Vamos a las montañas yij cuidémoslas

Introducción

Las montañas de México albergan gran parte de la riqueza natural y cultural del país. Invitan a la ciudadanía a explorar el paisaje y a conocer a los pobladores de ese medio agreste.

Desde el punto de vista recreativo, de ecoturismo en la mejor acepción del término, los destinos de montaña son cada día más visitados. En ellos se practican los más variados deportes y actividades; la gente acude allí a meditar, otros a escalar y muchos más aprovechan sus recursos. Las montañas son el punto de encuentro donde pueden interactuar los pobladores urbanos con los rurales; son el lugar donde puede entenderse más el funcionamiento, no sólo natural sino social, del campo mexicano ya que más de la mitad de nuestro territorio es montañoso.

Como sólo aquello que se conoce puede ser conservado, este número de La Jornada Ecológica es una invitación a caminantes, ciclistas, campistas, familias y curiosos a conocer un México vasto, con paisajes de extraordinaria belleza. Para ello, ofrecemos en este número varios programas de viaje ubicados en distintas partes del país. En ellos, el interesado podrá encontrar un pequeño muestrario de la riqueza natural y cultural de México y ayudar a los pobladores del medio rural.

Para quienes vivimos en las grandes concentraciones humanas, los espacios de montaña poseen un valor agregado: más allá de los recreativos, los beneficios ambientales que estos colosos brindan son indispensables para nuestra subsistencia. Tan sólo en la Ciudad de México, 70 por ciento del agua que usan los capitalinos proviene de la filtración de las montañas que la rodean.

Precisamente en unos días más comenzará a circular Explora las montañas de México, una guía con destinos seleccionados y en la que se describen algunas de las montañas y cerros más notables, conocidos y no, con los que el ciudadano común puede recrearse, aprender y aficionarse al antiguo arte de andar por vereda, por camino real o simplemente por caminos de tierra. La guía ha sido preparada por Antonio Suárez, Febo, un especialista reconocido en la materia. La Jornada Ecológica desea expresar al maestro Suárez su apoyo para realizar este número.

Importancia mundial de las montañas

Antonio Suárez

Correo electrónico: febobalam@laneta.apc.org

El año pasado, y por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mundo celebró con numerosos actos el Año Internacional de las Montañas. El organismo internacional encargó desde años antes a la FAO la coordinación del festejo, entre otras cosas por los vínculos y el papel que dicha institución juega con el mundo rural. La FAO señala con gran precisión la importancia que las montañas tienen en la vida del planeta. Algunos datos básicos al respecto:

Ocupan alrededor de la quinta parte de su superficie, unos 36 mil millones de kilómetros cuadrados;

Allí viven 600 millones de personas distribuidas en 53 países, de las cuales el 75 por ciento es pobre.

Pero la importancia de las montañas no se circunscribe a sus límites geográficos sino que a través de bienes y servicios dejan sentir su influencia benéfica en la mitad de la población mundial, que ocupa las zonas adyacentes.

Sobran las razones para destacar el papel de las montañas en el mundo. Baste mencionar que:

Son depósitos de agua y energía, que en ellas se originan los ríos y se recargan los acuíferos que sirven para cubrir la demanda de la población y las actividades económicas.

También sobresalen por su diversidad biológica, los recursos minerales, forestales, agrícolas, y por ser sitios de recreación y asiento de culturas ancestrales.

Precisamente por esa riqueza incalculable resultan estratégicas dentro de la geopolítica, lo que las convierte con frecuencia en fuente de conflictos nacionales e internacionales.

Además, por su situación geográfica no pocas veces son campo de acción de grupos armados de las más diversas ideologías. Baste recordar el caso de Cuba a mediados del siglo pasado y, en los recientes años, el de México con los zapatistas.

Por todos los motivos anteriores y por muchos otros, esta celebración se tomó como el inicio de acciones tendientes a incidir con programas en la gente pobre y marginada que vive en las montañas, a conservar y enriquecer su patrimonio cultural, y a preservar y fomentar el uso sostenible de sus variados recursos. El objetivo central es lograr su manejo integrado, no como sucede ahora.

Si de algo podemos preciarnos en México es de ser afortunados en contar virtualmente por todo el territorio con estos frágiles ecosistemas, claves para nuestro desarrollo. En las partes montañosas del país viven por lo menos 12 millones de personas, la mayoría con niveles de vida muy bajo y cuya situación no se corresponde con la enorme biodiversidad que los rodea y el papel que juegan en nuestra vida diaria.

Por principio, son indispensables para la conformación de las cuencas hidrográficas del país y fuente de recursos naturales y minerales. Pero su mala administración y utilización ha ido de la mano con el crecimiento de la población y de las actividades agrícolas de subsistencia en áreas de ladera.

Esa agricultura, unida al sobrepastoreo, se efectúa en condiciones desfavorables. Pronto, la expansión de la frontera agrícola en áreas que debían estar cubiertas de bosque, da por fruto malas cosechas y la erosión de los suelos, variaciones en los ciclos hidráulicos y la pauperización de quienes allí viven.

