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LEO MENDOZA
¿Qué es lo que nos atrae de la vida de un escritor? ¿Acaso es cierto que, como menciona el novelista Isacc Bashevis Singer, la verdadera historia de una vida supera el poder de la literatura? Si, de acuerdo con la frase atribuida a Napoleón, la vida es una novela, la verdad de este hecho sería la mayor conspiración posible en contra de la ficción y acabaría por aburrirnos o por parecernos increíble. Aún así, hay algo que nos atrae irremediablemente hacia esos libros de confesiones, de cartas, de diarios, de memorias tal y como si atisbáramos tras la puerta y conociéramos algunos secretos inconfesables. Las biografías escandalosas que buscan la desviación antes que la verdad se han convertido en moda gracias a este extraño gusto.
Quizá por ello Amor y exilio sea un libro tan conmovedor: porque Bashevis Singer ha decidido hacer de sí mismo un personaje y, para proteger a muchos de sus conocidos que aún estaban vivos cuando la publicación de su obra, ha recreado su historia, ha cambiado situaciones y pasajes amparado en su vocación de novelista. Y quizá eso sea lo que nos haga sumergirnos en las páginas del libro con tal entusiasmo: lo que queda finalmente retratado son esas dos palabras que forman el título del libro: el desarraigo y la búsqueda del amor, incluso de la comprensión del amor divino que es uno de los temas que subyacen en el libro. Perdido en América al igual que en Polonia, el joven escritor naufraga constantemente tanto en el amor como en su carrera. La última escena de estas memorias nos lo muestra abandonado, sin saber qué hacer tras recibir la noticia de que su hijo y la madre de éste se encuentran varados en Grecia y de que su columna en un periódico en yiddish neoyorquino ha sido cancelada: la imagen es brutal, terrible. Aun cuando sabemos que posteriormente Bashevis Singer obtuvo el reconocimiento que se merecía, no sabemos cuál fue el destino de aquel pequeño que el escritor procreó con una trostkista militante por completo diferente a lo que pensaba, y perseguida por la justicia, por cierto. Poseedor de una excepcional memoria, Bashevis
Singer cuenta desde sus años de infancia en Radzymin, donde su padre
era una especie de juez rabínico y de cuyas historias sacó
gran parte de las leyendas y hechos que luego plasmó en su obra:
los ojos del escritor, asombrados ante el mundo fantástico de las
aldeas judías, poco a poco trasladan ese mundo a la vida citadina
de Varsovia donde su carrera literaria se inicia como corrector de pruebas
de una revista yiddish. Su deseo de saber, su pobreza, sus amores, todo
está contado de tal suerte que entendemos fácilmente por
qué Bashevis Singer consideraba tan poderosa la vida de cualquier
persona. Pero, sobre todo, lo que queda al final es ese profundo sentimiento
de desarraigo y desasosiego que sin duda asalta a los auténticos
creadores. Amor y exilio es un libro excepcional y dolorosamente
franco
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