por completo diferente a lo que pensaba, y perseguida por la justicia, por cierto.

Poseedor de una excepcional memoria, Bashevis Singer cuenta desde sus años de infancia en Radzymin, donde su padre era una especie de juez rabínico y de cuyas historias sacó gran parte de las leyendas y hechos que luego plasmó en su obra: los ojos del escritor, asombrados ante el mundo fantástico de las aldeas judías, poco a poco trasladan ese mundo a la vida citadina de Varsovia donde su carrera literaria se inicia como corrector de pruebas de una revista yiddish. Su deseo de saber, su pobreza, sus amores, todo está contado de tal suerte que entendemos fácilmente por qué Bashevis Singer consideraba tan poderosa la vida de cualquier persona. Pero, sobre todo, lo que queda al final es ese profundo sentimiento de desarraigo y desasosiego que sin duda asalta a los auténticos creadores. Amor y exilio es un libro excepcional y dolorosamente franco •