Los efectos negativos se dejan sentir también en las partes bajas y se expresan en el azolve de las cuencas de los ríos y los lagos, en la merma de la capacidad de la infraestructura hidroeléctrica y de riego, el efecto de la migración de mano de obra a las ciudades y el exterior, o a otras áreas rurales, como la selva.

De igual forma incide en el cambio de clima. En fin, los resultados nocivos de no preservar las montañas terminan siendo un costo elevado para toda la sociedad y es algo fácil de comprobar en diversas regiones del país.

No es nada casual que el año pasado también se resaltara internacionalmente la importancia del ecoturismo, pues como promueve un crecimiento no depredador y en armonía con el medio apoya así el buen estado de las montañas.

Lamentablemente, el ecoturismo es una actividad virtualmente inédita en nuestro país. Es el "patito feo" del sector oficial responsable de alentar la mal llamada industria sin chimeneas, al que menos recursos se invierten. En otros países con menos recursos naturales que el nuestro ha mostrado sus enormes ventajas ambientales, sociales, culturales y económicas.

Un ejemplo cercano sirve para ilustrar lo anterior: Costa Rica recibe por concepto de ecoturismo cerca de 800 millones de dólares al año. Nosotros, apenas 80 y no todo este ingreso va a dar a las poblaciones donde se localizan los recursos naturales y culturales.

En México, lamentablemente, el esfuerzo fundamental del sector público y del privado se dirige a establecer los grandes desarrollos costeros, origen de tantos daños ambientales y sociales (como en Quintana Roo), y a impulsar la presencia de los grandes capitales nacionales y externos en los mejores sitios naturales del país.

Así las cosas, la administración actual no ofrece buenas cuentas y sí muchos pendientes en cuanto al cuidado de las montañas y el impulso al ecoturismo.

Pero mientras el gobierno va a paso de tortuga, en muchos sitios diversos grupos campesinos forman pequeñas empresas fincadas en el ecoturismo, aprovechando las bellezas naturales del país, el potencial humano y la tradición y la cultura que han hecho a México digno de visitarse.

No todo el disfrute se limita a las bellas zonas costeras del país. Sin demérito de aquellas, las montañas reúnen todavía más posibilidades y más riqueza en todo sentido. Y como muchos funcionarios son dados a pensar en términos externos, en el ejemplo de otros países, las estadísticas demuestran que es en las montañas de Europa, Asia, Australia, África y América donde se concentra cada vez más el interés del turismo, nacional e internacional.

Una guía de sitios para abrir boca

Parque Nacional Lagunas de Zempoala
(estados de México y Morelos)

Cuenta la leyenda que la bella Zempoat murió de amor y fueron tantas las lágrimas de su familia que se crearon hermosas
siete lagunas.

Zempoala, que en náhuatl significa lugar de 20 aguas, es desde 1930 y hasta la fecha uno de los lugares de paseo y esparcimiento preferidos por los habitantes de Morelos, el estado de México y el Distrito Federal.

A 48 kilómetros del sur de la ciudad de México y 28 de Cuernavaca se encuentra este ecosistema de siete lagunas. A escala mundial es considerado como importante pues en el mismo lugar se encuentran, además de las especies propias de un bosque mixto, una abundante combinación de algas que coexisten en el interior de una de las lagunas. Son estas raras combinaciones las que dan a nuestro país el carácter de megadiverso.

Desgraciadamente, algunas de las lagunas se han ido secando con el tiempo hasta convertirse en fértiles valles. Sin embargo, aún se conservan las mayores y más significativas, mismas que dieron nombre al lugar, en época de lluvias crecen considerablemente.

La más grande se encuentra en lo que fue el cráter de un antiguo volcán. En su interior existen muy variados tipos de algas, al punto que ha sido considerada como una de las lagunas con mayor variedad de plantas acuáticas en todo México.

No menos rico es el bosque que las rodea, catalogado como mixto de pinos y encinos. Las casi cinco mil hectáreas del parque nacional representan la región con más agua dentro del recientemente declarado corredor biológico Ajusco-Chichinautzin.

Sus escarpadas montañas con pendientes muy pronunciadas han dado lugar a cañadas donde se junta el agua de los cientos de nacimientos creando abundantes microclimas por donde corre el agua formando arroyos y cascadas todo el año. Incluso en la temporada de estiaje predominan los helechos, los musgos, los líquenes y otros tipos de plantas asociados a la corteza de árboles centenarios.

El parque nacional Lagunas de Zempoala fue declarado en 1936 por el entonces presidente Lázaro Cárdenas. Cabe mencionar que uno de los aspectos principales que motivaron su creación fue el de garantizar la conservación del área para el esparcimiento y recreación de los turistas y peregrinos que ya en aquellos años hacían famosa a la región con las caminatas desde Hutzilac hasta Chalma.

Nuestro recorrido hacia los cerros de Alumbres y Zempoala inicia a la orilla de la laguna, a lo largo del arroyo principal. En este valle se encuentra un estacionamiento con varios puestos de comida, mismos que han sido reordenados en los últimos tiempos dando una impresión de disciplina y mayor limpieza.

La vereda principal en dirección oeste asciende a un segundo valle en donde todavía coexisten algunos encinos y pinos. A lo largo del primer kilómetro se observa la cañada con algunos pastizales hasta el punto en que se hace muy angosta y se camina por la orilla del río. Aquí, los árboles en su mayoría son oyameles, fácilmente reconocibles por las puntas de las ramas en forma de cruz.

Nuestra vereda cruza de un lado al otro del arroyo provocando una sensación de frescura que poco a poco se incrementa así como crece el sonido de las múltiples caídas de agua que aparecen en pequeñas cascadas.

A lo largo del trayecto es común observar aves multicolores, algunas salamandras y pequeños insectos. La explosión de vida es tal que me recuerda la pasión que el gran naturalista Darwin describe en su autobiografía cuando trata de reconocer escarabajos y plantas en los húmedos bosques de Inglaterra. Sin duda aquí se habría vuelto loco.

La vereda principal se encuentra marcada por algunas flechas en los árboles ya que es el inicio del antiguo camino que conduce año con año a los peregrinos hacia Chalma.

De no contar con mucho tiempo o gran condición física, sugiero acercarse a las orillas del arroyo y caminar con precaución. A lo largo de éste, las plantas que crecen son tan diversas y abundantes que es imposible no detenerse a observar. Hasta bambúes crecen en algunas de las pequeñas playas; las paredes en lugares rocosos se transforman en verdes esponjas. Sin duda el paisaje y ecosistema es el de un bosque húmedo, tal vez el más cercano al Distrito Federal.

La vereda marcada con flechas asciende hacia el norte en dirección a la población de Santa Marta. Antes de llegar a la cima existen pequeñas desviaciones hacia el cerro de los Alumbres, aparentemente el más alto del lugar. Se le reconoce por la pared de rocas de más de 30 metros. Si decide ascender, calcule un tiempo promedio de dos horas de ida y otro tanto de regreso. Las vistas del valle de Cuernavaca en días despejados son deslumbrantes.

Actualmente, el parque es muy visitado en fin de semana, cuenta con áreas para campismo alrededor de la laguna y algunos asadores para días de campo.

El interés que han mostrado los gobiernos estatales y federal en los últimos tiempos es un ejemplo de que los mexicanos somos capaces de conservar nuestro rico legado natural y los bellos paisajes.

Recomendaciones:

Inicie temprano su recorrido, en época de lluvias las tormentas eléctricas son muy fuertes por lo cual es preferible caminar sólo en la mañana y medio día.

Pida indicaciones a los lugareños; en el primer estacionamiento a la orilla de carretera existe una oficina de la Semarnat.

Recuerde que la visita hacia las áreas naturales implica la posibilidad de sufrir las inclemencias del tiempo o perderse. Lleve impermeable y botas cómodas, procure hacer este recorrido en grupos de tres.

Sierra Nevada
(estado de México)

Símbolo del México central, adoratorio de los chichimecas, motivo principal del pintor José María Velasco, actualmente paraíso de alpinistas, escaladores y caminantes.

Para disfrutar de los volcanes, observarlos o simplemente caminar a su alrededor no se necesita ser un gran atleta o contar con complejo y costoso equipo.

La Sierra Nevada, como la llamara Bernardo Sahagún, ha sido desde tiempos prehispánicos la cuna de la exploración mexicana, lugar de mitos y leyendas que con la imagen de la mujer dormida han despertado en todos los que alguna vez escuchamos la historia, un conmovedor sentimiento hacia ese gigante que aun en días despejados continua alegrando el espíritu con sus blancas nieves a más de cinco mil metros de altura.

Múltiples son las crónicas que describen lo majestuoso de este paisaje que ahora invitamos a recorrer caminando o en bicicleta. La extensión y diversidad que la Sierra Nevada nos ofrece, desde caminatas en medio de bosques nublados rodeados de miles de helechos y plantas tropicales, hasta ascensos sobre milenarios glaciares, nieves compactadas que han visto el paso de expediciones prehispánicas y otras más contemporáneas.

Otro atractivo son las cuevas y cascadas de los granizeros, grupos de personas cuya característica principal es la de haber sobrevivido a la descarga de un rayo o recibido en sueño la encomienda de servir al volcán.

Hoy, caminantes, paseantes de todo tipo, amantes de la naturaleza, alpinistas y ciclistas pueden compartir la encomienda de servir y cuidar el volcán.

ƑCómo puede un visitante servir al volcán?

Recientemente, ocho comunidades y el grupo conservacionista Sierra Nevada iniciaron un proyecto de turismo responsable en la naturaleza. En el corto plazo se espera contar con múltiples recorridos, vigilancia, centros de información, veredas protegidas y un padrón de prestadores de servicios comunitarios. En el corto plazo, el visitante podrá contactar a algunas comunidades y grupos locales de turismo para visitar algunos de sus increíbles recorridos que aún están a prueba.

Para los aficionados de fin de semana existen antiguas veredas o vías de tren en desuso por donde salieron miles de durmientes de tren en época de don Porfirio. De especial interés es este camino de más de 25 kilómetros de largo que parte de la comunidad de Atlautla, cruza la comunidad de Tecomaxusco y llega hasta el monte de Ecatzingo de donde cruza a Morelos para remontar hacia Puebla.

Este camino de usos múltiples representa un gran itinerario de dos días para ciclistas y caminantes. Actualmente no cuenta con señalización, su pendiente es del 3 por ciento que lo hace apto para todo tipo de visitantes, incluyendo niños, las vistas son inmejorables a su paso por las huertas de manzana, pera y tejocotes.

Otro recorrido para paseantes con menos tiempo disponible se encuentra en el poblado de San Juan Tehuixtitlan, a través de una barranca de encinos con miles de plantas. Este recorrido promete convertirse en un área importante para la educación ambiental y dura aproximadamente dos horas.

De gran interés son los canales de agua dentro del ejido de Tlalmanalco, mismos que surten a la histórica papelera de San Rafael. Una parte se pueden recorrer de manera sencilla en un par de horas en medio de los húmedos bosques.

Los proyectos antes mencionados aún no se conforman como recorridos comerciales. Sin embargo, un buen número de grupos comunales ya se encuentran trabajando en la formación de proyectos de este tipo que pretenden crear fuentes de empleo local y conservar los recursos naturales de esta bella región.

Contactos:

Se recomienda contactar la organización local para posteriormente hacerlo con los grupos locales.

Sierra Nevada: uamneva@iacnet.com.mx (Proyecto Sierra Nevada)

Otra opción es contactar a operadores ya existentes en la región, específicamente para el caso de ascensos y otras actividades de montaña:

Guía especializado en flora y fauna: jneyra@iorgeneyra.com

tel. 55718715

Teporingo, guías locales: 01 (597) 81922 y 81246

Guías de alta montaña e información especializada en Ixta y Popo Consultar: www.xpmexico.com

Comunidad de Nuevo San Juan, la entrada al Paricutín
(estado de Michoacán)

El sábado 20 de febrero de 1943, alrededor de las cinco de la tarde, se escuchó un fuerte ruido acompañado de uno más de los temblores que se sentían desde principios de año. Ese día se dio la noticia... "Ha nacido un volcán cerca del poblado del Paricutín".

Salió de la milpa de don Onésimo, mismo que meses antes había anunciado constantes movimientos de la tierra mientras laboraba en su terreno. "Se espantan los animales, hasta salen corriendo con la yunta puesta", así habría dicho don Onésimo a los incrédulos.

A partir de ese día, el mundo fue testigo de uno de los fenómenos naturales más impresionantes: el nacimiento del volcán Paricutín.

Del interior de la Tierra comenzó a surgir una espesa humareda de cenizas y gas. Arena y piedras incandescentes fueron arrojadas a cientos de metros. Un mes más tarde empezó a salir la lava. El volcán estaba creciendo, los ríos de lava corrían a un ritmo de varios metros por día hasta alcanzar el pueblo de San Juan, cuyos habitantes tuvieron un año para terminar de mudarse. Muchos movieron sus propias casas, trojes desmontables, burros cargados y carros llenos cambiaron el pueblo a un nuevo lugar a 25 kilómetros de distancia. Lo único que quedó fue la iglesia, hoy principal atractivo arqueológico.

Por esa época, también llegó el ilustre y apasionado Doctor Atl, el pintor de los volcanes. Pintó cientos de cuadros que hoy son fieles retratos de la muy contemporánea historia geológica de México. Es precisamente en estos cuadros donde se aprecian los múltiples colores del cielo, la lava y el pintoresco paisaje mexicano que día a día se modificaba en aquella región.

Cincuenta años más tarde, la comunidad de Nuevo San Juan ha logrado formar una organización productiva cuyo ingreso principal es el aprovechamiento responsable de la madera. El acertado manejo forestal ha producido un buen número de empleos y fuentes de trabajo que tienen por principio el cuidado y sano mantenimiento de los bosques de pino, encino y oyamel.

Es en estos bosques donde se pueden hacer excelentes caminatas, paseos en bicicleta de montaña y buenos campamentos. La comunidad cuenta con veredas señaladas para que el paseante descubra el territorio de manera autónoma. También hay tres sitios de campismo con seguridad y servicios sanitarios, en uno de estos existen cabañas familiares.

Nuestro recorrido principal inicia en Pantzingo; de ahí se puede partir hacia las ruinas de San Juan. El camino es una brecha transitable que pasa por un "paisaje lunar", lleno de una fina arena negra. Primero se recorre un bosque de pinos hasta iniciar los escurrideros de lava. En época de lluvias, la vida florece sobre la negra roca volcánica.

Antes de llegar a las ruinas del antiguo pueblo, destaca una especie de isla llena de pinos y vegetación en medio de la arena. Este lugar es un excelente punto para observar la adaptación de la vida, que en pocos años ha formado un interesante ecosistema, motivo de estudio por algunos biólogos.

Al llegar a las ruinas se puede reconocer lo que antes fue el pueblo, ver el trazado de sus calles y, por supuesto, la iglesia sumergida. De ahí se parte hacia el cráter del Paricutín. Aunque la distancia es muy corta, la subida es muy empinada. Caminar sobre la arena produce la sensación de no estar avanzando. Los pies se hunden y es mejor bajar el ritmo para no sofocarse. Al llegar al cráter la vista es inmejorable. Se puede caminar por el perímetro, observar el Tancítaro, una de las montañas más altas del estado.

Si al paseante le gustan las caminatas de día completo, el retorno se puede hacer por el lado opuesto al ascenso. Bien vale la pena ya que la vegetación y las vistas cambian, las veredas y brechas en este lado hay que buscarlas ya que se está dentro de la comunidad vecina que aún no cuenta con un proyecto ecoturístico.

Cabe mencionar que, por su nivel de organización, éste es unos de los sitios más seguros del México rural. Todos los integrantes de la empresa de ecoturismo se encuentran en constante capacitación ya que también brindan interesantísimas visitas guiadas. Dentro de la comunidad de 18 mil hectáreas se encuentran múltiples montañas para escalar. Algunos pueblos todavía son muy pintorescos, como San Nicolás, llamativo por sus trojes. Sin embargo, el mejor atractivo sigue siendo la gente, en especial los integrantes de la empresa de ecoturismo tienen un extraordinario sentido del humor, sus relatos son parte de la visita.

Recomendamos a todos los visitantes que conozcan las instalaciones de la empresa forestal. El manejo y administración de esta área demuestran la capacidad de transformación que una comunidad organizada puede alcanzar. Por sí mismo es un tour a lo que desearíamos fuera el futuro de muchas comunidades.

Recomendaciones:

Es importante que avise, previo a su visita, el número de personas y los servicios que requieren. En época de lluvias no se debe subir al cráter o estar cerca de la lava ya que las tormentas eléctricas han cobrado vidas. No acampe en la cima del Paricutín, lleve bloqueador solar, impermeable y litro y medio de agua por cada persona.

Contactos:

Empresa de ecoturismo: Teléfono: 01 4 5 94 00 56

Fax: 5 94 00 51

Correo electrónico: afcinsjp@mail.compusep.com

Yavesia, corazón de la Sierra Juárez
(Oaxaca)

Así se lee en el primero de los muchos letreros a la entrada del pueblo:

Más, mucho más allá del paisaje, una visita al pueblo de Yavesia es un viaje introspectivo rodeado de atractivos naturales y gente que vive en la belleza.

Enclavado en la sierra norte de Oaxaca o Sierra Juárez se encuentra este lugar en una barranca por donde pasa el río más poético de México: el Papaloapan. Aquí nace con una frescura incomparable, corre a la mitad del pueblo partiéndolo en dos. Múltiples son los puentes donde se cruza de un lado al otro; algunos, los más bonitos son de madera con techos a dos aguas; los hay con barandales y otros a plomo. El pueblo de Yavesia es un pueblo de flores, no hay andador o calle que no tenga jardineras o simples huertos naturales en donde los nogales hacen sombra, se puede extender la mano y cortar ricas manzanas silvestres, peras o tejocotes. Cada casa en su solar cuenta con uno de estos huertos.

A mí me fascina el de doña Justiniana, viejecita de más de 90 años. A su casa se entra por un pequeño puente. En el centro del solar hay un manantial de agua rodeado de piedras con inscripciones prehispánicas. Sus nueces y sus tortillas son producto del cuidado y trabajo que desde siempre ejerce día a día como si fuera incansable. Casi me congelo cuando dijo que acababa de llegar de casa de sus padres, en efecto; lo único que queda es la casa y el antiguo horno de cal donde se fabrica este ingrediente para las tortillas.

En los alrededores del pueblo, río arriba, se puede acampar en las orillas con paisajes estremecedores. Se pueden cortar moras silvestres y realizar caminatas hacia La Laguna, ascendiendo más de 500 metros de altura en siete kilómetros, hasta llegar a un bosque primario de encinos de alturas y dimensiones asombrosas con árboles de más de 60 metros. Aquí se puede también acampar y continuar el día siguiente hacia el paraje de Piedra Ventana y Piedra Larga. El punto más alto de la comunidad se ubica a 3 mil 300 metros sobre el nivel del mar. Aquí se aprecia un mirador del bosque mesófilo de montaña mejor conservado de México.

La visita a la laguna es una caminata intermedia de ascenso muy empinado por estrechas veredas. Recomendada para un esfuerzo mediano de seis horas ida y vuelta, el trayecto total hasta el mirador de Piedra Larga y Piedra Ventana es siete u ocho horas. Es recomendable hacerla en dos partes, o sólo si se cuenta con transporte de regreso o excelente condición.

Para ciclistas de montaña es un excelente destino que se puede iniciar en Benito Juárez. En Yavesia existen otras rutas cortas pero como destino ciclista es inigualable, además de que se puede continuar hasta Ixtlán.

Dentro de la comunidad existen se cuenta con estrictas normas de conservación de las 9 mil 400 hectáreas de territorio que la conforman por lo cual es el lugar ideal para ver fauna de todo tipo, incluyendo gatos y venados de todo tamaño alejados del ruido de motosierras. La comunidad es de los sitios más seguros para acampar y transitar libremente. Actualmente se desarrolla un proyecto serio de ecoturismo comunitario con la finalidad de arraigar a los jóvenes y producir empleos locales.

Otra opción para llegar a este paraíso es iniciar el trayecto por terracería desde la población de Benito Juárez. De hacerlo de esta manera se deberá contar con un vehículo apropiado. Un vocho. Es una opción para llegar primero a Cuajimoloyas, a 40 minutos de la ciudad de Oaxaca: de ahí se puede continuar hacia Llano Grande por brecha de siete kilómetros y, posteriormente, 14 kilómetros hasta Yavesia. Es una ruta común para ciclistas de montaña transitada por vehículos pesados.

Recomendaciones:

Para llegar a Yavesia por carretera se toma la carretera N.175; al llegar a Ixtlán de Juárez se toma el camino hacia Capulalpan y después de Santiago Xicuí se encuentra la desviación de cuatro kilómetros de terracería hasta Yavesia. El total de kilómetros desde la ciudad de Oaxaca es de 80. Una opción es contratar un paseo ciclista desde la ciudad. Se pueden rentar bicicletas y bien vale la experiencia. El hospedaje en Yavesia también se brinda en casas familiares.

Las temperaturas en invierno son bajas durante la noche, en el día resplandece el sol.

Contactos locales:

Secretaría de turismo estatal (951) 60717 o 40570

Empresa comunal de ecoturismo Shoo Raa en Yavesia

Teléfono: (955) 360 26 o 360 11

360 42 o 360 38, con Fernando Ramos

Acampe en La Laguna de la María, a las faldas del Volcán de Fuego (Colima)

Muchas son las noches en que el volcán de fuego se torna incandescente, pinta su corona con ríos de lava mientras arroja piedras al rojo vivo creando una vez más el espectáculo de luz, sonido y vibración más antiguo que la Tierra conozca. A corta distancia se encuentra el pico nevado que; como su nombre lo dice, se distingue por su blanca cumbre. Éste no está ardiente; todo lo contrario, parece sereno y frío, contraparte de su gemelo.

Son el Nevado de Colima y el Volcán de Fuego, dos contrastes únicos, ya que en una pequeña área dentro del fascinante estado de Colima han conformado una región con nieves invernales y ecosistemas diversos: desde selvas bajas caducifolias, hasta bosques mesófilos de montaña y, por supuesto, vegetación alpina con extensos bosques de encinos y pinos.

El nevado cuenta con 4 mil 335 metros de altura y el volcán con 3 mil 960; ambos se encuentran llenos de profundas barrancas que forman en sí los distintos ecosistemas. La sensación es la de estar cerca de todo. Éste es un verdadero paraíso para los naturalistas en donde se pueden cruzar ríos, encontrar hermosas lagunas y una región diversa muy bien conservada.

El Parque Nacional Nevado de Colima se encuentra en los límites con el estado de Jalisco. Se puede acceder hasta la estación biológica de La Joya a través de la carretera que entronca en Ciudad Guzmán. El parque es un sitio ideal para acampar y practicar el montañismo. Las vistas son impresionantes. Sin embargo, puede ser un poco frío, por lo que es una opción para un paseo de un día entero y una noche de campismo, cuando se está en camino hacia las faldas del Volcán de Fuego.

La propuesta de caminar por veredas es llegar hasta la ciudad de Colima y de ahí partir hacia la Laguna de la María, en el ejido Bonfil. Esta población se encuentra a escasos 30 kilómetros de la ciudad de Colima, a las faldas del Volcán de Fuego. Tiene un río y una gran cañada conocida como El Jabalí. La vegetación es totalmente tropical y agradable, especialmente de noviembre a marzo.

La Laguna de la María es parte de un sistema de menores lagunas y cráteres con increíble vegetación e impresionantes vistas. Es el lugar idóneo para situar un campamento pues cuenta con áreas designadas y seguridad. Otros servicios alternos son los de alimentación y renta de cabañas. Dentro de la laguna se puede observar abundante fauna, tanto acuática como terrestre. Desde el centro de ésta se puede ver el volcán. Una opción es llevar una lancha inflable para pasear y asolearse por las orillas ya que algunas son más accesibles por agua que por tierra. El terreno se encuentra rodeado por algunos cafetales e interesantes colonias de árboles.

Los principales paseos se pueden realizar río arriba y hacia la población de La Yerbabuena; o hasta los arenales si las condiciones del volcán lo permiten. Múltiples son los caminos hacia rancherías y establos antes de llegar a las empinadas cuestas del Volcán de Fuego. Todos son transitables con bicicletas de montaña. Probablemente, lo más interesante sean las cañadas y ríos donde, además de bañarse, es fácil encontrar variada fauna: son frecuentes jabalíes, venados y otros animales menores.

El lugar es idóneo si lo que se desea es realizar largas caminatas. Se pueden contratar guías en la Laguna de la María. Éste es un proyecto ejidal que cuenta escasamente con un año de reapertura después de haber sido constituido en los años 80.

Para campamentos familiares de bajo presupuesto y muchísima diversión es perfecto. Otra cualidad es que se encuentra en el camino a la playa y rodeado de otros atractivos como la otrora blanca ciudad de Comala, famosa por sus portales y restaurantes.

Recomendaciones:

La región bien merece tres días para explorar. Los caminos son bastante accesibles para todo tipo de vehículos, de contar con un vehículo de doble tracción se podrá llegar a muchos miradores.

Tome las precauciones adecuadas si planea ascender por el volcán. Recuerde que no se recomienda tratar de subir hasta el cráter ya que es un volcán activo y muy peligroso. En la ciudad de Colima y en Comala se encuentran centros de información sobre la actividad de éste.

Lleve los víveres necesarios, pues sólo existen pequeños comercios.

Contactos en el estado de Colima:

Secretaría de turismo (3) 312 43 60

312 83 60

turiscol@palmera.colimanet.com

Volcán Tacana

(Tapachula, Chiapas)

Bien podría llamarse el balcón de Centroamérica, ya que con más de 4 mil metros de altura sobrepasa a todos lo volcanes y montañas de la región. El coloso, considerado como uno de los volcanes más interesantes en erupción latente, es uno de los puntos geográficos y simbólicos que separa Norte de Centroamérica, es la frontera entre Guatemala y México y el mirador natural desde el cual se pueden observar todos los volcanes de Guatemala, el Océano Pacífico y las profundísimas barrancas del intricado Soconusco, por donde cruza el famoso río Suchiate, lugar por donde caminó el barón de Humboldt.

A su paso por el Soconusco, Humboldt reconoció la montaña como volcán, ya que desde hace más de 300 años presentaba una continua actividad que hasta la fecha se evidencia por tremores y las grandes fumarolas que salen de sus tres cráteres, emitiendo gases sulfurosos que forman enormes columnas de humo y contrastan con los azules cielos al amanecer.

Para ascender el volcán se necesita un promedio de tres días y una muy buena condición que soporte extensas caminatas sobre las laderas de más de 35 grados de inclinación. Posiblemente es por esa razón que es tan panorámico, el volcán representa un importante sitio de peregrinación en donde guatemaltecos, hondureños y mexicanos suben por igual cada Semana Santa. Estando en sus faldas, pareciera que el volcán se levantara de las cañadas donde nace el caudaloso río Suchiate, límite entre México y Guatemala.

Nuestro recorrido se inicia en las intrincadas cañadas, en la parte baja de la población de Santo Domingo, famosa por sus fincas cafetaleras de principios del siglo pasado, donde se estableció la familia alemana de apellido Brown. Entre muchas otras cosas trajo la tecnificación en el complejo proceso de cultivo y exportación de café creando una fama internacional por la calidad del grano y la extensión de sus plantaciones.

Actualmente, Santo Domingo es uno de los poblados más típicos de la región, donde se desarrolla un proyecto ecoturístico ejidal que se inició a principios de los años setenta, cuando el ejido decidió recuperar la célebre finca Brown, de arquitectura también alemana. Con grandes esfuerzos y por más de 20 años, pagó a la Reforma Agraria por los terrenos y la construcción que años antes había expropiado. La antigua casa familiar, después de una intensa remodelación, constituye un interesante museo sobre la historia del café en la región y un restaurante excelente. También existe en otro lugar del pueblo un hotel con vistas increíbles y un restaurante rodeado de jardines bien cuidados.

Las calles de Santo Domingo son empedradas con orillas de pasto donde principalmente circulan animales y uno que otro auto. La arquitectura aún conserva mucho de su origen y planificación germana, muchas de las casas, escuelas y plazas son reminiscencia de la poderosa finca, ahora exitoso negocio ejidal.

El atractivo natural lo constituyen las accidentadas cañadas y las laderas en las cuales aún se planta café de sombra. Muchas se pueden caminar a lo largo de pequeños paseos. El destino principal es hacia la cascada de La Chocollera lugar donde nace un río y se forma un salto de agua que poco después se junta con el Suchiate.

Para llegar a La Chocollera hay que partir de la finca hacia el sur en una caminata de tres kilómetros, pasando por relictos de selva tropical hasta llegar a un arroyo en donde existen pozas de agua que, al ir ascendiendo, se convierten en lagunas donde es posible nadar. Al llegar a la última se percibe un escándalo de pericos que anidan en las paredes de piedra criando a los polluelos. Con binoculares es fácil distinguir a las madres mientras alimentan a los escandalosos, que en la región se les conoce como "chocollos".

La vegetación está formada por enormes helechos y toda clase de plantas tropicales. En la región, la lluvia es abundante por lo cual es común mojarse en cada paseo. En la finca existen algunas bicicletas de renta. También hay guías que le pueden llevar hacia este y otros destinos intermedios. El sitio se presta para complementar el paseo con una visita a la costa o la reserva de la biosfera La Encrucijada, donde todavía existen lagartos y jaguares en su hábitat natural.

Es raro que con tanta belleza la región de Santo Domingo aún no cuente con un estatus más definido para su conservación.

Recomendaciones:

Tome por lo menos dos días para visitar el sitio, el lugar se encuentra a sólo 35 kilómetros de Tapachula. Para más información, visite la página oficial de turismo del estado de Chiapas.

El parque ecológico de la Ciudad de México (Distrito Federal)

El nacimiento del volcán Xitle fue un evento trágico en el valle de México hace más de mil años. Los antiguos habitantes, en específico, los pobladores de Cuicuilco, narraron en pinturas y grabados la ferocidad y magnitud del fenómeno natural que avanzó abruptamente sepultando bosques y tierras de cultivo. En aquel entonces, estos hombres conocidos por su gran pirámide circular debieron haberse refugiado en las islas y orillas de la gran laguna, misma que ocupaba más de la mitad de lo que ahora conocemos como el Gran Valle.

El único testigo de lo ocurrido que aún permanece es el simétrico volcán y lo que alguna vez fueron los incandescentes ríos de lava. En el presente, sólo se distingue un mar de roca negra, con miles de cavidades y formas irregulares donde crecen y habitan árboles, plantas endémicas y fauna representativa del Ajusco medio. Es en esta zona que se decidió crear el poco conocido Parque Ecológico de la Ciudad de México.

El parque cuenta con 700 hectáreas, en su mayoría cercadas. La entrada principal es por el kilómetro 21 de la carretera federal a Cuernavaca. Aquí existe una brecha que cruza el parque de sur a norte. Nuestro recorrido inicia en la caseta de entrada. En esta área se distinguen algunos elementos urbanos, como postes de luz y algunas construcciones expropiadas. Con el tiempo, la vegetación ha ido cubriendo rocas y paredes, de tal forma que algunos animales silvestres son muy comunes de ver, en especial ardillas y tlacuaches.

El camino principal lleva hacia la caseta de mantenimiento y vigilancia del parque donde también existen dos grandes invernaderos y un gigantesco tanque de agua del cual se abastece una buena parte de los habitantes del sur de la ciudad. Llama la atención la existencia de una enorme escuela en funcionamiento que los Legionarios de Cristo decidieron incrustar en medio del bosque.

A lo largo de este camino existen angostas brechas y veredas hacia la parte oeste, hacia el volcán del Xitle. La mayoría suben en ligeras pendientes hasta encontrar una gran construcción conocida como "Las caballerizas". En este punto se encuentra otra caseta de vigilancia.

En el inicio del recorrido se encuentran las más típicas y representativas especies de la flora local. Destacan las llamadas velitas o cenesios, ya que crecen en las temporadas de secas y algunas alcanzan a medir más de dos metros de altura. Las llamadas siemprevivas son plantas de tronco ancho que semejan a los árboles japoneses "bonsai". Los agaves y cactáceas son abundantes. Según los expertos, muchas son endémicas de esta región. Debido al crecimiento urbano ya son muy pocos los lugares donde se puede encontrar esta vegetación, por lo cual el parque ecológico es en realidad un museo vivo.

Así como se asciende, empiezan a aparecer los encinos del género quercus rugosea y quercus laurina, los primeros se reconocen por tener hojas anchas y troncos más retorcidos. Los árboles de la especie laurina son considerablemente más altos y rectos. Sus hojas parecen de laurel y son mucho más afiladas que anchas.

Tanto en la parte baja como en la alta convive uno de los más espectaculares e importantes árboles de la región: el tepozán. Este retorcido árbol es el símbolo de los volcanes del valle de México ya que existe por doquier en forma abundante. Crece en los rincones más minúsculos y de manera extremadamente rápida, tanto que algunos lo consideran maleza. Sus hojas son bicolores: por la parte de abajo son blancas y por arriba son verdes.

Partiendo de "Las caballerizas" se encuentra un sendero construido que lleva hacia la parte alta. Una manera de encontrarlo es preguntando a los guardias que eventualmente vigilan desde este punto. Otra forma es caminando hacia arriba en dirección suroeste. En general, el camino se torna en un fresco recorrido dentro de un frondoso bosque. El piso es un manto de hojas, los troncos de los árboles suelen tener muchas plantas adheridas, tanto que en época de lluvias crecen como si se tratara de una selva húmeda. El camino serpentea hasta juntarse con un antiguo adoquinado en lo que iba a ser un fraccionamiento de montaña; por fortuna ahora es suelo de conservación.

El camino llega hasta la antigua vía del tren México a Cuernavaca. En esta etapa del trayecto se recorren 200 metros en dirección sur caminando sobre la vía. Se atraviesa un cerro cortado a la mitad por el mismo trazo de la vía, hasta llegar a la continuación del sendero, en el lado oeste de la vía. Aquí se inicia un empinado trayecto de menos de un kilómetro que habrá de llevarnos a uno de los miradores más espectaculares del sur de la ciudad. Este es lugar idóneo para realizar un día de campo. En lo alto del cerro se encuentra una antena de radio comunicación y un cercado de venados. La zona es conocida como el Cerro del Cuatzontle.

La importancia ecológica y recreativa del lugar ha hecho que la Delegación Tlalpan, en conjunto con la Comisión de Recursos Naturales del Distrito Federal, impulsen la construcción del parque lineal. Seguramente será de las más acertadas decisiones en materia de conservación y recreación. Por lo pronto la Dirección de Ecología de la Delegación Tlalpan ofrece algunas visitas guiadas a grupos interesados.

Recomendaciones:

Este camino puede ser un buen paseo familiar: no requiere de gran condición física y se puede llegar en transporte público. Preferentemente, lleve agua y comida. Lleve sombrero, avise en la caseta de vigilancia de su recorrido o pida una visita guiada en la Dirección de Ecología de la Delegación Tlalpan y goce de los recursos naturales de la ciudad sin salir de ella.